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El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

Archivar para el mes “febrero, 2012”

The Artist: el guión

Es curioso: una película tiene, a criterio de la Academia de Hollywood y sus premios Óscar, el mejor director, el mejor protagonista y es valorada como la mejor obra del año… pero no tiene, a su criterio, el mejor guión.

 

Esto podría romper, para algún demagogo, las bases de que para hacer una buena película hace falta un buen guión. Y digo lo de demagogo porque, ojo, pillines: que no se valore como “el mejor del año” no quiere decir que sea malo. Sería como decir que Nadal es malo por ir segundo en la clasificación ATP. Aunque la verdad, es una comparación un poco así y no quiero mezclar cosas de franceses con deportistas españoles, que luego se lía la de dios con muñequitos e igual Wert, nuestro flamante Ministro de Educación, Cultura y Deporte, me tacha de “inveraz” (sic).

 

Pero es curioso. Porque sí, todo el mundo valora muchas cosas de The Artist, pero precisamente, el guión, no es una de ellas. ¿Acaso es malo? Bueno, la historia es simple y bastante manida. Ya lo hablamos aquí, que era bastante parecido incluso al de “Cantando bajo la lluvia”, aunque con matices, claro. Pero, ¿es solo eso un guión? ¿solo una historia? ¿en esta película?

 

Pues sí y no. Hay una particularidad: hablamos de cine mudo. O de pretendido cine mudo, mejor dicho. Y sí, está claro que durante años se escribieron montones de guiones de cine mudo, pero ahora es toda una rareza. Y este consigue plasmar todo perfectamente, dejarlo claro y que así se lleve a la pantalla. Supongo que ayuda que el guionista sea también el director. O bueno, el director y uno de los protagonistas, según leo:

 

Uggie, el perro de “The Artist”, se tomó la libertad de proponer cambios de guión, según su “coach”

 

Está claro que no tenemos el mismo concepto de “guión” los periodistas, los entrenadores caninos y los perros.

 

(Por cierto, si queréis saber más cosas de Uggie el perro, recordad que lo entrevisté, amigos).

 

Pero bueno, a lo que iba: el guión de The Artist. Ese ejercicio de poner en palabras toda una película… sin diálogos. Eso que tanta y tanta gente no entiende: que el que no haya diálogos no quiere decir que no exista guión, sino todo lo contrario. Es mucho más complejo.

 

Y a mí me da la impresión que este aspecto no se ha valorado tanto, a la hora de no darle premios al guión, como la falta de originalidad en la trama, los personajes tan típicos y la falta de eso, de diálogos, que hagan algunas secuencias memorables. Aun teniendo secuencias magistrales como esta:

 

 

Así que, pese a no haberse llevado el Óscar, el guión nominado de The Artist es una pieza más que interesante para leer, estudiar y aprender. Y un ejemplo de cómo mostrar en papel todo eso que queremos luego enseñar en la pantalla sin palabras.

 

Y por eso, el amigo Escri, os lo pasa. Si pincháis AQUÍ, lo tendréis en PDF. Cortesía de “Simplyscripts“, una web más que interesante y necesaria para los que se quieran dedicar a esto o, simplemente, adoren el cine.

 

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Gala Óscares: todo fue como Dios manda

Como si Rajoy hubiera escrito el guión de la gala de los Premios Óscar (los Óscares, ya sabéis), todo fue transcurriendo “como Dios manda”, que dice él.

 

Es decir: conservador, aburrido, soso y bastante previsible (sí, que Rajoy iba a hacer todo lo que dijo que no iba a hacer también era previsible, entra dentro del personaje y de lo que “Dios manda”).

 

Así que ganaron los esperados en los premios principales: Mejor película, director y actor protagonista “The Artist“, mejor actriz Meryl Streep por “La dama de hierro” y en guión “The Descendants” (Alexander Payne, Nat Faxon y Jim Rash) al adaptado y el gran Woody Allen -por supuesto ausente- por “Midnight in Paris”. Ah, y Christopher Plummer en actor de reparto, que este también se veía venir.

 

En cuanto a los demás, pues “Hugo” de Scorsese fue la que ganó “la otra liga” con mejor fotografía, mejor dirección artística, mejor edición de sonido, mejor mezcla de sonido, y mejores efectos visuales, “The Muppets” ganó un Óscar más que “Drive”… y poca cosa más. Una gala sosa, con entradillas y presentadores sosos pese a que una entradilla sosa crece y gana cuando sus intérpretes lo hacen con fe y ganas, no con esa actitud tan de los Goyas de “voy a leer esto que ha puesto el guionista, no he sido yo, eh, no me hace ni puta gracia…”.

 

 

Y en fin, en resumen, para lo que nos toca: La cuota española se fue de vacío (ni “Chico y Rita” ni Alberto Iglesias por la BSO de “El Topo”). O… ¡no!

 

¡Espera!

 

¡¡El guión de “Midnight in Paris” fue nominado a los Premios Goya porque era una “película española”!! Así que…

 

¡¡¡HEMOS GANADO UN ÓSCAR!!!

 

Enhorabuena al cine español por este triunfo. ENHORABUENA. Por fin se reconoce nuestro talento. Y, además, con orgullo personal, porque es nada menos que el de guión. Guión ORIGINAL y ESPAÑOL.

 

En fin, solo queda congratularnos y disimular, con esto, que en la porra que hice alternativa al concurso de TCM “And the Winner Is…” donde podíais ganar un lote de documentales solo acerté 6 de 11 categorías.

 

Maldita sea.

 

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No, si es por los niños…

Como sabéis, hoy se dan los Óscares (ya sabéis, la norma dicta que la forma correcta, es así y oye, es la norma.

 

No la Norma Jean, que si fuera así la seguiríamos todos a rajatabla -o rajafalda-) y por cierto, daos prisa porque si no los han repartido ya, tenéis tiempo para participar en el concurso de Canal TCM: ‘And the winner is…‘. Os dejo el enlace al post del que hablaba de ello (AQUÍ).

 

Y entre las favoritas, por encima de todas, se levanta, como no “The Artist”. Una película que lo tiene todo para que encandile a los miembros de la Academia: simpatía, magia, metareferencia cinematográfica, franceses y un perrete. Aunque en los Globos de Oro vimos a otra “competidora” que, sorprendentemente, entra en carrera. Y esta es “Hugo”, de Martin Scorsese.

