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El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

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El último post de Escrito por

Vale, ¿de qué va esto?

 

“El último post de Escrito por”.

 

“Y esa fotico del final de Big Fish… ¿Qué estás insinuando, Escri?”

 

 

“¡Uy! ¿Y esto?”

 

Pues sí, amigos. Este blog, que empezó su andadura en el año 2006 ha tocado techo en TCM.


“¿2006, dices? Lo raro es que no te hayan echado antes”.

 

Seis años sacando tres o cuatro post semanales. No quiero echar cuentas, pero me salen un porrón de post. No todos han sido buenos. Muchos han sido regulares. Algunos han sido malos. Ha habido momentos en los que incluso he conseguido molestar a la gente.

 

Y cuando digo “gente” estoy pensando sobre todo a las fans de Hannah Montana y de Johhny Depp (eh, pequeños! ¿cómo olvidaros? ¿cómo no dedicaros unas últimas palabras?).

 

Me he divertido. Hemos hablado mucho de cine. Se han colado trozos de mi vida también, sin pretenderlo. Sin enseñaros siquiera mi cara. Pero es que al final, uno está solo ante el teclado, y se imagina que al otro lado lo que hay es un único y fiel lector, la imagen imprecisa de un amigo en la distancia. Aunque yo sé que esto no es así. Los años pasan, los lectores cambian. Incluso han nacido nuevas tecnologías que han robado bastante el sentido a esto de los blogs.

 

Pero al final, uno siempre tiene en mente a ese quimérico lector, que te ayuda a escribir, y con el que has construido… algo. Un blog. Un hogar. Una cierta intimidad.

 

¡Miradla! ¡Es ella! ¡Mi quimérica lectora!

 

“Vaya. ¿Y ese tufo? ¿A qué huele?”.
Perdón. Se me ha escapado una nostalgia. Aún no me he ido y ya os estoy echando de menos. ¡Igual me estoy pasando de dramático!…

 

 

No quiero terminar así. Si tuviera que elegir un final para el blog, elegiría este:

 

"Calla y baraja"

 

Como en el Apartamento, me echaría unos cinquillos ahora mismo con todos vosotros.

 

Además… ¡además! Os he dicho que este blog ha tocado techo en TCM pero eso no quiere decir que Escrito por se vaya a dormir al baúl de los blogueros con personaje.

¡No!

 

Siento que no ha llegado mi final. Probablemente estoy en el otoño de mi vida blogueril, pero aún me quedan cosas por decir. ¡Demonios! ¡Me resisto a morir!

 

Por eso me he abierto este otro blog (PINCHA AQUÍ). Me mudo allí. De momento la casa está vacía y las paredes blancas. No sé cómo voy a colocar los muebles. No sé qué arreglitos voy a hacer. Lo que sí es seguro es que postearé menos (¡ay, el parné!) pero cuando lo haga, lo haré con gusto, igual que aquí. Eso no cambiará. En pocos días lo veréis.

 

Quiero agradecerle a TCM que me haya ofrecido este espacio durante tanto tiempo. Aquí he estado a gusto y he escrito con libertad. Ha sido algo más que un hobby remunerado. Ha sido especial y bonito. ¡Gracias!

 

Y a vosotros, lectores, ¿qué os puedo decir? ¡Follow me! Seguiré en facebook (Escritopor@hotmail.com) y en el nuevo blog (https://escritopor.wordpress.com/).

 

Y en los bares, claro, pero ahí, no sabréis quién soy. Aunque, igual llega un día en el creeréis haberme visto y al ofrecerme una cerveza guiñándome un ojo, es posible que os devuelva el saludo y me la tome con gusto, agradecido. Pero también podría ser un borrachín más del bar y que hayáis hecho el canelo. Así vivo yo, amigos: siempre en el filo entre el canelismo y la bohemia. ¡Qué difícil es ser yo!

 

Un abrazo. Se os quiere. Sobre todo a ti, Quimérica.

 

Esto no es un final. Es solo que la Gradisca se nos casa. Y yo me emociono.

 

 

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Francamente, querida

“Francamente, querida, vete a tomar por…”

 

Hay rupturas de cine tan bien escritas que uno quisiera vivir dentro de una película. O no. Porque cuando los guionistas se ponen a dejar, pueden ser muy cabrones. Claro, como a quien dejan es a un personaje, que le pinchas y no sangra… ¿Para qué cortarse? ¿Por qué no sacar toda la mala baba ripiosa?

 

El otro día vi una escena de ruptura brutal, de esas que dices, vale, al personaje no le duele, pero yo me estoy poniendo malo por empatía.

 

Se trata de una escena de Network, un mundo implacable, ese peliculón de Sidney Lumet, con guión de Paddy Chayefsky. En ella, un profesional de la vieja escuela televisiva (William Holden) vive un romance otoñal con una joven y ambiciosa directiva de programación (Faye Dunaway).

Los cosmos chocan, y la cosa no sale bien. Así que él la deja. Y lo hace de una manera que… ya le vale. ¡William Holden! ¿Cómo le dices eso a una chica? Hay límites, ¿sabes?

¿Qué le dice?, os preguntaréis, ¿qué puede ser tan malo?

¿Le dice que huele mal?

¿Que tiene bigote?

¿Que le recuerda a su tío Perico después de que empezaran a llamarla Nieves?

Nooo. Algo mucho peor.

La compara con la televisión.

Atentos al speech que le suelta. Es magistral desde el punto de vista literario. Y humanamente, una putada. La pobre Faye, ni abre la boca. Tan solo recibe el chaparrón:

 

“Eres la encarnación de la televisión… indiferente al sufrimiento, insensible a la alegría.
La vida entera se reduce al ripio común de la banalidad. Guerra, asesinato, muerte… son lo mismo para ti que botellas de cerveza. Y el negocio diario de la vida es una comedia corrupta… Hasta destrozas las sensaciones de tiempo y espacio en fracciones de segundos y repeticiones instantáneas. Eres la locura, Diana. Una locura virulenta.
Y todo lo que tocas muere contigo… Pero yo no. No mientras pueda sentir placer y dolor… y amor…”

 

“Y conste que esto es un final feliz. El esposo descarriado recupera la sensatez. Regresa a su esposa, con la que ha establecido un largo y continuo amor. La joven y despiadada mujer queda sola en su fría desolación. La música sube y se intensifica…”

 

“Comercial final. Y aquí algunas escenas del programa de la próxima semana”.

