Escrito Por

El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

Ghost, 20 años después

Estimados señores.

Hace tiempo que leo vuestra revista. De hecho, me atrevería a decir que de todas la revistas guarras que “leo” (verbo harto eufemístico tratándose de este género) la vuestra es la que me parece mejor. Tiene la combinación justa de texto e imagen que a mí me gusta. Y una maquetación que es un primor: clásica y elegante, no como esas moderneces minimalistas que se llevan ahora. Pero bueno, como dicen en aquella película, “no nos comamos las pollas antes de tiempo”.

Os escribo, al igual que muchos otros lectores, para contaros mi vida sexual. La diferencia entre ellos y yo es que la mía sí que es una experiencia que merece ser contada. En cuanto terminen de leer esta carta querrán ir corriendo a publicarla. Y a masturbarse. Pero primero a publicarla. No lo digo por soberbia, es que llevo años leyendo las cartas que envían los lectores anónimos contando sus aburridos escarceos con cuñadas, secretarias y vecinas: revolcones sin un ápice de morbo y en una prosa que daría bajonazo hasta a Nacho Vidal. No hablemos ya de alguien con una mínima sensibilidad literaria. La verdad: encuentro esa sección un poquito cutre. Lo peor de toda la revista. Creo que una publicación de su nivel merece algo mejor.

Empezaré diciendo quién soy. A mí no me va eso del anonimato. Me llamo Oda Mae Brown. O sea, que soy la negra de Ghost.

Con esto ya me ahorro muchas explicaciones. Si han visto la película ya saben, por ejemplo, que al principio más que vidente yo era una timadora. Hasta que el fantasma de aquel guapo mozalbete irrumpió en mi vida me ganaba unas perrillas fingiendo que podía comunicarme con los muertos. Pero las cosas cambiaron y me convertí en una médium auténtica.

¡Imagínense lo que es eso! A saber: es como si ustedes se pasan media vida pretendiendo (e incluso creyendo) que hablan un poco de inglés y de repente se dan un golpe en la cabeza y lo empiezan a entender todito todo. Muy fuerte, nenes. He visto la luz.

Recuerdan la película, ¿verdad? Pues después de que terminara aquella historia con la pareja de jipis alfareros pensé que se me irían los poderes por los sumideros del cuerpo. Si hubiera sido así, yo encantada, porque echaba de menos la tranquilidad y poder volver a mi consultorio desde el que me dedicaba a timar a los vejestorios del barrio.

Pero qué va. Aquello no había hecho más que empezar. Mi don se desarrollaba y yo no lo sabía dominar. Había días en los que ya no podía distinguir a los muertos de los vivos. Los fantasmas estaban por todas partes.

Afortunadamente esta fase no duró mucho. Aprendí unos cuantos trucos para hacerme con el control de la situación. Por ejemplo, si ahora me posee un espíritu y veo que no me está apeteciendo sólo tengo que apretar un poco el ano y contener la respiración. Así se me va. Es casi lo mismo que quitarse el hipo.

Enseguida le encontré la posibilidad comercial al asunto. Me especialicé en posesiones sexuales. Es decir: dejo que los fantasmas entren en mi cuerpo y me acuesto con las viudas.

Soy una prostituta del más allá.

Es un negocio redondo. Cualquier mujer que eche de menos a su difunto está dispuesta a pagar un módico precio por tener un vis a vis con él.

Yo sólo lo hago con viudas. Y ustedes pensarán: “pues eres lesbiana”. Bueno, por mí pueden pensar lo que quieran, pero yo de los hombres no me fío en estos temas. Capaces son de ponerse a experimentar con mi cuerpo lo que la mujer no le dejaba hacer en vida.

Con el tiempo me he ido perfeccionando. ¿Qué quiere decir esto? Pues que hay veces en las que un espíritu sale de mi cuerpo en mitad de la faena (¡menudos son los ectoplasmas!, si se aburren, se piran) y entonces, ¿qué creéis que pasa?

Pues que me tengo que quedar yo dando el callo.

¡Obvio! No voy a dejar a la pobre mujer a medias, ni a decirle que su marido se ha ido a ver la Champion, ¿no? Heriría sus sentimientos, ¿verdad? Pues como buena profesional que soy me quedo hasta el final y finjo que el espíritu sigue dentro de mí. Si estoy a gusto incluso las abrazo después y me quedo a dormir un ratito. “Tú no puedes ser mi marido”, me han llegado a decir alguna vez. “Me habré confundido de espíritu”, les contesto yo.

No creas que se molestan.

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3 pensamientos en “Ghost, 20 años después

  1. Es que nadie más vió la escena lesbica de “ghost”?

    Es que estaba muuuuy clarito, pero, claro luego dicen que es que no soy romántico… Anda ya, que en mitad de la escena tenían que haber puesto como la goldberg iba a buscar el dildo…

  2. Y lo que ganaría en humor “Médium” si la protagonista fuera Oda Mae en lugar de Allison Dubois…

  3. Jajaja. Buenísimo.

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