Escrito Por

El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

Archivar para el mes “abril, 2011”

Empezó con un beso y acabó con unas risas

Hay una película que vi hace años en TCM, una mañana universitaria y que jamás me abandonará la cabeza. Se llama “Empezó con un beso” y está protagonizada por Debbie Reynolds y Glenn Ford. Dirigida por George Marshall.

A ver, seguramente a cualquier espectador de Suecia esta película le hubiera parecido lo que es: una más de esas películas englobadas en el género ligero de la comedia-romántica. Pero claro, yo no soy un espectador de Suecia (si acaso, de algunas personas en concreto de Suecia sí puedo serlo). Soy de aquí y ese es el punto que hace diferente a esta película: está rodada en España. De hecho, transcurre en España. En 1959.

En pleno ataque aperturista de la dictadura, Glenn Ford, que interpreta a un militar americano, viene a España con su recién estrenada mujercita (Debbie) por destino militar (las bases, las bases!) y de paso, por luna de miel. Y claro, se dan una vueltecita en un flamante coche modernísimo (nada menos que un Lincoln Futura, que luego sería modificado para construir el mítico Batmovil) que él ganó en una tómbola allá (literal).

Me encantaba que en la charla del general o lo que fuera de turno de la base militar de los USA en España, este insistiera en que no había que hacer ostentación del poder adquisitivo yankie, que los pobres Españoles lo pasaban mal y no querían molestarles. ¡Yeah!

Me volvía loco también que, entre medias de esta pareja completamente anodina que formaban una Debbie histriónica y un Glenn Ford en el uniforme menos atractivo que he visto en años de cine, se metieran una marquesa guapa y millonaria y un torero valiente y entregado al amor. Tal cual.

Pero lo más divertido era que, en cada trayecto en coche de la película, daba igual que este pasara por Madrid, por Granada o por una carretera, siempre se adelantaba a un burro. O arrastrando un carro o solo, con un señor al lado: pero el burro era nuestro cochazo en esa época para la película.

Otro hecho curioso era el de que, en su primera noche en España, fueron a caer en un hotel de Granada. Tras la jocosa secuencia con los dueños del hotel (bien podría haber transcurrido en Méjico), no pueden dormir porque hay “jaleo fuera”. ¿Qué jaleo?

Adivinen.

Una boda gitana. Con baile, flamenco, palmas improvisadas, gracia, salero y ole y ole, tacatá, tacatá. Y allá que bajan los protagonistas, claro.

Sólo faltaba Fraga gritando, cual Leónidas, gritando:

– This… is… Spain!!!!

Y los burros respondiendo:

– Ahú, Ahú, Ahú!!!

Pues bien. He visto otra película. Un futuro estreno (vista gracias a la Mostra de Valencia, de la que ya comenté una película el otro día). Se llama “Hanna” y no, no tiene nada que ver con la Montana. La dirige Joe Wright (“Expiación”, “Orgullo y Prejuicio”) y la protagonizan una niña (Saoirse Ronan), Cate Blanchet y Eric Bana. La niña, hija de unos agentes de la CIA, ha sido entrenada para ser letal desde pequeña (má o meno). El tema es que, a mitad de la película, la niña (ya adolescente) escapa por unas cuestiones y acaba, por una cosa o por otra, cruzando España. Ele.

Y en su primera noche, va a un camping. Donde sea (zona este). Y unos chavales en moto invitan a Hanna y una amiguita que ha hecho a dar una vuelta por el pueblo. Y llegan a la plaza del pueblo y… ¿qué hay?

Efectivamente. Un “tablao” improvisado.

Guitarras, cante, palmas, ele, tacatá, tacatá y los chavales dando palmas y poniendo cara de que se saben la letra. Ella emocionada, claro.

El resto de la banda sonora es de los Chemical Brothers. Podría haber parado Hanna en el Festival de Benicassim y mataban 2 pájaros de un tiro: ver que la música en este país y la fiesta ha cambiado un poco y de paso ver que aquí también suenan los Chemical como en su película. Pero no.