 

A ver, una película de Scorsese es siempre susceptible de ganar premios por ser él quien es, pero… ¿”La Invención de Hugo“? Os seré sincero: no la he visto aún. Pero es que películas en 3d me cuestan y si le sumas a niño y a niña pequeños la pereza es infinita. Además, el 3D en V.O.S. es un coñazo máximo (si encuentras dónde verlo) y me marea. Así que por ahora, espera, pese a ser del maestro Martin. Pero, viendo de qué trata, las críticas que ha recibido… ¿de verdad es candidata?

 

Películas “infantiles”, como califican a todas las de Pixar, ha habido de mil calidades pero pocas se cuelan en la terna de nominadas. Y menos, con posibilidades. “Toy Story 3” estuvo allí pero todos sabíamos que iba a irse de vacío, “Up” estuvo antes y pese a ser una firme candidata, sabíamos que lo tenía difícil… y más porque ya vimos qué pasó con “Wall-e” el año anterior que ni siquiera estuvo nominada a la categoría absoluta.

 

 

Pero “Hugo” es diferente: tiene actores reales, está dirigida en 3D y sobre todo, cuenta con Scorsese tras la cámara. Y un empeño de la academia y otros jurados de darle ahora, cuando su cine no es lo que era, todo lo que no le dieron cuando era el puto amo. Sólo tiene un Óscar al mejor director, y fue por “Infiltrados”. Y en los Globos de Oro hasta “Gangs of New York” no le cayó ni uno (y sólo tiene tres). Ya ven…

 

Aunque, se preguntarán: Escri, ¿y el título del post? Pues miren, por una entrevista a Martin en El País que leo, que me parece muy curiosa. En ella, le preguntan por qué el hacer una película para chavales y en 3D. Y él, como tantos y tantos padres en la cola del cine esperando una de Disney, como tantos y tantos tíos que llevan a sus sobrinos a ver la última de Pixar, dice: es por los niños.

 

Scorsese: Finalmente, cuando Graham [King, productor] me presentó Hugo y yo le mencioné el proyecto a mi hija, lo primero que Francesca, de 12 años, me dijo fue: “Será en 3D, ¿no?”.

P. ¿El maestro de Hollywood pone sus decisiones artísticas en manos de su hija?

Scorsese: La idea nos encantó a todos. Y redefinió todo el rodaje. La composición de cada plano, su iluminación. Todo cambia. La gran sorpresa fue la nueva perspectiva que me dio sobre los rostros de los actores. ¡Sacha Baron Cohen tiene una estructura perfecta para 3D! No ha sido ninguna imposición aunque sí es cierto que el público ha cambiado. Yo he cambiado. Tuve mis dos primeras hijas de joven. Hoy, estar con Francesca y sus amigos me muestra otros espectadores… y yo siempre pienso en el público.

 

Oh. Entrañable, ¿verdad? Pero… ¿cierto? Martin, ¿te pones a hacer una película en 3D porque te lo dice tu hija? ¿nos vamos al cine a ver una de Pixar por nuestros sobrinos? ¿nos ponemos una de superhéroes porque “es un cómic que leía de niño y quiero ver qué tal lo han adaptado pero a mí esto… no me gusta, eh”?

 

Venga, va.

 

 

Martin, lo haces porque te apetece. Y ya está. Y porque te gusta experimentar. Y el productor lo hace porque sabe que con 3D y para chavales, va a sacar una pasta. Porque la manera de sacar dinero en esta industria es obligar a toda una familia con prole a ir al cine: Entradas de los padres (2) + entradas de los hijos (media de otros 2) + palomitas o chucherías + bebidas + el plus por 3D y las gafas = pastizal. Pastizal que en casa, si te la bajas, no disfrutas igual ni por asomo, claro (el truqui del 3D). Y oiga, bienvenido sea.

 

Pero es que me suena al típico desentendimiento de falso adulto serio, tipo Viggo Mortensen diciendo que cuando le propusieron ser Aragorn en “El Señor de los Anillos” no sabía ni qué era eso, pero que su hijo le convenció diciendo que era algo muy chulo y como vio que le hacía ilusión… YA, VIGO, YA. Venga, hombre.
¡No nos escudemos en los niños!

 

Por cierto, ¿soy el único que ve que Hugo es Alberto González (queridoantonio)?  No sé si en la versión doblada se lo han propuesto pero sería TAN divertido…

 

 

 

 

 

 

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Soñando con Hitchcock

El otro día soñé que conocía a Hitchcock. Sus ayudantes me habían enviado un relato que quería adaptar al cine. Yo era uno de los candidatos a hacerlo. Así que me lo aprendí de memoria. No era gran cosa, menos mal que solo tenía 35 o 36 páginas.
La noche de la cita con Hitch yo estaba muy nervioso. Antes de salir le dije a mi mujer: “si todo va bien, cuando vuelva te echaré un polvo”. Ella hizo una mueca que no supe interpretar.
De camino al restaurante pensé:

“Maldita sea, tengo que ser perspicaz, ingenioso, sofisticado, proyectar una imagen de seguridad, tengo que seducir al puto Hitch, comérmelo con patatas… ¡y ni siquiera tengo claro que pueda seducir a mi mujer!  ¿Por qué, dios? ¿Por qué me hiciste guionista? Si yo lo que quiero es acochinarme en mi despacho y garabatear poemas de amor y desolación”,

 