Puerta y...

adiós, ciao, guapa... hasta nunca

 

Uy, maaadre, ¡lo que le ha dicho! No me digáis que no dan ganas de echarle una manta por los hombros a la pobre chica.

Aquí la escena completa (sin subtítulos, sorry)

 

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Con las nubes negras detrás

Voy a contaros una batallita que es a la vez una adivinanza.

De vez en cuando me gusta escuchar a un lánguido. Sí, que le vamos a hacer, el cabrón escribe fenomenalmente y compone a un nivel alto, pese a que corre el riesgo de creérselo demasiado ahora que empieza a tener nombre.

 

 

El lánguido del que hablo es este: vean su pose lánguida.

Y vean a su exnovia, una lánguida de pedigrí (que tiene 2 hijos de su anterior pareja, un guionista… lánguido también).

 

En resumen: estaba escuchando a Nacho Vegas. Cuando de pronto, en una de sus canciones, llama mi atención una estrofa:

 

“… y te vi llorar,
un río a cada lado,
de tu rostro sin desmaquillar,
como la propia Katy Jurado,
con las nubes negras detrás…”

 

Y pensé: esto me suena.

Les propongo la adivinanza: ¿Caen en la imagen? ¿Saben a qué se refiere el señor Vegas? Vayan pensando.

A modo de pista, os diré que cuando la escuchaba estaba acompañado, y lo primero que me preguntaron, es:

¿Quién es Katy Jurado?

Pues Katy Jurado es una actriz mejicana muy guapa que ha interpretado, entre otros, clásicos como “Solo ante el peligro” o “Lanza rota”, haciendo siempre o de mejicana o de india guapísima. Y ya talludita, ha seguido su carrera…

 

Total, que estaba yo haciéndome el pedante (qué poco me cuesta) cuando ahí, justo en ese momento, caí en la cuenta.

 

… y actuado en películas como por ejemplo en… (pausa dramática) …¡no!…
¿Qué pasa? ¿A donde vas? ¿No puedes escuchar música como alguien normal?

 

…Corro a la “Dvdteca”. Cojo una película. La meto rápidamente en el reproductor y mientras recorro el contenido con el fastforward, me digo “será cabrón”…

La película es Pat Garret & Billy The Kid, del maestro Peckinpah. Con eso el lánguido ya me gana.

Y recuerdo que una Katy Jurado ya mayor hacía el papel de mujer/amante del Sheriff viejo y de vuelta, que cumple con su deber a sabiendas de lo que expone, en un tiroteo sucio y sórdido, donde la propia Katy participa. Y es alcanzado.

Y encuentro el momento.

En el minuto 52 de la película, veo ESTO:

 

 

Con Dylan cantando de fondo. Qué cabrón. Knocking on Heaven’s door na menos… y con esa sobreactuación preciosa de Katy Jurado mirando a su hombre morir…

 

“Con un río a cada lado de su rostro sin desmaquillar…”

 

“Con las nubes negras detrás”.

 

Y me digo: ¡qué tío más pillo el Nacho! Me ha gustado el chiste privado. Y me gustan los guiños cinéfilos. Además el tipo tiene buen gusto para el cine.

Y claro, ¿cómo no quererle entonces?

Les dejo con la canción por si la quieren oír. El vídeo es una sucesión de fotos que alguien en youtube decidió apropiadas vaya usted a saber por qué, pero la canción está tal cual.

 

 

“Y entre el dolor y nada, elegí el dolor”. Cuantas veces, ¿eh?

 

Y vosotros qué, ¿habíais adivinado la referencia? Seguro que sí, que son ustedes relistos, lectores.

 

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El último plano de un cineasta español

Si te pidieran un último mensaje, una imagen para la posteridad antes de largarte de este mundo, ¿qué harías?

Pongamos por caso que eres un director de cine muy importante. Te han premiado en los festivales de cine más relevantes: Venecia, Cannes, Montreal, Berlín…

Y además, eres profeta en tu propia tierra. Pero no un profeta cualquiera, sino EL PROFETA, Mahoma, Jesucrito, como queráis llamarlo. Te han dado el Goya, el Príncipe de Asturias, la Medalla de Oro a las Bellas Artes, el Premio Nacional de Cinematografía.

Has trabajado con y sin censura. Has hecho reír. Y has hecho llorar, mientras que tú, te has reído de todo y de todos.
Y además, sigues molando. Tienes 78 años y los jóvenes que empiezan en el oficio dicen que quieren ser como tú.

No has alcanzado la gloria. Tú eres la gloria.

Pongamos, pues, que te llamas Luis García Berlanga y que sabes, con toda probabilidad, que la película que tienes entre manos será tu última película. Tu legado.

 

 

Quizás hagas algo después (de hecho, lo hizo). Pero lo más seguro es que no.

Quizás te queden otros diez años en este mundo (de hecho, los vivió). Pero nadie te lo ha puesto por escrito. Te han arrancado las últimas páginas de ese guión.

Y si vivieras, si llegaras a los 88, a los 98… ¿en qué condiciones? ¿con qué cabeza? ¿con qué fuerzas? ¿con qué ganas?

Qué buena metáfora sobre la vida hizo Woody Allen: la comida es realmente terrible, y encima, las raciones son muy pequeñas.

 

Así que, ¿con qué plano vas a decir adiós? ¿Cómo te despides de tu público?

 

Con esta escena:

 

 

Con este plano:

Un toro de Osborne, una muñeca flamenca, y una pintada con un mensaje:

 

TENGO MIEDO.

L.

 

“Tengo miedo. L”.

 

Usted me pone la piel de gallina, Mr. Luis.

 

 

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Los Goonies, 27 años después

MUELLES DE GOON, junio de 2012

Michael ‘Mikey’ Walsh:

Me dicen que soy un nostálgico recalcitrante, pero yo no veo nada malo en salir al porche de la casa de mis padres, ahora nuestra, y abrazarme a la viga de madera, podrida por el paso de los años. Me pongo mi vieja cazadora vaquera y, aunque me tira un poco de la sisa, es como si me transportara a aquellos tiempos. La mejor época de mi vida: tenía doce años, tenía amigos… ¡¡tenía un barco pirata a pocos metros de mi casa!!