A mí, cuando vi por primera vez “Empezó con un beso”, el tema me dio risa. Ahora, cuando vi Hanna, me dio un poquito de pena.

2011.

1959 – 2011. 52 años, no son nada.
Ahí estamos, leré leré.

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Ver Primos no es hacerlo

Años pasados ya os hablé de clásicos y anti-clásicos de Semana Santa, pascua y demás. Este año… no. Este año, la verdad, intenté escabullirme de la televisión habitual refrita y me refugié en los bares y los cines.

En concreto, en el pueblete donde estaba (pueblo muy majo costero) pasando estos días, en el cine municipal (un teatro al que le ponen pantalla) programaban “Primos”, de Danielsanchezarevalo, el autor de Azuloscurocasinegro y Gordos. Tras el éxito de Azuloscurocasinegro, Danielsanchezarevalo no lo petó mucho con Gordos. Claro, con un título de una sola palabra, precisamente una película de gordos, quedaba rara la progresión de Danielsanchezarevalo tras Azuloscurocasinegro.

Pero luego hizo Primos, (Prim en catalán es delgado. Ya, ya sé que no tiene nada que ver, pero me hace gracia. ¿Lo ven? Gordos. Y luego: Primos. Já! Vale, sí, sería Prims, pero es que en catalán Primos de familia ¡¡se dice Prims también!! Vale, vale… lo dejo) y… qué queréis que os diga: a mi me ha encantado.

Y me ha encantado por sí misma y por sus circunstancias.

Por sí misma: es una historia perfectamente hilada. Un guión de comedia con giros perfectamente definidos, 3 tramas paralelas y que se entrelazan (una por cada primo) de maravilla, personajes reales y empáticos, situaciones humanas, humor visual, humor verbal, humor de situación. Perfecto.

Además, cuenta con un reparto que refleja maravillosamente a sus personajes (esa cursilada que dicen de “en estado de gracia”, ya saben. Eso sólo deberían decirlo en las películas de la hija de Querejeta, ¿no?) y con una localización (Comillas, Cantabria) que queda impresionante en la fotografía.

Total, un acierto de película. Pero ahora os explico las circunstancias. Son 2.

– 1: Viernes Santo. Cine municipal de un pueblo pequeño. Cine lleno… de gente joven rondando la veintena. Risas por doquier durante la proyección y aplausos al final. ¿El cine español es una mierda? No. ¿La gente joven no va al cine y menos al español? No. El cine, eso sí, costaba 3 euros. Igual la respuesta está más por ahí, ¿no? Y por supuesto, por la calidad.

– 2: Una hora más en Canarias. No, no se me ha ido la olla con la frase hecha del mayor slogan colado de gratis de la historia de este país. Me refiero a la película de David Serrano que en este mismo blog comenté cuando estrenaron y que, casualmente, comparte al mismo protagonista. E incluso comparte un poco la idea principal: Chico que cree estar enamorado de alguien pero que descubre luego a otro alguien, más sencillo, más humilde, más mamífero para con él, que le enamora de verdad.

Lo que pasa es que, todo lo que en la supuesta comedia de Serrano falla estrepitosamente, en esta, es un acierto: los gags, los giros, los desarrollos de cada personaje, los cambios, la introducción de música en el contexto. Todo. En la primera era un desastre, en ésta entra perfecto.

Hasta el posible truquito capta subvenciones de situar la acción en Comillas para trincar ayuda de Cantabria queda plenamente justificado en la historia por su entorno, sin necesidad de los histrionismos-topiqueros canarios de los que hacía gala la otra película.

No es de extrañar (ahora actúo con maldad) que en los créditos del final, en las dedicatorias, Davidsanchezarevalo introduzca la dedicatoria a David Serrano (supongo que serán colegas) por insistirle en que no debía hacer esa película. Desde luego, deja en evidencia.

Así que, señores, si quieren ver una comedia hecha con gusto y sabor añejo de las buenas películas de estructura clásica, pero con toda la contemporaneidad de ser una hija del 2011, no duden y hagan el Primo si tienen oportunidad.

