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El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

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Yo he vivido “De aquí a la eternidad”

Que sí.

Que yo lo he vivido.

Que yo he vivido “De aquí a la eternidad“.

A ver, la película entera no, ni soy exboxeador ni soldado ni estuve en Pearlharbor, ni nada de eso. Yo me refiero a la escena en la que…

Nobody, nobody… ya.
Ehm, pero bueno, a ver, que no, ¡que esta escena no era la que quería decir yo!

Que bueno, que sí, que esta también la he vivido y no os querría dar envidia, pero… ¡vaya día! Empezaba así, seguía bajo una sombrilla y luego… Eh… Espera. ¡Basta! No, no he venido aquí a hablar de mi vida privada, malditos cotillas. Ni de esta escena, vaya.

Me refiero a otra, con otros protagonistas. La otra parejita.

En ella, el soldado Prewitt (Montgomery Cliff) habla con la chica de la que ha caído enamorado: Lorene (que en verdad se llama Alma, fíjate, el personaje) tras… un fundido a negro (ya saben).

Con el cigarrito de después, ella cuenta su historia… (ved hasta el 0:32, please).

Ahí está.

Si ustedes se dedican a esto de escribir, incluso si no, esta escena seguro que la han vivido. Ella le cuenta que viene de un pueblito en Oregon, que tenía un prometido y que después de varios años la dejó por otra mujer de mejor posición: ella sólo era una camarera. Y se casó con la otra.

Y termina su relato así, con esa famosa frase: “Es una bonita historia, ¿no crees?. Deberían escribir un libro con ella”.

El típico “me ha pasado una cosa que te daría para un guión de los tuyos”. El “buah, no sé si contarte esto que luego lo metes en uno de tus guiones”. El habitual: “ahora seguro que todo esto que estamos haciendo lo veremos en uno de tus guiones, ¿verdad?”. Sí, ESA frasecita.

La que ella ejecuta de esta forma: “Es una bonita historia, ¿no crees?. Deberían escribir un libro con ella”.

Y entonces, responde Clift: “Ya lo han hecho. Cientos de veces”.

Grandioso, Daniel Taradash.

Por si queréis más información de este peliculón, aquí os dejo un vídeo de esta vuestra casa, TCM:

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Joyas del pasado (8): El fuego y la palabra

Richard Brooks sólo ganó un Oscar en su vida y fue por el guión de ésta película:

El fuego y la palabra (1960) está basada en una novela de Sinclair Lewis y es, como suele decirse, “la radiografía” de un personaje singular: el buscavidas Elmer Gantry. Un pillo de primera categoría que sale adelante gracias a su labia: ora haciendo de vendedor ambulante, ora sacándole los cuartos a las damas, pero siempre con mucha simpatía y encanto.

¿Quién mejor que Burt Lancaster para interpretar a este embaucador?

Él también se llevó un Oscar gracias a ésta película.

Elmer Gantry está un poco cansado de su estilo de vida alegre, que a veces es tan alegre como caminar descalzo por las vías del tren o salir huyendo de los hoteles para no pagar la cuenta.

Llegado a este punto de su vida Elmer conoce a la hermana Sharon Falconer, lo que le provoca algo así como una revelación doble:

1 ) se da cuenta de que la evangelización de la Norteamerica rural es un negociete con el que se puede vivir muy bien.

2 ) la hermana Sharon Falconer… ¡pibón!

¿Quién mejor que Jean Simmons para interpretar a una mojigata fogosa?

Elmer se las ingenia para unirse a la troupe evangélica que dirige Falconer (que será beata, pero no tonta). Y con sus dotes de charlatán pronto se convierte una de las estrellas principales del espectáculo. Todo el mundo le llama “reverendo” y el bueno de Elmer no ha conocido tiempos mejores.

Naturalmente, llega un momento en que las cosas se tuercen. No os cuento más. Tan sólo que ésta es una de las críticas más profundas, inteligentes y respetuosas que se pueden haber hecho a la religión.

El propio Richard Brooks contó su encuentro con la Legión Católica de la Decencia, que se encargaba de elaborar una lista con los títulos de las películas que los buenos católicos debían evitar. Figurar en esa lista marcaba la diferencia entre ganar millones de dólares o no ganarlos.