El futuro era un espejismo prometedor. Creo que mi organismo sabía que a partir de entonces todo iba a ir a peor, y decidió quedarse en aquellos contornos. Sólo he crecido dos centímetros desde 1985. Algo es algo. El pobre Data murió a causa de uno de sus inventos y se quedó sin dar el estirón.

 

Brandon Walsh:

Hay algo que no ha cambiado, algo que sigue igual que hace 27 años: mi preocupación por el enano está intacta. No importa que el hijoputa esté a punto de cumplir los 40. Siempre me dará problemas. Y yo siempre seré su hermano mayor. A veces creo que se ha vuelto loco.
Míralo ahí, en el porche: amorrándose a esa viga cochambrosa. Si seguimos viviendo en esta casa es porque no conseguimos venderla ni a tiros.

Qué inteligente habría sido mudarse cuando tuvimos la oportunidad, hace 27 años. Ahí mis padres no estuvieron finos. Es verdad que si nos quedamos fue por nuestra culpa. ¡Pero nosotros éramos sólo unos críos! Nuestros viejos no tenían que hacernos caso. ¿Qué sabíamos nosotros de las tendencias del mercado inmobiliario? Ahora papá y mamá están muertos y mi herencia es esta casa de mierda y un hermano tarado.

 

Andy Carmichael:

Me casé con Brandon, sí. En cuanto terminé el instituto. Qué bonito es encontrar al amor de tu vida tan pronto. Qué bonito es tener hijos y criarlos en el mismo sitio donde crecieron tus padres. Qué bonito es hacer todo eso y que los tíos te sigan mirando las manflas cuando andas por la calle.

No me puedo quejar. La vida me ha tratado bien… Pero por pedir, pediría un poquito más de intimidad para Brandon y para mí. Entre los niños y mi cuñado, que vive con nosotros, apenas nos queda espacio para ponernos románticos.

Este Mikey es como un niño grande. No quiero decir que sea una carga, pero a veces me pregunto como serían nuestras vidas si Mikey se hubiese marchado a la universidad a estudiar Arqueología, que es lo que siempre dijo que iba a hacer. Quería ser como Indiana Jones. Pero cuando llegó el momento… simplemente no lo hizo. Es como si no pudiera marcharse de aquí. Como si fuera una mancha de moho enraizada en los muelles de Goon.

Si al final conseguimos vender la casa creo que los nuevos propietarios tendrán que quedarse con él.

 

‘Stef’ Steinbrenner:

¿Los muelles de Goon? Hace años que no piso ese lugar. El dinero que saqué de los diamantes lo empleé en irme a Nueva York para estudiar Medicina.
De vez en cuando me acuerdo de la aventurilla con los italianos, la cueva y el piano de huesos. Menuda movida: como para olvidarla. Recuerdo especialmente a un señor con cabeza de melón que se llevaba muy bien con el gordito del grupo… La verdad es que no me acuerdo de sus nombres.

Sólo recuerdo el de Andy, porque fue mi mejor amiga en el instituto. El año pasado me quiso agregar en Facebook, pero yo me hice la loca. Ya no tenemos nada en común. Ella es una ama de casa aburrida, y ni siquiera se imagina que soy lesbiana. Seguro que le parecería mal. Fijo que ataría cabos y se daría cuenta de lo enamorada que estuve de ella y le daría asco, y pena, y se lo contaría al resto de la pandilla: “jo, tíos, la de veces que me cambié de sujetador delante de ella”.

Esto lo diría en parte para ridiculizarme, y en parte para calentarles las braguetas, si es que Andy sigue siendo como yo la recuerdo: una niña mona con la autoestima de un calcetín viejo.

 

Lawrence ‘Gordi’ Cohen:

Ya no estoy gordo. Todo lo contrario. Tengo un físico bastante envidiable y si miras mis abdominales apenas notarás que me estoy quedando calvo. A veces voy de visita a los muelles de Goon: Mikey, Brandon y Andy son los únicos que quedan por allí. Cuando voy, nos sentamos en el porche a recordar viejos tiempos; ellos toman cerveza y yo una bebida isotónica. Por supuesto, siempre hablamos del barco pirata, de los Fratelli, de Data, de los diamantes. Y nos preguntamos qué habrá sido del resto de la pandilla. Un coñazo, vaya. No sé ni por qué voy. Creo que es porque en el fondo soy mezquino y me gusta ver lo patéticas que son sus vidas en comparación con la mía.
Andy criando culo: de esto puedo dar fe, porque el año pasado la pillé con la guardia baja y echamos un polvo (¡al fin conseguí ligarme a la guapa del instituto! ¿Quién se ríe ahora, eh? ¿Quién?).
El pobre Brandon hace ñapas y las pasa putas para mantener a la familia.
Y Mikey… esto sí que es deprimente: Mikey está hecho un disfuncional absoluto: se comporta como si viviera en 1985. La última vez que le vi me dijo “Gordi, he encontrado un mapa antiguo en el trastero”.

¡Un mapa antiguo! ¿Os dáis cuenta? Hice como que no le oía.

 

Clark ‘Bocazas’ Devereaux:

Un año después de lo del barco pirata empecé a joder mi vida. Tal vez tuvo algo que ver el mal rollo por la muerte de Data… aunque eso me suena a excusa barata.

Resumiéndolo mucho: me volví yonki. Y no creáis que fue sencillo, porque en los muelles de Goon no es fácil conseguir buena mierda. Pero al final lo logré: yonki con todas las letras, yonki de chándal y de lata de cerveza (50 centilitros) en el transporte público. Recuerdo que una vez cambié uno de los diamantes del barco pirata por un kilo de heroína… ¡cuando en realidad podría haber sacado tres! Ahí toqué fondo. Ahora lo digo tranquilamente porque estoy reinsertado. Llevo dos años limpio.

