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El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

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Ha muerto Moebius, un artista… de cine

Jean Giraud, más conocido por su firma de “Moebius” en sus cómics de ciencia ficción, acaba de morir a los 73 años. Y ahora todo es un poco más feo. Mucho más feo. Porque de su cabeza ya no saldrán más ilustraciones, más historias, más diseños…

 

Sabéis que el cómic me encanta, pero aun así, esta reseña a la muerte del gran Moebius (o Gir, como firmaba en su genial “Teniente Blueberry”) tiene muchísimo sentido en un blog de cine. Moebius ha sido LA INFLUENCIA en la ciencia ficción de este arte desde hace más de 4 décadas. Él ha sido el catalizador de todo un estilo, un universo común de ingenios tecnológicos, de todo un escenario futurista impresionante que se ha filtrado por cien mil películas, directa e indirectamente.

 

En lo referente al cómic, Moebius empezó firmando como Jean Giraud (o Gir) en su western de “El Teniente Blueberry“. De este cómic también se ha hecho adaptación cinematográfica (no muy exitosa) pero no es esta la obra que estaba destinada a marcar época, pese a su tremenda calidad y absoluto reconocimiento. Aun así, en todas sus etapas, siempre tuvo tiempo para seguir publicando esta serie tan propia y a la vez tan lejana (un francés dibujando un cómic western).

 

Sería con la ciencia ficción cuando llegaría el verdadero “legado” de Moebius. Primero creando el grupo de “Los Humanoides Asociados” y con ellos la mítica revista “Métal Hurlant”. Allí empezaría a crearse el mito (ArzachEl garaje hermético) que explotaría en los 80, cuando junto a Alejandro Jodorowski creó una de sus obras maestras (quizá la más importante): “El Incal”.

 

Una página de "El Incal". ¿A que os suena?

 

Y luego (y antes), mil maravillas más: “Inside Moebius”, “Venecia celeste”, “Corazón Coronado” y colaboraciones con personajes de comic-book clásicos como Estela Plateada (ese Galactus!!) o Concrete…

 

Pero, entre medias de todo esto, está otro trabajo que también hizo Moebius y que está muy ligado a su obra: el de diseñador de arte para el cine. De los pinceles de Jean Giraud nacen millones de fotogramas que luego hemos disfrutado con asombro en el cine. Algunos, directamente, desde diseños primigenios suyos para el filme. Otros, por pura influencia: los diseñadores bebían de Moebius (o le copiaban descaradamente).

 

Entre sus influencias directas podemos recordar ese maravilloso traje espacial de “Alien” (aunque en esta película el diseñador clave fuera el suizo H.R. Gigger, otro crack, Scott confiesa que leyendo el guión de “Alien” solo podía pensar en Moebius):

 

En la secuencia de la pelea final, cuando Ripley se pone el traje no puedo evitar siempre olvidarme del Alien y decir: "Oh... ¡qué traje!"

 

O todo el diseño increíble de “Tron” (la de 1982, claro):

 

 

Hasta en truñacos como “Masters del Universo” metió baza (le encargaron mil diseños, pero los muy torpes solo utilizaron el del traje de He-Man y los platillos voladores-plataformas de los soldados de Skeletor:

 

Sacaron muñecos y... ¡tenían el cuchillo de la pierna!

 

También trabajó en otras películas como “Willow” (una pena lo que pudo ser y no fue…), “El Imperio Contraataca” donde diseñó un droide, el espía, que abate Han Solo en la nieve… (Aunque queda claro que hay mucho de Moebius en casi toda la saga de Star Wars… mucho).

 

Y en “Abyss”, de James Cameron, donde diseña todo ese mundo submarino:

 

 

Pero sobre todo yo creo que su influencia queda clara en películas como “Blade Runner” y “El Quinto Elemento”. Ahí Moebius aparece por todos sus poros:

 

“Blade Runner” clava “The Long Tomorrow”, una historia corta de Moebius:

 

 

Y “El Quinto Elemento” además de beber de “El Incal” (sólo hay que ver el dibujo que os puse arriba) y “The Long Tomorrow”, al menos tuvo la gentileza de contar con él como diseñador (junto a Mézières):

 

 

 

Descanse en paz, maestro.

 

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La mesa italiana: de primero, guión

Insistimos mucho los guionistas en reivindicar nuestro trabajo porque entendemos que es la base de una producción audiovisual y por tanto, la piedra angular que sustenta todo el proyecto.

 

Y lo hacemos porque, normalmente, el guionista (y a veces el guión) suele ser lo primero que sale por los aires en cuanto empieza el rodaje y al final, nadie tiene en cuenta lo importante, fundamental, indispensable y fecundador que ha sido ese conjunto de hojas en blanco rellenas solo (casi nada) con la imaginación de una persona.