Si os pica el gusanillo, aquí os dejo un corto “Uno de los primos”, de Danielsanchezarevalo. Es exactamente el principio de la película.

Clouzot vs García Márquez

– Seremos amigos, si le parece.


– ¿Amigos? ¿Lo dices en serio? ¿Después de la noche pasamos? Me estás subestimando, querido.


– Piénselo.


– Ya lo he pensado. Eres un cobarde, un débil. De nosotros, eres tú la zorra… Me viste cojear porque iba descalza. Si no, nadie lo nota. Me llevó cinco años conseguirlo. Tuve a todos los hombre que quise. Yo, la inválida… Ahora haz lo que quieras. Ya estás advertido. Ya sabes quién soy.

Caray con la nena, ¿no?

El diálogo pertenece a El cuervo, de Henri-Georges Clouzot. Se rodó en el año 1943, en la Francia ocupada por los nazis. Y esta mujer diciendo estas cosas. “De nosotros, eres tú la zorra”. Qué caña, ¿no?

A Clouzot esta película le salió cara. Dijeron que daba mala imagen de los franceses (es cierto) y le acusaron de colaboracionista (eso ya no lo sé). Castigo: cuatro años sin levantar otra película.

Yo creo que mereció la pena.

Tienes que verla. No te arrepentirás.

De Clouzot he visto poco, pero lo poco que he visto me gusta mucho.

Y con Gabriel García Márquez me pasa un poco lo mismo: toda la vida esquivándole, mirando de reojo a la vaca sagrada, hasta que hace poco me dije “si Shakira le ajunta, ¿por qué yo no?”. Y empecé a leerle.

Ahora estoy con una novela que se llama La mala hora (1962). No llevo muchas páginas pero qué grande mi sorpresa al descubrir que parte de idéntica premisa que El cuervo: el envío de cartas anónimas a los habitantes de un pequeño pueblo y la agitación social que este hecho provoca.

¿Concidencia? ¿Inspiración? Clouzot se basó en hechos reales… Y Gabo, ¿se basó en su película? ¿En la realidad? ¿O fue simplemente una idea que se le ocurrió?

Una explicación. Quiero.

Carlos, un chulazo con ideales

Decía John Ford que no le gustaba la música en las películas.

“Detesto ver a un hombre en el desierto muriéndose de sed con la orquesta de Filadelfia detrás de él”

Me gustaría oír lo que diría de una película como Carlos, que abusa de la música más que un cojo de una muleta. Momentos videocliperos a chorrón, por lo general todos en los que hay acción.

Si algo me ha quedado claro es que Assayas ha querido potenciar la dimensión rock star del personaje. Según él, Carlos era un tipo que luchaba por unos ideales, sí, pero también por romanticismo. ¿Y que es el romanticismo? Estética. Vanidad, al fin y al cabo. A Carlos le molaba ser Carlos. Se ponía cachondo a sí mismo y ponía cachondas a las nenas. Por eso hay algunos momentos Nueve semanas y media, con granadas y pistolas. Y otros tantos en los que simplemente se recrea en el físico de chulazo del protagonista.

A mí esto es lo que menos me ha gustado de la película. No es que no simpatice con su tesis. Puedo creérmela. Pero es que algunas de estas escenas me han dado un poco de vergüencilla ajena, bordeando lo zoolander.

No sé si es porque no me convencen por sí mismas o es por culpa de un montaje descarnado que ha querido resumir las cinco horas y media que dura la miniserie en dos y pico. Sospecho que las subtramas de Carlos con las mujeres son las que más se han resentido de este experimento. Parecen trailers insertados en la película y producen mucha indiferencia, salvo por los momentos de vergüencilla antes mencionados.

Mi vecino de blog, Estado crítico, la ha puesto un 9. Y no le quito razón porque es verdad que Carlos tiene secuencias muy potentes. Precisamente las que menciona él en su post: la del tiroteo con la policía francesa y el secuestro de la OPEP.