Dado el tema de su película lo mínimo que se esperaba Brooks es que le escupieran a la cara por fariseo. Por eso se quedó muy sorprendido cuando los de la Legión le expusieron sus condiciones, que consistían en un único cambio: quitar la frase final.

“Te veré en el infierno”.

Una minucia insignificante si se pone en relación con todo lo visto y oído anteriormente.

¿Qué creéis? ¿Que la quitó o que no?

Grupos cinéfilos de Facebook: hazte fan

Como todos sabemos y requetesabemos ya las redes sociales tienen sus pros y sus contras. De los contras se ha hablado mucho. Quizá demasiado (yo no soy una excepción).

Hoy me apetece más hablar de los PROS.

Una de las cosas que más me gustan de facebook son los grupos de los que te puedes hacer fan. Concretamente los grupos que tienen que ver con el cine, con las películas, con esas imágenes colectivas que tanto estimulan la creatividad de la gente. Hay algunos tan geniales que me pongo envidioso porque se le ocurrió a otro antes que a mí.

Por ejemplo:

“Poner cara de Clint Eastwood cuando hace sol”.

“Poner cara de Buster Keaton después de fornicar”.

“Poner cara de zorra como la Sirenita cuando está en la barca con Eric”.

“Donde viven las señoras”.

“Vote for Pedro”.

“ET vestido de gitana”.

“El enano de Twin Peaks como grandilocuente figura retórica conversacional”.

“Eres como una película de David Lynch: me gustas, pero no te entiendo”.

“Crepúsculo, la difícil elección de una chica entre la necrofilia y la zoofilia”.

“Escuela Derek Zoolander para niños que no saben leer chachi”.

“La sintonía de Movierecord”.

“Gremlins que se sientan detrás de los políticos en los mítines”.

“Tornarme en feto tras hallar un monolito negro en mi dormitorio Luis XVI”.


“Cine sobre gente andando”.

“Hola, soy Iñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate para morir”.

“McFly, ¿hay alguien en casa? Toc, toc, toc”.


“Gritarle a Voldemort: pa loca tú, calva”.


Éstos es sólo una muestra, pero hay muuuuchos más. Me encantaría que me los descubriérais.

Para rematar, se me ocurre que si yo tuviera que inventar un grupo cinéfilo, crearía éste:

“Voglio una donna”.

Por ésta escena de Amarcord, naturalmente (no por nada que tenga que ver con mis circunstancias personales, en absoluto… ¡os lo juro!):

Joyas del pasado (7): El gato conoce al asesino

Por una vez y sin que sirva de precedente no me parece mal el título traducido, aunque sí me siguen intrigando los procesos mentales por los que una película titulada originalmente “The late show” pasa a llamarse El gato conoce al asesino. Me lo imagino así:

1. SALA DE PROYECCIÓN DE LA DISTRIBUIDORA. INT/DÍA
Los títulos de crédito de una película que acaba de finalizar aparecen en la pantalla. Las luces se encienden. Sólo hay dos personas sentadas en las butacas del pequeño cine. PEPE GOTERA, el del traje más caro, es el primero en levantarse de su asiento. OTILIO le sigue.

PEPE GOTERA
Bueno, pues esto es. ¿Se te ocurre algún título?

OTILIO
¿Qué tal si le ponemos el título original?

PEPE GOTERA
¿Cómo era?

OTILIO
The late show… Sería algo así como “El último espectáculo”. O “La última función”. O incluso “El último show”, ¿por qué no? Cada vez hay más gente que entiende el inglés.

PEPE GOTERA
No me gusta, no me dice nada. Piensa en esto: mi señora y mi suegra han quedado hoy para ir al cine. Ninguna de las dos sabe nada de lo que se estrena, así que ¿cómo crees que eligen la película?

OTILIO
No sé… ¿Al “una, dola, tela, catola”? ¿”Pito, pito, gorgorito”?

