Escrito Por

El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

Archivar para el mes “enero, 2011”

Hugh Jackman se toca el paquete en público

…y no estaba actuando.

Vale, tras este titular, completo la información.

Para los que tenéis envidia, como yo (no la tengo, pero enseguida van a aparecer los Trolls Pinches Pendejos a decirme que sí, que blablabla) de Hugh porque está bueno, es majo y tiene una vida feliz (a parte me parece un actor más que decente): disfrutad del vídeo.

Para los que os preocupáis por Hugh… bueno, no disfrutéis pero aliviaos pensando que al parecer, no fue nada irreversible.

Para todos en general: Hugh se encontraba haciendo una demostración de cricket, ese deporte inglés extendido por sus antiguas colonias (la primera fue Chispas) en el que visten con jerséis de lana y rollo antiguo y juegan con pelotas compactas y duras que hacen daño. Viene a ser como la petanca aquí: que también los deportistas que la juegan visten con ropa antigua y se juega con bolas compactas. Bien es cierto que a la petanca le falta la flema británica, pero tenemos la otra flema, la que echan los abuelitos en el pañuelico ese que luego se vuelven a meter en el bolsillo.

Total, que estaba Hugh ahí haciéndose el majo cuando…

Dolor.
Y restriego.
De bola de cricket se pasó a “Bolas que hacen cracker”.

Pero lo peor es que no es lo único que le ha pasado a Hugh haciéndose el majo con los demás. El tío aceptó aparecer en el Show de Oprah Winfrey (la Ana Rosa de los USA) que iba a hacer en directo desde Sidney… montado en una tirolina que le llevaría hasta el plató. La idea molaba (no sé por qué) pero lo que no moló es que más que llevarle hasta el plató, le llevó a darse contra un foco en todo el ojo:

Lo gracioso es que esto ocurría en el Opera House. No en el Oprah house!
JA, JA!
En fin, no iba a ser yo el único que no infligiera dolor aquí gratuitamente…

Así que cuídate Hugh, que parecía que lo que te hizo hacer Pablo Motos era chungo, pero por ahí te hacen cosas peores.

Aunque si queréis ver dolor… en el minuto 1:49 del anterior vídeo, lo tenéis. Sí, el que sale en la imagen si no le dais al click.
Eso sí: vaya reparto para hacer un programita. Joder.

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Buscando a Sheldon Cooper

Dice una amiga que Sheldon Cooper existe y que es éste de aquí:

Gregori Perelman: matemático, ruso y compañero de piso de su madre.

Hace unos años resolvió un problema matemático dificilísimo, uno de los Problemas del Milenio: la conjetura de Poincaré.

Quisieron premiarle con 1 millón de dólares, pero él dijo “bah, tontos, yo paso” y lo rechazó, estableciendo así la conjetura de Perelman: ¿cómo es posible que un ser humano rechace un premio tan apetecible?

Ahora Perelman se ha propuesto resolver un enigma mayor. Leer sobre él me ha hecho acordarme de otro Sheldon Cooper.

Bobby Fischer, el mejor ajedrecista de todos los tiempos (no lo digo yo, lo dice Kaspárov). Un bicho raro de cojones. Al igual que Perelman se retiró en el momento más exitoso de su carrera, pero nos dejó citas y anécdotas con los que acrecentar su leyenda. Por ejemplo:

“Soy meramente un hombre, pero un hombre extraordinario. Mi mundo es el tablero blanco y negro del ajedrez. En mis jugadas hay que ver movimiento y al mismo tiempo arte; quien no consigue verlo me da lástima.”

¡Claro que sí! La modestia no es para genios, es para los peones del tablero.

Aquí le tenéis a los 14 años disputando un torneo. ¿Estaría viendo arte en ese momento? ¿O tenía uno de esos padrastros que no te deja concentrarte en nada hasta que te lo arrancas y te quedas con el dedo en carne viva?


El lunes hará dos años que falleció.

Según dicen, lo hizo obsesionado con ideas paranoicas. Y quizás estaban justificadas pues tuvo que acabar sus días en Islandia, siendo un fugitivo de la CIA y del FBI. Su delito: jugar una partida de ajedrez en la antigua Yugoslavia, cuando EEUU había impuesto un bloqueo en ese país.

Milos Forman quiso hacer una película sobre el torneo de Reykjavík (1972) en el que Fischer le arrebató el título de campeón del mundo a Boris Spassky.

El problema fue que se impuso a sí mismo un obstáculo insalvable: quería que los dos contrincantes fuesen interpretados por Spassky y por el propio Fischer.