Llegué diez minutos antes de la hora fijada. Él ya estaba sentado, con una servilleta anudada al cuello y dando buena cuenta de un filete de iguana. Regla número uno de los sueños: la gente aparece comiendo cosas raras y ¡como si nada! En cambio, el detalle de la servilleta me llamó muchísimo la atención. Me dije: he aquí un hombre acostumbrado a hacer lo que le da la gana en todo momento. Y sentí mucha envidia de él. Quería ser él. Me acordé entonces de una canción de mis años mozos y, sin comerlo ni beberlo (supongo que los nervios tuvieron algo que ver), me sorprendí a mí mismo canturreando el estribillo de  “Why can’t I be you?” (The Cure)  en voz alta. No sé cómo se me ocurrió, sabiendo como sé que Hitchcock es más de Bernard Herrmann. Mi desliz al menos sirvió para llenar un incómodo vacío conversacional: justo cuando me había aproximado a la mesa, él se acababa de meter un trozaco de iguana de proporciones jurásicas. El pobre pasó dos o tres minutos masticando y poniendo caras de resignación antes de  poder devolverme el saludo. 
La primera cosa que me preguntó fue que si bebía. “Me gustan que los hombres beban“, apostilló, a modo de pista. Yo juré que bebía más que John Ford y Humphrey Bogart juntos, e inmediatamente tuve un martini entre mis dedos. Lo curioso es que Hitch bebía muy poco. Daba sorbitos pequeños a su copa, sujetándola con las dos manos como si fuera un tazón de colacao, y esa imagen, acompañada de la servilleta en el cuello, me hizo pensar que estaba compartiendo cena con un niño pequeño. No un niño cualquiera: un superdotado de esos que se saben todos los detalles sobre la construcción de las pirámides de Egipto.

 

La segunda cosa que me preguntó es si había visto sus películas. Quería conocer mi opinión sobre ellas.  Segunda regla de los sueños: todo pasado es posible. En este caso, yo había sido proyeccionista en el ejército (Segunda Guerra Mundial, creo). En el cuartel teníamos pocas películas, así que proyectábamos las mismas una y otra vez, una y otra vez. Daba la bendita casualidad de que La sombra de una duda, obra predilecta de Hitchcock, era una de estas películas. Echamos cuentas (a razón de unas 3 proyecciones al día, durante tres meses) y llegamos a la conclusión de que yo había visto La sombra de una duda más veces que Hitchcock. Animado por mi segundo martini, le dije la verdad: me gustaba mucho, pero tampoco es que me pareciera la hostia. Le veía sus defectos. Se los desgrané, uno a uno.
  Él no se defendió. Al contrario, parecía complacido al escuchar mi análisis. Supongo que es normal: un director de cine piensa cada plano, cada movimiento de cámara, y no es habitual dar con un espectador que se haya tomado la molestia de hacer lo mismo, ni siquiera los otros directores lo hacen (¡no hablemos ya de un guionista!).

 

Y de eso trató el 90% de la conversación, en la que casi todo el tiempo, hablaba yo. Del proyecto que Hitchcock tenía en mente no se dijo una sola palabra. Cuando salimos del restaurante yo ya no andaba derecho (él sí). Con una dicción que tampoco era la de un ser humano normal, me ofrecí a llevarle a casa en mi coche. Rehusó la propuesta, “no por nada… es que prefiero coger un taxi”.

 

Cuando yo llegué a la mía, milagrosamente sano, le dije a mi mujer: “Querida, ha sido una cena estupenda, pero no creo que vaya a trabajar con el Sr. Hicthcock. Es más: no creo que vuelva a trabajar en el cine nunca más”. Dicho esto, me abalancé sobre ella con intenciones poco elegantes. Su excusa para rechazarme: me olía el aliento a martini y a algo mucho peor… ¿acaso me había comido una lagartija del patio?

 

El lunes siguiente me llamó uno de los ayudantes: “Hicthcock te adora, quiere volver a verte y que empieces a escribir ya”. Habían pasado dos días desde la cena, pero aún sufría por la resaca. Tercera regla de los sueños: es todo tan caprichoso... Te cortan una pierna y no pasa nada, pero te bebes un martini y te duele hasta el alma. Conduje mi coche hasta el set de rodaje de Crimen Perfecto, la película que Hicth estaba rodando en aquellos momento. No os hacéis una idea de lo mucho que me hinché cuando me llevaron hasta su lado, donde había preparada una silla para mí. Noté las miradas de todo el equipo de rodaje preguntándose ¿y este tipo quién es?

 

Hitch me sonrió y me señaló a la actriz. Era una de las mujeres más bellas que he visto en mi vida. Y eso que en este sueño estoy casado con una ex modelo, y todas sus amigas también lo son.
“¿Qué sabes de Grace Kelly?”, preguntó Hitch. “No sé casi nada”. “Bien, pues quiero que os conozcáis y que paséis mucho tiempo juntos. Ya lo he acordado con ella. Los próximos diez días te pegarás a su culo y observarás su manera de hablar y de moverse. Debes escribir un personaje a su medida, un personaje que no existe en el relato, pero que debe ser fundamental en la película.. “. “Ajá“, respondí yo, intentando aparentar indiferencia. Pero anda, echadle un poco de imaginación y decídme,  qué clase de cosas se me podían estar pasando a mí entonces por la cabeza. Decidlas si os atrevéis… Yo no me atrevo.

 

 

Es igual porque ¿ sabéis cuál es la cuarta regla de los sueños? Cuarta regla de los sueños: te despertarás en el mejor momento. O lo que es lo mismo: siempre elegirás el peor momento para despertarte. Y eso es lo que me pasó a mí, que justo cuando estaban a punto de presentarme a Gracia de Mónaco, ¡pum! Me caigo de culo en un mundo consciente donde, ni voy a trabajar jamás para Hitchcock, ni tengo un matrimonio tormentoso con una ex modelo.

 

Asco de vida.

 

Y ya para acabar de arreglarlo al despejarme un poco más me doy cuenta de lo poco original que soy: esta historia no se la ha inventado mi subconsciente (bueno, lo de la iguana quizá sí). En realidad… he soñado los extras de un dvd. Sí, así, como os lo digo.

 

 

¿Os acordáis de que el otro día os conté que había visto La ventana indiscreta?

 

En los extras del dvd hay un pequeño documental en el que John Michael Hayes cuenta cómo conoció a Hitchcock, cómo trabajaron juntos en esta película (al parecer, Hitch dejaba escribir con mucha libertad) y cómo tuvo que crear de la nada el personaje de Grace Kelly, mezclando la personalidad de la actriz con la de su propia esposa. Una ex modelo, cómo no.

 

 

Hayes y Hitchcock hicieron juntos otras tres películas después de esta (Atrapa a un ladrón, Pero… ¿quién mató a Harry? y El hombre que sabía demasiado). Tras la cuarta película se pelearon y no repitieron más. No sé donde lei una reflexión de Hayes sobre esto: venía a decir que a pesar del mal trago final, se alegraba mucho de haber trabajado con él, pues había pasado de ser un guionista del montón a la primera línea (más tarde escribiría el guión de La calumnia, entre otras). Además, decía, no todos los guionistas tienen la oportunidad de trabajar con el gran Alfred Hitchcock.