Además nos pone los dientes largos al enseñarnos un poco de ese mundo de entretelas políticas que nos está vedado al común de los mortales, a la manera en la que lo hacían las antiguas novelas de espías. Es decir: fascinándonos mucho.

Espero ver el montaje largo para sacar una opinión más positiva. Carlos podría gustarme más, mucho más.

Woody y su doble rasero en los castings

Siempre me ha hecho gracia que Woody Allen reniegue de los Oscars. Esa leyenda (bueno, hecho) de que prefiere tocar el clarinete que ir a Los Ángeles, ciudad que odia, en otro toque más de su newyorkinismo radical.

Woody reniega de estos premios (aunque acepta encantado otros, como el Príncipe de Asturias, tan arbitrario o más que los Oscar) y defiende su idea de hacer las películas que él quiere sin importarle estos temas. Me parece genial.

Pero luego, llega el hombre y más o menos en cada película, contrata a los nombres más “hot” del momento. A toda una pléyade de intérpretes nominados a los Oscar en las últimas remesas y otros premiados o nombres de moda. Ya vimos su idilio con Scarlett Johanson, películas menores con Hugh Hackman, Collin Farrel, otras con Larry David, Javier Bardem…

Por ejemplo, para su inminente estreno de “Midnight in Paris“, Woody cuenta con Marion Cotillard, Michael Sheen y Adrian Brody. Y claro está, el fichaje más sonado, la ganadora del premio “Primera Dama”, Carla Bruni.

Y ahora descubro que para su siguiente proyecto (en Roma), trabajará otra vez con Ellen Page y Jesse Eisenberg. Además de con Alec Baldwin. Que mira, lleva ahí mil años el hombre, pero no es casualidad que sea ahora, tras su éxito con 30 Rock (y sus múltiples Emmys), que Woody le llame.

Y es que Woody es fiel a sus principios de autor, pero inteligente a sus intenciones de actores: sabe que todos los actores se pirran por tener en su currículum una película del maestro y que le proporcionarán algo de taquilla, tan necesaria para seguir su ritmo anual.

De hecho, en este último proyecto, también cuenta con Penélope Cruz. En este caso no es que Woody aproveche el tirón mediático de la actriz (que también, ahora que va a estar de moda con Piratas del Caribe), sino que fue una de las piezas claves de él: gracias a Vicky Cristina Barcelona, Pe ganó un Oscar.

Al final, la impresión que me da es que Woody escribe sus historias pensando simplemente en su obra, en que le gusten, en disfrutar su creación palabra por palabra sobre papel. Es la parte artística. Y luego, las ejecuta con la intención de que su éxito comercial sea el suficiente para poder seguir escribiendo, que es lo que disfruta. Así que, para este proceso, está dispuesto a entregar la interpretación de sus películas a lo que dicten la moda, la cartelera o los premios. Pensando en la parte industrial.

Esa falta de ensayos, esas puestas en escena casi no comentadas con su reparto que llega al rodaje un poco a la aventura, esa presuposición de que el actor ya llegará con su trabajo hecho y que, si vive de esto, es porque es lo suficientemente profesional como para defender su texto…

Ya pasó el tiempo de repartos de confianza entre amigos. Llegó el tiempo de la supervivencia. Del “que pueda seguir así años”. De hecho, hace tiempo que hablaba de aparecer menos en cámara (desde 2006 en Scoop que no lo hace) y en su siguiente proyecto, lo volveremos a ver.

Y bienvenido sea si eso permite ver más películas del pequeño neoyorquino. Por ahora, ya tengo ganas de ver qué pasa en Cannes con la que comentábamos:

Joder, qué tropa

Aprovechando la pasada Mostra de Valencia, pude ver por fin la secuela de una de las películas que más me ha sorprendido del cine brasileño tras la magnífica “Ciudad de Dios”. Hablo de “Tropa de Elite” (Ganadora del Oso de Oro en 2007, con polémica incluída). De hecho, tienen ambas (y ahora la secuela) al mismo guionista: Bráulio Mantovani, que en fue nominado al Oscar por la primera de ellas.