Estuve un tiempo en la cárcel y allí me topé -¿adivináis con quién?- ¡¡con los hermanos Fratelli!! Mi aspecto era tan ruinoso que no me reconocieron. Yo me hice su colega sin decirles quién era y a veces les soltaba indirectas, a ver si las cazaban. Sólo por divertirme: porque yo he perdido los dientes, sí, pero nunca he perdido el sentido del humor.

Les decía, por ejemplo: “vamos a colocarnos y a pasarlo… PI-RA-TA”. Pero nada, que no lo cogían. No eran muy listos, los Fratelli, pero al final resultaron ser buenos chicos.

 

 

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Voz en off, que estás en los cielos (o en las azoteas)

La voz en off es como un cuchillo jamonero: puede ser usado para el bien o puede ser usado para el mal (y ser la estrella en la sección de sucesos).

Es pues, un recurso más: tú verás lo que haces con él. Pero  por la seguridad de la ciudadanía, creo que todo guionista que llegue con actitud desesperada a la “tienda de voces en off” debería someterse a un cuestionario. Nada muy complicado, solo unas pocas preguntas sencillas. Tal que así:

 

¿Tiene licencia de voces?

– Sí, venga, dame una rápidito, que tengo que entregar versión mañana.

– ¿Cómo la quiere?

– Mmm, pues no sé. Una que mole, que empatices con el protagonista. El cabrón del productor me ha dicho que el personaje resulta frío, así que tiene que ser una voz en off que te haga pensar “jo, como mola este tío, me iría de cañas con él”.

Muy bien pero antes de nada, contésteme esta sencilla pregunta: ¿piensa usar esta voz en off con pericia y talento narrativo? ¿O va a emplearla en acuchillar su película por la espalda obedeciendo a un deseo inconsciente de joder el proyecto y, de paso, a su productor?

 

De acuerdo que la pregunta es un poco obvia, del tipo del cuestionario que te dan en el avión para viajar a los Estados Unidos (“¿piensa usted cometer actos terroristas?”). Pero de alguna forma hay que abordar la cuestión. Y si el guionista da la más mínima muestra de duda al responder, no deberían dejarle salir de la tienda con una voz en off cargada, lista para ser usada en cualquier momento.

Quien sabe si el guionista no acabará subido en una azotea, con un megáfono, y disparando voces en off a víctimas inocentes:

 

“Eh, tú! ¡La de rojo! ¡Escucha esto y muere, zorra!:

Esta mañana Marta se levantó y pensó que había vuelto a engordar. Buscó en su armario con al ánimo un poco bajo y decidió que aquel vestido rojo que compró en las rebajas de la pasada temporada tenía el punto justo de putón-recatado que la rescataría de pasar otra noche más de soledad ante el televisor“.

 

Un peligro público. Un problema de orden social. Hay que tener mucho cuidado con las voces en off.

Curiosamenta hace poco he visto dos ejemplos extremos de buen uso y de mal uso de la voz en off. Y, he aquí lo interesante, las dos fueron escritas por el mismo guionista: Paul Schrader, (de quien os hablé aquí hace poco).

El uso magistral de la voz en off en Taxi Driver es bien conocido. No hace falta ni que lo explique.  El hilo de los pensamientos de Travis Bickle nos sumerge en todo lo enfermizo que hay fuera y dentro de su cabeza. Es un elemento imprescindible, sugerente, artístico, nada obvio.

 

 

Y en el otro extremo tenemos una película dirigida por el propio Schrader: Affliction. Rara y cruda, como le gustan a él. Con un Nick Nolte magníficamente desquiciado:

 

El personaje de Nick es el sheriff de un pueblo tipo Fargo que actúa como marioneta para el cacique local. Su trabajo como representante de la ley consiste en regular el tráfico cuando pasa el autobús escolar y quitar la nieve acumulada en las carreteras. Hasta que un día se tuerce todo, claro, y Nick empieza a comportarse como lo que es: un policía. O un loco.

 

 

La película es interesante. Si no la habéis visto la recomiendo. Pero para mí es un doloroso ejemplo de voz en off descontrolada, inútil y estúpida. Una pena. Creo que la película hubiera sido mucho mejor si no tuviéramos que escuchar las banales opiniones de Willen Defoe (hermano del protagonista) sobre el descenso a los infiernos de Nick.

Como se trata de la adaptación de una novela yo me imagino que Schrader optó por trasladar el punto de vista del narrador literario a la película. Y no funciona. No funciona una mierda.

 

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Men in Black 3: nueva peli de los Cohen

Como ya os comentaba en el anterior post (aquí, el anterior post), he visto Men in Black 3 y puedo decir tranquilamente aquí… que me ha entretenido. De hecho, lo hizo bastante.

 

No sé qué pasa que es una frase que he repetido varias veces estos días en conversaciones en vivo y la cara de respuesta ante tal afirmación es esta:

 

 

Supongo que es fruto de la combinación de “título comercial” + “tercera parte” + “producto palomitero” + “se supone que tienes criterio cinematográfico Escri, qué haces entrando en eso”. Yo que sé. Como si no me conocieran: ¡veo cualquier cosa!

 

Y que narices, me apetecía en un sábado sin más plan. No sé. Yo vi la primera y me hizo mucha gracia. Reconozco que vi la segunda y no recuerdo nada positivo de ella, más allá de que salía una chica y luego ya no (o algo así). De hecho, al entrar en la tercera confieso que no recordaba por qué el personaje de Tommy Lee Jones seguía currando ahí. Creía que se había jubilado. Pero oye, perfecto. Así que, con el recuerdo de la primera y al ver que seguía siendo Barry Sonnenfeld el director, dije: vamos a ir. Y es que a Barry le tengo mucho cariño desde que vi Cómo conquistar Hollywood y, sobre todo, una comedia ligeras que, no sabría explicar por qué, me hizo muchísima gracia: El gran lío. Si, también dirigió Wild Wild West, ya lo sé… en fin, todos somos humanos.

 

Y cometí un error. El error. Un error que avergonzaría a cualquiera de mi especie. La de los guionistas, vaya (que hablando de Men in Black puede parecer cualquier cosa marciana): ni me preocupé por el guionista.

