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El título perfecto de François Truffaut

 

En los últimos días anda circulando por el Facebook uno de esos memes que nunca sabes de donde salen ni por qué han elegido este momento (y no cualquier otro) para eclosionar.

 

Me refiero a esta fotografía:

 

"Propuestas de Truffaut para titular su primera película"

 

Esto es una hoja de trabajo. Un listado de títulos sobre el que Truffaut debió de clavar sus ojillos durante horas, ante la tarea de escoger el título perfecto. Es solo un trozo de papel, pero puede apreciarse el arduo proceso mental por el que pasó: primero tachando los títulos que menos le convencían, después subrayando aquellos que brillaban por encima de los otros y, finalmente, enmarcando con un triunfal trazo grueso aquel que se llevó el gato el agua: Les quatre cents coups. O sea: Los cuatrocientos golpes.

 

Solo hay que echar un rápido vistazo a google para averiguar la procedencia de la foto. Es del libroFrançois Truffaut en acción”, de Carole Le Berre, realizado a partir de los archivos de cada rodaje que el director guardaba.

¿Tenéis curiosidad por saber qué títulos descartó?  Aquí va una traducción que he hecho con la ayuda de varios colaboradores (google, mamá, colegas, gente maja en general):

 

De arriba a abajo:

 

La fuga de Antoine.

Los cuatrocientos golpes.

Los cuatro jueves.

La edad ingrata.

Los niños olvidados.

Los pequeños colegas.

La vagabundez.

Los vagabundos.

Los niños vagabundos.

Abajo la rentree.

Los genios malvados.

 

Y en el margen:

 

Los patos silvestres.

Los chicos del certificado escolar

Los fugitivos.

La aventura de los novillos.

Los pavos de la farsa (expresión parecida a “Los que pagan el pato”)

Los pequeños soldados.

Rodaje de Los cuatrocientos golpes

 

¿Pensáis que Truffaut dio con el título perfecto? ¿O dejó pasar alguno mejor? A mí ese de los pavos…

 

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¿Eres mirón o exhibicionista?


Si tuviera que decidirme por una película de Hitchcock, sopesar cual es su mejor y más compleja creación, probablemente diría Vértigo.

 

Ahora bien: ¿qué única película me llevaría a una isla desierta?

 

Esto ya es harina de otro costal. Y la respuesta sería diferente: os diría que os quedáseis con la fascinante Vértigo, porque yo prefiero morir abrazado a La ventana indiscreta, a la sombra de un cocotero.

 

Para mí es su película más original. Bueno, no, la más original es “¿Pero quien mató a Harry?”, pero haré la vista gorda con ella…

 

En La ventana indiscreta, el protagonista, James Stewart, es un hombre de acción, un fotógrafo que, por circunstancias de la vida, se ve obligado a hacer aquello a lo que está menos acostumbrado: quedarse quieto, viendo la vida pasar. Para sobrevivir al aburrimiento y a la desesperación no le queda más remedio que ponerse a fantasear sobre la vida que llevan los demás.

 

¿Qué es esto, sino un escritor?

 

Viéndolo desde el otro lado del objetivo: el escritor es un hombre de acción en potencia, que, por circunstancia de la vida (pereza, timidez, cobardía, falta de energía, inercia estática, etc) se ve obligado a experimentar esas aventuras que viviría en un universo alternativo a través de su capacidad de observación e imaginación.

 

 

O sea, que es una película que habla de mí. O de ti, aunque no seas escritor ni guionista, si lo que te gusta es mirar más que el que te miren. Y según Truffaut, es una película en la que Hitchcock nos hablaba de sí mismo:Hitchcock no participa en la vida, la mira”.

 

No sé si estoy muy de acuerdo con Truffaut porque, pensando en los directores de cine que conozco o sobre los que he leído, me parece que son todos hombres de acción. Obviamente son observadores, tienen una visión, pero no se conforman con quedarse en casa pensando en la mejor manera de plasmar esa visión en la pantalla de su ordenador portátil. No, porque esa es solo la mitad de la jugada y un director lo que quiere es jugar el partido completo.

 

Y ahora, un baño al gremio de los mirones, cortesía del propio Hitchcock. Fijaos en estas imágenes, las primeras de la película: el hombre escayolado, las fotografías de los coches de carreras y el equipo fotográfico destrozado sobre una mesa. La suma de estos planos nos cuentan una historia…

 

 

¿Pero qué historia? ¿Y por qué contarla así, de forma tan indirecta? Como dice Hitchcock:

 

Esto me interesa más que si alguien preguntara a Stewart: “¿Cómo se rompió la pierna?” Stewart contestaría: “Tomaba una foto de una carrera de automóviles, una rueda se soltó y me ha herido”. Sería una manera vulgar de tratar la escena. Para mí, el pecado capital que puede cometer un guionista es que, cuando se discute algún problema, lo escamotee diciendo: “Lo justificaremos con una frase de diálogo”. Y yo pienso que el diálogo debe ser un ruido entro los demás, un ruido que sale de la boca de los personajes, cuyas acciones y miradas son las que cuentan una historia visual”.

 

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