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Alan Moore que estás en los bosques, santificada sea tu obra…

Así empezaría el Credo de los verdaderos y fervientes seguidores de la calidad narrativa en viñetas… para mi. Porque si en el que llaman 9º Arte, el cómic, hay pocos nombres que alguien se atrevería a poner como dioses absolutos, Alan Moore es uno de ellos.

Para los que no suelan leer cómics (muy mal, por cierto) les diré que el señor Moore es un afamado guionista. Todo lo afamado que puede ser un guionista y encima de cómics, claro. Pero entre los que entienden del medio, es quizá uno de los que más, un referente, un icono. Tanto, que empieza a traspasar fronteras de papel grapado: ahora se le conoce gracias al cine. Y últimamente habréis oído hablar de él porque es el creador, guionista y co-autor del cómic “Watchmen“, con inminente estreno de su adaptación en cine, dirigida por Zack Snyder.

Y es que las buenas historias y los buenos narradores, trascienden al medio. Pero en fin, no es del todo justa esta apreciación tratando de cine, porque Alan Moore siempre ha tenido una peculiaridad: pasa del cine. Y pasa mucho. Pasa del cine hasta el punto de que ni siquiera permite que su nombre figure en los créditos de las películas basadas en sus historietas, dejando solo al dibujante de turno en el habitual apartado de “Basado en el cómic/novela gráfica de…”, aunque todo el mundo sepa que él es el que debería figurar ahí con mayúsculas. Pasa tanto que si no llegan a tener los derechos de adaptación de esas obras las editoriales pertinentes (concretamente suele ser D.C.) creo que no veríamos ninguna de estas películas. Y viendo como han acabado adaptando sus obras, la verdad es que lo entiendo un poco.

Os dejo un listado de obras de Moore adaptadas al cine, con mayor o menor éxito.

V de Vendetta: La película no es terrible, pero teniendo en cuenta el nivel del cómic (probablemente la mejor o segunda mejor obra de Moore) deja mucho que desear. Convierte el mensaje sobre la anarquía en algo extraño y pervierte en cierta manera el mensaje. Moore renegó de esta película tildando el guión (que le mandaron) de “auténtica porquería”.

From Hell (Desde el Infierno): Un pedazo de novela gráfica del señor Moore que se podría convertir en el documento definitivo sobre Jack el destripador. Un trabajo de documentación acojonante que despedaza (jo, jo, no pude evitarlo) todas las teorías sobre el personaje para enarbolar una propia de manera magistral. Además, todo un estudio de la masonería acojonante. Lástima que todo esto se pierda en una película superficial que se centra en pinceladas criminales y en Johnny Depp. Pero bueno, no está mal, se deja ver…

La Liga de los Hombres Extraordinarios: Aberración de película. Despropósito inaudito sobre un material asombroso en el cómic y que merecía una adaptación decente, que no era tan difícil. Me temo que la llegada al proyecto de Sean Connery lo desvirtuó todo hasta convertirlo en una paparruchada vehiculada para su protagonismo estelar. Una pena. Y un horror de película, por dios. El cómic es una maravilla (cualquiera de los 2 volúmenes).

Constantine: Personaje creado por Moore dentro de la serie de “La Cosa del Pantano”, pero que luego ha ido creciendo de la mano de otros autores. La película, con Keanu, deja mucho que desear, aunque se pueda ver. Tampoco es un cómic referencial, pero si un personaje carismático con mucho cariño entre el público de comic-books.

Y ahora le toca el turno a Watchmen. Personalmente, creo que es una adaptación difícil, sobre todo en sólo una película. Watchmen es para muchos EL COMIC, con mayúsculas. Es el paso del género de superheroes clásico “hay un bueno- hay un malo” a una dimensión postmoderna, con un estudio pormenorizado de las personalidades, impulsos y pensamientos de los individuos que deciden ponerse una máscara, saltarse la ley y defender lo que consideran justo, de la manera que consideran necesaria. Si habéis visto las últimas películas de Batman, me entenderéis. Todo esto, empieza en Moore. Lo malo es que no llegó a cogerse la idea del todo, dejándola de un modo un poco superficial, pero fue un mensaje, un modo, que marcó la industria.

La obra de Watchmen sólo tiene una pega: después de ella, no hay sentido para seguir con los superhéroes. Es como un Ragnarok. Tras su muerte, sólo queda volver a empezar de nuevo, no hay más después de Watchmen. Pero no sólo eso la convierte en una obra maestra, no. La verdadera característica a destacar de Moore en Watchmen es que, junto a Dave Gibbons, desarrolla todo un listado de recursos narrativos, tan apabullante que define el futuro del medio. Watchmen viene a ser, en el cómic, lo que pudo suponer Ciudadano Kane en el cine.

Y es que Alan Moore es un autor meticuloso, que estudia cada página, cada palabra, cada bocadillo de texto. Un hombre que, para un comic book de 32 páginas es capaz de mandar un guión de 80, sin márgenes, sin división de párrafos, a letra pequeña. Un tipo que, como decía un amigo, si escribiera una lista de la compra en un folio y lo pasara a un dibujante, crearía otra obra maestra publicada.

Él vive en su casa de Northampton, en un bosque inglés, perdido y alejado de todo el mundo de la fama. Nunca va a convenciones, nunca recibe premios, no se deja ver mucho… vive para su trabajo, escribir, y para su vida de observación, lectura, investigación y misterio. Alejado normalmente de los medios, del bullicio, con fama de misántropo y extraño, ha provocado múltiples parodias de su comportamiento, que él recibe con humor. Y si no, mirad aquí este capítulo de los Simpsons en el que incluso se pone voz a si mismo. Un crack…

Pero si hay una palabra que puede definir la vida privada y las preocupaciones de Alan Moore es misterio. Y digo y repito misterio. Y os preguntaréis: “¿por qué, maldito bastardo, por qué lo dices otra vez, si ya te he leído?”. Pues bien, lo digo porque… es mago. Mago del Caos. Y sí, hace ritos mágicos. Ah. Que aún no os he presentado al amigo Moore, pues bien, es este.

Y esta es su mujer, con él, en una foto del día de su boda. Sí, en serio, no son del “Behind the camera: The Lord Of The Ring Vs. Miss Daisy”.

Sin duda, debe ser un tipo peculiar de trato, aunque todas las entrevistas que he leído con él le delatan como un hombre extremadamente educado, razonable y lúcido, que ama los cómics. Pero mira, tiene sus caprichos. Otros escritores como Ana Rosa, tienen sus ungüentos, esos “Esenciales”. Pues Moore, tiene sus pócimas y sus ritos del caos, que mola mucho más.

Pero a mi sinceramente, esto me da igual. Lo que me encanta de Moore es que, haga lo que haga, escriba del tema que escriba, sea fantasía, realidad, ficción… lanza hechizos de hipnosis en sus cómics y me engancha como no me ha enganchado nadie nunca. Hiper referenciales, con múltiples citas, guiños y recuperaciones de grandes clásicos de la literatura y la mitología popular, son una delicia que sorprenden en cada relectura.

Así que, así estoy, Zack. Así me tienes.
Estoy temblando entre ilusión y miedo con el estreno de Watchmen.
A ver qué pasa…
A ver qué has hecho…
Y por dios, que sea digna. Mucho más que tus 300.

Por cierto, si no conocen aún a Alan Moore y les ha entrado curiosidad, tienen una amplia obra que leer en cualquier librería. ¡Vean y disfruten!

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