PEPE GOTERA
¡No! Ellas simplemente escogen la película que tiene el cartel más bonito y el título más llamativo. Nuestro cartel es una mierda…

Sale un viejo chocho y una actriz no demasiado guapa y que ni siquiera es rubia. ¿Tú crees que mi señora y mi suegra quieren ir al cine a ver viejos y morenas? ¡No! Eso ya lo ven en la vida real.

OTILIO
Claro, claro.

PEPE GOTERA
Así que lo único que nos queda es ponerle un título llamativo. Piensa en un título que sea más atractivo que “Encuentros en la tercera fase” o que “Fiebre del sábado noche”… Te doy todo el fin de semana. Si no lo consigues estás despedido.

Me imagino que una escena similar tuvo lugar en los despachos de una distribuidora -allá por 1977- cuando se estrenó. Como decía al principio, el título español, de tan forzado y extravagante que es, me gusta. Aunque entendería que otra persona lo odiase por los mismos motivos.

Cuando fui al cine de verano a ver esta película no sabía nada de ella y ha resultado ser una de esas joyas inesperadas que uno se encuentra de vez en cuando.

Dirigida y escrita por Robert Benton (Kramer contra Kramer) el guión estuvo nominado a los Oscar pero, ay, se cruzó en su camino Annie Hall.

El gato conoce al asesino es una vuelta de tuerca o, si quieres, un homenaje humorístico al cine de detectives de los años cuarenta. Como si partiera de la siguiente premisa: ¿qué sería de Sam Spade si siguiera vivo? ¿Qué clase de vida llevaría? ¿Se mantendría en activo? ¿Tendría mujer, hijos y nietos?

Pues resulta que sí, que seguiría en activo y llevaría una vida más bien triste y miserable, aunque no se quejaría, porque sigue siendo un tipo duro. Con achaques, pero duro.

Si tenéis oportunidad de verla, no os lo penséis.

Cine de verano: ¡cuidado!

El sábado pasado asistí a una proyección en la terraza de un moderno centro cultural cuyo nombre no mencionaré. Pero sí daré una pista: la próxima vez que me cruce con un oso de color verde por la calle le patearé hasta hacerle vomitar todas las bayas del madroño que se comieron sus antepasados.

Lo que empezó siendo un plan nocturno tranquilo y cultureta acabó convirtiéndose en una aventura que puso a prueba mis fuerzas físicas y mentales.

No, ésta no es una imagen de la película que vi en el cine de verano. Es una imagen que resume lo que pasó. Literalmente. Mis amigos y yo, y al menos otras cuatro personas más, fuimos José Luis López Vázquez por un rato. Estuvimos atrapados en La cabina.

Los humanos somos tontos. Caemos en cualquier trampa.

¿Quieres hacer la prueba?

Dile a un humano que se va a proyectar una película en la terraza de un edificio.

Véndele la entrada baratita. Tú que eres un sádico y un romántico dirás que para qué, si ya te lo vas a cobrar en disfrute, pero hazme caso: cóbrales algo. Al humano no hay nada que le moleste más que ser maltratado cuando ha pagado por ello. Mira que gratis ya le jode, pero cuando ha pagado…Uf. Su dolor y tu placer volarán muy alto.

Importante: Hazte el hippy en cuanto al horario de comienzo de la película. No digas “a las 22:00”, sino “entre las diez y diez y media”. Con eso ya estás poniendo el cebo. ¿Sabes por qué? Porque la entrada que le has vendido al humano no es numerada. Y el humano, creyéndose muy listo, decide acudir a las diez -antes incluso- con la idea de pillar unos asientos de su agrado. ¡¡Eso te da un margen de tortura de media hora!!

Sigamos: el humano ya está citado. Caperucita anda suelta por el bosque y ahora sólo hay que conducirla a la boca del lobo.

Coloca un cartel en el ascensor que diga “Terraza cerrada por obras”. Esto es sólo un toque ornamental para añadir confusión, no es imprescindible. El plan puede funcionar sin ese detalle, pero como veremos más adelante le aporta un toque distinguido gracias al cual te llamarán maestro, te darán palmaditas en la espalda e invitarán a cervezas en el bar de cabrones donde suelas recalar.

