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El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

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Prometheus: ¿Promete ser buena?

Hace unos días hablaba de “Alien” y de toda la saga y citaba el nuevo proyecto de Ridley Scott (el director de la primera de las películas del simpático bichito) de “Prometheus”, que se viene diciendo que es una precuela de las mismas. Él dice que no, pero que sí y bueno, así vamos todos, esperando e impacientes para ver qué pasa.

 

Esto de esperar impacientes tiene su parte buena: la taquilla del primer fin de semana será estupenda. Pero también puede tener su parte mala: si resulta un pestiño para los fans, la machacarán. Así que espero que Ridley sepa qué hace y esta vez toque una película buena (porque últimamente, macho…).

 

Pues bien, ahora hay un trailer, bastante larguito, donde vemos a Stringer Bell (Idris Elba, vaya) como primera agradable sorpresa y luego… millones de referencias al mundo “Alien“.

 

 

Dibujos por ahí, salas alienígenas con “huevos” esperando, un “virus” que si llega a la Tierra será el fin de la misma… Y ya en los segundos finales, con esa nave cayendo a tierra y ese cañón surgiendo desde abajo a una cámara como la del “Space Jockey” es todo más que evidente.

 

"Hola, soy el Space Jockey, me conoceréis de otras películas como..."

 

Así  que vale, va a ser una precuela. O al menos, Scott, junto a la 20th Fox quieren jugar a revivir esa franquicia que en la última entrega se estampó y quedó para palomiteras películas de junta monstruos (“Aliens contra Predator” y secuelas). Pero… ¿no será todo un bluff?

 

Antes, todo eso eran Aliens...

 

Me recorre la sensación de que Prometheus es LO MISMO que Alien en su superficie, inflado y con más presupuesto. Es decir, en “Alien” lo que importaba es que el monstruo iba a por ellos implacablemente y a ver cómo se libraban. La nave, los huevos, el cómo había llegado, el por qué, todo era accesorio. Lo importante era: hay un bicho y va a ir cargándoselos uno por uno.

 

Ahora, “Prometheus” es todo lo contrario en su enfoque. Es la respuesta a todas esas preguntas… pero ¿cual será la trama que las conecte? Pues por lo que veo, LA MISMA que “Alien”: hay un virus/bicho alienígena que contamina a los humanos, se les pega en la cara y luego la palman y traen el mal hacia la Tierra. ¡Incluso está la secuencia clava de exploración por parte de equipo y comunicación por radio con la nave y capitán gritando un “salid de ahí”! Todo suena DEMASIADO.

 

"Si algo os salta a la cara poned la mano delante, que luego te entra ardor de estómago y..."

 

Así que, bien, puede ser un bonito documental carísimo de extra de DVD de: “¿De dónde viene el Space Jockey que transportaba los Aliens?” pero… ¿será una buena película? ¿o novedosa?

 

Mis dudas tengo.

Y ganas de resolverlas, también.

 

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El título perfecto de François Truffaut

 

En los últimos días anda circulando por el Facebook uno de esos memes que nunca sabes de donde salen ni por qué han elegido este momento (y no cualquier otro) para eclosionar.

 

Me refiero a esta fotografía:

 

"Propuestas de Truffaut para titular su primera película"

 

Esto es una hoja de trabajo. Un listado de títulos sobre el que Truffaut debió de clavar sus ojillos durante horas, ante la tarea de escoger el título perfecto. Es solo un trozo de papel, pero puede apreciarse el arduo proceso mental por el que pasó: primero tachando los títulos que menos le convencían, después subrayando aquellos que brillaban por encima de los otros y, finalmente, enmarcando con un triunfal trazo grueso aquel que se llevó el gato el agua: Les quatre cents coups. O sea: Los cuatrocientos golpes.

 

Solo hay que echar un rápido vistazo a google para averiguar la procedencia de la foto. Es del libroFrançois Truffaut en acción”, de Carole Le Berre, realizado a partir de los archivos de cada rodaje que el director guardaba.

¿Tenéis curiosidad por saber qué títulos descartó?  Aquí va una traducción que he hecho con la ayuda de varios colaboradores (google, mamá, colegas, gente maja en general):

 

De arriba a abajo:

 

La fuga de Antoine.

Los cuatrocientos golpes.

Los cuatro jueves.

La edad ingrata.

Los niños olvidados.

Los pequeños colegas.

La vagabundez.

Los vagabundos.

Los niños vagabundos.

Abajo la rentree.

Los genios malvados.

 

Y en el margen:

 

Los patos silvestres.

Los chicos del certificado escolar

Los fugitivos.

La aventura de los novillos.

Los pavos de la farsa (expresión parecida a “Los que pagan el pato”)

Los pequeños soldados.