“Nunca encontraría a un actor que pudiese dar la imagen del campeón mundial, o que poseyese siquiera una mínima porción del magnetismo que Fischer irradiaba simplemente al sentarse al tablero”.

Al parecer consiguió hablar con ambos ajedrecistas. No fue difícil convencer a Spassky. En cambio, con Fischer…

“Comprendí finalmente que la personalidad de Fischer no era compatible con los rigores del rodaje, y abandoné el proyecto”.

¡Pues claro, bobo! ¿Qué esperabas?

El proyecto naturalmente se fue a la porra. Sin embargo años después Zaillian dirigiría una estupenda película sobre un niño prodigio del ajedrez: Buscando a Bobby Fischer.

Hay un detalle que delata a Sheldon Cooper como un personaje de ficción y no como un auténtico genio de la vida real: va demasiado al peluquero. Fischer y Perelman, no.

Superioridad capilar.

P.D: La solución al enigma planteado en el anterior post es A.

Retos de guionista

A raíz de la torpe carta que Chris Sparling envió a los académicos de Hollywood se ha hablado mucho del reto que supone escribir un guión con un solo personaje en pantalla y una única localización. Eso es Buried.

Estoy de acuerdo en calificarlo de reto. Sí. Pero debéis saber una cosa: yo y otros tan mindundis como yo nos hemos tenido que enfrentar a retos aún mayores.

Retos como la llamada de un desconocido en mitad de una siesta, asegurando ser amigo de un amigo al que no veo hace años. De hecho, ha pasado media década de esta llamada y aún sigo sin verle.

Dejadme que os cuente como siguió el telefonazo: después de la sorprendente presentación ansío saber qué puede querer de mí el amigo de un amigo, pero como soy lento en despertar no encuentro la fórmula cortés de preguntarlo. Callo y confío en que mi interlocutor tome la inicativa. Lo hace. Quiere saber si soy guionista, si he escrito cortos y otras cosas que ya no recuerdo. Contesto a todo que sí. Hasta que me hace la pregunta comprometida: que si estaba dormido. Entonces digo que NO.

Siempre que me despiertan por teléfono y me hacen esa pregunta me sale decir que no. No sé por qué. Es como una voz interior que me empuja a mentir. Acto seguido la voz interior se me quiebra, como sólo ocurre a los que se acaban de despertar, quedo como un mentiroso y me cabreo.

Oh, vaya, sí que estabas dormido. Perdona.

Bueno, sí, ¿pero qué quieres?

Al fin me explica que quiere hacer un corto sobre “la realidad intercultural de la cultura sefardí, todavía vigente en España”.

Ah, digo yo. “Pero como veo que no es buen momento te envío mis ideas por e-mail y luego hablamos”. Bla, bla, adiós.

Fin de la llamada.

Unas horas después me vuelvo a despertar, esta vez por intervención de la naturaleza, que se me estaba acumulando toda en la vejiga. Mientras estoy vaciándola me acuerdo de que tengo que mirar el correo.

Lo abro y me encuentro con un e-mail dirigido a dos personas. Yo y otro tío. ¿Quién es ese otro tío? Lo deduciréis leyendo el contenido del e-mail:

“Hola chicos: Les cuento un poco lo que viene a ser el brief del corto. El personaje es un embajador atípico de la cultura española en el extranjero, ya que el protagonista es originalmente israelí. Sin embargo ese es el nudo de la historia. A ese personaje le pasan cosas, que habrá que definir (Plot points) que hacen pensar. Cosas que determinarán la manera en que van a expresarse maravillosamente, en la confluencia de músicas, escenografías vinculadas a la memoria histórica, luz y expresión en movimiento….por ahí las cosas para empezar a trabajar. Sería bueno hacer un poco de brainstorming para presentar una memoria más clara y subvenciones”.

Mi primera reacción fue indignarme.

Era uno de los e-mails más apestantes que había leído jamás. Encima, lo enviaba a dos guionistas que no se conocían entre sí y les (nos) pedía que hiciéramos una “brainstorming”.

Por supuesto sin hacer ninguna referencia a remuneración o a un mínimo compromiso. “Pues te va a contestar el Tato”. Pensé. Mandé el e-mail a la papelera, sintiéndome poderoso. Y entonces me asaltaron dudas.

“¿Y si gana la subvención? ¿Y si rueda el corto? ¿Y si queda bien? ¿Y si va a los Oscar? Se me va a quedar una cara de idiota…”

“¡No!”