 

Nos ha jodío.

 

 

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Tocando las Moneyballs

La película ha tenido bastante éxito en los USA, aunque aquí no creo que vaya a funcionar mucho. Hablo de “Moneyball“, la última de… ¿el director? ¿el actor? (Bueno, es Brad Pitt). No, del guionista.

 

O uno de ellos: Aaron Sorkin. Y eso que el otro es nada menos que Steven Zaillian, que también… tela con su currículum; pero Sorkin es ahora mismo el guionista estrella y oye, para alguno que tenemos en el gremio, que figure.

 

¿Y por qué creo que aquí no tirará? Bueno, primero y principal: porque es una película de béisbol. Vale, no lo es absolutamente (en verdad habla de algo más allá de ese deporte en si), pero respira béisbol, sucede en el mundo del béisbol y todas las referencias son de béisbol. Y en este país no tenemos ni pajolera idea de en qué consiste el béisbol. Sí, se pega a la bola con un bate, unos corren, podemos hasta llegar a adivinar qué es un home-run (aunque dudo que todos sepan qué implica en un partido). Pero poco más. Es como el fútbol americano, pero más complejo.

 

Oír a Brad Pitt hablando a toda prisa en conversaciones hiper-técnicas (tanto en conceptos de béisbol como en conceptos económicos), marca de la casa Sorkin, sobre temas tan lejanos… saca. Y saca mucho. Porque sí, al final, tienes que confiar en que todo eso que dicen y trasluce (que son muy listos en lo suyo y han dejado a todos flipados) es cierto: porque confirmarlo por ti mismo no lo vas a poder hacer. Es una película de Fé. Parte de la ciencia y datos, pero es de Fé: tienes que tener Fé en que sí, lo que estos tipos hicieron fue historia y marcó un antes y un después. Pero porque ellos te lo dicen: aquí, ni nos enteramos.

 

Pero bueno, como os decía, la película tiene un mensaje que va más allá del béisbol. Y aquí llega el problema. El que tenían los personajes protagonistas de la cinta y el que tiene, me da a mí, el mensaje en el mundo económico-deportivo en general.

 

La película trata de un señor que decide priorizar las estadísticas al sentimiento, el romanticismo, la estética. Es decir: decide contratar a jugadores por sus estadísticas en determinados puestos y cometidos (el béisbol es mucho más específico en las funciones de un jugador determinado en su puesto a lo largo de un partido de lo que puede ser el fútbol o el baloncesto) y entre ellos, hacer un equipo aparentemente mierder pero que, a la larga, cumple objetivos de puntuación y opta, con un presupuesto muy bajo, a hacer la competencia a los equipos millonarios con estrellas de relumbrón.

 

La película tiene agujeros extraños, que desconozco si son así por negligencias del guión o porque en el béisbol las cosas funcionan de otra manera (Spoiler: El entrenador que, de pronto, desaparece y calla asumiendo lo que sea y feliz, el equipo de ojeadores que también desaparece…) y la historia, como digo, no “termina”, es un “y entonces todo cambió, os lo digo yo… en unos carteles”. Pero el mensaje queda claro. Y es un mensaje ultra capitalista.

 

El beneficio empresarial por encima de las personas. Por encima del deporte, por encima del arte/estética/espectáculo. Podemos tener un equipo de deshechos, pero si cumplen el objetivo, aunque sea rozando lo “legal”, basándonos en escarbar puntos entre las triquiñuelas del juego, podemos escalar posiciones y “competir”. Y no soy tampoco fan tampoco de los personajes “románticos” que que figuran en la película, que aseguran descubrir los talentos deportivos por sensaciones, feelings o “yo sí que sé, aparta pringao”. No. No se trata de eso. Pero sí creo que el convertir un deporte, una liga, la historia de un club, un partido, una competición deportiva, en una lucha económica o estadística pura no dice mucho acerca de todo ello.

 

 

Así que, sí, puede que “Moneyball” y el hecho que trata (un hecho real) haya revolucionado el mundo del béisbol americano (aunque al final de la película -SPOILER- viene la trampa: ese método no convirtió a ese equipo pobre en campeón jamás, lo hizo con otro, que aplicó esas técnicas… combinadas por jugadores millonarios, puesto que eran un equipo rico. Es decir: los ricos usaron estas tácticas y todo siguió igual- FIN SPOILER) pero puestos a elegir una sensación, un reflejo de lo que es el deporte-espectáculo, aun sin entender una mierda de a qué juegan… me quedo, pese a todo su macarrismo, con la de Oliver Stone y su “Un domingo cualquiera“.

 

Me quedo con esto:

 

 

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La invasión de los ultracuerpos o cuidado con las alcaparras

 

Ayer volví a ver La invasión de los ultracuerpos, la de los 70. No me acordaba de que tiene un comienzo tan bueno. Antes de que arranque la historia, antes incluso de que te presenten a sus protagonistas, ya hay planos que funcionan como pistas subliminales de lo que va a ocurrir. Cosas banales y posibles, pero que no dejan de parecer inquietantes.

 

Por ejemplo, este cura que está ahí columpiándose tan pancho (Robert Duvall haciendo un cameo).

 

"Psee, psee, oye tú... ¿no deberías estar en misa?"

 

Poco después nos presentan al protagonista, un Donald Sutherland ejerciendo sus funciones como inspector de sanidad. Vemos como le hace pasar un mal rato al maitre de un restaurante y al principio nos parece un poco capullo: el típico funcionario mezquino que disfruta ejerciendo su pequeña parcela de poder. Y puede que sí, que disfrute un poco, pero si lo piensas bien, es un héroe: él es el tipo que nos va a salvar de comer unas cuantas cacas de rata.

 

¿Alcaparra o caca de rata?

 

“Porque esto que sujetan mis pinzas, usted afirma que es una alcaparra, pero yo digo que es una caca de rata. Y si está tan seguro de que es una alcaparra, cómasela”.

 

En esta escena está condensada toda la esencia de la película.