Rodaje de Los cuatrocientos golpes

 

¿Pensáis que Truffaut dio con el título perfecto? ¿O dejó pasar alguno mejor? A mí ese de los pavos…

 

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El (mal) truco guionístico que me saca de quicio

Amigos, este es un post protesta.

 

Porque YA estoy harto. Y no sé quién tiene la culpa exáctamente en cada caso puntual: el guionista, el productor ejecutivo, el director, los productores… no sé. En cada uno la culpa la tendrá alguien distinto que impondrá ese recurso (aunque creo que esta vez nos toca a nosotros, compañeros), pero BASTA YA.

 

Basta ya de escribir diálogos para que los personajes, que normalmente hablan claro, de pronto digan las cosas a medias y de una manera que “parece que dice una cosa o la otra” en situaciones falseadas.

 

Basta ya de que un personaje justo cuente algo pero sin explicarlo exhaustivamente y entonces, otro personaje lo malinterprete y se líe una trama terrible de consecuencias dramáticas o cómicas cuando con dos segundos sentados hablando el problema se solucionaría y el malentendido quedaría claro. Esto ES UNA MIERDA, amigos. Y desespera. E insulta al espectador y a los personajes. A la verdad.

 

Era la clave de la peor etapa de “7 Vidas” (cuando estaba estirada hasta el chicle en ese imposible reto para los pobres guionistas de hacer comedias de ochocientos minutos por capítulo) y que luego pasó a “Aida“: un personaje entra en medio de una conversación o un acto de otros personajes, malinterpreta lo que ve/oye y, PARTE FUNDAMENTAL, cuando va a ser explicado o el personaje sorprendido se da cuenta del error y pretende enmendarlo, el otro SE VA, generalmente indignado y con pose de “no, no, no me digas nada!!” y corre. Corre porque el guionista, en su vergüenza, necesita que así lo haga para sustentar la trama-humo.

 

La opción más patética aún que acompañaba a esto es la que solía darse en este ejemplo de comedia y era la RÉPLICA DOLIDA Y DOLIENTE. Es decir, ante lo que malinterpreta, se ofende y decide atacar soltando alguna bordería tan grande tan grande, que hace que la otra persona se ofenda también y así el conflicto se pueda alargar todo un capitulazo (o varios en series dramáticas) con eternas “venganzas” y reproches en vez de solucionar las cosas.

 

A ver: si los personajes no se conocen de antes o son personas que se tienen especial manía vale, podría colar si se sabe usar bien: hay gente que le tiene ganas a otra gente y basta lo mínimo para imaginarse lo peor y reaccionar mal. Cuela. Pero entre amigos que pasan juntos todo el puñetero día (en el caso “7 Vidas“), en parejas súper asentadas, o en parejas asentadísimas y que encima llevan meses pasando juntos un puto infierno en el que ha ocurrido de todo (“The Walking Dead“), pues no cuela.

 

 

Es un recurso fácil, malo, cobarde y cutre de mal guionista para alargar una trama, crearla, o intentar añadir algo de tensión sacada de la manga al tema.

 

Ya hace tiempo que me cabrea ver estas cosas en la televisión, pero fue viendo el capítulo final de la segunda temporada de “The Walking Dead” cuando dije BASTA. No quiero cometer SPOILERS a lo loco, así que intentaré explicarlo sin reventar nada. Aun así, cuidadín un poco: En un momento dado, un personaje protagonista se ve forzado, MUY forzado, muy muy comprensiblemente forzado y sin salida, a hacer algo terrible. Y a solas. Luego, hecho polvo, se lo cuenta a alguien muy muy íntimo pero “casualmente” (alerta de guionista malo) elige unas palabras que dan al equívoco y lo hace tan vagamente y sin comentar que se vio forzado por la situación ni contando exáctamente qué ocurrió, justo para que esa persona, en vez de comprender como haría cualquiera (comprender aunque le apene la situación) lo que hace es pensar una monstruosidad e irse asustada en plan “no me hables más, no me hables”. Para redondearlo, luego el personaje decide comentarlo al grupo y aún escoge peores palabras y modos, montando una movida de aúpa que no tiene sentido.

 

Y hale, es es lo mejor que se nos ha ocurrido para, pretendidamente, dejar en alto el final de cara a la tercera temporada (menos mal que se arregla con la aparición de un nuevo personaje -del que solo atisbamos su silueta- y el último plano, ambas cosas de muy gratos recuerdos para los lectores del cómic). Un recurso más “walking dead” que los propios caminantes de la serie.

 

Así, no, amigos. Así: MIERDA.

 

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Por si todavía no habéis visto Hugo

Me da la impresión (como a Monet) de que hay muchos, muchos amantes del cine que no han ido a ver Hugo por prejuicios varios.

