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El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

Los psicopatillas cinéfilos

¿Qué puede sobrecogerme más en estos días que un empacho de torrijas, el canto de una saeta o la visión de un vagón de metro vacío?

Pues una noticia como esta: Daniel Bartlam, una criaturita de 14 años, asesina a martillazos a su madre. Después, incendia la casa, salva a su hermano pequeño y a su mascota y le cuenta a la policía que todo ha sido obra de un intruso. La mentira, por supuesto, tuvo menos recorrido que un coche de Scalextric: en cuanto revisaron el ordenador del chico y encontraron un relato escrito por él, en el que fantaseaba con matar a su madre a martillazos pensaron tate, aquí hay tomate.

 

Escri, ¿y por qué nos cuentas estas cosas tan feas?, os estaréis preguntando…

 

Bueno, aparte de que esta noticia me da un mal rollo que te cagas y no hace más que incidir en mi miedo a procrear (¡con la suerte que tengo! Si abro un huevo kinder y me sale un asesino en serie… imagínate lo que puede salir de un útero fecundado por mí) hay otra cosa que llama poderosamente mi atención: el empeño de los medios de comunicación en rastrear las “malas influencias” que hubieran podido sufrir las mentes de los asesinos (ellos, que son tan sensibles). En este caso todos los artículos cuentan lo mismo: que Daniel vio la película Saw pocas horas antes de cometer el crimen. En su momento también se dijo que los niños asesinos de Liverpool habían visto Chucky 3 y que los chicos de Columbine escucharon a Marilyn Manson.

 

Pero esto no algo nuevo. Ni siquiera es de este siglo. En 1610 el rey Enrique IV de Francia fue asesinado por un hombre llamado Ravaillac. Pero no solo se le culpó a él, también se culpó a un libro: el De rege et regis institutione (Toledo, 1599), escrito por el jesuita Juan de Mariana.

 

Este tratado (copio y pego de la wikipedia)…

“…expone en primer lugar cómo ha de ser una monarquía y los deberes del rey, que ha de subordinarse como cualquier vasallo a la ley moral y al estado, y después expone la educación del príncipe cristiano siguiendo de cerca las teorías de Erasmo de Rotterdam. Propone como máximo valor de un monarca la Virtudes cardinales de la prudencia, y sobre todo ha de impedir que los impuestos asfixien a las clases productoras del país. Inspirándose en Santo Tomás de Aquino, justifica como éste la revolución y la ejecución de un rey por el pueblo si es un tirano”.

 

En resumen: que el libro defendía el tiranicidio y aunque el asesino declaró no haberlo leído, se concluyó que su influencia había sido decisiva y que había que quemarlo. Y eso hicieron, en el Parlamento francés.

O sea, que aprovechando que el Pisuerga pasaba por Valladolid condenaron un manuscrito que les parecía peligroso, y yo me pregunto si ahora no hacemos un poco lo mismo.  Porque parece que hay dos pautas que son inherentes a la condición humana: la de matar y la de culpar a las obras.

Es como si no pudiéramos aceptar que los asesinos hacen lo que hacen porque sí (en especial si son niños). Es más conveniente creer que han sido maleados, sometidos a algún tipo de embrujo que les ha llevado a cometer el acto fatal, a convertirse en monstruos. Porque si son monstruos quiere decirse que ya no son uno de nosotros.

Por otro lado, igual que cuesta comprender cierta clase de crueldad también cuesta entender que  ciertas obras campen por el mundo. Hay películas, libros, viedeojuegos, música… que asustan casi tanto como los propios asesinos. Yo reconozco que la saga Saw me parece una majadería y que si abriera un huevo kinder, no dejaría que mi psicopatilla la viera hasta cumplidos, digamos, los años que yo tengo ahora. Por si las moscas, no vaya a ser.

 

Sin embargo, hay otro dato sobre Daniel Bartlam que añade más confusión a todo lo dicho. Parece ser que el chaval no se inspiró exactamente en Saw, sino en otra obra. Muy distinta.

 

 

Coronation Street, una “soap opera” (culebrón) que lleva emitiéndose en la tele inglesa desde 1960. Pues resulta que uno de sus personajes tenía fascinado a Daniel. Uno que usa el martillo de forma poco prudente.

 

 

Así que, ¿qué hacemos? ¿Protegemos a los niños (psicopatillas en potencia todos) de cualquier influencia audiovisual? ¿Hay que prohibirles Saw, pero también Amar en tiempos revueltos? ¿Os ha salido alguna vez algo bueno en un huevo kinder? Porque a mí no…

 

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Un pensamiento en “Los psicopatillas cinéfilos

  1. ¿Aló, aló?
    Este es un mensaje de prueba. Y NO ES EN LATÍN.
    V.

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