Si Ciudad de Dios hablaba de la miseria del narcotráfico en Brasil desde el punto de vista de los muñequitos de a pie (a veces víctimas, a veces narcos, a veces niños, a veces animales), Tropa de Elite pasaba el foco de acción a la policía, a su rival (en ambos casos, el panorama es desolador). Un tratamiento tildado por muchos de “Fascista”, que la propia policía en Brasil quiso detener en su estreno. Y claro, la acción es más “trepidante” en Tropa de Elite y la sangre y la violencia corren a borbotones por esta cinta y su secuela.

Tropa de Elite 2, en cambio, no se centra tanto en la policía como en la política. Como si un “The Wire” brasileño se tratara, en esta segunda temporada, el comandante Nascimento (no llega a ser un McNulty), habiendo perdido también a su familia por el camino del deber, decide acabar con el crimen de cualquier manera. Y no, el crimen no está tanto en la calle como está en los despachos, en las campañas políticas, en el parlamento. De ahí su subtítulo: “Ahora el enemigo es otro”.

Personalmente, se me hizo un poco más pesada que la primera parte, más videoclipera en muchos casos y más… irreal en otros (supongo que la incorporación de el director, José Padilha, como co-guionista tendrá algo que ver). Aun así, es una película interesante, como muestra su premio de la crítica en la Mostra de Valencia que os contaba.

Pero… ahora llega la sorpresa: no tiene distribuidor en España. Al menos, no hace una semana.

Una película que batió en su estreno (sí, hablo de la secuela) el récord de recaudación de la historia del cine en Brasil.

¿Cuantas cosas así nos estamos perdiendo cada semana?
¿De verdad creen los exhibidores y distribuidores de cine que la gente se va a quedar parada viendo como les escatiman la oferta por esa obsesión de estrenar en salas y luego “ya veremos”?

Estoy seguro de que una distribución en España de esta película vía on-line habría dado muuuuuchos beneficios a los productores de esta película (el propio director, por cierto). Pero por ahora, no lo sabremos.

Por cierto, José Padilha parece que va a ser el director elegido para el resurgimiento de la franquicia “Robocop”. Desde luego, vistas las películas y esa polémica sobre su estilo “fascista” y “misógino” tras Tropa de Elite, le pega y mucho. A ver qué sale.

Y otro por cierto: si ven esta segunda parte (como puedan), fíjense en el líder de la revuelta carcelaria al principio del filme. Es el gran Seu Jorge!

Código fuente: ciencia ficción de la buena

No me lo esperaba, pero ha sucedido. He ido al cine a ver una película de ciencia ficción y ME HA GUSTADO. Por gustar quiero decir que no he necesitado viajar atrás en el tiempo para advertir a mi yo del pasado que no comprara la entrada. Es algo que me suele pasar con este género. Y no es porque no me guste. Yo diría que es por todo lo contrario.

Pero echo la mirada atrás en los últimos años y ¿qué salvaría? District 9, Moon
¡Maldita sea! Poca cosa. Menos mal que ha existido una serie como Battlestar Galáctica.

A partir de ahora es probable que incluya Código fuente en esa lista. Antes de decirlo sería mejor esperar a que se me pasara la emoción del momento, pero es inconfundible esa sensación de gustirrinín que me deja una buena sci-fi en el cuerpo.

Código fuente es de esas películas que te agarran de la pechera y te dicen:

“mira guapo, ahora me vas a atender todo el tiempo que a mí me dé la gana. ¿Estamos?”

En eso se diferencia de Moon, la anterior película de su director (que sí, que es el hijo de David Bowie): aquí no hay introspección, ni melancolía indie, ni un sólo respiro para pensar en tus cosas.

Hollywood, como suele hacer, va fuera de sus límites a pescar nuevos talentos, los deglute y los excreta en su territorio ya convertidos en hombrecitos hechos y derechos para el business. Normalmente esto me entristece. En el caso de Duncan Jones, no. Aunque Moon me gustó también tenía cierta languidez que me resultaba irritante, cosa que aquí no pasa.

¿De qué va Código fuente?