 

A saber:

 

– “Es que es para niños”.

– “Es que esto del 3D es una moda pasajera”.

– “Es que los protagonistas son niños”.

– “Es que a mí las películas de fantasía”.

– “Es que estoy muerto”.

 

En fin, ¡excusas! Ya solo el nombre de Scorsese en el cartel debería valer a casi todos como garantía de que ha algo, por pequeño que sea, que es ESPECIAL. Y que merece la pena. Pero en este caso… hay MUCHO.

 

Si hay una palabra que defina esta película es… Espectáculo. Espectáculo como sinónimo de ilusión en el sentido de ilusionismo, de truco de magia: de cine. Pureza cinematográfica.

 

Porque ¿qué es el cine sino un truco, un efecto óptico, un artificio para sorprender y emocionar al espectador? Scorsese lo tiene muy claro, se ha encargado por activa y por pasiva de contárnoslo película tras película y documental tras documental. Es nuestro maestro, nuestro profesor:

 

 

Y en esta película Scorsese vuelve a dar una lección. No ya por su maestría al volante del 3d (como si no fuera suficiente ya con el 2d, Martin) sino por su lección de historia del cine. Lección de amor y de pasión. Y hasta aquí quiero leer para quienes no hayan visto la película aún.

 

Empieza como una (abrumadora) película infantil para luego desenmascararse como un homenaje al cine. Al “padre” del cine. Scorsese nos quiso colar (lo comenté en otro post, antes de ver la película) que hacía una película en 3d y con chavales porque su hija se lo había pedido y bueno, puede que sea esa la idea inicial, pero rápidamente, como genio, da la vuelta a esos elementos y transforma todo en una búsqueda de esa esencia en la historia del cine. Busca el momento justo en el que se pasó de rodar sucesos habituales con la cámara a hacer magia con ella y jugar, el momento en el que los espectadores comprendieron que podían ser sugestionados y atrapados en un juego de espejos hasta creer que frente a ellos se desarrollaba una realidad distinta a la que la lógica y la física les dictaban día a día. Una revolución como la del 3D ahora, pero hace un siglo. Y nos lo explica.

 

Y solo por eso, esta película merece todo el reconocimiento.

 

Corred a ver Hugo si aún no habéis podido, ¡insensatos!

 

Disfrutad y aprended (o recordad).

 

¡Y que sepáis que me cuesta un infierno no contaros de qué trata realmente para que vayáis corriendo!

 

 

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Tonino Guerra: recuerdo de Amarcord

 

Ha muerto Tonino Guerra que, por si no lo sabéis, era el guionista de películas importantísimas para tantos… iba a escribir cinéfilos.

 

Pero no.

 

Me frena un recuerdo: el de la banda sonora que escuché tantas veces siendo niño, gracias a mis (no especialmente cinéfilos) padres. Mejor pongo gente, una palabra más apropiada, menos excluyente. Y mucho más bonita, dónde va a parar. Vuelvo a empezar:

 

Se murió Tonino Guerra, guionista de películas importantísimas para mucha gente.

 

Con permiso de Antonioni (La noche) de Tarkovski (Nostalghia) y de Angelopoulos (Paisaje en la niebla), para mí Tonino Guerra es ante todo – ahora estoy siendo gente, no cinéfilo – el artífice de Amarcord.

 

 

Amarcord es una película ultra sentimental. No hay que dejarse engañar por su apariencia escatológica y gamberra, por su máscara esperpéntica, por su sátira al fascismo de la época. Y es algo más que una película: es un censo.
Los personajes son los habitantes de Borgo, ciudad ficticia pero trasunta de la Rímini real donde Fellini creció. Tonino Guerra también era de por allí, así que me imagino la escritura de este guión como un intercambio de batallitas entre dos cincuentones.
La tentación de visualizar la propia infancia desde un ángulo legendario es una necesidad común al género humano
, pero solo dos genios como estos pueden coger el material idealizado y hacer una película más viva que la vida misma. Súmale la música de Nino Rota y ya está. Ahí lo tienes: obra de arte.

 

Amarcord (a m’arcòrd) quiere decir  “yo me acuerdo”. Ellos se acuerdan y nosotros nos quedamos con la boca abierta.

 

¿Qué era fantasía y qué realidad exagerada? Eso queda para el misterio. Yo personalmente prefiero creer que de verdad existió una estanquera de pechos enormes con ansias amamantorias, que hubo una Gradisca, una Volpina y un loco que una tarde se subió a un árbol para gritar “voglio una donna”… y todo este cúmulo de tremendas situaciones que, por maravillosas, merecen el sello de autenticidad de la UE.

