Escrito Por

El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

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Queda inaugurado este pant… blog!

¡Bienvenidos a la nueva casa de pu… de Escrito Por!

Atrás queda el estupendo hogar en el que viví tantos años: aquel blog en la web del Canal TCM.

A partir de ahora, será aquí donde contaré mis aventuras y opinaré, desde el pedestal de mi ego que ha construido la estupidez, junto a mi abuelita.

¡Poneos cómodos! Yo ya lo estoy. De hecho, estoy en gayumbos y… bah. Mal empezamos, Escri.

– Sí. Entre eso y que hablas solo…

– ¡Maldición!

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Odio a los actores

Nunca he conocido a nadie que fuera tan estúpido como para hacerme la rosca.

Pero me hubiera encantado. Después de irme al baño a descojonarme frenéticamente durante unos minutos, le hubiera invitado a un cubata, o a unas gafas graduadas.

Como vengo diciendo, los guionistas somos los grandes ignorados de la industria. Metafórica y literalmente hablando, nadie se acuerda nunca de nuestro cumpleaños. Ni siquiera de nuestro nombre.

Hablemos de Fermín Chalado, nombre ficticio de un actor de creciente éxito. A Fermín me lo han presentado, y no exagero, unas diez veces. Como dicen los tarjetones de San Valentín, cada vez es como si fuera la primera. Para él.

Siempre que me acerco a él, con intención de recordarle los pedos que nos hemos pillado juntos, aquella ocasión en la que terminamos ligando con la chinita que venía a vendernos su última peli pirateada, el tío se me acerca con la mano extendida, diciendo: “Soy Fermín Chalado.” Ya lo sé, coño. ¿Qué pasa? ¿Te han flasheado con la máquina de “Men In Black”? ¿O es que eres como Guy Pearce en “Memento”? Estás chalado, Fermín.

Luego están los actores “¿Qué tal tú, qué tal yo?”. Hace poco acudí a ver cómo un grupo amateur perpetraba una obra de teatro. Una actriz a la que no conocía (y sigo sin conocer, afortunadamente) me preguntó, “¿Qué tal?” Cualquiera sobreentendería que el sujeto elidido es tú, pero no. Se trata de un clásico “¿Qué tal YO?”. Los actores son así.

Hitchcock decía que hay que tratarles como ganado. Y la pauta gregaria de los actores es ciertamente, animal. ¿Han salido de marcha con algún actor? Se pasan la noche encontrándose los unos con los otros, mugen un rato y vuelven al establo.

Tampoco consigo olvidarme del protagonista de una serie en la que trabajé. Cuando nos presentaron, me dijo: “¿Tú eres escritopor? Cuánto te he odiado.” Me sentí único, tocado por la gloria de los dioses, henchido de vanidad, hasta que minutos después oí como le decía lo mismo a otro guionista de la serie.

Yo también te odio, coleguita. A todos vosotros, actorcillos. Pero también os amo. Ése es el problema.

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