Ya están todos los humanos dentro del ascensor. Al ver el cartel se han mosqueado un poco, pero también se han dicho: “debe ser un cartel obsoleto, si la proyección no fuera en la terraza nos habría avisado la chica que acaba de vendernos la entrada”. Perfecto. Todo va según lo planeado.

El ascensor sube y la puerta se abre en la planta donde está situada la terraza. Los humanos salen en estampida, como los cuáqueros que conquistaron terrenos en el salvaje Oeste. Aunque aquí lo que hay que conquistar no es una parcela donde construir una casa y asentar una familia, sino una silla incomodísima de metal que asentará sus culos por dos horas aprox. Pero no te sorprendas. El humano es así: gocho y mezquino por naturaleza.

Atención: cuando ya estén todos los humanos fuera- ¡PLOM! – el ascensor cerrará sus puertas.

Y ahora viene lo bueno: los infelices no han podido dar ni dos pasos fuera de él y ya chocan sus naricitas con los confines de su jaula: una puerta acristalada. Cerrada a cal y canto. De modo que tenemos un cristal al frente, la puerta de un ascensor ausente a la espalda y dos paredes de hormigón a izquierda y a derecha. ¡La trampa perfecta!

Aún falta un poco para que el humano y sus congéneres se pongan nerviosos. Al otro lado del cristal está la terraza que, como habrás adivinado, no permanece cerrada por obras. Así que desde su trampa pueden ver las incomodísimas sillas metálicas, la pantalla, el proyector y a la gente de la organización, que anda de aquí para allá toda atareada con los últimos detalles del evento. Los humanos atrapados suponen que algún miembro de ese personal será el que les abra la puerta. Pero no. No sucederá así.

Los siguientes minutos pasarán sin que nadie repare en ese conjunto humano que está ahí al fondo, tan juntito, tan acalorado y tan pegadito los unos a los otros como un matojo de salchichas Frankfurt en su bote de cristal. Cristal que, por cierto, se va volviendo traslúcido por efecto de las salchichas al respirar. En vano se esfuerzan ellas por establecer contacto visual con los organizadores, llegando incluso a aporrear la puerta y llamarles a gritos. Pardillos.

Ahora sí: algunos humanos experimentarán los primeros síntomas de ansiedad. Otros lanzarán proposiciones sexuales al aire (“ya que vamos a morir aquí…”). Y otros mirarán al resto intentando adivinar quién será el que se desmaye en primer lugar.

¿Te parece suficiente tortura? ¡No! Qué coño: si somos sádicos, apretemos las tuerquecitas un poco más. Ahora vamos a hacer que uno de esos muchachos que trabaja en los preparativos de la proyección repare al fin en que hay una especie de albóndiga gigante de carne humana apretada contra el cristal. Una albóndiga con ocho pares de ojos tristes mirándole a él. El muchacho (que puedes ser tú mismo disfrazado de humano) se palmeará la frente y se hará el sorprendido:

“¿Pero qué hacéis ahí? No os había visto”.

“Abre la puerta, abre la puerta”, suplicarán los incautos. Y el muchacho, sintiéndolo mucho, ¡pero que mucho, mucho! (un sentir inconmesurable, vaya) no podrá abrirles, porque no está permitido acceder a la terraza desde el ascensor (“¿acaso no han visto el cartel?”). Hay que subir por la escalera.

Acto seguido el muchacho les dará la espalda, seguirá con sus tareas y no volverá a mirarles jamás.

El grupo humano gira sus cabezas (que es como una cabeza sola, grande y abotargada con un único y claro objetivo en mente: salir de allí) hacia la que se ha convertido en su última esperanza: la puerta del ascensor. El panorama no es muy alentador. Desde que lo usaran ellos el artefacto ha entrado en su hora punta de actividad frenética, de modo que parece más fácil invocar al espíritu de Ava Gardner que a ese ascensor. Aún así, como dicen, del trabajo se obtienen los frutos y tras un rato pulsando el botón de llamada el ascensor abre sus puertas y los humanos logran escapar. Recuerda que el objetivo de la trampa no es matar a los humanos. No estoy seguro, pero sospecho que sería delito sugerir algo así aquí. Una vez que hemos cazado al pez, le quitamos el anzuelo y volvemos a soltarlo en el agua.