 

¡Quién tuviera una infancia tan bien inventada!

 

 

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Johncarterismo

 

Todos los medios lo están anunciando a bombo y platillo: John Carter se ha metido una hostia sideral. Disney la pifia. La piscina del tío Gilito pierde monedas por alguna parte.

 

Y hay como cierto gustillo en decirlo, la satisfacción de ver fracasar al caballo ganador, el mal de muchos consuelo de tontos, ¡la cagaste Burt Lancaster!

 

 

Disney ya ha asumido públicamente unas pérdidas de 200 millones dólares. No importa que fuera de EEUU funcione bien la taquilla -para ellos, como si triunfa en Marte – porque han invertido tanto en hacer la película, en promocionarla y en material para las posibles secuelas que ya es imposible arreglar el juguete. Está roto y se acabó. Pero si sois accionistas de Disney no preocuparsen (aún). El mismo comunicado que asume la pérdida también anuncia que tienen dos blockbuster por estrenar – Los vengadores y Brave “con un enorme potencial para impulsar el valor de la compañía” (sic).

 

O lo que es lo mismo: “¿con que me das calabazas? A mí plin, tengo cuatro o cinco churris llamando a mi puerta”. Me encanta cuando el lenguaje empresarial imita el comportamiento humano en todo su patético esplendor. Si John Carter fuera una persona real ahora mismo estaría colgando fotos con pibas en su perfil de facebook.

 

"De fiesta, con una amiga... Gran noche 😉 "

 

Y lo mejor (‘lo mejor’, es un decir) es que tienen razón.

 

Porque ¿alguien duda que ese pastiche de Iron Man, Thor, Capitán América, etc, que es Los vengadores va a convertirse en un éxito total?

 

 

Un éxito y un truñaco. Pero sobre todo un éxito.

 

Yo no lo dudo. Aunque lo mismo podría haber dicho de John Carter y mira… sorpresas te da la taquilla. El Johcarterismo amenaza en cada esquina.

 

A todo esto, tengo que decir que he ido a ver John Carter y, sin llegar a entusiasmarme, me ha entretenido bastante más y me ha parecido mejor contada que otros blockbusters que gozan de mejor fama. A mí que me registren: no tengo fucking idea de por qué esta la pifia y otra no.

 

¿Vosotros la habéis visto? ¿Os ha parecido tan mala?

 

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No habrá paz para Rambo

“En el cine español solo hacen bodrios y españoladas, deberían aprender del cine americano”. Esa frase tan manida en los autobuses y los metros (no sé, yo no voy en metro, soy AUTOR español y por tanto, voy en mi Rolls Royce conducido por mi chofer mientras escribo esto en mi iPad 3 dorado con incrustaciones de diamantes, pagado por todos vosotros con vuestras subvenciones millonarias) cada vez más empieza a peder fuerza.

 

Por dos cosas:

 

a) Cada vez hacemos más cine de género, tan del gusto del espectador medio de multicine. Y cada vez sale mejor.

b) Poco a poco la gente se ha dado cuenta de que en USA lo que hay es mucho marketing, más que grandes películas (que las hay, pero en proporción a lo que nos llega/nos cuelan…)

 

Y para reforzar la A, nada más claro que el desembarco de autores españoles en el cine USA, que siempre se ha caracterizado, eso sí, por ser muy inteligente: si tienes talento y sabes contar, cuentan contigo. De ahí que ahora estén “haciendo las américas” Bayona, Rodrigo Cortés, Vigalondo, Fresnadillo, etc…

 

Y fíjate que leo ahora que hay un “desembarco” más. Esta vez en forma de remake. Si ya lo hizo Amenábar con su “Vanilla Sky” de vergüenza ajena dirigida por Crowe y protagonizada por Cruise-Cruz. Ahora lo hace el guión de Michel Gaztambide y del propio director, Enrique Urbizu, quien arrasó en los Goyas de este año. Porque sí, se ha anunciado (lo comentaban en las noticias de esta misma web) que están trabajando en Hollywood en un remake de “No habrá paz para los malvados“.

 

 

Pero lo más alucinante es quién lo protagonizará.

 

Él.

 

 

Sí señor. Stallone. El auto-denominado “actor frankenstein” por sus múltiples operaciones faciales, ahora ha puesto sus ojitos en el papel de Santos Trinidad que hizo Coronado y lo quiere. Demos gracias a Dios que no haya puesto el ojo en otros papeles de coronado como este:

 

 

O este:

 

 

Aunque con la cara de estreñido que tiene Sly me da que no hubiera colado nunca en él.

