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El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

Extraterrestre, muy terrenal

Con bastante retraso (me refiero a retraso temporal, no aprovechéis…) el otro día por fin me metí en sala a ver “Extraterrestre“, la última película de Vigalondo. No, amigos críticos de El País, no es la última literalmente, simplemente es la más reciente, lo siento.

Porque Nacho ya está preparando otras muchas cosas: “Windows”, que esperamos que funcione mejor que el sistema operativo del mismo nombre, un proyecto rodado en USA (“Gangland”) con producción de Steven Zaillian (guionista de “La Lista de Schlinder”, “American Gangster”, “Mission Impossible”, etc…) y otro nada menos que con Mark Millar, guionista de cómics escocés que ha dado al cómic USA títulos como Kick-Ass (que tuvo su adaptación al cine), The Ultimates, Nemesis, Superman: Red Son y tantos y tantos otros con los personajes más característicos tanto de Marvel como de DC.  Pero no abría este post para hablar del futuro de Vigalondo, sino del presente: de “Extraterrestre”

 

Lo primero que llama la atención de la película es que, efectivamente, en los medios dirigidos a los medios (endogamia) y a los que rondamos los medios y estamos implicados en ellos, ha sido una película muy llamativa. Se ha hablado mucho sobre “Extraterrestre”. Ha tenido mucho impacto publicitario. Pero… a nivel de calle, del espectador medio, parece que le ha cautivado poco la propuesta. Ya pasó lo mismo con los “Cronocrímenes”. Vigalondo cuenta con mucha reputación entre colegas y fans de sus colegas pero, pese a nominaciones al Óscar y demás, tiene poco tirón de taquilla (al menos de grandes cantidades). Y es una pena: porque Vigalondo no hace cine para llenar salas, pero sí hace películas más que entretenidas con recursos muy, muy limitados (recursos económicos, se entiende) y mucha valentía y talento. Y debería premiarse esa iniciativa.

 

Pero, premios a parte, taquillas a parte, hablemos de la película. Una película con estética y contenido de corto (pocos personajes, pocas localizaciones -muy asequibles-, trama rocambolesca, FX muy puntuales…) pero con duración de largo. Y oye, no es una pega: se mantiene el pulso maravillosamente. Se agradece que el tiempo sea el que debe (90 min) y que, gracias a eso, nunca dejes de prestar atención a los sucesivos anzuelos que te manda Nacho para seguir la historia.

 

Porque sí, son anzuelos. Trucos y giros que hacen que sigas la historia. Como un truco de magia muy bien enlazado. En eso Vigalondo es muy bueno. Empieza con una propuesta muy terrestre: chico se lía con chica, muy borrachos ambos, y al día siguiente amanecen en casa de uno de ellos sin saber muy bien cómo actuar ni qué pasó la noche anterior. Pero luego, empieza la película extraterrestre: hay una invasión alienígena. Y a partir de ahí, ya todo pasa de ser comedia cotidiana a sí, ser comedia cotidiana… pero alterada por un evento extraordinario y nada cotidiano, que afecta absolutamente las decisiones y reacciones de todos ellos. Y creo que ese tono, no lo consigue.

 

Y quizá ese es el punto débil, a mi modo de ver, de la película. Porque fuertes los tiene y muchos: comedia muy bien llevada, pareja protagonista bien entonada, las limitaciones no se notan y en muchos casos se consigue que sumen (creo que las mejores líneas de diálogo están en Off, cosa que creo que es reseñable, no sé si para bien) y escenas muy logradas (como la cena con todos alrededor de la mesa).

 

Y todo con 5 actores: o bueno, dos actores y 3 colegas con chispa, alguno más aventajado que otro.

 

Y aquí quizá viene el otro punto débil de la película: que algunos no son actores. Y conste que los momentos más divertidos con diferencia son los de ellos: son unos cracks a la hora de hacer eso. Maravillosos. Impresionantes. Adorables. Pero, en cine, en pantalla grande… es otra historia. Pasado el gag, el momento, queda la verdad: los 90 minutos. El personaje compuesto.