“No seas blando. No te dejes liar por un vendemotos. Esto ya te ha pasado otras veces y no has conseguido nada, ¿es que siempre vas a picar?”

Bien, pues…

¿Qué pensáis que haría un Escrito por más joven?

a) Recuperar el e-mail de la papelera y escribir una sinopsis de dos folios.

b) Recuperar el e-mail de la papelera y escribir una respuesta ácida pero elegante sugiriendo al director que se abriera los panes y defecara de pie.

c) Pasar de todo y echarse otra siesta.

Venga, ¿qué opción es la correcta?

Arriba con De Niro nirorí, rorí, abajo con De Niro nirorero…

El otro día cayó en mis manos un texto marciano, publicado por pagina12.com.ar: eran las respuestas de un entrevista que Robert De Niro (ese actor de “comedias tontas” para varias generaciones que desconocen su anterior legado) concedió a un reportero de Esquire (esa revista que al parecer mola decir que lees ahora, en nuestro país), pero en una web argentina, por lo que estaban escritas a su modo de hablar.

Era extraño. Porque uno está acostumbrado a oír hablar a argentinos… y a oír hablar a De Niro. Y tanto en la versión doblada española (tantas veces parodiada) como en la original, pues… no pega, ¿no?

Pero bueno, aunque a veces uno lea “Envejecés y te volvés más cauteloso.”… que te dan ganas de añadirle un “locoooooo, visteeeee?”, de tontuna, como los “ejque” que le añadirías a uno con acento madrileño, la “pseudo” entrevista tiene sus cositas curiosa. Ilustro con un par (de cosas):

“Si tomás un atajo, la gente se va a dar cuenta y se va a sentir engañada. Es como una película: acumulativamente, todos los atajos y los engaños restan algo de la textura.”

“Alguna gente entiende lo que es crear algo especial, y otras piensan en qué es lo que pueden sacarle.”

Y también curiosidades cinéfilas, como:

“Construimos una pared de goma para la escena de la cárcel en Toro salvaje. Era una gomaespuma dura. Estrellar la cabeza contra una pared verdadera no hubiera sido posible. Había que hacerlo hasta quedar contentos.”

Aunque todo esté rodeado de frases marcianas sin anclaje contextual, que me dejan un poco alucinado, del tipo:

“No pude entrar a ver Avatar en el IMAX 3-D”
“La realidad es este momento”
“Atravesás muchas fases diferentes en la vida. Solía comer postres todo el tiempo de chico. Ahora no como mucho postre. Excepto cuando estoy en restaurantes especiales y me digo: Bueno, estoy acá, tengo que comer el postre.”

Es como si mezclaras a Confucio con un señor tarado. Pero bueno, tú mandas, Bobby.

Eso sí, hay un trozo interesante y mal editado, en el que se transcribe una cosa que contaba Jody Foster, respecto al rodaje de Taxi Driver y su preparación con De Niro. Lo añado:

Para el momento en que me dieron el papel en Taxi Driver, ya había hecho más cosas que De Niro o Martin Scorsese. Había estado trabajando desde los tres años. Así que aunque tenía sólo 12 años, sentía que era la veterana allí.

De Niro me llevó a un lugar aparte cuando empezamos a filmar. Me pasaba a buscar por mi hotel y me llevaba a diferentes restaurantes. La primera vez básicamente no dijo nada. Sólo murmuraba. La segunda vez comenzó a repasar las líneas conmigo, lo cual era bastante aburrido porque yo ya me las sabía. La tercera vez, repasó las líneas conmigo otra vez, y ahora estaba realmente aburrida. La cuarta vez, repasó las líneas conmigo, pero empezó a irse para otro lado, sobre ideas completamente diferentes dentro de la escena, hablando sobre cosas muy locas y pidiéndome que siguiera su improvisación.

Así que empezamos con el guión original y él luego se iba por una tangente y tenía que seguirlo, y entonces era mi trabajo encontrar eventualmente el espacio para devolverlo a las últimas tres líneas de texto que ya habíamos aprendido.

Fue una revelación enorme para mí, porque hasta ese momento yo creía que ser un actor era tan solo actuar naturalmente y pronunciar las líneas que había escrito otro. Nadie jamás me había pedido que construyera un personaje. Lo único que habían hecho para dirigirme era decir algo como “Decilo más rápido” o “Decilo más lento”. Así que era una sensación completamente nueva para mí, porque me di cuenta de que actuar no era un trabajo tonto. Yo creía que era un trabajo tonto: alguien escribía algo y vos lo repetías. ¿Qué tan tonto era eso?