 

El propio Stallone ha dicho que se trata de “una maravillosa película que se hizo en España”. Y oye, es que ganó 6 goyas. Y aquí nos pasamos por el forro estas cosas, pero allá tampoco tanto. Aunque sí, no hablamos de un remake de lujo hecho por una gran major con reparto estelar. Hablamos de la próxima de Stallone, que está a punto de estrenar: “Los Mercenarios 2” y, palabras textuales, “me muero de ganas de hacer otra de John Rambo”. Así que tampoco lo flipemos.

 

Pero mira, tendremos a Stallone haciendo el remake. Eso sí ¿cogiendo cubatas temblorosos a lo loco? ¿yéndose a un puticlub y liándola parda? ¿siendo un auténtico hijo de puta, pero de verdad, no de esos de parezcoperoenelfondotengocorazón? Lo dudo.

 

Como referente Stallone ha puesto la película de “Teniente Corrupto”. Aunque tengo mis dudas de si se refería a la de Abel Ferrara con Harvey Keitel o al remake cutrongo que se marcó Herzog (¡!) con Nicholas Cage.

 

El propio Stallone decía que si esa película se llamaba “Bad Lieutenant“, ellos estaban llamando a su proyecto de remake de “No habrá paz…” con el nombre de “Badder Lieutenant” (Teniente aún más corrupto). Entre haciendo una gracia, dejando caer referencias y explicando a la prensa de Estados Unidos de qué va la película de Urbizu.

 

Por la calle Tribulete ya están preparándose por si aparece Stallone a “meterse en el personaje”, siendo un actor de método como es él, y busca información. Ay Silvestre, Silvestre, que no te veo yo tan tan miserablemente héroe.

 

 

Eso sí, me hace gracia el hecho porque mucha gente ha criticado “No habrá paz…” por su guión, porque la historia tiene “mil agujeros” (me gustaría saber cuáles) y porque no se entiende. Fíjense que hasta él la ha entendido y ha visto que, ahí, hay una buena película, aunque sea para sacar cuartos.

 

Enhorabuena.

 

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A vueltas con el maldito Aristóteles

 

Asisto con unas amigas guionistas a una charla del escritor Antonio Orejudo en el Hotel Kafka. Me ha costado 9 euros, pero la entrada me da derecho a tomarme una copa. Como en la discoteca, solo que en vez de ron o ginebra aquí me dan vino. De hecho, el evento se llama  “Un vino con Antonio Orejudo”. Y es lo primero que compruebo al entrar: ¿ha venido el vino? El vino, vino. ¿Ha venido el escritor? También vino. Todo correcto, podemos empezar.

 

 

Antes que nada: ¿por qué estoy aquí? ¿Y por qué os lo cuento?

 

Bueno, primero porque soy uno de los muchos lectores a los que Antonio Orejudo tiene comiendo de la palma de su mano, libro tras libro. No sabría decir cual es mi preferido. Y segundo, porque viene a explicarnos cómo escribe él sus novelas.
¿Acaso no es algo digno de escuchar?¿Algo de lo que todos podemos aprender, incluso yo, con mis limitaciones? Así que me váis a perdonar el off topic, que no lo es tanto, siendo este el blog de un guionista.

 

Antonio cumple el programa: habla durante casi dos horas de sus vivencias como escritor: “escribir es una experiencia residual”, nos dice.

 

Se refiere a que la vida y la literatura son dos cosas separadas. Primero va la vida, que en el caso de Antonio consiste en ser profesor, cuidar de sus hijos, etc. Y luego va la literatura, en el vagón de cola. La literatura son ratos que le robas a la vida. Orejudo dice que por eso no escribe durante el día. Se levanta muy temprano y, a hurtadillas, se cuela en su despacho. Escribe lo que le da tiempo, antes de que la vida se desperece y le pida un café.

 

Antonio dice que eso de inventar de la nada le cuesta mucho. Y con cada novela que escribe le cuesta más. El inventium, lo llaman. Nos pone como ejemplo un chascarrillo que comparte con su amigo Rafael Reig, también escritor:

 

“Pongamos por caso, que tienes un personaje. Bruno. Entonces vas y escribes: “Bruno salió de la tasca”… Vale, sale de la tasca, pero ¿y qué? ¿Qué pasa entonces? ¿Hacia dónde encamina sus pasos Bruno? ¿Cómo era la tasca que abandonó? ¿Hacía buena noche o pasaba frío?”

 

Cualquiera diría que eso es lo divertido del trabajo de escritor. Pues no. Es un coñazo. Necesario, pero coñazo. Primero hay que inventar, rellenar 300 o 400 folios, y después hay que pulir. Y borrar, borrar mucho. Esto recuerda al lema de la profesión que no dejo de escuchar desde que asistí a mi primer taller de guión: “escribir es reescribir”. Pues parece ser que vale también para literatura. Supongo que el lema nació de la literatura y los guionistas se aplicaron el cuento.

