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Los Goonies, 27 años después

MUELLES DE GOON, junio de 2012

Michael ‘Mikey’ Walsh:

Me dicen que soy un nostálgico recalcitrante, pero yo no veo nada malo en salir al porche de la casa de mis padres, ahora nuestra, y abrazarme a la viga de madera, podrida por el paso de los años. Me pongo mi vieja cazadora vaquera y, aunque me tira un poco de la sisa, es como si me transportara a aquellos tiempos. La mejor época de mi vida: tenía doce años, tenía amigos… ¡¡tenía un barco pirata a pocos metros de mi casa!!

El futuro era un espejismo prometedor. Creo que mi organismo sabía que a partir de entonces todo iba a ir a peor, y decidió quedarse en aquellos contornos. Sólo he crecido dos centímetros desde 1985. Algo es algo. El pobre Data murió a causa de uno de sus inventos y se quedó sin dar el estirón.

 

Brandon Walsh:

Hay algo que no ha cambiado, algo que sigue igual que hace 27 años: mi preocupación por el enano está intacta. No importa que el hijoputa esté a punto de cumplir los 40. Siempre me dará problemas. Y yo siempre seré su hermano mayor. A veces creo que se ha vuelto loco.
Míralo ahí, en el porche: amorrándose a esa viga cochambrosa. Si seguimos viviendo en esta casa es porque no conseguimos venderla ni a tiros.

Qué inteligente habría sido mudarse cuando tuvimos la oportunidad, hace 27 años. Ahí mis padres no estuvieron finos. Es verdad que si nos quedamos fue por nuestra culpa. ¡Pero nosotros éramos sólo unos críos! Nuestros viejos no tenían que hacernos caso. ¿Qué sabíamos nosotros de las tendencias del mercado inmobiliario? Ahora papá y mamá están muertos y mi herencia es esta casa de mierda y un hermano tarado.

 

Andy Carmichael:

Me casé con Brandon, sí. En cuanto terminé el instituto. Qué bonito es encontrar al amor de tu vida tan pronto. Qué bonito es tener hijos y criarlos en el mismo sitio donde crecieron tus padres. Qué bonito es hacer todo eso y que los tíos te sigan mirando las manflas cuando andas por la calle.

No me puedo quejar. La vida me ha tratado bien… Pero por pedir, pediría un poquito más de intimidad para Brandon y para mí. Entre los niños y mi cuñado, que vive con nosotros, apenas nos queda espacio para ponernos románticos.

Este Mikey es como un niño grande. No quiero decir que sea una carga, pero a veces me pregunto como serían nuestras vidas si Mikey se hubiese marchado a la universidad a estudiar Arqueología, que es lo que siempre dijo que iba a hacer. Quería ser como Indiana Jones. Pero cuando llegó el momento… simplemente no lo hizo. Es como si no pudiera marcharse de aquí. Como si fuera una mancha de moho enraizada en los muelles de Goon.

Si al final conseguimos vender la casa creo que los nuevos propietarios tendrán que quedarse con él.

 

‘Stef’ Steinbrenner:

¿Los muelles de Goon? Hace años que no piso ese lugar. El dinero que saqué de los diamantes lo empleé en irme a Nueva York para estudiar Medicina.
De vez en cuando me acuerdo de la aventurilla con los italianos, la cueva y el piano de huesos. Menuda movida: como para olvidarla. Recuerdo especialmente a un señor con cabeza de melón que se llevaba muy bien con el gordito del grupo… La verdad es que no me acuerdo de sus nombres.

Sólo recuerdo el de Andy, porque fue mi mejor amiga en el instituto. El año pasado me quiso agregar en Facebook, pero yo me hice la loca. Ya no tenemos nada en común. Ella es una ama de casa aburrida, y ni siquiera se imagina que soy lesbiana. Seguro que le parecería mal. Fijo que ataría cabos y se daría cuenta de lo enamorada que estuve de ella y le daría asco, y pena, y se lo contaría al resto de la pandilla: “jo, tíos, la de veces que me cambié de sujetador delante de ella”.

Esto lo diría en parte para ridiculizarme, y en parte para calentarles las braguetas, si es que Andy sigue siendo como yo la recuerdo: una niña mona con la autoestima de un calcetín viejo.

 

Lawrence ‘Gordi’ Cohen:

Ya no estoy gordo. Todo lo contrario. Tengo un físico bastante envidiable y si miras mis abdominales apenas notarás que me estoy quedando calvo. A veces voy de visita a los muelles de Goon: Mikey, Brandon y Andy son los únicos que quedan por allí. Cuando voy, nos sentamos en el porche a recordar viejos tiempos; ellos toman cerveza y yo una bebida isotónica. Por supuesto, siempre hablamos del barco pirata, de los Fratelli, de Data, de los diamantes. Y nos preguntamos qué habrá sido del resto de la pandilla. Un coñazo, vaya. No sé ni por qué voy. Creo que es porque en el fondo soy mezquino y me gusta ver lo patéticas que son sus vidas en comparación con la mía.
Andy criando culo: de esto puedo dar fe, porque el año pasado la pillé con la guardia baja y echamos un polvo (¡al fin conseguí ligarme a la guapa del instituto! ¿Quién se ríe ahora, eh? ¿Quién?).
El pobre Brandon hace ñapas y las pasa putas para mantener a la familia.
Y Mikey… esto sí que es deprimente: Mikey está hecho un disfuncional absoluto: se comporta como si viviera en 1985. La última vez que le vi me dijo “Gordi, he encontrado un mapa antiguo en el trastero”.

¡Un mapa antiguo! ¿Os dáis cuenta? Hice como que no le oía.

 

Clark ‘Bocazas’ Devereaux:

Un año después de lo del barco pirata empecé a joder mi vida. Tal vez tuvo algo que ver el mal rollo por la muerte de Data… aunque eso me suena a excusa barata.

Resumiéndolo mucho: me volví yonki. Y no creáis que fue sencillo, porque en los muelles de Goon no es fácil conseguir buena mierda. Pero al final lo logré: yonki con todas las letras, yonki de chándal y de lata de cerveza (50 centilitros) en el transporte público. Recuerdo que una vez cambié uno de los diamantes del barco pirata por un kilo de heroína… ¡cuando en realidad podría haber sacado tres! Ahí toqué fondo. Ahora lo digo tranquilamente porque estoy reinsertado. Llevo dos años limpio.

Estuve un tiempo en la cárcel y allí me topé -¿adivináis con quién?- ¡¡con los hermanos Fratelli!! Mi aspecto era tan ruinoso que no me reconocieron. Yo me hice su colega sin decirles quién era y a veces les soltaba indirectas, a ver si las cazaban. Sólo por divertirme: porque yo he perdido los dientes, sí, pero nunca he perdido el sentido del humor.

Les decía, por ejemplo: “vamos a colocarnos y a pasarlo… PI-RA-TA”. Pero nada, que no lo cogían. No eran muy listos, los Fratelli, pero al final resultaron ser buenos chicos.

 

 

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