Hubo un momento en algún restaurante, en algún lugar, en el que me di cuenta por primera vez de que era yo quien no había estado aportando demasiado a la mesa. Y sentí una excitación de esas en las que transpirás y no podés comer y no podés dormir.

Me cambió la vida.

Como soy tontaco, he puesto en negrita unos trozos que me parecen inquietantes, sin más. Pero del resto, me crea también inquietud el resumen de “yo creía que era un trabajo tonto: alguien escribía algo y vos lo repetías”.

A ver, Jodie. Que sí, que lo de improvisar y “explorar”, eso que os gusta tanto a los actores, está genial (sobre todo -o mejor dicho, sólo- cuando son actores de vuestra talla) pero… no es un trabajo tonto seguir el guión. Interpretarlo, más bien. Es más, no es repetir como un loro: es interpretar. De ahí lo de que seáis intérpretes y no autores.

Pero bueno, que todo sea porque estos dos pasen el tiempo en las cafeterías delirando sobre la escena. Luego habría que oír la versión de Marty sobre el tema. Eso tampoco lo cita el enlace.

Tras la película de Facebook, llega la de Youtube

Al parecer, la película del año pasado fue la de Facebook. No, no la que se montan las y los ex cotilleando en el muro de los que fueron sus ligues, no. Me refiero a la de David Fincher y Aaron Sorkin: “La Red Social”, que fue aclamada por unos, tachada de coñazo por otros y apuntada en el montón de “Películas que están bien, sin más” por gente como yo (a falta de leer en la hemeroteca el Cahiers du Cinema para ver que opina Carlos Losilla).

Pues bien, este año lo empezaremos con… la película de Youtube. Producida por Ridley Scott y dirigida por Kevin McDonald (que podría parecer el nombre de un niño de arrabal amante de la comida basura), un director de documentales que últimamente triunfa con largometrajes dramáticos como “El Último rey de Escocia”. Y si, cuando se anunciaba “le peli del feisbu” muchos se hacían preguntas sobre cómo narices se iba a poder hacer una película de facebook, ahora la gente se estará preguntando cómo se hace una de youtube. Bueno, si Sé Lo Que Hicísteis hace un programa entero diario basándose en eso, ¿por qué no una película?

Pero no os sorprendáis: se trata más de un documental que de una ficción. En concreto, el proyecto se llama “A Day in a Life”, (casi como la cancioncita de los Beatles) y lo anunciaban así:

Y consiste en una recopilación de vídeos que la gente grabó el 24 de Julio de 2010 y que ha mandando en youtube al director para colaborar con esta película. Vídeos que se podrán ver AQUÍ.

Por ahora, hay un teaser. Uno de ellos. Precisamente, uno catalán. Este:

Lo estrenan en Sundance, el 27 de Enero. Y la verdad, puede ser un coñazo gigante, una sucesión de pretensiones de realizador o algo muy curioso (y estético, me temo). A mi la niña del “fineta i amunt” me cae guay, de entrada. Veremos.

Crítica de la crítica (II): tipos de crítica

Ayer me explayé sobre un tipo de crítica: la crítica aturullada de los cachorros del cinemá.

En este post voy a intentar ser más sintético porque mi objetivo de hoy es clasificar otros tres tipos. Estoy seguro de que hay muchos más pero me supone demasiado esfuerzo pensar en ellas. A no ser que haya alguna editorial interesada en el tema. Por si se diera el caso voy a ofrecer una pista: lo que más me seduce es el aroma cocaínico de los billetes de 500. Regálame unos cuantos y a lo mejor sacamos un best seller.

Antes de seguir quiero aclarar que yo no tengo nada en contra de la profesión de crítico. Al contrario. Lo que ocurre es que paso tantos minutos de mi vida leyendo críticas que me parece que el asunto merece toda mi atención.

El miércoles fue un día mágico, y no porque esperásemos la visita de los reyes magos de Oriente, sino porque se publicaron 3 críticas simultáneas en el mismo periódico y cada una de ellas correspondía a uno de los tres tipos que quiero clasificar. Por si fuera poca casualidad, ese día yo compré el periódico.

Hélas aquí:

1 – Crítica de Javier Ocaña a No controles, película de Borja Cobeaga.