Resumiéndolo mucho: imaginad que la misión de Bill Murray en Atrapado en el tiempo en vez conquistar a la ñoña MacDowell fuera resolver un crimen.

Algo así.

Circo Prince

Los inicios de un actor son… duros. Duros como una puerta que se cierra… dura. Duros como la pared del muro de unos estudios. Duro como la mierda de metáforas que estoy haciendo. Así de duros.

Los actores, gente sensible y con una necesidad constante de agradar y que se enamoren todos mucho de ellos, sufren con el rechazo consecuente de que todavía no les conozcan.

Pero a su vez, son gente con esa “ilusión” por petarlo (o por hacer teatro, cada cual que lo venda como quiera, que a ellos siempre les gusta decir que “el teatro es lo que más me llena, la respuesta inmediata del público, bla, bla, bla…”) y triunfar, cosa que les hace trabajar en LO QUE SEA con tal de ir arañando minutitos de pantalla y llamar la atención.

Pe, nuestra Pe, Pe de EsPeña, nuestra actriz hollywoodiense Pe-dilecta, lo sabe bien. Ahí queda, para la eternidad, ese casting en Telecinco, cuando una flor adornaba su logo, en “La quinta marcha” (de paso os regalo a Belén Rueda, que también tela, entre otros)

Ahora, Pe lo peta. De hecho, petó hace semanas dando luz a un nene, pero me refiero a que está “triunfando” por los USA. Justo como su marido, Ja (Deberíamos llamarle así, no?). Ja empezó también pasándolo así asá, pero menos duro que Pe. Normal, tenía apellido. Aun así, tuvo que comerse cositas en su pasado. Cositas que Jay Leno le recordó hace poco, como sabréis:

Javier Bardem as SUPERMAN at Jay Leno por kahramanlarsinemada

Pero bueno, eran jóvenes, querían comerse el mundo (todavía no querían comerse el uno al otro, aunque viene a ser lo mismo que el mundo) y todo valía. Se les perdona, venga. Que tienen Oscars. No pasa nada. ¡Ay, juventud!

Pero… ¿y esto, Pe y Ja? ¿Y este espectáculo en el concierto de Prince a estas alturas?

Fue el 14 de abril. Igual Ja, envalentonado por las celebraciones del día de la República, fiesta muy de guardar en su familia, quiso celebrarlo… así.
Yo qué sé. Intento buscar una explicación a ese… estilo inclasificable. Ese intento de baile break con gorrita-mongol y esa chulona de pantalones de cuero animando.

Eso sí, a riesgo de parecer un post de la Doctora Amor (salvando las distancias), diré que, como en los vídeos que os he puesto arriba, Bardem sale mucho más digno del envite que su compañera palmera.

Ay, el Star System, príncipes de Alcobendas, reyes de Los Ángeles.

Creo que me ha dado un paralís, un paralís, un paralís

Día tonto: no sé qué hacer. Tengo un hueco amplio de tiempo, que espero rellenar con lo que sea, antes que pensar lo que es mejor, no debo pensar.

¿Qué hacer? Decido ver una película. O una serie.

Bien: ahora, está el problema. Elegir el medio. Porque ya no es como hace mucho: “quiero ver una película, bajo al cine”. No. Ahora, “quiero ver una peli” tiene varias posibilidades de solución:

– Voy al cine.
– Voy al videoclub (sí, aún existen).
– Pillo un DVD que compré (o me dejaron)
– La veo “a la carta” en TV.
– Doy una vuelta a ver si algún canal echa algo interesante.
– Me la hago (solución Spielberg, no todos podemos)

Soy una persona indecisa y me como la cabeza fácilmente con cualquier elección simple. Seguramente, si una raza superior hubiera experimentado conmigo para descifrar si el ser humano es inteligente y me hubiera puesto el típico juego de 2 botones con distintos colores, cada uno con una consecuencia, para ver mi elección, habrían deducido que somos una raza más gilipollas aún de lo que lo somos. Casi amebas inertes.

Así que con todas estas posibilidades, la elección es difícil. Me la soluciona normalmente la “novedad”, si hay una película interesante en cartelera (elegiría la primera opción). Pero si no… el horror.

