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El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

La invasión de los ultracuerpos o cuidado con las alcaparras

 

Ayer volví a ver La invasión de los ultracuerpos, la de los 70. No me acordaba de que tiene un comienzo tan bueno. Antes de que arranque la historia, antes incluso de que te presenten a sus protagonistas, ya hay planos que funcionan como pistas subliminales de lo que va a ocurrir. Cosas banales y posibles, pero que no dejan de parecer inquietantes.

 

Por ejemplo, este cura que está ahí columpiándose tan pancho (Robert Duvall haciendo un cameo).

 

"Psee, psee, oye tú... ¿no deberías estar en misa?"

 

Poco después nos presentan al protagonista, un Donald Sutherland ejerciendo sus funciones como inspector de sanidad. Vemos como le hace pasar un mal rato al maitre de un restaurante y al principio nos parece un poco capullo: el típico funcionario mezquino que disfruta ejerciendo su pequeña parcela de poder. Y puede que sí, que disfrute un poco, pero si lo piensas bien, es un héroe: él es el tipo que nos va a salvar de comer unas cuantas cacas de rata.

 

¿Alcaparra o caca de rata?

 

“Porque esto que sujetan mis pinzas, usted afirma que es una alcaparra, pero yo digo que es una caca de rata. Y si está tan seguro de que es una alcaparra, cómasela”.

 

En esta escena está condensada toda la esencia de la película.

 

Las apariencias son engañosas. Si empezásemos a poner en duda todo lo que nos rodea, incluidas las cosas que damos por sentadas y que nos resultan más familiares, cuántas sorpresas nos llevaríamos. Descubriríamos que muchas cosas son como pensábamos que son, pero también encontraríamos un pequeño porcentaje de cacas de rata en el bote de las alcaparras.

 

De eso va esta película, de lo adormecidos que estamos dentro de nuestra burbuja, de lo poco que nos cuestionamos. Tan adormecidos estamos, que cualquier día nos dan el cambiazo, y ni nos enteramos. De hecho, los body snatchers funcionan así: esperan a que estés dormido para apoderarse de tu ADN y fabricar una réplica exacta a ti, solo que sin tus emociones. La única manera de seguir vivo, o mejor dicho, de seguir sintiendo algo, es manteniéndote despierto.

 

Por eso funciona tan bien la única escena de amor que hay en la película: sencilla, fugaz, aséptica. Se trata de dos viejos amigos que saben que, por mucho que sigan huyendo, acabarán fundidos con esa sopa amniótica que ha invadido el planeta. Así que se besuquean y se dicen que se quieren, sin más. ¿Para qué darle más vueltas? ¿Para qué hacer sonar los violines? Es lo lógico. Y lo más humano que pueden hacer.

 

 

Aunque está cerca, esta película no es perfecta. Creo que hay una caída de interés al final del segundo acto. ¿Esto que quiere decir? Ni más ni menos que mi atención se disipa, que ya no estoy 100% pegado a la acción de la película.

 

Una de las cosas que me dio por pensar mientras esperaba a que la película volviera a engancharme (pasa pronto, en el tercer acto) es de qué demonios hablan los ultracuerpos cuando están juntos, cuando no tienen la necesidad de fingirse normales delante de los humanos. Hay unas cuantas escenas en las que se les ve así, charlando tan tranquilos, pero no podemos oír nada de lo que dicen. Y a pesar de que ya se han hecho con el control absoluto de la situación, siguen acudiendo a los puestos de trabajo que tenía sus antiguos cuerpos. Su nivel de parasitismo llega a tal punto que ni siquiera pretenden establecer una sociedad acorde a su propia especie, sino que prefieren aprovechar las infraestructuras humanas. Esto lo verbaliza uno de ellos:

 

“Nada va a cambiar, seguirás haciendo las mismas cosas, pero será mejor porque nunca sentirás dolor, ni amor, se trata únicamente de sobrevivir”.

 

A nuestro héroe no le seduce la promesa de una vida sin sufrimiento. Sin embargo otros muchos firmarían encantados. Estoy convencido de que con una campaña política adecuada estas esporas extraterrestres ganarían las elecciones. Su problema es que son demasiado sinceras, y por eso necesitan unos medios menos democráticos para alcanzar sus objetivos.

 

Tradicionalmente se suele hacer una doble lectura de La invasión de los ultracuerpos. La primera versión, rodada en 1956, se inscribe en la ciencia-ficción de propaganda anticomunista, aunque también se la ha llegado a considerar una crítica a la caza de brujas.

 

Lo que pasa es que yo soy muy poco conspiranoico y, además, no me gusta que me hagan leer doblemente. Porque el cine es puro entretenimiento, ¿verdad? ¿Qué es eso de hacer dobles interpretaciones? A mí, por ejemplo, jamás se me ocurriría escribir un post con la intención de leyérais entre líneas. No. A mí no.

 

 

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