 

Las apariencias son engañosas. Si empezásemos a poner en duda todo lo que nos rodea, incluidas las cosas que damos por sentadas y que nos resultan más familiares, cuántas sorpresas nos llevaríamos. Descubriríamos que muchas cosas son como pensábamos que son, pero también encontraríamos un pequeño porcentaje de cacas de rata en el bote de las alcaparras.

 

De eso va esta película, de lo adormecidos que estamos dentro de nuestra burbuja, de lo poco que nos cuestionamos. Tan adormecidos estamos, que cualquier día nos dan el cambiazo, y ni nos enteramos. De hecho, los body snatchers funcionan así: esperan a que estés dormido para apoderarse de tu ADN y fabricar una réplica exacta a ti, solo que sin tus emociones. La única manera de seguir vivo, o mejor dicho, de seguir sintiendo algo, es manteniéndote despierto.

 

Por eso funciona tan bien la única escena de amor que hay en la película: sencilla, fugaz, aséptica. Se trata de dos viejos amigos que saben que, por mucho que sigan huyendo, acabarán fundidos con esa sopa amniótica que ha invadido el planeta. Así que se besuquean y se dicen que se quieren, sin más. ¿Para qué darle más vueltas? ¿Para qué hacer sonar los violines? Es lo lógico. Y lo más humano que pueden hacer.

 

 

Aunque está cerca, esta película no es perfecta. Creo que hay una caída de interés al final del segundo acto. ¿Esto que quiere decir? Ni más ni menos que mi atención se disipa, que ya no estoy 100% pegado a la acción de la película.

 

Una de las cosas que me dio por pensar mientras esperaba a que la película volviera a engancharme (pasa pronto, en el tercer acto) es de qué demonios hablan los ultracuerpos cuando están juntos, cuando no tienen la necesidad de fingirse normales delante de los humanos. Hay unas cuantas escenas en las que se les ve así, charlando tan tranquilos, pero no podemos oír nada de lo que dicen. Y a pesar de que ya se han hecho con el control absoluto de la situación, siguen acudiendo a los puestos de trabajo que tenía sus antiguos cuerpos. Su nivel de parasitismo llega a tal punto que ni siquiera pretenden establecer una sociedad acorde a su propia especie, sino que prefieren aprovechar las infraestructuras humanas. Esto lo verbaliza uno de ellos:

 

“Nada va a cambiar, seguirás haciendo las mismas cosas, pero será mejor porque nunca sentirás dolor, ni amor, se trata únicamente de sobrevivir”.

 

A nuestro héroe no le seduce la promesa de una vida sin sufrimiento. Sin embargo otros muchos firmarían encantados. Estoy convencido de que con una campaña política adecuada estas esporas extraterrestres ganarían las elecciones. Su problema es que son demasiado sinceras, y por eso necesitan unos medios menos democráticos para alcanzar sus objetivos.

 

Tradicionalmente se suele hacer una doble lectura de La invasión de los ultracuerpos. La primera versión, rodada en 1956, se inscribe en la ciencia-ficción de propaganda anticomunista, aunque también se la ha llegado a considerar una crítica a la caza de brujas.

 

Lo que pasa es que yo soy muy poco conspiranoico y, además, no me gusta que me hagan leer doblemente. Porque el cine es puro entretenimiento, ¿verdad? ¿Qué es eso de hacer dobles interpretaciones? A mí, por ejemplo, jamás se me ocurriría escribir un post con la intención de leyérais entre líneas. No. A mí no.

 

 

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Y si no tenéis bastante: ¡porra de los Óscares con Premio en TCM!

Ayer os hablaba de mi predicción para los Goya, donde os proponía que hicierais la vuestra (AQUÍ podéis, pinchad, pinchad, malditos!). Pues bien, por si no teníais suficiente, os propongo otra porra, pero esta más… internacional. La de los Óscares. La de los premios que se entregarán el 26 de febrero, la semana que viene.

 

Sí, los Óscares. Porque, al parecer, me soplan, se dice así, aunque no está “normativizado” por la R.A.E. así que simplemente aconsejan esa forma para hablar de esos muñequitos dorados con una espada que tapa el miembro, valga la redundancia. Por cierto, “nominar” tampoco se aconseja, así que ya saben: no hay nominados, hay candidatos.

 

Pero pasemos a lo que os interesa: la palabra “premio” del enunciado. Pues sí, hay premio. Si en la porra para los Goyas (Porque sí, dicen que se dice “Los Goyas”, no “Los Goya” ni “Los Goyanes” ni nada así. Aunque cuando uno antepone la palabra “premio” ya se dice “Los premios Goya”, ya ven, como “Los premios Óscar”) os pedía colaborar generosamente sin recompensa, que para eso es nuestro cine, en esta los amigos de esta, vuestra casa, TCM, ¡ofrecen recompensa si acertáis!

 

El premio para la persona con más aciertos en la porra de TCM de los Óscares (llamado concurso “And the winner is 2012“) será de un lote de DVDs de documentales originales de TCM. Nada menos que:

 

  • LA SILLA DE FERNANDO
  • EL PRODUCTOR
  • LA NOCHE QUE NO ACABA
  • DIOSES Y MONSTRUOS
  • LOS 10 MAGNIFICOS
  • BILLY WILDER HABLA, GRACIAS MR. WILDER
  • ARREBATADOS, RECORDANDO A IVÁN ZULUETA
  • REGRESO A VIRIDIANA

 

¿Tentador? Pues venga, entrad AQUÍ (Hay que pinchar en la palabra “aquí”) y rellenad la quiniela.
Eso sí, deberéis ser  abonados a TCM (abonados Canal +, ONO, Movistar Imagenio, Orange TV, R, Telecable y Euskaltel), mayores de 18 años y residentes en España. Para más información consulta las Bases del concurso, que para eso las ponen.
Y si queréis, como ayuda, os digo mis predicciones:

 

Película: The Artist.
Creo que esto lo vemos venir todos, ¿no?

 

Director: Michel Hazanavicius (The Artist).
No sé, igual sorprenden con Scorsese, como en los Globos de Oro, pero… na. Los Óscares son más predecibles. Es la triunfadora del año.

 

Actor: Jean Dujardin (The Artist)
Sorpresón sería que no se lo llevara. Aunque Clooney amenaza seriamente.