Imaginad si sumara la brutal oferta por internet. Sí, ESA oferta. Pánico.

Un día entré a una de estas páginas de descargas, hace tiempo. Tras resistir varios ataques pop-up de casinos y demás (había demás con tetas muy grandes, por cierto) llegué a una especie de menú de elección. Qué burrada. Me saturé. No elegí nada. ¡Yo qué sé!

A veces, me sucede esto mismo con la estantería de DVD’s. O cuando viene una amiga y dice lo de “elige una peli, tú que entiendes”. Maravilloso: ¿Qué elijo? ¿Una que provoque un… clima? ¿Una buena para que vea el gusto que tengo? ¿Una divertida para pasar un buen rato? ¿Terror? Sí, terror: el mío.

Total: como un cobarde de la democracia, me rindo. ¡Necesito un dictador! Necesito a alguien que elija por mí en momentos de agotamiento mental decisorio. Que me encauce. Sí, vale, me encantan esos momentos de: “guau, qué ganas de ver ESTA peli!”. Pero si no, si son momentos de “me apetece ver una peli, no sé cual”… puf!

Es lo que una persona inteligentemente sexi que conozco definió con:

– ¡Buah, me pasa lo mismo!

No, a ver, eso no era… lo tenía apuntado. Ah, sí. Esto. Lo definió como:

– Parálisis por sobre-análisis.

Qué, ¿cómo te quedas? Hay un nombre para todo. A mí, muchas veces, me sucede eso. Y entonces pasa lo que pasaba cuando estudiaba en la Universidad. Tenía turno de tardes: 3:30 a 21 horas. Y en fin, soy de esos que trasnochan. Así que me despertaba cada día a eso de las 10:30-11 y esperaba a la hora de comer, para luego ir a soportar clases. Mi cerebro estaba frito, durmiendo el sueño de los valientes universitarios, el empane perpetuo. Pero me apetecía una peli. ¿Qué hacía entonces?

Enchufaba la tele, ponía TCM (o el Plus, en aquella época en la que echaban estrenos decentes cada día y no a trabajadores, como ahora) y me veía lo que echaban.

Nunca vi cine tan variado, de tantos temas y tan interesante.

Y es que al fin y al cabo, la decisión sobre-analizadora de elección de película puede ser menos adecuada (siempre que el cerebro prima sobre el corazón, puede pasar) que el encuentro casual con una historia que empieza, sin remedio, a desarrollarse delante de ti.

Un señor se va a enfadar

Un señor se va a enfadar. ¿Qué señor? Este señor:

¿Os habéis quedado igual?

Pues éste señor es William Goldman. Una vaca sagrada entre los guionistas de Hollywood (ved su ficha de imdb y sabréis porqué), autor además de algunos libros memorables. Uno de ellos contiene la frase “nadie sabe nada” que si la habéis oído tantas veces como yo puede que hasta le hayáis cogido un poquito de asco (a la frase, no a Goldman).

Resumiendo: que Goldman es tan conocido y exitoso que me da pereza añadir nada más, así que vayamos directamente a la acción.

Pero antes, unos breves antecedentes: William Goldman, como guionista, y Robert Redford, como actor, hacen juntos una película que es un taquillazo. Suponemos que forjan su amistad en aquella época, cuando se encontraban por los pasillos y se señalaban con el dedo: “tú eres grande, tío”. “No, tú sí que eres grande”, “pero tú un poquito más”, “y a Paul Newman que le jodan, por guapo”.

Esa amistad les dio para muchas barbacoas (esto me lo estoy inventando) y para dos películas más: ésta y ésta otra (no me lo invento).

Sin embargo poco después se ponen a hacer Todos los hombres del presidente y dejan de ser amigos. Es decir, que tenemos un cómputo total de 4 películas, 7 años de amistad y 34 de fría indiferencia.

¿Indiferencia? Hasta ahora, sí, pero el próximo 3 de mayo se pondrá a la venta una biografía en la que Robert Redford habla de lo que pasó.