Ésta es la crítica del adjetivo. Veremos por qué:

“En No controles, segunda película del exitoso cortometrajista Borja Cobeaga tras la un tanto sobrevalorada por una parte de la crítica Pagafantas, ese instante se produce casi en el desenlace, en una escena donde su protagonista, un joven enamorado con tendencia a la torpeza cobarde en su expresión sentimental, habla con su padre en un aeropuerto. Un puñado de innecesarios planos, torpemente montados tras una puesta en escena deplorable, ilustran la conversación…”

Está claro, ¿no? El crítico confunde argumentos, motivos o razones con adjetivos. Esto es como confundir el sujeto con el complemento directo: una trampa al alcance de todos. Sí. A todos nos pasa de vez en cuando. Pero no todos somos críticos. Javier Ocaña parece actuar bajo el convencimiento de que todo sustantivo necesita un guardaespaldas. Esto es, un adjetivo macarra que intimide a todo el que quiera acercarse a cuestionarle:

-“Puesta en escena deplorable“.

-“¿Pero deplorable por qué?”.

-“Schhhh… Cállate o te meto las eles de deplorable por el culo”.

A mí ésta crítica no me gusta por una razón: no tiene misterio. Desde la primera frase ya sabes lo que opina de la película. El asesino es el mayordomo, así que ¿para qué seguir leyendo adjetivos deplorables durante otras 20 frases más?

2 – Crítica de Carlos Boyero a También la lluvia, película dirigida por Icíar Bollaín (con guión de Paul Laverty).

Ésta es la crítica del yo, mí, me, conmigo. De nuevo, veremos por qué:

“El tema es suculento para las tentaciones de maniqueísmo, algo contra lo que no tengo prejuicios si es inteligente, si logra convencerme de que existen los buenos y los malos.”

Carlos Boyero tiene una misión: enseñarnos que la objetividad en la crítica es una ilusión. No existe. Él se rebela contra ese malentendido hipócrita según el cual un crítico debe enfrentarse a cada obra con la mente despejada de prejuicios. Esto es algo humanamente imposible y Boyero nos lo hace notar en todos sus textos, escribiendo desde el yo. Con toda naturalidad Boyero expresa su hastío por tener que viajar a la Mostra de Venecia un año más y encontrarse con que las cosas ya no son como eran antes, cuando las cosas le gustaban un poco más. No pretendo insinuar que no haga su trabajo: las películas también las comenta, pero la opinión suele aparecer arrinconada al final del artículo. Lo cual es bueno desde el punto de vista del misterio sobre el que hablábamos antes.

Esta crítica me gusta a medias. Es decir, estoy de acuerdo con Boyero en que la objetividad es imposible pero también sé que se me haría imposible una realidad alternativa en la que todos los críticos escribieran desde el yo. Apenas puedo soportar mi propio yo, ¿cómo voy a soportar también el yo de Boyero, el yo de Ocaña, el yo de Losilla, etc? No. El yoísmo de Boyero es tolerable sólo en tanto en cuanto los demás críticos se esfuerzan en alimentar esa ilusión de objetividad. Ellos son la base del equipo, los centrocampistas y medias punta. Boyero mete los goles. Es el crítico estrella del País, el único al que ponen foto junto a su texto. Pero ¿qué sería de este enfant terrible si todos los demás quisieran también jugar como delanteros?

3 – Crítica de Jordi Costa a Los próximos tres días, película de Paul Haggis.

Ésta es la crítica bien argumentada. ¡Por fin!

“Algunos guionistas directores -a quienes no siempre procede confundir con autores en el más amplio (y, se supone, noble) sentido del término- tienen la tendencia a efectuar una peculiar lectura de aquel precepto chejoviano según el cual el clavo que aparece en la primera frase de un relato tiene que servir para que el protagonista se cuelgue de él en la última línea del mismo. Para los miembros de este subgrupo dentro del gremio de artesanos de la ficción, lo más importante de la ecuación es el clavo y no el personaje. Es decir, la prioridad está en que brille la presencia del accesorio para que su funcionalidad acabe alcanzando la condición de clímax, subrayando la habilidad para la construcción y el encaje de bolillos del profesional en cuestión. Paul Haggis pertenece a esta familia y su último trabajo, Los próximos tres días, adopta la forma de toda una lección magistral sobre las debilidades y la artificiosidad de ese tipo de estrategias.”

El crítico es un ser humano como cualquier otro. Como ya nos ha demostrado Carlos Boyero pedirle objetividad al crítico es como pedirle peras al olmo. Sin embargo…

¡Sin embargo!