 

Pero claro, en una premiere, con el director, el productor, los actores y en total, todos los que acaparan flashes, como para hacer entender que el éxito de una buena película radicará, quieran o no, en el guión. E incluso de una película mala. E incluso de una tonta, de las que suelen ser despreciadas en las tertulias pero que en taquilla son ensalzadas hasta lo más alto. Y luego, en el arraigo popular.

 

Así que, para que veáis un poco la importancia del guión y como este YA funciona y debe hacerlo simplemente en papel, os traigo una mesa italiana. Y no, no me refiero a un mueble donde come Nani Moretti. Supongo que muchos lo sabrán ya, pero para los “neófitos”, explico: una mesa italiana es, en teatro y por extensión en cine y televisión, una lectura conjunta con todo el reparto de un guión.

 

Normalmente están todos vestidos de andar por casa, se sientan en pupitres o en una mesa muy grande y el director o el guionista lee las acotaciones mientras el reparto lee sus frases, entonando, metiéndose en el papel. Además el director aprovecha para empezar a dar sus primeras indicaciones y direcciones de interpretación. El resto del equipo (al menos los más importantes) suelen estar también por allí si pueden para entender mejor qué es lo que van a rodar y por dónde van los tiros.

 

En una mesa italiana pueden darse momentos clave: los buenos, donde ves que todo funciona y los actores han entendido perfectamente el alma del guión. Los malos, pero buenos, donde ves que eso falla y no provoca lo deseado: nadie se ha reído en ese chiste, nadie entiende esta conversación… y tienes algo de reacción para corregirlos antes de que queden grabados para siempre.

 

Pero si algo tiene una mesa italiana es la magia pura del texto. La primigenia sensación de ver realizado un guión: puesto en imágenes mentales mientras unas voces lo interpretan (y hacen algún gesto visual).  ¿Y cual es la base cinematográfica aquí? ¿La cámara? ¿El montaje? ¿Los efectos especiales? No. Simple y llanamente, el guión. Y todos están atentos a él para poder hacer algo, para trabajar, para que su trabajo tenga sentido. Y eso no se nos debe olvidar nunca.

 

Por ejemplo, veamos una mesa italiana. De una comedia de la factoría Apatow. La de la película dirigida por Greg Mottola, la comedia tontuna que lo rompió en su momento de “Superbad” (aquí estrenada con el brillante título de algún genio de la distribución española “Supersalidos”), con guión de Seth Rogen (que también hace de actor) y Evan Goldberg. En el fragmento, la mesa italiana está llegando a su fin y se centra en concreto las escenas sexuales de los tres protagonistas.

 

Así es una mesa italiana:

 

¿Veis? Funciona. El propio reparto se está riendo y todavía no hay ni un plano hecho. Ahora, podéis ver esto mismo en su puesta en escena. Está dividido en tres vídeos, pero creo que no os costará verlo. El primero es, como en la mesa, el de la escena de Michael Cera iniciándose en esto del sexo… con problemas de sobre-actuación alcohólica virginal:

 

 

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Entre medias seguramente habéis visto la escena de Emma Stone con Jonah Hill. Una escena que tiene algún cambio respecto a la de la lectura… sobre todo en ese final tan recordado: What The Fuck!

 

Y la parte final, del gran McLovin en sus iniciaciones sexuales:

 

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Luces rojas

 

Antes que nada, si no has visto Luces Rojas, la nueva película de Rodrigo Cortés, quizá no te interese leer este post.

 

PORQUE ESTE POST VA SOBRE SU FINAL

 

O sea, que hay spoilers más tochos que la mandíbula de Sigourney Weaver. Avisado estás.

 

Me encanta Sigourney, por cierto. Si me pongo en la piel de Rodrigo Cortés, y fabulo “mañana tengo que dirigir una escena con Robert de Niro y otra con Sigourney …”

 

Mitos tardo-infantiles de Escrito por, junto a Los calleros del Zodíaco

 

No sé, me parece que no hay Tranquimacines suficientes. ¿Cómo lo has hecho, Rodrigo?

 

Pero también me doy cuenta de lo absurdo de la pregunta. ¿Cómo lo va a hacer? ¡Haciéndolo! Como se hacen todas las cosas (como las hacen los directores de cine, quiero decir).

 

Lo jodido es hacerlo bien. Y sí, hay que decirlo ya, que voy promediando la décima línea del post: el milagro funciona. Le ha quedado un thriller psicológico la mar de apañado. Y la taquilla está respondiendo. ¡Bravo!

 

Yo la disfruté mucho.

 

Pero…

 

¡Ah, ya estamos! Tenia que haber un ‘pero’. Y de nuevo AVISO: ojo, que te reviento el final… Os aseguro que vais a disfrutar mucho más viendo la película que leyendo este post. Mis desenlaces suelen ser anticlimáticos.