 

Actriz: Meryl Streep (La dama de hierro)
A ver, lo suyo sería la compañera de Dujardin, pero… ¡es que no está nominada por esta categoría! Se la considera “de reparto”. Así que nada, la Streep es la Streep y en breve acabará como Disney, que le dieron 7 Óscares pequeñitos por “Los 7 enanitos”.

 

Actor de reparto: Christopher Plummer (Beginners)
No sé, esta es a boleo. Me cae guay Plummer y puede que su “club de fans/coleguis” le dé un homenaje.

 

Actriz de reparto: Bérénice Bejo (The Artist)
Medio argentina, medio francesa. Como Manu Chao pero más aguantable. Me da que es el año “The Artist”.

 

Película de animación: Chico y Rita.
Yo qué sé. Por barrer para casa. Y porque tampoco veo rivales de entidad, la verdad, y esta lo está ganando todo.

 

Guión original: Midnight in Paris (Woody Allen).
Oye, si es candidato a los Goyas, será bueno, ¿no? (Insertar risas).

 

Guión adaptado: Moneyball (Steven Zaillian, Aaron Sorkin y Stan Chervin).
Por aquello de Sorkin. Y porque el resto, no sé, no sé…

 

Fotografía: The Artist (Guillaume Schiffman)
Me dejo llevar por el efecto dominó.

 

Documental: Pina (Wim Wenders y Gian-Piero Ringel)
Es Wim y es Pina Bausch. Eso le da muchos puntos.

 

Película de habla no inglesa: In Darkness (Polonia)
Judíos, holocausto, nazis… Y dirigida por una mujer (Agnieszka Holland) que tiene a sus espaldas, además de cine, capítulos de Treme, The Wire, The Killing, Caso abierto… ¿hace falta más?

 

¿Cuál es, en tu opinión, la gran ignorada en las nominaciones de este año y por qué?
Pues… Drive. No entiendo cómo ha sido tan ninguneada. Vamos, ya sabéis que no soy su fan número 1, pero la película está más que bien y merecía un poco de reconocimiento.

 

 

Y ahora, ya sabéis: participad vosotros y haced vuestra porra en ESTE ENLACE. ¡Y suerte!
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Predicciones sobre los Goyas

Si pego la oreja al suelo de mi casa cual indio rastreador, sucederán dos cosas: una, que cogeré frío en el pabellón auditivo, y dos, que oiré la sintonía de la horrible telenovela que todas las tardes ve mi vecina. Pero si me abstraigo de mi prosaica realidad, echándole un poco de imaginación, puede que escuche otra cosa, el runrún de unos cabezones rodando por la ladera, un sonido para algunos peor que los aullidos del mismísimo Cancerbero. A mí, sin embargo, me divierte.

 

Ya vienen, ya están aquí. ¡Los Goyas!

 

No me ha quedado más remedio que ir a echarle un vistazo al plantel de finalistas y venir aquí corriendo a hacer mi quiniela. Antes que nada, preveo unas cuantas cosas. Ya veréis, os voy a dejar con el culo torcido cuando veáis que se cumplen todas y cada una de ellas:

 

Predicción nº 1: Alguien dirá que se celebra la fiesta del cine español.

Predicción nº 2: Alguien dirá que la gala ha sido un coñazo, que la presentadora estaba tensa, y los premiados se enrollaban demasiado.

Prediccion nº 3: Un chino avispado venderá caretas de Anonymous en los contornos de la alfombra roja verde.

Predicción nº 4: Aunque hará mucho frío, el 80% de las actrices llevarán los hombros al descubierto.

¡Reto a cualquiera! Me apuesto la tele de mi vecina, los derechos de autor del músico que ha compuesto la sintonía de la horrible telenovela, y el collar de zafiros y diamantes del perro Cancerbero, a que doy en el clavo con todas y cada una de ellas.

 

Bueno, tengo que decir que este año he sido un niño malo. He visto poco, poquito cine español. Eso no quiere decir que vaya a privarme de hacer la correspondiente quiniela. Ojo, que opinar sin ver tiene mucho más mérito. ¡Reconocedme el esfuerzo, coño! Ayyyyy. Si es que por vosotros soy capaz de todo…

 

La quiniela propiamente dicha:

 

MEJOR DIRECCIÓN

 

1. Mateo Gil por Blackthorn

2. Pedro Almodóvar por La piel que habito

3. Benito Zambrano por La voz dormida

4. Enrique Urbizu por No habrá paz para los malvados

 

 

Bueno, pues esta va a ser mi línea en toda la quiniela: No habrá paz… se lo lleva todo y a lo demás le van a dar mucho por el cacas. Y no lo digo solo porque se trate de una de las pocas películas que sí he visto, es que es buena la jodía, ¿o no?

 

MEJOR GUIÓN ORIGINAL

 

1. Miguel Barros por Blackthorn

2. Martí Roca, etc, por Eva.

3. Woody Allen por Midnight in Paris

4. E.Urbizu y Miguel Gaztambide por No habrá paz para los malvados

 

 

Quedaríamos de chulos parriba si nominásemos a Woody Allen y no se lo diésemos. Esta es mi teoría: cuando los académicos se lleven esta película al huerto y le metan sus votos entre las tetas en realidad lo harán pensando en otra. En Annie Hall.

 

MEJOR INTERPRETACIÓN MASCULINA PROTAGONISTA

 

1. Daniel Brühl por Eva

2. Antonio Banderas por La piel que habito

3. Luis Tosar por Mientras duermes

4. José Coronado por No habrá paz para los malvados

 

 

Aunque  mucha gente no computa que el mismo tipo que anuncia “yogur pa cagar” sea un actor “que te cagas”, Coronado tiene todas las de ganar. Es más: va a ganar. Tan seguro estoy que si me equivoco me comprometo a comerme 7 packs de yogures seguidos a lo Paul Newman en La Leyenda del indomable. Por otra parte, no hay consenso sobre si lo que Almodóvar le ha sacado a Banderas es una actuación contenida o una imitación de Leonard Nimoy en su sexta o séptima película de Star Trek. Y Luis Tosar recogiendo un Goya ya aburre. En cuanto a Daniel Brühl… eeee, no.