Hay críticos que se esfuerzan en pensar las películas y que son buenos transmitiendo aquello que han pensado. Este párrafo de Jordi Costa es el primero de todo su texto. A continuación se empleará en demostrar que su planteamiento es cierto. Y lo es. A mí por lo menos me convence. Costa le ha visto el plumero a Haggis y nos lo enseña para que todos podamos verlo también.

Después de leer la crítica siento que he aprendido. ¡Cuidado con ese plumero!.

Doy por terminado este corto listado de Crítica a la crítica, pero estaré encantado de encontrar nuevos tipos en vuestros comentarios.

p.d: ¡no he visto ninguna de las películas aludidas en el post! Así que absteneros de contarme lo disconformes que estáis con mis opiniones sobre ellas.

Crítica de la crítica (I): sustratos y planos

Primero de todo vamos a hacer una distinción:

Están las perras de la noche.

Y están los Cachorros del cinemá (de España).

No confundir, porfa.

Aquí hablaremos de los cachorros.

Decepcionante, ¿verdad? Es que de las perras poco tengo que decir. Bueno, sí: yo soy una de ellas. Y ya.

Ahora que ya está todo claro nos vamos a comprar el número 40 de la Cahiers, correspondiente al mes de Diciembre.

Lo abriremos por la página 32 y leeremos lo que Carlos Losilla ha escrito sobre Uncle Boonmee, una película tailandesa dirigida por el último director de moda entre los críticos de cine y los jurados de los festivales internacionales: Apichatpong Weerasethakul.

“Apicha”, el director más sexy según la crítica especializada.

Este Losilla se marca 4 columnacas de crítica que- me apuesto la minifalda de perra de la noche que llevo puesta- no leeréis (¡os conozco, mamones, y siempre me desobedecéis!) así que procedo a copiar/pegar los 3 párrafos más representativos de todo el texto y debajo de cada párrafo haré una interpretación personal de lo que creo que este cachorro del cinemá nos está intentando ladrar.
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PÁRRAFO 1 (COMIENZO):

“Pero también hay otras cosas en la película de Apichatpong que borran esa linealidad, o por lo menos la convierten en otra cosa, en un artefacto más ambiguo y huidizo, hasta el punto de que cualquier interpretación posible no sólo resulta arriesgada, sino incluso temeraria, por lo menos si uno no es tailandés y no conoce al dedillo los modos culturales de esa parte del mundo. Tómese lo que sigue, pues, solo como la mirada curiosa de un turista cinematrográfico ante un país lleno de imágenes impenetrables”.

Traduzco: no he entendido la película, pero ojo, no es que yo sea tonto, es que este tío es un críptico. Y además guiri. Pero guiri de verdad. Que a lo mejor te vas a su país, te tiras un pedo en la cara de su madre y estás quedando bien y todo. Aun así soy un crítico y os debo una explicación, y como os la debo, os la voy a dar.

PÁRRAFO 2 (NUDO):

“La forma especular es la figura retórica preferida por AW, y de ahí que ese extraño interludio irradie hacia los extremos de la película toda una serie de imágenes, literales y metafóricas, que la cierran sobre sí misma aún conservando su carácter de objeto ambiguo, abierto a cualquier especulación. Uncle Boonmee utiliza todas los avatares del espejo para estructurarse y desestructurarse continuamente como un bucle infinito”.

Traducción: La película tiene imágenes muy bonitas, aunque no te enteras mucho de qué van. Hay como símbolos de algo, pero no se puede estar seguro de qué es lo que vienen a simbolizar. Yo al menos no lo estoy. ¿Será verdad que la han entendido los otros críticos? No. No puede ser. Es imposible. ¡Panda de farsantes!

PÁRRAFO 3 (DESENLACE):

“Si tomamos cualquier plano de Uncle Boonmee veremos dos niveles: una imagen de una extraordinaria limpidez y, como agazapados en su interior, múltiples sustratos y capas de sentido, que brotan tanto de la composición del encuadre como del tratamiento del sonido, de las cosas que se ven y las que se ocultan. Como el cine actual que más nos sorprende, esta película conmovedora es capaz de mostrar algo así como los recovecos de la transparencia, los pliegues de la vida. Detrás de las sombras que somos ya no hay epifanías, como quería André Bazin, sino aún más sombras. Y también el goce de descifrarlas”.

