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El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

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Ni Johnny Depp, ni Hanna Montana ni el de Crepúsculo, en la tele de los USA, el guionista es el REY.

Sí, vale, el título del post no tiene mucho que ver con el contenido pero es que he descubierto que si pongo cualquiera de esos nombres en un post, se convoca a una legión de espíritus que inundan los comentarios con cosas cachondísimas. Si no miren aquí, aquí, o aquí y díganme…

Pero bueno, a lo que venía el post:

El pasado lunes leía una entrevista a Glenn Close en El País, en la que, como no (raro sería en el periodismo patrio), el periodista recogía la frase más escabrosa de las muchas interesantes que ofrecía, para escribir el titular, supongo que con su propio pene golpeando el teclado, de la excitación que tenía tras conseguirla. La frase anzuelo era:

“Meryl Streep es la única actriz de mi edad que interesa a Hollywood”.

¿Y por qué decía eso Glenn Close? Bueno, todo empieza cuando están hablando de Hollywood en general y de su relación (sieeeempre comentado este tema) con las mujeres de “cierta edad” en particular. Ya saben, esos pibones que relucían en su juventud en la gran pantalla y que luego, (pese a que se hayan inventado el maravilloso apelativo MILF estos pervertidos y cachondos anglosajones) son semi-olvidadas:

P. Hollywood parece haber cerrado las puertas a las actrices de su edad…

R. A Hollywood no le interesamos. La cultura de la juventud está muy comercializada en América y los estudios se sienten desbordados con los nuevos formatos digitales. Lo único que buscan a corto plazo es hacer dinero recurriendo a las viejas fórmulas, como la película El curioso caso de Benjamin Button, que no me ha gustado nada, a pesar de sus 13 candidaturas al Oscar.

P. La lista de candidatos también incluye a Meryl Streep por su papel en La duda. Su colega tiene 59 años, pero no para de trabajar en el cine

R. Sí, parece ser que Hollywood sólo tiene papeles para una actriz…

Ahí, donde duele. Que cabroncete… Glenn Close tiene 61 añitos, a todo esto. Y sí, quizá han pasado los años y ya no nos la imaginemos atacando amantes en el ascensor, pero yo creo que es de las pocas actrices que han tenido y tienen su hueco en la pantalla con cierta regularidad por muchos años que cumpla. Aun así, la verdad, creo que el problema que tiene es que en una selección de casting, la Close tiene las de perder con la Streep (me encanta llamarles así, como a las antiguas divas del cine, “la Garbo”, “la Dietrich”) porque encajan en el mismo perfil. De hecho, creo que si las intercambiaran en la mayoría de películas, podrían haberlas hecho cualquiera de las 2. Vale, sí, quizá la Streep es más melindrosa, suave y delicada mientras la Close tiene un punto de dureza interior, pero… ¿a que sí encajan?

Me aventuro a pensar, que en muchos casos, el papel ofrecido a la Streep tenía como “alternativa” a la Close por si lo rechazaba. ¡Seguro! Pero claro, la primera tiene tantas nominaciones y Oscars que en cartelera, los productores piensan que va a funcionar como un tiro. Y qué narices… que nadie llora como la Streep. ¡Si da gusto verla! Seguro que igual que a los cómicos les paran por la calle para que digan cosas graciosas, a la Streep la putean para que eche unas lágrimas. Y luego le aplauden. Y ya. Y si luego se queja, dirán: “caray, esta gente, qué se habrá creído, se le ha subido a la cabeza…”.

Así que a la otra, a la Close, no le quedó más que optar por esa “segunda vida” que es, al parecer, la televisión. Y de eso es de lo que trata la entrevista, en verdad. De “Daños y Prejuicios”. “Damages“, en el original. Sí, esa serie que últimamente está de moda porque toooooodo el mundo al parecer no ha dejado de verla nunca, hasta sabérsela de memoria y habían notado “sospechosas similitudes” con un estreno de Tele 5 hecho en nuestra piel de toro…

Sospechas (más o menos evidentes), por cierto, que se diluyeron tras segundo capítulo, como afirmaban los autores en un comunicado tras la polémica. Me da a mi que pagaron el pato de ser demasiado displicentes con lo que les pedían en la cadena. Al fin y al cabo, a todos nos meten la notita de “que se parezca a” o “quiero un X pero a la española” cuando vamos a mover un proyecto. Cosas de una industria, la española, que siempre peca de estar mirando hacia fuera, en vez de intentar sacar de dentro.

Pues bien, Glenn Close, lo tiene claro. Ella va a la televisión porque es donde disfruta. ¿Y por qué? Porque tiene la suerte de trabajar en la televisión norteamericana:

P. Muchos críticos sostienen que el verdadero talento está hoy en la televisión, en series como la que usted protagoniza. ¿A qué atribuye ese fenómeno?

R. La revolución empezó en la televisión por cable, con la HBO, que podía hacer lo que quería porque no tenía que apoyarse en los anunciantes. Y eso atrajo a muchos escritores que querían trabajar en libertad. La televisión acapara el talento porque allí el guionista es el rey

¡El guionista es el rey! ¡Allí, el guionista es el rey! Dios mío, desde que gané aquella corona en el Roscón de Reyes, nunca me había sentido así de feliz e importante. ¡Hay un lugar donde sigo siendo el rey!

El puto paraíso. El edén. La HBO. La tele americana. ¡Dios, hay que ir allá!

El rey. El que decide. El que se puede equivocar, pero que se equivoca él. El que decide que esa serie es así, por si misma, sin tener que ser como aquella otra que tanto le gustaba al directivo, porque esa ya está hecha. El que si piensa que ese personaje es un hijo de perra aunque protagonista, lo puede ser sin que le digan que no, que perdemos a tal público. El que si piensa que ese tema da para una historia cojonuda no le van a plantar unos abuelos y unos críos. El que si cree que el personaje debe decir una cosa, sabe que la va a decir…

¿O no, Close?

P. Se le atribuye la potestad de cambiar los guiones de Daños y perjuicios, aunque rechazara ejercer de productora.

R. Porque el personaje me exige mucho tiempo, aunque tampoco me gusta rondar por el plató sin hacer nada, así que funciono como una especie de productora oficiosa. Y, desde luego, puedo corregir un guión cuando tengo una buena razón

Ah. No… vaya.

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