Veremos a ver si después de leerla William Goldman sigue mostrándose tan esquivo con el asunto, tal y como relata este periodista:

“Está profundamente infeliz con Todos los hombres del presidente, la película con la que ganó su segundo Oscar. Esto puede ser porque le presionaron para añadir un interés romántico a la historia. (Las mujeres nunca juegan un gran papel en los guiones de Goldman; únicamente en Misery, donde Kathy Bates interpreta a una campechana psicópata). Cuando es preguntado por Todos los hombres del presidente, él simplemente cambia de tema”.

A Goldman no le gusta que le saquen el tema, y mucho me temo que ahora se va a topar con él más a menudo. Vanity Fair, que es quien publica las memorias de Redford ha sacado a la luz unos extractos de la biografía, a modo de adelanto (*):

“El proyecto se empezó a mover después de que yo hablara por primera vez con Bob Woodward. Después del encuentro en Washinton él vino a mi apartamento. Cuando supe que él y Carl Bernstein iban a venir, se lo dije a mi amigo Bill Goldman. Bill dijo “me encantaría escucharles”, así que Bill estuvo allí con Bob, Carl y conmigo. Y por supuesto el relato fue mágico y de una tremenda importancia nacional. Pero yo estaba interesado también en Bob Woodward como persona. Él era peculiar. Tenía gestos extraños. Me gustaba eso. Cuando se fue le dije a Bill: “Aquí hay una película. Estos tíos. Sus personalidades”. Le hice esta observación a Bill sin ninguna intención. No quise decir que él debía involucrarse en el proyecto, y no estaba sugiriéndole que fuera el guionista”.

(Esto último que dice Redford he de confesar que me suena poco creíble. No es que quiera ponerme del lado del guionista pero, ¿tengo que creerme que Goldman se puso a escribir el guión de Todos los hombres del presidente a causa de una especie de malentendido? ¿Qué es esto, un capítulo de Larry David? No sé, no sé… El caso es que Goldman presentó una primera versión, y según Redford, no fue del agrado de nadie. A Goldman le tocó reescribir.)

“Tenía la impresión de que nadie se lo tomaba en serio. Bradle (periodista del Washington Post implicado en los hechos) sentía que era simplista, como otro Butch Cassidy, y eso era muy preocupante. Era una situación difícil, ya que la actualidad del caso seguía su curso y nos hacía perder terreno”, dice Redford. Después de considerar seriamente a Michael Ritchie y Sydney Pollack como potenciales directores, Redford hizo un trato con Alan J. Pakula, quien acababa de dirigir otro film sobre conspiración y periodismo, El último testigo. Cuando Goldman entregó el guión reescrito a Pakula… “Perdimos la esperanza”, dice Redford, “Alan odiaba el guión e inmediatamente llegamos a un acuerdo para reescribirlo nosotros mismos, ya que supimos que Goldman estaba ocupado escribiendo Marathon Man para John Schlesinger. Yo estaba furioso. La amistad que teníamos se había terminado, y eso me entristecía, pero había que hacer la película”. Redford reservó habitaciones por un mes en el Hotel Madison. Pakula y él se quedaron allí para arreglar el guión de Goldman. “Bill contribuyó con el principio y con el final. Eso no cambió. Y puede que ganara un Oscar por la película, pero su colaboración no llegó más allá”

No sé donde he leído que según Redford la aportación de Goldman al guión es de un 10%. ¡Y le dieron un Oscar! Si esto es verdad, no me extraña nada que a Goldman se le tuerza el culitrampis cada vez que le preguntan por la película.

La pregunta es: ¿replicará Goldman?

Esperemos que sí.

(*) El traductor del blog me ha reclamado vacaciones de Semana Santa (“ahí te quedas”, han sido sus palabras textuales, y se ha ido a la playa), así que las traducciones de este post corren por mi cuenta y riesgo. Eso sí: si pensáis que no se me ha dado mal y que puedo valerme por mí mismo, decídmelo, y cuando el muchacho vuelva de Cullera le pongo de patitas en la calle.

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