Como colofón final los humanos llegarán exhaustos al pie de la escalera donde ya espera desde hace un rato el monto total de asistentes a la proyección. De ser los primeros como ellos pretendían han pasado a ser los últimos de la fila.

FIN.

Corolario: si alguno de los humanos supervivientes osase protestar basta con recordarle que hizo caso omiso del cartel colocado en la puerta del ascensor. Aunque el cartel no se corresponda con la realidad, el hecho de haberlo desobedecido creará inseguridad al humano, que optará por agachar la cabeza y cerrar la bocaza.

Guionista de videoclips

Muchas veces me pregunto cómo se puede ser “guionista de”.

Por ejemplo: “guionista de cómics”, porque sí, no hay un mercado ahí visible de necesidad de guiones de cómics con ofertas de trabajo o sitios visibles de necesidad de ellos (sí, ya, tampoco lo hay de cine y de tele pero esos caminos ya me los conozco).

O por ejemplo: “guionista de videojuegos”. O “guionista de spots” (sí, ya, son “creativos” o “copy”, pero cómo coño han llegado ahí…). O “guionista de teletexto”. O “guionista de Paolo Vasile”. Pero de él. Porque no me creo que se invente todo eso que dice… ahí hay alguien. Y debe cobrar mucho.

Pues bien, una de las profesiones que me causan interés es la de “videoclipero”. Vamos, la gente que hace videoclips. Hay montones, cantidades industriales, cada día, en miles de canales temáticos o no. ¿Eso cómo sale? ¿De dónde’ ¿Sale del grupo y uno tiene una idea? ¿Van a buscar a colegas? Al parecer, sí, buscan a colegas, amigos, que les ayuden o contratan productoras si son grupos tochos. Y por lo que tengo visto y entendido guionistas de videoclips hay pocos: lo que hay es “realizadores”. Al fin y al cabo la música ya suele traer letra y la puesta en escena viene a ser las paranoia particular del director/realizador: filias, fobias e “imágenes” impactantes, a ser posible.

Así que hay 2 vertientes a la hora de hacer un videoclip, dado que no hay “creador” de contenidos per se:

a) Seguir lo que diga la letra e ir ilustrando. Por muy loco que sea.

b) Pasar de la letra como de la mierda y divertirse rellenando 2-3 minutos.

Luego hay una tercera, que es sacar al grupo haciendo como que toca lo que está sonando, pero con poses más o menos flipadas. En 40Tv tienes montones de estos.

Los fanes del A son muy pesados, evidentes y suelen dar risa (como los de la tercera vía). Los del B siempre me han dado envidia: tener 3 minutos de lo que te salga de los cojones y hacer el cabra.

Imaginaos que os dejan 3 minutos con musiquita guay (esperemos que sea guay) para ilustrar vuestras fantasías visuales más… profundas. Algo para lo que la música más moderno-movidita da juego, como pasó con los videoclips de Fatboy Slim:

E incluso llegando a la gilipollez:

Pero bueno, esto también pasa por este lado del charco. Para ilustrarlo, de hecho, os voy a poner 2 vídeos de un mismo grupo, un mismo disco. Uno es de la opción a. Otro es de la opción b. Uno fue primer single, el otro segundo. El grupo es Manel. El disco es “10 milles per veure una bona armadura”. Y la canción que ilustra el punto A es “Aniversari”. Una canción un poco de fantasía, que trata de un cumpleaños en el que el protagonista se introduce en los sueños de la cumpleañera. Y el videoclip… pues va de eso (aquí tenéis la letra traducida si os interesa).

Y “Benvolgut”, ejemplo del B: Canción que se supone que canta un tipo al ex de su novia y videoclip (que me recuerda en cierto sentido al de Peaches de The Presidents of the United States) totalmente a su bola de batallitas de sable cinematográficas (aquí tenéis la traducción de la letra).

¿A vosotros qué opción de videoclip os gusta más? ¿De cual os gustaría haber escrito el guión?