 

 

A ver, a mí me encanta Raúl Cimas… en un programa de sketches, haciendo Stand Up o bueno, en ese registro. Ahora, como actor… bueno, puede, si es algo puntual. Pero no transmite esa “verdad”. No te obliga a creerlo. Chirría. Y su personaje es tan marciano (permitidme la licencia) y toma decisiones tan peculiares que, sin querer, pasa a la parodia, a lo superficial y hace cojear a todo lo demás.

 

(CUIDADO, IGUAL AQUÍ VIENEN SPOILERS)

 

La tensión se pierde, al saber que los únicos impedimentos al “amor” de Julia y Julio son dos personajes pamplineros (Cimas y Areces) que, si lo piensas detenidamente, no van a suponer una barrera real para ello. De hecho, el final es la muestra de ello: el “extraterrestre”, Julio, el extraño en todo esto, como llegó, se fue. Sin más.

 

Y tampoco es que importe eso para el espectador. Porque aquí llega el, para mí, gran punto negro de la película: ¿por qué Julia se “enamora” (aunque sea temporalmente) de Julio? ¿Cómo pasa esto? ¿Cuando lo vemos?

 

Tenemos una sucesión de escenas en las que Julia quiere deshacerse de Julio. Desde el principio. Incluso con repulsión. Le mete prisa, le da largas, lo va a echar pero… un accidente (Llega Carlos, el novio de Julia) le obliga a quedarse un poco más. Finalmente, tras las consiguientes mentiras para disimular lo que allí ha pasado, se va (ella le larga a escondidas). Y justo después vuelve porque, sí, a él sí le gusta ella (es comprensible… Michelle Jenner, es lo que tiene) y tiene pinta de tiradillo que no se ha visto en una de esas antes. Y se queda, para disgusto de ella. Mucho.

 

 

Y de pronto, ella en la siguiente escena, está cariñosa con él, le acaricia y le da las buenas noches con una sonrisa y… a partir de ahí: lío loco. ¿Y esto, por qué? ¿Qué ha hecho él para ese cambio en ella? ¿Qué ha pasado? ¡Nada! ¿Entonces? ¿Ella se “enamora” porque sí? Es como si, entre las dos escenas, faltara una, en montaje, que explicara ese paso y que se hubiera eliminado. En la promoción, Vigalondo dejaba claro la sinopsis:  “Aunque Julia y Julio no se conocen, despiertan en la misma cama, después de una borrachera de la que no recuerdan nada. Él se enamora al instante; ella, no.” Bien, ella no. Pero ¿cuando y por qué ella sí, luego?

 

Y lo peor: ¿y qué más nos da? Porque ni los espectadores se han enamorado de ella ni las espectadoras de él: no tenemos nada a lo que agarrarnos.

 

(FIN SPOILERS)

 

En fin, preguntas que me hago. Pero desde aquí, como devorador de cine, solo espero que haya miles de propuestas más de género (¿comedia, ci-fi, nada?) y valientes como esta. Imprescindibles. Os invito a que vayáis a verla si aún no lo habéis hecho y os hagáis vuestras propias preguntas… ¡o me contestéis las mías si sabéis las respuestas!

 

Aunque igual es mejor la actitud de espectador de mi vecino de asiento, que lo tenía todo mucho más claro durante la película: se limitó a descojonarse desde el primer segundo de metraje y su único comentario más allá de las carcajadas y las respiraciones nerviosas de risas fue con la frase de Michelle Jener (Julia) cuando comenta sobre Carlos (Raúl Cimas), su novio. La conversación fue así (más o menos, no tengo el diálogo exacto de ellos, sí el de mi vecino):

 

Julio (en la peli):           ¿Y cómo va a creerse eso Carlos?

Julia (en la peli):           Tranquilo. Carlos se cree todo lo que le digo.

Vecino de asiento (Marcando cada consonante): Será zorra…

 

¡Amigos: eso es un freak resentido con las mujeres y lo demás son cuentos!  Quién va a temer una invasión extraterrestre cuando puede temer a una cosita tan pequeña y frágil como esta:

 

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