 

MEJOR INTERPRETACIÓN FEMENINA PROTAGONISTA

 

1. Verónica Echegui por Katmandú

2. Salma Hayek por La chispa de la vida

3. Elena Anaya por La piel que habito

4. Inma Cuesta por La voz dormida

 

 

Hállome aquí con el corazón dividido. Tengo clarinete que el Goya se lo lleva Elena. Es lo justo. Se lo merece. Lo que pasa es que me tira más el show que una lasaña a Gardfiel y por eso me gustaría que el domingo le dieran el Goya a la Echegui, solo por ver si se repite una escena como la que encontraréis pinchando en este enlace de aquí. Y si no pincháis pues no pasa nada, porque ya os lo cuento yo:

 

1. TEATRE COLISEUM DE BARCELONA. INT. NOCHE.

 

VERÓNICA ECHEGUI, en mitad del escenario, sujeta el premio Gaudí que acaba de recibir por su interpretación en “Katmandú”. Habla con soltura ante un público aburrido que sonríe por cortesía (y porque sabe que las cámaras están ahí), entre los que se encuentran su novio, ALEX GONZÁLEZ y la directora de la película por la que acaba de ser premiada, ICIAR BOLLAÍN. Agradecimientos, risas, buen rollito, hasta que, de repente… Pausa dramática. Verónica toma aire y se prepara para lo que va a decir a continuación.

 

VERÓNICA
Bueno, ahora quiero hablaros cercano…

 

La voz de la actriz ha adquirido un inesperado tono grave, que provoca risas y confusión entre el público. El novio ALEX dirige una sonrisa inocente e incrédula a ICIAR, que también sonríe, pero no del todo convencida. Su mirada es suspicaz, alerta. Se huele algo.

 

VERÓNICA
Quiero romper una lanza por el amor en el arte y por las obras de arte que se hacen con amor. En las que se hace equipo, en las que se trata a todo el mundo con cariño y con respeto. En las que se puede crear y se puede volar en un ambiente favorecedor y creo que es posible porque lo he vivido y creo que eso es fundamental, qué coño, que un día nos vamos a morir todos, que hay que hacer las cosas con amor…

 

 

El público, resucitado por la soflama, aplaude a rabiar. ICIAR, sin mover un músculo, se mantiene en su sitio, con cara de palo, esperando la puntilla que sabe va a recibir.

 

VERÓNICA
Bueno, pues eso es lo que siento y la verdad es que ha sido una pena que NO haya sucedido.

 

En fin. Qué queréis que os diga, esto que ha hecho la Echegui va a ser sueño de muchos españoles cuando se aplique la reforma laboral: poner a parir a tu ex jefe desde un proscenio, sin posibilidad de réplica. ¡Zas, en toda la boca!

 

 MEJOR DIRECCIÓN NOVEL

 

1. Paula Ortiz por De tu ventana a la mía.
2. Kike Maíllo por Eva.
3. Paco Arango por Maktub.
4. Eduardo Chapero-Jackson por Verbo.

Este es el señor que se lo va a llevar... Me confirman que la cosa mona de la derecha es un robot que pone caras raras cuando besa. ¿Por qué? Porque es un robot, evidentemente

Esta otra foto demuestra que el propio señor también pone caras raras al ser besado, pero nadie me confirma que sea un robot. Es, cuando menos, sospechoso

 

MEJOR PELÍCULA DOCUMENTAL

 

1. 30 años de oscuridad

2. El cuaderno de barro

3. Escuchando a Garzón

4. Morente

 

La verdad es que dudo entre este y el de Morente. Si la sentencia condenatoria hubiera llegado antes no habría tutía: Coixet y Garzón se lo llevaban de calle.

 

MEJOR ACTRIZ REVELACIÓN

 

1. Blanca Suárez por La piel que habito.
2. María León por La voz dormida.
3. Michelle Jenner por No tengas miedo.
4. Alba García por Verbo.

 

Chicas de hoy en día. Voy a poner una a voleo

 

 

MEJOR ACTOR REVELACIÓN

 

1. José Mota por La chispa de la vida.
2. Jan Cornet por La piel que habito.
3. Marc Clotet por La voz dormida.
4. Adrián Lastra por Primos.

 

Vale, esto parece una guerra entre vocales y consonantes. ¿Ganarán los apellidos terminados en -et o en -a?

 

MEJOR GUIÓN ADAPTADO

 

1. Ángel de la Cruz, etc, por Arrugas.

2. Icíar Bollaín por Katmandú.

3. Pedro Almodóvar por La piel que habito.

4. Benito Zambrano, Ignacio del Moral por La voz dormida.

 

Are you talking to me?

Me encantaría que lo ganara Iciar y subiera a devolverle la pulla a Verónica con el Goya en la mano, en plan Mortal Kombat round 2. Siendo honesto, yo el Goya se lo daría a Arrugas, pero no me imagino a los académicos votando en masa una película de animación a mejor guión adaptado, ¡y de un cómic! El Goya se lo va a llevar, pero en su categoría previsible, la de mejor película de animación. ¿Puede la de Almo llevarse el Goya al mejor guión adaptado? No sé, puede ser, pero me pareció taaan floja.

 

MEJOR CORTOMETRAJE DE FICCIÓN ESPAÑOL

 

1. El barco pirata de Fernando Trullols.

2. El premio de Elías León Siminiani.

3. Matar a un niño de José y César Esteban Alenda.

4. Meine Liebe de Ricardo Steinberg y Laura Pousa.

 

Con ese título, lo habrán votado en masa

 

De estos cuatro cortos solo he visto uno, no diré cual porque no soy tan hijo de puta como para cebarme con este formato, pero no me gustó. Y aunque no he visto ” El premio” si he visto otro trabajo de León Siminiani que me dejó con la boca abierta (para bien), así que para mí esta decisión está clara.

 

He hecho recuento de lo que llevo dicho hasta ahora. En total son 27 categorías, y yo he votado en diez. No es que el resto de categorías me parezca menos importante, es que ya estoy harto y, si no quiero que este post se haga más largo que la propia gala, voy a tener que dejarlo aquí. No me voy a ir sin poner la x sobre la casilla que merecerá más atención de todos los medios:

 

MEJOR PELÍCULA

 

1. Blackthorn

2.  La piel que habito

3.  La voz dormida

4.  No habrá paz para los malvados

 

Este post es circular. Termina como empieza, con las cuatro mismas películas que en la categoría a Mejor Dirección. Y mi decisión es la misma. No habrá paz para los malvados será “la gran vencedora de la noche” (otra frase que oiremos mucho). Añado otra predicción: Almodóvar se cabreará. Pero no lo veremos, porque allí estará su hermano para no recoger los premios y poner la cara que hay que poner cuando es otro el que sube a recogerlos: sonrisa taimada, aplauso ligero, aprieto nalgas. ¿Qué sería de Almo sin Agustín?