Traducción: Las escenas son bastante raras, con encuadres y sonidos extraños, para que no te olvides de que te están contando algo profundo. ¿Y qué es? Pues no lo sé. Esta película me está creando un complejo… Me gustaría saber qué diría André Bazin de ella. Él fundó esta revista en Francia. Me partiría toa la caja si Bazin saliera de su tumba y dijera que esta peli es una mierda.
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CONCLUSIÓN: al principio me parecía que este crítico audaz ha aplicado a su texto lo mismo que vio en la película: confusión. Allí donde Apichatpong pone una imagen rara Carlos Losilla pone una construcción gramatical igualmente incomprensible. Porque la frase…

“de ahí que ese extraño interludio irradie hacia los extremos de la película toda una serie de imágenes, literales y metafóricas, que la cierran sobre sí misma”

… ¿qué demonios quiere decir? ¡Nada! Exacto.

La idea de que un crítico escriba de un modo que anticipe al lector las mismas sensaciones que va a tener cuando vea la película me mola.

Pero, ¡ay! La teoría se desmonta leyendo otros artículos de la misma revista. Todos escriben como si fueran Apichatpong visto por Carlos Losilla. Todos tienen miedo a no haber entendido la película.

En consecuencia, y sintiéndolo mucho, ésta es mi nota a la crítica:

Los más atentos os habréis preguntado: ¿por qué Escrito escribe en negrita algunas de las palabras utilizadas por Losilla? ¿No le basta con machacar la crítica en su conjunto? La respuesta es tajante: ¡NO! Igual que hay que decir no a la violencia y no a los caramelos que se regalan en las puertas de los colegio, hay que ser intolerante con la retórica petulante del que escribe con miedo a parecer un simplón. Esas palabras y expresiones en negrita son altamente contagiosas y, por lo tanto, hay que mantenerlas aisladas. Cuarentena indefinida para ellas.

Más crítica a la crítica, próximamente… Y ahora me voy a perrear.

Ciencia muy de ficción

En la NASA han aprovechado estos días de pocas noticias y parón vacacional navideño para hacer una conferencia cachonda e indicar las que son, para ellos, las películas más absurdas desde el punto de vista científico.

Yo ya sabéis que a veces, me pongo tonto con la fidelidad histórica. Ahí es hasta donde alcanzo. Admito que en el tema de la física y la química, voy flojo. Uno es de letras. En concreto 5: M, O, L, O, N. Ya veis, ni siquiera sé contar que son 4, una repetida. Así que, aunque me llega muchas veces para darme cuenta de que lo que plantean en la película es científicamente imposible, no está mal que los de la NASA me lo cuenten más.

Así que han hecho una lista con orden y todo de aberraciones.

¿Y cual ha resultado ser la más absurda para ellos de la historia jamás?

Pues en tercer lugar ha quedado Armaggedon. Podríamos pensar que es por la historia de amor de Ben Affleck y tal, pero no, es porque científicamente no tiene pies ni cabeza. De hecho, hasta tuvieron asesoramiento de la NASA y se ve que pasaron absolutamente de ellos. Yo creo que esta la han puesto por rencor. Pero sigamos…

En segundo lugar, “El Núcleo”, Aaron Eckhart y Hilary Swank luchando contra el núcleo de la tierra que se iba a hacer gárgaras. Muy mal debe estar, porque yo ya ni me acuerdo de la película…

Y en primer lugar, como gran destacada… ¡una película de John Cusack!
2012. La de la profecía maya esta. La de Roland Emmerich. La que consiste en un coche que es como el caballo de Atila, que por donde va, todo se destruye detrás de él. Esa.

La película la verdad es que era un desastre, pero no sólo para los científicos: para los directores, guionistas, actores… un despropósito. Yo recuerdo verla en un tren, tomándola casi como comedia involuntaria.

Pues bien, además de todo eso, es al parecer, falsa. El mundo no se acabará en 2012 ni se salvarán sólo los que tengan familias disfuncionales, como decían los Mayas. Esos tan tan sabios y que predecían tanto que no se vieron venir a los españoles y sus ansias de culturizar (cuenta la leyenda que desembarcaban en las playas gritando “viva la cultura gratuita, la cultura precolombina de oro es de todos”, “libertad de expresión para con las mujeres mayas!”, “la asociación de conquisnautas debe ser escuchada! Hay que cambiar el concepto de relación de pueblos!!!” y demás). Y sobre todo, no se acabaría ASÍ, ni tan (cito literalmente) a esa velocidad tan grotesca (más que “El Día de Mañana”, dicen).