 

Antonio dice que envidia mucho a un cierto tipo de escritor que él no es. Esto es: el escritor que planifica hasta el último detalle de lo que va a escribir. Escritores que hacen escaletas (“la gente del cine lo llama así”) y elaboran fichas que van metiendo en un portafolios, de modo que antes de empezar a escribir ya saben cuantos capítulos va a tener la novela, y lo que va pasar en cada uno de ellos, cómo es cada personaje…
Es, a mi entender, el escritor-guionista. Pues parece ser que el mundo literario se divide entre los escritores que siguen este método y los que no. Sospecho que este no es el caso de los guionistas. Hagas escaleta o no, sabes donde van a ir los tiros, en tu cabecita.

 

A no ser que seas Javier Rebollo. Porque si eres Javier Rebollo (alias Maldito Aristóteles)… “¡campo y playa!”, que diría una amiga mía.

 

 

Y ya, para terminar de conquistarnos, Orejudo habló de algo que los guionistas conocemos bien: la procrastinación. Aunque él, menos mal, no usó ese palabro. Habló más bien de “una resistencia interior a escribir” y que se manifiesta cuando te sientas ante el ordenador, dispuesto a ello, te arremangas, y entonces, justo en ese momento, decides que antes vas a mirar el correo, facebook, twitter, el periódico…

 

¿Por qué sucede esto? ¿A que se debe? ¿A que somos impostores? ¿Vamos por ahí diciendo que nos gusta escribir pero luego, a la hora de la verdad, preferimos perder el tiempo haciendo otras cosas?

 

Aquí Orejudo cita -nunca lo hubiera imaginado- a Rosa Montero, que en su libro “La loca de la casa” le da una explicación para este comportamiento: si no escribimos es por miedo. Vale. ¿Pero miedo a qué?

 

“Miedo a concretar la idea, encarcelarla, a deteriorarla, a mutilarla. Mientras se mantienen en el rutilante limbo de lo imaginario, mientras son sólo ideas, y proyectos, tus libros son absolutamente maravillosos, los mejores libros que jamás nadie ha escrito” (Rosa Montero, La loca de la casa).

 

Ahí está, señores: somos unos cagoncetes. Yo estoy de acuerdo.

 

Después de contarnos estas y otras muchas cosas Antonio se calla y cede el turno de palabra a los asistentes. Nosotros. Yo, que soy tímido, no pregunto nada. Otro asistente más desinhibido (habrá que culpar al vino) le lanza la suya:

 


“Antonio, ¿eres consciente de lo genial que eres?”

 

 

Así, con un par.

 

Imagináos la incomodidad del conferenciante, revolviéndose en su sillón. ¿Qué se puede responder a eso? “Sí, lo soy desde pequeñito, las monjas ya me lo decían en el cole”.

 

Obviamente, solo hay una respuesta aceptable: “NO”. Y ahí quedó la cosa. Más o menos.

 

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Alien voló sobre el nido del coco

Precisamente el otro día hablaba de la triste muerte del genio de Moebius y su implicación con el cine y entre sus trabajos destacaba el hecho en “Alien”. Pues bien. He revisado la “cuatrilogía” de Alien. Sí, Alien, Aliens, Alien 3, Alien: Resurreción. Cada una de su padre y de su madre (Ripley). Pero en este caso, el padre tiene mucho que ver en el resultado de la criatura y es el que más lo marca genéticamente: el director.

 

Y sí, marco el director y no el guionista, pese a que el verdadero padre debería ser el segundo. Pero es que estamos hablando de franquicias y aquí, amigos, el guionista siempre tiene las de perder: está vendido. Se contrata al director y a partir de ahí, se trabaja. Tanto es así que “Aliens”, la segunda, tiene el guión escrito por el propio James Cameron.

 

Y es precisamente la película de “Aliens”, la de Cameron, la que más me ha llamado la atención de las cuatro. A ver, en resumen, mi opinión en pocas líneas de las demás sería:

 

– “Alien”: Una maravilla, una joya. Estupendo ejercicio de suspense, ci-fi y atmósfera aprovechando recursos al máximo. Para estudiar hasta la infinidad tanto por guionistas como realizadores y productores. CINE.

– “Aliens”: Intentar lo anterior por el camino contrario.

– “Alien 3”: Notable intento por recuperar la atmósfera y el espíritu, aunque perdiendo la sorpresa y el ritmo por el camino.

– “Alien: Resurrección”: Pérdida total de los papeles.

 

Y es que el mundo está dividido en dos facciones y ante esas dos facciones uno debe elegir un bando. O estás con “Alien” o estás con “Aliens”. O estás con Scott o estás con Cameron. O estás con el suspense o estás con el despiporre.