 

 

Así que, viendo la peli tan tranquilamente, pensando “bueno, será uno de estos guionistas de plantilla de Hollywood”, esta acaba y leo en la pantalla:

 

GUIÓN DE ETAN COHEN

 

Y claro, se me quedóa mí la cara así:

 

 

¿Etan Cohen haciendo el guión de Men in Black 3? ¿La 3?
Vale, el reparto mola: Tommy Lee Jones, Will Smith, Jhos Brolin, Emma Thompson, un Michael Stuhlbarg recién salido de Boardwalk Empire y sobre todo… ¡un escondidísimo Jemaine Clement haciendo de malote!

 

De su gafapastismo en Flight of the Chonchords…

 

 

… a sus otras gafas y demás en Men in Black 3!

 

 

Sin duda un cambio notable.

 

Pues bien, a lo que iba: ¡¡¡QUE ETAN COHEN HA ESCRITO MEN IN BLACK 3!!!

 

Y de pronto mi cerebro se puso a dar vueltecitas: Etan Cohen.

 

Sin “h” en Etan… y con “h” en Cohen.

 

Vaya. ¿Se habrán equivocado a la hora de escribir el nombre de Ethan Coen en los créditos? Qué fuerte… a mí a veces me ponen “Narrado por” o “Tecleado por”, pero porque soy nadie. Que a un hermano Coen le pongan mal el nombre, puede pasar, pero el apellido… ¡qué vergüenza!

 

Pero claro, como a los guionistas a veces ni nos invitan a los estrenos de nuestras películas, igual Ethan no había podido ir y quejarse. Aunque… si no invitan ni a alguien como Ethan, apaga y vámonos…

 

 

Y de pronto, como un resorte, el ángel de la guarda de los guionistas baja del cielo y me da una hostia con un “Cineguía” de 1998:

 

– Joder, ¡qué hostia! Me has partido los piños… ¿pero qué libraco es ese? ¡Duele!

– Un Cineguía de 1998. Sí, un tochaco. Ahora esto ya no tiene gracia, pero antes lo petaba… mira: todas las productoras que había en 1998, el 90% solo ha producido una peli y luego cerró, pero, ¿y lo bien que queda? ¿y el volúmen que le da a la obra? Y mira, fotos de actores con el teléfono de su representante… maravilloso. ¡Mil páginas casi!

– Bueno, ¡vale! Supongo que me habrás pegado con… eso, por algún motivo.

– Divers… ehm, sí: aprendizaje. Capullo.

– ¿Aprendizaje? Ah, ya entiendo… humildad. No debería extrañarme porque Ethan Coen escribiera una tercera entrega de una película palomitera, ¿no? Todos los guionistas tenemos nuestros momentos, nuestras necesidades: no hay categorías en nuestro trabajo, TODO es nuestra obra. Todo suma. Todo es una experiencia que…

– No, gilipollas: Etan Cohen es OTRA persona. ¡No tiene nada que ver!

– ¡Ah!

 

Y claro, se me quedó esta cara, que igual os suena:

 

 

Y es que, efectivamente, Etan Cohen es otra persona. No es Ethan Coen. No es un hermano Coen, porque, de serlo, sería un hermano Cohen, pero que yo sepa tampoco tiene que ver ni con Leonard ni com Emma. Es un guionista con un nombre… que no sé si le habrá abierto puertas o cerrado, pero que ha hecho sus trabajitos: Escribió Madagascar 2, colaboró en Tropic Thunder, escribió para series como Padre Made in Usa, El Rey de la Colina, Beavis & Butthead, La Banda del Patio y bueno, el chico tiene su carrera.

 

 

Pero no sé por qué dudo de si ese cartelón tocho al mismo tamaño que el del director al final de la película se hizo por respeto al guionista… o por ver si había algún pardillo como yo en la sala que se quedara también flipando.

 

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El cine sonoro, muy sonoro…

Hay veces que vas al cine simplemente porque te apetece, no porque vayas a ver una película. Como cuando ibas al videoclub una tarde de domingo y comprabas pipas y alquilabas lo que fuera. Vas al cine, miras a ver qué echan y p’adentro. A ver que te tira el cuerpo. O bueno, lo miras desde casa con tu smartphone de turno y eliges el horario, porque claro, antes los cines tenían 3 pases y era fácil desde casa decir: “uhm, son las siete, voy a ver que echan en media horita”. Ahora, vete a saber a qué hora empieza. Estoy seguro de que, un superestreno tipo “Los Vengadores”, el fin de semana de premiere estuvo proyectándose ininterrumpidamente en España en lapsos de 5 minutos desde las 16:00 en algún sitio. A las 16:00, 16:05, 16:10, 16:15, etc, etc… así hasta las sesiones golfas.

 

Total, que fui a unos multicines de una localidad costera famosa por su aeropuerto. Uno vacío. Yo qué sé. Por allí estaba. Dije: vamos a ver si el cine lo tienen igual. Y no, había gente. Chavales. Le pegaba a la película: Men in Black 3 (otro día os hablo de ella). Como siempre en los multicines con entradas numeradas (¿aún quedan cines sin numerar?), nos pusieron a los 15 que íbamos todos juntitos, apelotonados. Precioso.

 

Normalmente, prefiero tener espacio a mis lados, pero bueno, no pasa nada: nadie tapa a nadie, ángulo de visión correcto. Adelante. En los trailers, los 4 chavalines de detrás no paraban de hablar. Volumen normal… para el salón de su casa. A su bola. Pensé: estos se callarán en cuanto empiece.

 

Pues no: ahí seguían. De charreta. Tan tranquis. Y pensé: “esto es un daño colateral de las descargas”. Estuve a punto de llamar a González Macho y todo, para que lo dijera en la próxima gala de los Goya y echarme unas risas: la gente descarga en casa, se pone a ver todo en su megaplasma y lo comenta con los amigotes/pareja/compañerosdepiso/40chinosalojadosilegalmenteenloqueeraelcuartodelniño y se mal acostumbra. Luego va al cine y pasa lo que pasa.

 

Pero hoy, hablando con amigotes caí en que no. En que, de hecho, la cosa ha mejorado infinitamente (algún nostálgico dirá que no). Que antes, cuando éramos chavales, lo NORMAL era que un grupo de gente de nuestra edad (a veces nosotros mismos) la liara en el cine: que hicieran supuestos comentarios divertidos en voz alta respondidos con un coro de risas a lo Beavis & Butthead, que hubiera guerra de palomitas, que se comentara la película a lo loco… por no hablar de escenas subiditas de tono.

