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El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

Tocando las Moneyballs

La película ha tenido bastante éxito en los USA, aunque aquí no creo que vaya a funcionar mucho. Hablo de “Moneyball“, la última de… ¿el director? ¿el actor? (Bueno, es Brad Pitt). No, del guionista.

 

O uno de ellos: Aaron Sorkin. Y eso que el otro es nada menos que Steven Zaillian, que también… tela con su currículum; pero Sorkin es ahora mismo el guionista estrella y oye, para alguno que tenemos en el gremio, que figure.

 

¿Y por qué creo que aquí no tirará? Bueno, primero y principal: porque es una película de béisbol. Vale, no lo es absolutamente (en verdad habla de algo más allá de ese deporte en si), pero respira béisbol, sucede en el mundo del béisbol y todas las referencias son de béisbol. Y en este país no tenemos ni pajolera idea de en qué consiste el béisbol. Sí, se pega a la bola con un bate, unos corren, podemos hasta llegar a adivinar qué es un home-run (aunque dudo que todos sepan qué implica en un partido). Pero poco más. Es como el fútbol americano, pero más complejo.

 

Oír a Brad Pitt hablando a toda prisa en conversaciones hiper-técnicas (tanto en conceptos de béisbol como en conceptos económicos), marca de la casa Sorkin, sobre temas tan lejanos… saca. Y saca mucho. Porque sí, al final, tienes que confiar en que todo eso que dicen y trasluce (que son muy listos en lo suyo y han dejado a todos flipados) es cierto: porque confirmarlo por ti mismo no lo vas a poder hacer. Es una película de Fé. Parte de la ciencia y datos, pero es de Fé: tienes que tener Fé en que sí, lo que estos tipos hicieron fue historia y marcó un antes y un después. Pero porque ellos te lo dicen: aquí, ni nos enteramos.

 

Pero bueno, como os decía, la película tiene un mensaje que va más allá del béisbol. Y aquí llega el problema. El que tenían los personajes protagonistas de la cinta y el que tiene, me da a mí, el mensaje en el mundo económico-deportivo en general.

 

La película trata de un señor que decide priorizar las estadísticas al sentimiento, el romanticismo, la estética. Es decir: decide contratar a jugadores por sus estadísticas en determinados puestos y cometidos (el béisbol es mucho más específico en las funciones de un jugador determinado en su puesto a lo largo de un partido de lo que puede ser el fútbol o el baloncesto) y entre ellos, hacer un equipo aparentemente mierder pero que, a la larga, cumple objetivos de puntuación y opta, con un presupuesto muy bajo, a hacer la competencia a los equipos millonarios con estrellas de relumbrón.

 

La película tiene agujeros extraños, que desconozco si son así por negligencias del guión o porque en el béisbol las cosas funcionan de otra manera (Spoiler: El entrenador que, de pronto, desaparece y calla asumiendo lo que sea y feliz, el equipo de ojeadores que también desaparece…) y la historia, como digo, no “termina”, es un “y entonces todo cambió, os lo digo yo… en unos carteles”. Pero el mensaje queda claro. Y es un mensaje ultra capitalista.

 

El beneficio empresarial por encima de las personas. Por encima del deporte, por encima del arte/estética/espectáculo. Podemos tener un equipo de deshechos, pero si cumplen el objetivo, aunque sea rozando lo “legal”, basándonos en escarbar puntos entre las triquiñuelas del juego, podemos escalar posiciones y “competir”. Y no soy tampoco fan tampoco de los personajes “románticos” que que figuran en la película, que aseguran descubrir los talentos deportivos por sensaciones, feelings o “yo sí que sé, aparta pringao”. No. No se trata de eso. Pero sí creo que el convertir un deporte, una liga, la historia de un club, un partido, una competición deportiva, en una lucha económica o estadística pura no dice mucho acerca de todo ello.

 

 

Así que, sí, puede que “Moneyball” y el hecho que trata (un hecho real) haya revolucionado el mundo del béisbol americano (aunque al final de la película -SPOILER- viene la trampa: ese método no convirtió a ese equipo pobre en campeón jamás, lo hizo con otro, que aplicó esas técnicas… combinadas por jugadores millonarios, puesto que eran un equipo rico. Es decir: los ricos usaron estas tácticas y todo siguió igual- FIN SPOILER) pero puestos a elegir una sensación, un reflejo de lo que es el deporte-espectáculo, aun sin entender una mierda de a qué juegan… me quedo, pese a todo su macarrismo, con la de Oliver Stone y su “Un domingo cualquiera“.

 

Me quedo con esto:

 

 

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