Cameron Díaz quien no lo lea

Es raro que se hable del guionista en las entrevistas de estrenos, en making off y todo esto. Como mucho, se habla de “el guión”, ese ente ahí creado por sí solo. Nadie habla luego de “la película” como ente sin citar al director en las entrevistas, pero de “el guión” sí.

El tema es que Cameron Díaz ha estrenado una película hace poco: Bad Teacher. La verdad es que en esta promoción, del director, tampoco se habla nada (Por cierto, los guionistas son Gene Stupnitsky y Lee Eisenberg, que han escrito varios episodios de The Office). Es una película de Cameron, para lucimiento de Cameron, en la que seguro que Cameron ha entrado como productora.

Y nada, que ha venido a España Cameron a hacer la promo y a parte de ir a que te intenten hacer parecer idiota en el Hormiguero con Pablo Mi Ego Va en Motos, ha hecho las habituales entrevistas estas con los medios en las que hablas durante horas sobre una película que al espectador sólo le dará que hablar 15 segundos. Los de antes de entrar al cine, cuando pides la entrada en taquilla:

– Por favor, una para la de “Bad Teacher”. Sí. Una. Sí, al final. Apartado de los otros, por favor… Sí, sí, debajo de la gabardina llevo ropa.

Pues bien, en las entrevistas, Cameron nos cuenta por fin cosas interesantes. Por ejemplo, que los actores son muy puntillosos a la hora de leerse un guión e involucrarse en un proyecto. Porque sí, haciéndonos los listos, podemos pensar que “Bad Teacher” es la típica película de chistes idiotas de lucimiento de actorcitos y más plana y seca que una mojama. Pero… Cameron no. Cameron lo ve distinto:

“Es muy raro encontrarte con un personaje con el que puedas hacer esto. Normalmente, en un guión, durante las 100 primeras páginas el personaje suele hacer algo terrible y en las últimas 20, trata de enmendarlo. Y eso es muy aburrido y muy complicado para el actor también. Tratar de envolverlo todo y dejarlo atado para el final. No tuve que hacer todo eso con Elisabeth, tan sólo es quién es.”

Es decir: “El guión era simple como el mecanismo de un botijo (aunque para mí un botijo puede ser algo complejísimo, que soy guiri) y mi personaje no tiene un puto punto de giro, pero mira, más cómodo para mí, que ni tengo que preguntar el típico ‘pero ¿qué siente mi personaje, de dónde vengo?’ en cada secuencia. Si yo sólo quiero que soltéis la guita en taquilla, que me hago mayor y lo que me queda tengo que exprimirlo a lo loco…”

En fin, viendo el criterio de lectura de guiones de Cameron, a uno le entra miedete. Pero es que encima, ella misma se encarga de aclarar que la cosa, es aún peor:

“Para mí, cuando me llegan guiones, o me atrapan, o no. Nunca busco algo en concreto, honestamente: leo un guión y, o me dice algo, o no me dice nada. Normalmente, los guiones que leo, espero a que pase algo… pero no leo muchos guiones, de todas formas. De hecho, soy notoriamente conocida por no leer muchos guiones”

Hija mía: se nota. Si te ha atrapado el guión de “Bad Teacher”, háztelo ver. A no ser que en el guión pusiera, en letras grandes: “El maromo lo interpreta Justin Timberlake. Sí, tu jovenzuelo ex” y te quedaras con carita de lela. Entonces, igual, puedo empezar a entender qué entiendes tú por “atrapar”. Y sí, para eso, no hace falta leer…

Aquí tenéis la entrevista, si como Cameron, ¡preferís no leer!

Las siete vidas de John Wayne

El otro día vi El mensajero del miedo, una película buenísima de John Frankenheimer. Y un panfleto anticomunista.

Sí, porque una cosa no quita la otra. ¿O acaso no hay políticas que están buenísimas? La presidenta de mi comunidad de vecinos, por ejemplo.

Bueno, como iba diciendo: El mensajero del miedo, una película en la que unos soldados norteamericanos son sometidos a un siniestro experimento rojo. El líder de la pandilla comunista se parece mucho al emperador Ming de Mongo.

En aquella época -ya sabéis- ser comunista era como ser un tirano intergaláctico.