 

 

En “Alien” la criatura, misteriosa, que oculta más que enseña, tiende una trampa a toda una tripulación. Poco se sabe de dónde viene, poco se sabe de por qué viene, poco se sabrá después… pero lo que nos muestran es lo suficiente. Y no solo respecto al “Alien”, sino respecto a la tripulación del Nostromo, a ese futuro (un futuro bastante vintage) y al por qué acaban yendo a comprobar esa señal de socorro misteriosa. Todo está medido. Todo encaja en un juego de misterio, donde van cayendo uno por uno como “los 10 negritos”.

 

De hecho, la historia inicial transcurría en una fortaleza medieval que luego pasó a ser un bombardero en la II Guerra Mundial y eran, al parecer, una especie de duendes (gremlins) los que iban cargándose todo y a todos, pero, afortunadamente, alguien decidió darle un viaje hacia la ci-fi que agradecemos todos. (Parece ser que el rollo medieval lo quisieron recuperar para la tercera parte, con una idea de Vincent Ward que empezó a producirse pero lo vieron demasiado arriesgado, el proyecto cayó y finalmente se lo pasaron a Fincher, que cambió el supuesto planeta medieval con monjes por un planeta cárcel con… más o menos monjes… y ya está).

 

En resumen, como dice Scott, “Alien” era una película de “serie C” rodada como si fuera de “serie A”. Género puro. Pero de calidad y tratado con mucho talento.

 

Y entonces llega “Aliens”, años después, con James Cameron al frente. Cameron tiene la premisa muy clara (como en todas sus películas) y la marca desde el inicio en el título de la película: “Aliens”. Es decir: vamos a coger lo mismo, pero cargado de bombo. ¿En la primera salía un solo alien? Bah, mariquitas… yo voy a meter cientos. Y no solo cientos: cientos y su puta madre (con perdón). Y se inventó a la Reina Alien. Un concepto que ni Scott ni nadie de la primera parte tenía en mente. ¿Un buen concepto? Pues bueno, puede: al fin y al cabo el no contar “todo” en la primera parte permitía que se pudiera alterar el “ciclo de vida” del Alien tal y como lo tenían previsto en la primera parte (el bicho pasaba del huevo al huesped mediante el “abrazacaras” y ahí crecía combinando el ADN de este con el del bicho, sin más). Pero sobre todo, da pie a lo que buscaba Cameron: un bicho muy grande, muy tocho. Un bicho que justifique que Ripley tenga que pegar con cinta americana dos tremendas armas y ponerse un mega-robot incluso. El “demasié” como concepto.

 

 

Más naves, más armas, más aliens, más muertes, más tiros, más efectos especiales, todo más grande. Más. James Cameron es más por definición. Pero claro, todo este “más” tan de finales de los ochenta-principios de los noventa, de los mil tiros y mil armas y violencia evidente… hoy queda algo desfasado. Sobre todo porque las superproyecciones de naves con fondos en movimiento para que parezca que vuelan, hoy en día, quedan como el orto. Algo que no le sucede a la primera parte.

 

Al revisar la película notas como se va a la basura todo en cuanto entra el concepto “Marines”. Soldados chulitos y absurdos, militares, tanques, super-armas. Y Ripley pasa de ser una tripulante del “Nostromo” a ser un mega-comando. Los personajes se pierden, los “humanos” se pierden, todos pasan a ser el mismo arquetipo que hemos visto en cualquier película de acción. De hacer cine de terror se pasa a hacer cine de acción, todo bajo el disfraz de la ciencia-ficción.

 

De hecho, viéndola, todo me resultaba tremendamente familiar. Me recordaba totalmente a otra película. Sonaba a un un “quiero hacer una cosa y no puedo porque no es esta película, pero…” de otra muy clara: “Spaceship Troopers” (“Las brigadas del espacio”). Y sí, la película de Verhoeven (que a su vez luego cogería toda la estética futurista-militar de este “Aliens” tanto en su película como en “Desafío Total“) es del 97 pero es que está basada en la novela Robert A. Heinlein: “Starship Troopers“, de 1959. Y es evidente que Cameron cogió mucho de allí (como él mismo ha reconocido).

 

 

¿Y en cuanto a la trama? Pues la misma, aunque más grande y sustituyendo el gato de la primera parte por la niña (porque esta segunda sigue el mismo camino que la primera: Ripley puede huir pero decide ir a salvar al gato/niña y con ello, provocar el enfrentamiento final) para darle además un toque de “lucha de milfs” al final.