 

 

Mi “pero” con el final de Luces Rojas es que me ha dejado confundido. Confundido, sí, porque por un lado me gusta lo que me cuenta (un médium  encomienda su vida a desenmascarar a falsos profetas) pero por otro lado no me quedo del todo conforme con la forma en la que me lo cuenta: ese giro final a lo El sexto sentido, ese twist que te obliga a mirar la historia desde otro ángulo porque, de una forma un poco fullera, se te ha estado escatimado información importante a lo largo de todo el metraje.

 

Tengo dos problemas con esto: me temo que la sorpresa que se nos quiere dar no es tal. Porque ya no estamos en 1999 y porque hemos visto demasiadas veces ya este tipo de artimañas. Vamos, que a poco atento que estés, te lo ves venir. Y luego, cuando te dan la “sorpresa”, te la explican dos o tres veces, para asegurarse de que todo el mundo lo ha entendido. Y cuando digo todo el mundo me refiero al zigoto que porta en su útero la espectadora de la fila 17:

 

“Eh, persona no nata y con escaso poder de raciocinio: ¿te has dado cuenta? El prota es un médium”.

 

Podría decirse que esto es una convención del género, o más que del género, de las pretensiones comerciales que tiene la película y también podríamos estar a bien con ello. Aceptarlo sin más. Igual que en los años 80 aceptábamos al malo reviviendo para darnos el sustaco final, como pasaba en tantas películas… ¿Pero no lo vemos con cierto sonrojo ahora?

 

Este es mi segundo problema: lo que hoy nos parece súper sorprendente (que, insisto, ya no lo es tanto) mañana lo veremos como artificioso y ridículo. ¿De verdad hay que pagar estos peajes?

 

¿Vosotros qué opináis? ¿Os ha gustado el final?

 

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The hour, de la nostalgia vive el hombre


“Tenemos que permitir que la oposición responda. No podemos llamarnos un servicio de televisión pública y no dejar que la oposición batee de nuevo”.

 

Esto parece una frase pronunciada tras la puerta de un despacho de TVE – no solo ahora, en cualquier momento de la democracia – pero es, en realidad, una línea de diálogo que pertenece a The hour, miniserie británica de 6 capítulos.

 

¿Solo 6 capítulos? Ya están estos ingleses vagos de mier… No, espera, que van a hacer más. Se van a tirar el rollo, en vista de los buenos resultados.

 

Gracias, ingleses. Me dais una alegría. Ayer vi el sexto episodio y ya estoy echando de menos a estos personajes.

 

 

La mayoría de ellos son periodistas que trabajan en un programa informativo para la BBC, en 1956, con el trasfondo de la crisis del canal de Suez.
Dato curioso: hay que decir que es la BBC Two quien produce, de modo que tiene mucho de auto homenaje, pero más que de la cadena en sí, del equipo humano que estuvo ahí dándolo todo cuando se consolidaba el periodismo moderno. No se puede acusar a esta serie de auto complaciente, porque The hour viene a contarnos que la censura en las noticias existía (o sea, que EXISTE), que la televisión se somete a sus demandas y que la democracia… En fin, la democracia es como un juego de presdigitación: ahora la ves, ahora no la ves.

 

Ahora que ya sabéis de qué va, os voy a decir de qué va en realidad. Y es que la serie engancha a niveles básicos: triángulo amoroso y trama de misterio.

¡Bien que hace! Ojo, no estoy yo por la labor de afear estas cosas.
Los actores os sonarán: Rómola Garai (The crimson petal and the white), Dominic West (The Wire) y mi favorito, Ben Wishan (El perfume), a quien le toca el papel de héroe moral y tragasables en el terreno amoroso.

 

Se ha comparado mucho esta serie con Mad Men… y bueno, pseee, se puede decir que sí, que se parece: las dos tratan un ámbito profesional, transcurren a mediados del siglo XX (esta un poco antes que Mad Men… ¡y en otro país!), las mujeres aquí también van petadas pero elegantes, todo el mundo bebe y fuma a deshoras y, en general, presenta una estética que ahora, vete tú a saber por qué, está súper de moda. Mires donde mires siempre encontrarás personitas que emulan esta forma de vestir. Nostálgicos de una época no vivida.

 

Y hablando de nostalgia: Abi Morgan, creadora, guionista y coproductora de esta serie, ha dicho que se ha inspirado en películas como Luna nueva o El apartamento, “filmes con diálogos rápidos, elegantes, precisos”.

 

 

Dejo caer el dato porque aquí somos todos unos cinéfilos perdidos. Cierto es que la relación de complicidad que tienen Romola Garai y Ben Wisham recuerda bastante a Cary Grant y Rosalind Russell en Luna Nueva. Y eso, qué queréis que os diga: está muy bien, ¿no?

 

 

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