John Wayne lo tuvo bien claro. Dio su apoyo a la caza de brujas del senador Joseph McCarthy, fue republicano y miembro de la anticomunista John Birch Society.

Según desvela Michael Munn en su biografía, titulada The man behind the myth (El hombre detrás del mito) las manifestaciones políticas de John Wayne llegaron a oídos del mismísimo Stalin.

“I don’t act, I react”.

Eso le gustaba decir a John Wayne y eso es precisamente lo que hizo Stalin: reaccionó dando orden de asesinarle.

Así, entre finales de los años 40 y principios de la década de los 50 John Wayne fue víctima de varios intentos de asesinato.

El primero lo llevaron a cabo dos esbirros soviéticos disfrazados de agentes del FBI, que trataron de matarlo en su despacho de la Warner Bros, en Hollywood. Fueron descubiertos y capturados.

Al morir Stalin la orden de asesinato fue cancelada pero los grupos comunistas estadounidenses tomaron el relevo y un nuevo atentado frustrado contra Wayne tuvo lugar en México durante el rodaje de Hondo.

¡Pero ahí no queda la cosa! En 1966 fue objetivo de un francotirador durante su visita a las tropas estadounidense en Vietnam.

Salió indemne, una vez más.

¡Pues claro!

Estamos hablando de Wayne. John Wayne.

Una mujer en África y otros finales WTF

Estos días me hallo inmerso en la escritura de un guión. Sería mejor hallarme inmerso en una piscina, con un gin-tonic y un buen flotador al que agarrarme, pero de momento mi realidad es la que es. Lo más absurdo de todo es que nadie me ha pedido que escriba este guión. Lo hago porque quiero, porque soy así de chulo. Hace meses abrí el último cajón de mi escritorio y me dije “vaya, parece que ahí todavía queda hueco para un guión de por lo menos 130 páginas”. Y en ello estoy. Lo malo de escribir un guión por tu cuenta y a solas son dos cosas:

1. que vas por tu cuenta
2. que estás a solas

Significa que no hay nadie a quien echarle la culpa si la cagas y tampoco hay nadie para sacarte de los embrollos en los que te metes. Bueno, esto último quizás es matizable. Lo sé porque se acaba de abrir una ventanita del programa de escritura de este blog: “INSERT MATIZ HERE! INSER MATIZ NOW!”.

Vale, inserto matiz: la verdad es que tan solo no estás. Una de las cosas que solemos hacer todos los capullos que escribimos un guión por nuestra cuenta es pasárselo a uno, a dos o a tres amigos (más es cachondeo, en mi opinión) para que lo lean y te hagan sus comentarios. Los manuales de guión recomiendan este ejercicio, pero insisten mucho en que no debe darse el material a gente demasiado cercana. A personas susceptibles de tener la mente nublada por afecto hacia ti: novias, madres y amigos, por ejemplo. Lo ideal es tirar de gentuza neutral que no te conozca demasiado ni te prestaría su coche pero que tengan cierto criterio para opinar.

Yo esto reconozco que me lo paso por el forro del bañador: no sólo le he dado mi guión a amigos supercercanos (cuya opinión respeto mucho, eso sí) sino que también se lo he dejado a mi madre. ¡Soy el colmo del novatismo!

Aún así creo que no hago mal porque estos lectores que me he buscado han sido tan objetivos y sinceros en sus apreciaciones que me han entrado ganas de tirar el guión por la ventana e irme a la piscina a tomar el sol. Sin crema protectora, o con una de factor muy bajito, para que se sientan culpables cuando me vean todo requemao.

Después se me ha pasado el susto y me he puesto manos a la obra, a pensar en los cambios que tengo que meter. Todas las opiniones coinciden en una cosa: el final no está bien.

Mi final es una caca, al parecer:

“¿Has visto Youth without youth de Coppola, Escri? Tiene un final muy raro con unas tribus africanas que te descoloca total del resto de la peli. Con tu guión pasa un poco lo mismo”.

No he visto Youth without youth pero, salvo el detalle de que comparen mi guión con algo de Coppola (que será un mojón, de acuerdo, pero es un mojón by Coppola), me ha sonado a que mi tercer acto es una de esas cosas inexplicables, forzadas y lamentables que a veces te encuentras en las películas.