La lista de pelis chungas científicamente incluye Volcano’, ‘Reacción en cadena’, o ‘El Sexto Día’ la de Arnold Schwarzenegger clonado en un ratete. Hasta han hablado de que ni las estupendas Blade Runner o Gataca, tienen sus fallos. Pero… (pese a la dificultad, puesto que TODOS los medios españoles se han limitado a transcribir la nota de agencia) no oigo nada de películas como “Fuga de Cerebros”. ¿Qué pasa, que esta va en serio? ¡Señores científicos!

O lo que más me preocupa: “Mission Imposible 2”. A parte de la conjunción fallero-sanfermín-semanasanta, que ya sería como para que la NASA dijera algo… ¿esos saltos en el aire con voltereta y disparo lateral, en una moto que cruza con otra, son normales? ¡Me defraudas, Nasa!

¿Echáis de menos alguna burrada vosotros? Seguro que sí.

La Ley Sinde sigue ahí, amenazante…

Tras la polémica, ¿que ocurrió? Que la Ley no se aprobó.
¿Por qué?
Porque ningún grupo político acompañó al PSOE.

Podríamos decir: “porque el resto de grupos políticos entendió el mensaje de la plataforma de cibernautas/ internautas/ gruposdeopinión/ notasconganasdefigurarenalgo”. Pero mentiríamos. Esos grupos, lo que hacían, era política de intereses. Unos estratégicos (el PP, por no ir de la mano del PSOE), otros nacionalistas (CIU, CC, PNV, etc… sobre todo los primeros, pedían a cambio del apoyo prebendas que nada tenían que ver con propiedades intelectuales ni copyright, con “tolmorro”).

Podríamos decir que fue “porque la clase política española es cobarde” (y supersticiosa, añadiría si fuera Batman). Pero eso es más el argumento de Alejandro Sanz y no me parece de recibo coincidir con Alejandro Sanz en nada. No es que fueran cobardes, es que realmente, creo que se la suda mucho el tema, al fin y al cabo.

Total, que no es ninguna de estas dos cosas. ¿Y por qué es? Pues vaya a saber. Y es que si algo caracteriza a las decisiones de los políticos en este país, es que no las entiende ni dios.

El tema es, ¿por qué la Ley Sinde no debería aprobarse?, ¿por qué sí?

Yo creo que, tal cual, no hay manera de aceptarla. Es un remiendo ya roto. Una ñapa. Una tirita en una herida delicada. Ese invento de chapar webs saltándose la intervención judicial no hay manera de defenderlo y es lo que hace zozobrar todo el proyecto de Ley. ESO es lo que da todas las armas a sus detractores: los que lo razonan justificadamente y los que hacen la demagogia más barata para ello.

Y al final, ¿quién paga?

Nosotros.

Los autores.

Si es que al final, somos los que pagamos el pato: ni ley, ni protección, ni se nos acaba pagando por mil cosas que deberían pagar, ni se nos acaba de respetar y valorar el trabajo socialmente como debería (ojo, no digo que deba alabársenos, pero de ahí a que se piense que nuestro curro no tienen ningún respeto y uno lo puede fusilar como le salga de los cojones sin miramiento e invocando tonterías como “libertad de expresión” o “la cultura es gratuita”…) y encima, por culpa de INÚTILES como los POLÍTICOS o la SGAE, día tras día, nuestra imagen va cayendo por los suelos.

Así que… algo habrá que hacer, ¿no?
Porque sí, hay que hacer leyes que marquen unos límites.
Hay que modernizar la industria y adaptarla a nuevas dinámicas, nuevos hábitos, nuevos modos: modernizar.
Hay que pedir a las telefónicas, que venden esos ADSL carísimos, que paguen su parte de la fiesta. Que ya les vale.

Pero también, hay que hacer un debate ético.
Hay que plantearse, de una vez, ciertas cuestiones y dejar de reír con el colega pensando: “Me voy a bajar to google! Al lo loco! Lo tengo tó!”.

¿Que se puede hacer? Claro. ¿Que no es ilegal? Parece ser que no.
¿Que es ético? Depende el caso…

De su uso y de la consciencia de lo que se hace.
Pero hay que saber que no hay ningún derecho inalienable que diga que mi curro tenga que ser gratuito. Sobre todo si YO no lo decido.
Y que no es normal que tengas en casa material por la jeta. Ni lógico.
Y que no es una excusa pensar que “de qué se quejan los españoles, si es todo americano lo que me bajo”. Porque esto es una lucha de creadores. No de nacionalidades.

A mi, me gustaría ver ese debate, bien planteado. Aún no lo he visto.

Quizá eso, ayudara mucho más a realizar luego el de las Leyes.

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