 

En resumen: se llevó “Alien” a su terreno, la ci-fi de acción, para convertir la saga en otra cosa. Y oye, triunfó. Pero… ¿perdimos por el camino? Quien sabe. Igual ahora, en el nuevo proyecto de Scott, “Prometheus”, lo descubriremos. Allí piensa desarrollar lo que sería una mega-precuela de lo que pudo dar pie a “Alien”, respondiendo a esa pregunta que todos los fans de la película llevan haciéndose años: ¿qué demonios era ese bicho en la nave donde aparecen los huevos por primera vez? (El Space Jockey que diseñó Giger).

 

 

Pero en fin, como decía, ¿quién sabe qué hubiera pasado con la saga si se hubiera conservado la esencia de la primera película? Y quien sabe, además, porque la idea inicial del guión de “Alien” era que el bicho acabara con Ripley y suplantando su voz, mandara un mensaje por radio (bueno, radio… ya me entienden) para llevar la nave a la tierra. Y ahí terminar. Imagínense entonces cómo hubiera seguido la franquicia. Pero no, los productores lo consideraban un final de “bajón” y que la gente saldría fastidiada del cine (por lo que no la recomendarían tanto) y lo surpimieron, suprimiendo la idea inicial. La de una historia en la que los actores van muriendo, uno por uno, en orden descendente de caché y reconocimiento en ese momento para despistar aún más al público, hasta que solo queda uno, el más desconocido. ¿Weaver? Sí, era la más desconocida de los actores, pero no, en el guión original solo quedaba… el Alien. El verdadero protagonista.

 

Que por cierto, no era el octavo pasajero. ¡El octavo pasajero era el gato!

 

 

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Shame: ¿cuándo ponen el capítulo 2?

El viernes estuve en el cine viendo Shame.

 

Fui testigo de una fascinante transformación. Lo triste es que no me refiero a ningún personaje de la película. La transformación tuvo lugar más cerca, en la butaca de al lado, donde se sentaba mi amiga… Llamémosla Miss Distancia Irónica, que ya ha hecho cameos en otros post y se ha ganado a pulso su personaje.

 

Mis Dis fue la que insistió en que teníamos que ir a ver esta película. Sus motivos eran claros y se explican todos en la fotografía de la derecha. Sospecho que Mis Dis estaría dispuesta a arrancarse su irónico corazón y, sin ningún ápice de ironía, ofrecérselo como souvenir al bello Fassbender. ¿Que lo usa de piedra pómez para limarse las callosidades de los pies? No worries, ella tan contenta. El amor loco es así.

 

Yo en cambio fui a ver esta película por los motivos equivocados: la crítica, una vez más, me la volvió a colar. Mis Dis también había leído críticas fabulosas, pero ella -ya lo dice su nombre- a las críticas les echa un vistazo desde el espejo retrovisor y solo si tiene que retocarse el pintalabios. Por eso yo salí decepcionado y ella meramente aburrida. Ahí está la fascinante transmutación de la que os hablaba: de colegiala enamorada a mujer hastiada de la vida, en menos de dos horas. Y es que por mucho que idolatremos a un actor, por muchos sexy-times que tenga, si la película no se aguanta… ¡es que no se puede aguantar!

 

"Mis Dis, quiéreme por mi interior, lo tengo asín de grande"

 

Y eso es lo que le pasa a Shame, que no se aguanta a no ser que a) Steve McQueen nos haya colado como película el piloto de una serie que no consiguió vender, y al que aún le falta trabajo de montaje, y b) … (lo siento, no se me ocurre otra opción).

 

Porque eso es lo que nos pareció Shame: una presentación alargadísima de un personaje al que le van a empezar a pasar cosas interesantes más adelante, en otro capítulo. Porque si esto es todo lo que hay… vaya bluff y qué tramposo es todo: la música ultra-dramática, los planos eternos del actor poniendo cara de intenso en las situaciones más chorras, hasta la forma en la que están sentados los personajes en esta escena:

 

Atentos, niños: así es como evito yo hacer un plano-contraplano, no miréis a los otros comensales, porfa

 

Todo esto son recursos válidos, no digo que no. Y también puedes usar una bomba de pie para inflar una colchoneta. Pero ¿qué tienes al final? Aire y plástico en colores chillones. Pues en Shame lo mismo: mucho aire de pretendida profundidad y unos actores que sí, que son competentes, pero y qué.

 

Curiosamente, el otro día os hablaba de la guionista de esta película, Abi Morgan, por su trabajo en The hour, serie que me gusta mucho. Pero lo cierto es que aquí yo lo único que veo es una misma idea repetidas de catorce o quince formas diferentes, todas ellas la mar de bonitas y estéticas. Lo siento, pero repetición no es lo mismo que penetración psicológica, ni siquiera en esta película.

 

 

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