O sea, que mi final es un final “WHAT THE FUCK?!”.

Estos días hay una película en cartelera con un final así, un desenlace WTF en toda regla.

Una mujer en África, película que a Sergi le ha parecido espléndida y a mí bien hasta que al hijo de la protagonista se le pira la pinza y todo se convierte en un despiporre, con un final – excesivo no: lo siguiente- que te deja completamente helado.

Cuando la película acaba te preguntas: ¿qué pasa con la directora? ¿se ha quedado sin amigos? ¿Y enemigos tampoco tiene? ¿Cómo es que nadie le ha advertido sobre lo WTF que es su final?

Y a vosotros, ¿se os ocurren otros finales WTF que hayáis visto últimamente?

Ava, con su propia voz

Mi intención era hojearlo un rato, pero el libro se ha quedado todo el fin de semana en mis manos. No sé hasta qué punto esta autobiografía practica la indulgencia ni cuánto hay del puño y letra de Ava Gardner, pero lo que sí hay es una narración fluida, inteligente y muy divertida.

Ava Gardner nació la última de siete hermanos en un pueblo de Carolina del Norte. Sus padres eran granjeros y al sobrevenir el crack de 1929 quedaron completamente arruinados. Aún así se empeñaron en que su hija pequeña tuviera estudios. Ava iba para secretaria pero el marido de su hermana llegó a la conclusión de que algo más había que hacer por ese bellezón de dieciséis años.

A pesar de su acento de paleta no le costó mucho conseguir su primer contrato de starlet con la MGM, pero aquello no tenía mucho de glamouroso. Ava pasó sus primeros años haciendo figuración y fotos de “arte de pierna”.

“Recuerdo en particular un día en que el calor en L.A. batía todos los récords y alguien dijo: “Vale. Vamos a poner a alguien que tenga buenas piernas y buenas tetas encima de este enorme bloque de hielo”. Y el bloque era, en efecto, enorme, debía pesar una tonelada. Necesitaron un grúa gigantesca para colocarlo. ¿Y quién tuvo el gran honor? Yo. Llevaba un traje de baño a rayas rojas y blancas, y me subieron encima del bloque. Sujetaba un cucurucho de helado y sonreía alegremente mientras el ventilador hacía volar mis cabellos en el viento y mi trasero se congelaba. Salió en todos los periódicos. Nadie dijo nunca que fuese una profesión intelectual.”

Habrá quien opine que toda autobiografía es un relato edulcorado. Creo que sí puede haber algo de sacarina, pero no más allá de lo razonable.

Hay que pensar que la imagen que tenemos de la Ava pendenciera, borracha y devora-hombres, aunque nos ponga mucho, no tiene porqué ser la única verdad. Lo más probable es que se haya exagerado un pelín. El libro no niega ciertos hechos, pero sí hay un empeño por desmitificar y matizar. A mí me parece fenomenal. Si ella dice que no perdió la virginidad hasta después de casada (con Mickey Rooney, a los 20 años) no tengo porqué dudarlo, y en el fondo da bastante igual.

Por otro lado, hay mérito literario en este relato. ¿Atribuible a Ava? Eso sí que es difícil de creer.

No porque sea una tía demasiado estupenda, sino porque entonces tendríamos que tragarnos que sólo escribió un libro en su vida y que lo hizo acertando en la diana a la primera, algo de lo que no puede presumir casi ningún escritor. No, lo más lógico es que registraran sus parloteos en una grabadora y que después el libro se lo escribiera uno de éstos:


(Chicos de las maracas en La noche de la Iguana).

Lo que me seduce de este relato es su sentido del humor y, por supuesto, los cientos de detalles impagables sobre gente interesante.

Mi compañero de blog, Estado crítico, hablaba ayer precisamente de la película documental sobre Ava que acaba de estrenar Isaki Lacuesta: “La noche que no acaba”.

Me interesa mucho todo lo que hace este joven director, y después de leer este libro, me interesa también mucho Ava, así que no me la pienso perder.

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