 

San Agustín

 

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El Havre de la vida

Este fin de semana por fin pude ver “El Havre“, película de Aki Kaurismäki. Probad a decir su nombre en un restaurante japonés. A ver qué os traen.

 

Pero en el cine, lo que os traerán es, valga la redundancia, cine. Del bueno. Del brillante. Del que cuenta una historia, una fantasía que ilumina la cara por lo real que podría, o debería, ser. Del que dura noventa minutos. ¡Noventa minutos! Qué alegría entrar al cine, pagar la entrada (carísima) y que no te entretengan con una hora más de ponzoña creyendo que así sales más feliz por amortizar la entrada, como si la ecuación “Más tiempo + más FX = pago entrada cara con gusto” fuera la única que prima al escoger en taquilla un título u otro.

 

En “El Havre“, todo es brillante, bonito, solidario, justo dentro de lo injusto. Hay esperanza, hay vida, hay hasta un final que da la risa tonta por lo edulcorado y buenrollista (un poco SPOILER: ese almendro, ¡por dios!) pero que nos da igual: ha merecido la pena.

 

La fotografía parece haber sido tomada con una de esas aplicaciones tipo “hipstamatic” del iPhone, con esos filtros vintage que tanto están de moda últimamente. De hecho, me da la impresión de que si la proporción de imagen hubiera sido 4×3 el director hubiera estado encantado. Tanto es así que en algunos momentos cuesta recordarse que la acción se sitúa en el presente, por ese filtro “Cuéntame” que recorre todo el celuloide. Aferrándose a que salen euros (y no francos) y algún que otro móvil, uno cae en ello. Pero por poco más.

 

¿Inocente? Pretendidamente. ¿Ilusa? No, más bien esperanzadora. ¿Comedia? Todo lo que puede serlo. Personajes marcianos e hieráticos y silencios en una historia que podría ser dramática pero que aquí, deja el dolor en la superficie para entrar mediante la comedia en el hecho. Y le sale estupendamente.

 

La película sirve de ejemplo claro de que, puestos a contar una historia que podría ser más que triste, la elección de la comedia como vehículo requiere mucha más inteligencia, preparación y trabajo que la de la simple búsqueda de la emotividad a través del dolor. Por eso, supongo, la película pasó por Canes con inmejorables críticas y ganó de hecho el premio de la crítica… pero se fue de vacío en el palmarés “importante” del festival, que como sabéis, ganó “El árbol de la vida” con la Palma de Oro. Justo lo que os decía, vaya.

 

Ay… qué bonito debe ser hacer películas sencillas (ya, bueno), deliciosas y con fondo moral.

Y además, con musicón: ¡¡¡Little Bob!!!

 

 

¡Corred a verla, insensatos!

 

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¿Eres mirón o exhibicionista?


Si tuviera que decidirme por una película de Hitchcock, sopesar cual es su mejor y más compleja creación, probablemente diría Vértigo.

 

Ahora bien: ¿qué única película me llevaría a una isla desierta?

 

Esto ya es harina de otro costal. Y la respuesta sería diferente: os diría que os quedáseis con la fascinante Vértigo, porque yo prefiero morir abrazado a La ventana indiscreta, a la sombra de un cocotero.

 

Para mí es su película más original. Bueno, no, la más original es “¿Pero quien mató a Harry?”, pero haré la vista gorda con ella…

 

En La ventana indiscreta, el protagonista, James Stewart, es un hombre de acción, un fotógrafo que, por circunstancias de la vida, se ve obligado a hacer aquello a lo que está menos acostumbrado: quedarse quieto, viendo la vida pasar. Para sobrevivir al aburrimiento y a la desesperación no le queda más remedio que ponerse a fantasear sobre la vida que llevan los demás.

 

¿Qué es esto, sino un escritor?

 

Viéndolo desde el otro lado del objetivo: el escritor es un hombre de acción en potencia, que, por circunstancia de la vida (pereza, timidez, cobardía, falta de energía, inercia estática, etc) se ve obligado a experimentar esas aventuras que viviría en un universo alternativo a través de su capacidad de observación e imaginación.

 

 

O sea, que es una película que habla de mí. O de ti, aunque no seas escritor ni guionista, si lo que te gusta es mirar más que el que te miren. Y según Truffaut, es una película en la que Hitchcock nos hablaba de sí mismo:Hitchcock no participa en la vida, la mira”.

 

No sé si estoy muy de acuerdo con Truffaut porque, pensando en los directores de cine que conozco o sobre los que he leído, me parece que son todos hombres de acción. Obviamente son observadores, tienen una visión, pero no se conforman con quedarse en casa pensando en la mejor manera de plasmar esa visión en la pantalla de su ordenador portátil. No, porque esa es solo la mitad de la jugada y un director lo que quiere es jugar el partido completo.

 

Y ahora, un baño al gremio de los mirones, cortesía del propio Hitchcock. Fijaos en estas imágenes, las primeras de la película: el hombre escayolado, las fotografías de los coches de carreras y el equipo fotográfico destrozado sobre una mesa. La suma de estos planos nos cuentan una historia…

 

 

¿Pero qué historia? ¿Y por qué contarla así, de forma tan indirecta? Como dice Hitchcock:

 

Esto me interesa más que si alguien preguntara a Stewart: “¿Cómo se rompió la pierna?” Stewart contestaría: “Tomaba una foto de una carrera de automóviles, una rueda se soltó y me ha herido”. Sería una manera vulgar de tratar la escena. Para mí, el pecado capital que puede cometer un guionista es que, cuando se discute algún problema, lo escamotee diciendo: “Lo justificaremos con una frase de diálogo”. Y yo pienso que el diálogo debe ser un ruido entro los demás, un ruido que sale de la boca de los personajes, cuyas acciones y miradas son las que cuentan una historia visual”.

 

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