 

 

De estas rescataré la de un tío de mi instituto en la adolescencia. El cerebro decidió gastar una bromita a su novieta y abrir el cartoncillo de las palomitas por debajo… para meter su miembro virilen él y que la otra se lo encontrara al coger palomitas que llevarse a la boca. Maravilloso ideón. No sé en qué estaría pensando: si en que ella, presa del ingenio, tras la sorpresa, se abalanzaría a “comer palomitas” a morro o simplemente quería gastarle una broma. O a lo mejor, presumir… pero para este extremo debería poseer el dato de si compró el paquete (nunca mejor dicho) pequeño, mediano o grande de palomitas y lo desconozco. En fin, el resultado, desde luego, no fue el deseado, seguro:

 

– La chica chilló del susto en la sala.
– La polla le escoció por la sal durante días.

 

Brillante.

 

 

En fin. Que recordando batallitas de la infancia-adolescencia, la verdad es que, hoy en día, que te toquen 2 charlando detrás, con los cines semi vacíos que nos estamos gastando… ni tan mal. Se cambia uno de sitio y sin problemas.

 

Eso sí, llego a viajar en el tiempo como Will Smith en MiB3 (que eso hablamos mañana, Escriiiii… ay!) y me encuentro con la gente que iba en mi adolescencia al cine y me da un telele.

 

¿Y vosotros, qué habéis llegado a ver en un cine?

 

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Paul Schrader y Martin Scorsese 1982: charla de colegas

Buscando información para un post que estoy preparando, me he topado con esta charla de amiguetes que Paul Schrader y Martin Scorsese registraron en 1982 para la revista Cahiers du Cinéma, es decir, cuando ambos tenían 36 y 40 años, respectivamente. Habían pasado 6 años desde Taxi Driver y solo 2 desde Toro Salvaje. Me ha parecido valiosísima por sí misma (como encontrarme con un mosquito prehistórico en ámbar), así que os la pego tal cual. Empieza con una introducción de Schrader…


“Esta entrevista, encomendada por Cahiers du Cinéma, fue realizada el 29 de enero de 1982 en el departamento de Martin Scorsese ubicado en Manhattan. Marty había pasado toda la noche editando El rey de la comedia (The King of Comedy); yo había pasado la noche deambulando por Upper West Side. A las 7 A.M, la luz del amanecer baña el río Hudson, comenzamos nuestra conversación”.

 

Paul SCHRADER: ¿Qué peliculas te atrajeron cuando eras adolescente?

Martin SCORSESE: Muchas, muchas películas -sólo mencionaré las que se me vienen primero a la mente. La primera imagen que recuerdo de mirar una película en una sala de cine -mi papá acostumbraba llevarme al cine debido a mi asma- era un trailer en Trucolor de Roy Rogers y su caballo saltando una tronco. Mi padre me preguntó “¿Sabes qué es Gatillo?”. Yo le dije, “Esto es un gatillo.” (Scorsese agarra el gatillo de un arma imaginaria). Yo tenía aproximadamente tres años de edad. Mi padre dijo “No, Gatillo es el nombre del caballo”. Y allí estaba este hermoso caballo y su jinete con flequillo saltando y volando por el cielo como un ángel. Desde esa vez siempre quise ser vaquero y nunca lo fui.

SCHRADER: Entre los siete y diez años ¿qué películas preferías?

SCORSESE: Principalmente westerns. Duelo al sol. Mi madre me llevó a verla, mi padre no fue. Por alguna extraña razón la película me impresionó mucho. Hasta hoy. Y nunca he podido ver el final; me cubro los ojos. Me parece una historia de terror. Los dos enamorados que se aman tanto hasta el punto de tener que matarse entre sí…

SCHRADER: ¿En qué punto la pubertad se manifestó en tu experiencia de ir al cine? ¿Quiénes fueron las primeras mujeres, como mujeres propiamente tales, que viste en pantalla y que deseaste sexualmente?

SCORSESE: ¿Cuáles deseaba o en cuáles tenía interés en cómo se veían?

SCHRADER: Ambos casos.

SCORSESE: ¿Y qué hubiese sentido si las tocaba?

SCHRADER: Sí.

SCORSESE: Barbara Britton, yo estaba enamorado de ella. Barbara Britton y John Paine fueron mis favoritos.

B. Britton

SCHRADER: ¿Qué edad tenías en ese entonces?

SCORSESE: Como diez años. Balas vengadoras. Barbara Britton aparece ahí, sabes. Recuerdo que viajaba en un bus, yendo a verla. Me recuerdo pensando, ¿qué le pasa a esta gente? ¿No se han dado cuenta que están dando Balas vengadoras? Están en un bus, ¿qué pasa con ellos? ¿Por qué no han ido al teatro?

SCHRADER: ¿Ella fue la primera por quien perdiste la cabeza?

SCORSESE: Luego, en 1956. Elizabeth Taylor aparece en la portada de la revista Life en un fotograma de Gigante, sentada en una cama. Estaba realmente bellísima. Oh, pero también estaba Jean Simmons en Cadenas Rotas. Bellísima. Siempre fue hermosa.

Tuesday Weld

SCHRADER: Como sabes, no se me permitió asistir al cine cuando era niño. Una de las primeras películas que vi fue Wild in the Country con Elvis Presley y Tuesday Weld. Tuesday tenía dieciséis en ese tiempo y me enloquecía. Una de las más extrañas experiencias cuando vine a Hollywood fue estar cerca de Tuesday Weld. Pensé que estaba en otro planeta.

SCORSESE: Estoy tratando de recordar. Nunca me interesaron las mujeres en las películas, a decir verdad. Me pregunto por qué…

SCHRADER: Debo hacer una excepción, pues después de que leí Jerusalem, Jerusalem (El primer guión de Scorsese, precediendo a Who`s that Knocking at my Door?), me percaté del enorme impacto sexual de las películas en ti.

