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El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

Samuel Beckett, el Film

No, no hablo de un Biopic. Y sí, sí hablo del famoso dramaturgo (entre otras cosas) Samuel Beckett, autor de “Esperando a Godot”. Un drama en el que dos personas esperan a Godot, que nunca acaba de llegar. Más o menos, como van a hacer ahora los productores y guionistas, esperando financiación para una película, en España. El absurdo es así y de él pueden salir obras maestras.

 

Pues bien, Beckett no se limitó a escribir teatro, novela, ensayo o poesía. También escribió… cine.

 

Sí, Beckett era GUIONISTA, con mayúsculas. Eso sí: sui generis. Como no podía ser de otra manera para un tipo reservado y peculiar que, cuando le concedieron el Nobel de Literatura, su mujer definió el momento como “una catástrofe” para él (tanto que se recluyó en un monasterio -estaba de viaje por Túnez- y desconectó cualquier teléfono alrededor).

 

Beckett montándose una película

Beckett hizo un guión en 1963… y era de cine mudo. Vamos, que los de “The Artist” no han inventado la pólvora. Y para más inri, el tema y argumento del guión no se quedaba atrás de su habitual obra, genial siempre en el retrato del drama y la angustia desde el absurdo. Para empezar la película se llamaba… “Film” (¿Si hubieran hecho una página web de publicidad sería http://www.filmelfilm.com?).
Y no, no era un capricho. Porque se basa en la característica principal del film, de la película, del cine: el ojo que mira.

 

En la película hay dos personajes: “Object” y “Eye”. Eye… es la cámara. Somos nosotros. Y Object es un ser que es consciente de que existe siempre que sea visto y que huye de cualquier observación. La historia se basa un poco en la filosofía de George Berkeley (“esse est percipi”: ser es ser percibido) que os resumo aquí (mucho) en un extracto Wikipédico:

 

“Los objetos percibidos son los únicos acerca de los que se puede conocer. Cuando se habla de un objeto real en realidad se habla de la percepción del objeto. Los cuerpos no son más que haces de percepciones.”

 

“Object” huye, como digo, de cualquier mirada. De todas las que se va cruzando. Pero de la mirada de “Eye”, de la cámara, de nosotros (o lo que parece ser todo esto) no puede huir tan fácilmente y al final descubrirá que, sobre todo, no puede huir… de la suya misma. Beckett lo explicaba así:

 

“Con el fin de ser representado en esta situación el protagonista se divide en objeto O (object) y ojo E (eye), el primero en fuga, el último en persecución.
Hasta el final del film no quedará claro que el percibidor que persigue no es algo extraño, sino el yo.

 

La película es en realidad un corto (dura menos de 20 minutos) y en efecto, es una obra extraña. Pero claro, era Samuel Beckett y al fin y al cabo, tenía nombre suficiente para convencer a alguien de montar este tinglado. Así que se fue a Nueva York (primera vez que visitaba la ciudad) para rodarla y convencer allí a su ídolo de la infancia. Un actor/director/guionista del que bebió mucho en su educación sobre el absurdo y que le parecía la persona idónea para interpretar a “Object”: Buster Keaton. De hecho, Keaton era de las pocas personas que podría lograr una de las anotaciones más “naif” del documento de Beckett explicando su propio “Film”:

 

“El clima del film es cómico e irreal. O debe provocar risa todo el tiempo por su forma de moverse.”

 

"Yo sé que tú me hablas Samuel pero yo no te entiendo..."

A ver quién es el valiente que escribe eso en su próximo guión. Pero bueno, el problema principal era que Keaton estaba ya muy, muy mayor y casi en el otro barrio. Y bueno, que no acababa de entender qué narices quería hacer Beckett en esta película (nunca acabó de entender muy bien el concepto y se limitaba a hacer lo que le dijeran). Pero oigan, poderoso caballero es don dinero: donde haya trabajo que nadie diga nada y al fin y al cabo, todo podía servir para reflotar un poco más esa fama que entonces aún no le había llegado como merecía. Y aceptó. Y cumplió como un profesional.

 

La película la dirigió Alan Schneider, director teatral que había puesto en marcha muchas de las obras de Beckett y contó con la presencia durante todo el rodaje del propio Samuel. Sí, un guionista en el rodaje. Todos los días. Pero es que claro: actuaba su adorado Keaton.

 

En esto me recuerda a Ed Wood y su relación con Bela Lugosi, la verdad. Hay mucho, mucho y parecido en todo esto. Excepto el final: “Film” fue un “éxito” en círculos selectos (también tuvo sus detractores, claro) y ganó varios premios, incluidos el Premio de la Crítica en el Festival de Venecia en 1965, el Premio Especial del Jurado en el Festival de Tours en 1966 y el Premio Especial del Festival de Oberhausen en 1966 también. Y poco después a Beckett le darían el Nobel (no por esto, desde luego). Aunque, sin querer quitar el mérito al guionista, creo que el hecho de que fuera el último film de Keaton debió ayudar bastante: el genio muró 5 meses después del estreno en Venecia, donde recibió una sonora ovación por su presencia y lamentablemente, como él dijo, fue la única vez en la que le invitaron a un festival… y la última.

 

A ver qué os parece a vosotros este viaje Beckettiano por la filosofía del ser percibido. Os dejo aquí “Film”, la película. Y no, no hace falta que subáis el volumen del ordenador.

 

 

¡Gracias, Nelia!

 

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Un pensamiento en “Samuel Beckett, el Film

  1. Mapachito violento en dijo:

    Escri de mis entretelas, me ha encantado descubrir esta rareza de Beckett. Yo también adoro a Keaton.

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