SCORSESE: Una de las primeras imágenes sexuales que recuerdo de un film, aparte de Duelo al sol, fue Peter Pan. En una escena, Wendy tenía que cruzar sobre una roca, ella levanta su vestido, se le ve su pantorrilla; lo que era absolutamente maravilloso. Disney tenía todo. Michael Powell estaba bien, pero Disney era un verdadero genio. Ella tenía unas piernas fabulosas, en serio. Realmente fue un shock. Me dije “Ya está. Estoy enamorado de Wendy”.

SCHRADER: El viejo Walt sabía cuáles botones apretar…

SCORSESE: Creo que es la primera vez que te cuento esto… Una tía, mi tía Mary, una dama muy estirada, me llevó a ver una función doble: Bambi y Retorno al pasado

SCHRADER: ¿Con quién te identificas más, con Mitchum, Douglas o Greer?

SCORSESE: Me olvidé de las mujeres, sólo recuerdo las gabardinas. Pero durante todo el film yo preguntaba “¿Cuándo saldrá Bambi?”. Mi tía me respondía siempre “¡Cállate, esto es bueno, te mataré!”.

SCHRADER: Por los doce años, debiste comenzar a sentir una picazón entre tus piernas.

SCORSESE: Fue en High school confidential con Jerry Lee Lewis y Blackboard Jungle. El sexo venía en la pantalla con la música y lo sabías. Mi padre estaba sentado cerca de mí y estaba consternado. Cuando apareció el logo de la MGM y escuchabas a Bill Haley… quiero decir que la película no era lo mejor, pero para mí era algo…

SCHRADER: Estrictamente bajo la cintura.

SCORSESE: Exacto.

SCHRADER: ¿En qué medida tu amor por las películas de barrio se mezclaba con un conocimiento de filmes extranjeros?

SCORSESE: Mi padre compró un televisor de 16 pulgadas en 1948. En ese tiempo se exhibían muchas películas por televisión. Ocasionalmente veía películas italianas los viernes en la noche…

SCHRADER: ¿Subtituladas?

SCORSESE: Por supuesto. Exhibían Paisa y Ladrón de bicicletas; mi abuela lloraba, mi mamá lloraba. No les gustaba verlas porque los hombres estaban en la guerra, pero los hombres querían ir. Las mujeres se enfurecían mucho.

Paisà (Roberto Rossellini)

SCHRADER: ¿No había una clara demarcación entre películas norteamericanas y extranjeras? ¿Las mezclaban entonces?

SCORSESE: Sí, excepto los westerns.

SCHRADER: ¿Hubo un punto en el que las películas norteamericanas divergieron de las extranjeras?

SCORSESE: En 1958, cuando descubrí a Bergman por mi cuenta. Cuando estaba en la secundaria. Todos los films de Bergman tenían títulos como Un verano con MónicaA Secret Shame of Love. Todos en la Lista de Condenados. Fui a ver Sonrisas de una noche de verano y hasta hoy todavía no la entiendo…

SCHRADER: Sí, en algún lugar de mi imaginación adolescente Sonrisas de una noche de verano y The Immoral Mr T´s (Russ Meyer) fueron equivalentes.

SCORSESE: Finalmente vi The Immoral Mr T´s cuando tenía 22 años. Nunca tuve las agallas para ir a aquellos teatros. En la misma época, sin embargo, vi El séptimo sello y me percaté de que, por supuesto, todos los grandes cineastas estaban en Europa. Durante tres años tuve esta sensación de esnobismo de que los films norteamericanos eran malos. Entonces, en 1961 leí, en Film Culture, un artículo de Andrew Sarris basado en las teorías de Cahiers, la politique de auteurs, lo que es historia vieja ahora. Pero recorría las listas y subrayaba los que había visto y ponía una estrella a los que me habían gustado. De todos los directores, me gustan más los directores “de panteón”. Me gustan los mejores films de John Ford, y no todos son westerns.

SCHRADER: En aquel tiempo debiste percatarte que podías expresar ideas a través de las películas.

SCORSESE: Pero El séptimo sello es también muy emocional. Cuando los penitentes llegan… ese diálogo es extraordinario.

SCHRADER: Noté que citaste El diario de un cura de campaña en Jerusalem, Jerusalem. ¿Cuándo la viste?

SCORSESE: Por ahí por 1964. Debo hacer una confesión. Es muy difícil para mí verla de nuevo. Eso y Ordet.

SCHRADER: Las vi hace un año atrás. Te querré siempre es difícil para mí.

SCORSESE: Puedo ver Te querré siempre una y otra vez. Lloro y me enloquezco. Pero aquellas dos películas y Europa 51,son sorprendentes. Realmente no las puedo aguantar. No puedo. No me puedo controlar.

"Te querré siempre" (Viaggio in Italia, Roberto Rossellini)

SCHRADER: Déjame preguntarte otra cosa. (Consulto algunas notas garabateadas) Veamos, escribí esto muchas horas atrás, cuando estaba menos cansado que ahora. ¿Deseas que la historia te recuerde?

SCORSESE: ¿Puedo ser elocuente pero insincero y decir ‘seamos pretenciosos’, vale? No sé qué habría respondido si otra persona me hubiese preguntado eso. Pero lo repito, mi ego es enorme. Me gusta ese asunto. Sí, probablemente me gustaría. Ignoro la razón.

SCHRADER: Si tuvieras que escoger…

SCORSESE: Eso de ser recordado es devolver a su sitio al destino y a la salvación del alma. ¿Cómo podrías hacer eso? No puedes.

SCHRADER: Si tuvieras que escoger entre ser recordado o realizarse ¿qué escogerías?

SCORSESE: Realizarse. Debes estar contento contigo mismo. No necesariamente feliz, puedes ser miserable pero realizado.

SCHRADER: ¿Es decir, mandar a la mierda con la historia cuando se trata de realización personal?

SCORSESE: Es duro reemplazar algo en lo que realmente crees. La salvación del alma, sea en lo Presbiteriano, Judío, Católico o lo que sea. ¿Me entiendes? Si no tienes alguna creencia en eso ahora, estás muerto.

SCHRADER: Cuando estaba en Amsterdam-creo que hemos hablado de esto antes- dando una conferencia, aproveché y fui al Rijksmuseum, probablemente el museo mejor organizado del mundo. Todos fieles a Van Gogh, totalmente fieles y organizados en torno a los treinta y nueve miserables, crecientemente tormentosos años de la vida de un hombre. Y recuerdo que estaba en medio de la conferencia cuando me sacudió un pensamiento: se lo dije a la audiencia, “Si alguien viniera ahora y me ofreciera un trato, si dijera ‘te construiremos un museo si vives una vida como la de Van Gogh’, y yo dije…

SCORSESE:Creo que me negaría’.

SCHRADER: Exacto.

SCORSESE: Ese camino ya ha sido recorrido.

SCHRADER: ¿Hubo algún instante en el cual fue más importante ser recordado?

SCORSESE: Sí, cuando estaba tratando de hacer Malas calles. Cuando realicé experimentos en Alicia ya no vive aquí y en Taxi Driver. Jamás pensé que Taxi hiciera dinero. Precisamente había encontrado unos rollos de 8 mm de tú, yo y Vernon Zimmerman jugando bolos en Los Angeles. Es maravilloso. Estaba guardado. Lo puse todo junto.

SCHRADER: No recuerdo eso.

SCORSESE: Es maravilloso. Es hermoso porque fue sólo un mes antes de que ocurriera. Con Michal y Julia (Phillips, los productores de Taxi Driver), ese domingo en la mañana después lo abrí y fue un éxito. Hicimos el film porque sentimos algo, la cosa de Memorias del subsuelo (F. Dostoyevski).

SCHRADER: Eso es una bendición del éxito. Permite a uno vivir sin preocuparse sobre ser recordado.

SCORSESE: Sabes, fue cuando hicimos Taxi Driver que me pareció una gran, gran nota a pie de página para mi vida. Porque lo fue. Si alguien, cien años adelante, encuentra esto y no hay créditos – y si hubiera créditos, no pudieran leerlos – sin embargo entendiese lo que había. Incluso entonces, de no ser recordado…

SCHRADER: … a ser un dios desconocido…

SCORSESE: Exacto. Para mí, el proceso de realizar una película era más importante que el resultado final. Y sabes que la segunda semana amenacé con parar. Amaba tanto esto que quería destruirlo. […]

SCHRADER: Pero tenías ambiciones, esperanzas que no puedes negar…

SCORSESE: Está bien, pero yo ya había hecho una película para Roger Corman. Así, Malas calles se fue al armario, hice otra película para Roger. Pero al menos había realizado un film ítalo-americano que supuestamente nadie querría ver.

SCHRADER: Espero no permitirte decir que nunca tuviste ambiciones para esa película.

SCORSESE: No, no. Fue mi vida entera. La única otra cosa que me dio ese fuego fue Taxi.

 

Paul Schrader, Martin Scorsese y Robert de Niro

(Vía: Apocatastasis.com: Literatura y Contenidos Seleccionados)

 

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A Howard Hakws no le gusta que te dejes robar

Releyendo este libro de Joseph McBride, “Hawks según Hawks(recomendadísimo) me quedo con una frase que Howard Hawks le dijo una vez a un guionista: “Jules, no me gusta nada… Si hay algo que no soporto es una chica que deja que le roben el bolso”.

 

La frase me parece interesante. En principio uno cree que el hecho de que te choriceen el bolso es un acontecimiento banal. Le puede pasar a cualquier mujer, ¿no?
Pues en el cine, no. En lenguaje cinematográfico, si dejas que te roben el bolso, muchacha, estás revelando mucho de ti como personaje: que eres un poco lela, que buscas problemas…
Y más aún en un tipo de cine tan codificado como se hacía entonces (años 40). Con “codificado” quiero decir que las películas no pretendía reproducir la vida tal y como es. La vida tal cual es está llena de ruido, de mensajes contradictorios. En cambio el cine de Hawks, de Ford, de Hithcock era claro y directo como un puñetazo. Es un “venga, vamos al grano” acotado por los géneros. Por eso Hawks no quería que su mujer fatal se dejara robar el bolso.

 

En otra parte del libro, Hawks habla de lo que significa escribir un guión. Tenía un método de trabajo muy peculiar, parecido a una especie de juego dadaísta. Se sentaba con sus guionistas, les hacía escribir, y luego entre todos sacaban mil variaciones de los diálogos. Cuanto más desconcertantes y absurdas mejor:

 

Yo decía, ¿cómo dirías esto? Tienes esta frase: “Oh, sencillamente es que estás enamorado”. Uno de ellos saltaba, “Oh, sencillamente estás lleno de mordisquitos de mono”.

William Faulkner, Howard Hawks y Steve Fisher

La idea era pensar cada escena y hacerla diferente, porque “todas las tramas han sido hechas ya por gente muy buena”. Para Hawks, su trabajo y el de sus guionistas, consistía en contar esas mismas tramas de forma diferente, y sin que se notara a ser posible: que todo acto o frase fuera connatural a los personajes que tenía entre manos.

 

Hawks trabajó con Hemingway, Faulkner, Hecth y MacArthur, escritores a los que consideraba “endiabladamente buenos” y pensaba que gracias a ellos sus películas eran diferentes.

 

Pero, ¿queréis saber quién era su guionista predilecto?

 

Pues yo creo que era Jules Furthman, con el que trabajó en Rivales, Solo los ángeles tienen alas, El forajido, Tener y no tener, El sueño eterno, Río Bravo, La ley del hampa… casi nada, ¿verdad?

Jules Furthman

Hawks cuenta como un día Furthman escribió una presentación para el personaje de Bacall en Tener y no tener: era una forastera en un sitio extraño, y le robaban el bolso. Así que fue a él a quien le espetó lo de “Si hay algo que no soporto es una chica que deja que le roben el bolso”.

 

Y Furthman le respondió: “¡Dios mío, es una gran escena hijo de puta!”.

 

(Según Howard, Furthman era un tipo tan seco que solo le aguantaba él y otros pocos directores, y llamaba “tú, estúpido” a cualquiera que no fuera tan listo como él).

 

Lo que sucedió después es que Furthman se fue cabreado y escribió una escena dándole la vuelta a la tortilla: ahora era Bacall la que robaba una cartera, y así se presentaba su personaje.

 

“Bueno, así era Furthman, tenía una capacidad increíble para pensar en formas nuevas de hacer las cosas”.


 

 
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