Escrito Por

El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

El puente sobre el río Kwai: tomando notas.

“El jefe de un poblado de Ceilán inspecciona el imponente nuevo puente cuya construcción, en medio de la jungla, ha terminado al fin. En la construcción han trabajado muchos habitantes del poblado. Temerosos del espíritu del mal, y en un intento de ahuyentar a los demonios, sobre el puente se han bailado danzas del diablo, los sacerdotes han pronunciado sus hechizos, se han roto cocos, derramado lima, tocado tambores y colgado hojas de betel. Ahora, le dijo el jefe a Sam Spiegel, el productor de Hollywood para quien se había levantado el puente, los espíritus protegerán su puente para toda la eternidad“. Aquel jefe estaba muy lejos de saber la ironía que encerraban sus palabras. ¿Cómo iba a imaginarse que Spiegel, junto con su equipo, se había dedicado en cuerpo y alma a derribar ese puente (espléndida y majestuosamente) para la escena cumbre de una nueva película de cine, El puente sobre el río Kwai?”

Así es el cine: construir y destruir decorados. Y de eso iba un poco también la película de David Lean. De desandar los caminos que tanto ha costado recorrer. Como el coronel Nicholson, que después de varios meses construyendo el puente se ve obligado a derribarlo. O el comandante Shears, que tras su milagrosa fuga del campo de prisioneros no le queda más remedio que regresar a él.

Me gusta especialmente esa escena en la que a Shears le comunican su nueva misión.

Dile a un Ulises recién llegado a Ítaca que repita toda la puta odisea. Dile a los 33 mineros chilenos que vuelvan a encerrarse todos juntos en ese agujero. ¡Dile a Belén Esteban que vuelva a vivir en Ambiciones!

De esta escena aprendo dos cosas: una, que el ventilador que tengo en mi casa no es más moderno que los que se usaban en 1957.

Y dos, que escribir (bien) puede ser como darle muchas vuelta a una tortilla.

Viendo la escena por tercera me puse a anotar lo que sucedía, tratando de averiguar por qué me fascinaba tanto si al fin y al cabo son 5 minutos de dos personajes haciendo bla, bla, bla en una película con escenas mucho más espectaculares y apabullantes. Esto es lo que descubrí:

– Después de un breve rodeo el mayor Warden le expone a Shears sus intenciones: quiere que le ayude a volar el puente sobre el río Kwai. A lo que Shears (“what the fuck?!!”) responde:

“¿Pretende que vuelva yo a aquel infierno?”

1ª vuelta a la tortilla: Warden le abre los ojos a la cruda realidad. En realidad no se lo está pidiendo. Se lo está ordenando. Es una misión a la que le han encomendado sus superiores.

– 2ª vuelta: al verse acorralado Shears revela un secreto que le puede traer muchos problemas (juicio ante un tribunal militar, por ejemplo) pero que le libraría del inminente marrón que se le viene encima.

“Todo es falso. Sólo soy un soldado de segunda clase”.

Antes de ser capturado por los japoneses Shears le quitó el uniforme a un oficial muerto porque pensó que así le tratarían mejor en el campo de prisioneros. Pero no se queda ahí: una vez liberado siguió usurpando el grado de comandante porque pensó que igualmente le tratarían mejor en el hospital y le ayudaría a ligarse a una enfermera. Una cosa es engañar al ejército enemigo y otra muy distinta engañar al ejército aliado. Ésta es una cosa muy fea de confesar y una información muy interesante sobre el personaje (Shears es un cínico) que nosotros como espectadores estamos descubriendo en ese mismo momento. A Shears no le importa ir a un calabozo en EEUU con tal de no volver a Kwai. Incluso se jacta de su argucia ante Warden y dice que cuando le juzguen aducirá locura pasajera. Es un chuleta este Shears.

– 3ª vuelta: Warden demuestra a Shears que por muy listo que se crea él va siempre un paso por delante. No sólo era conocedor de su engaño, sino que se lo ha desvelado a los superiores de Shears y todos están de acuerdo en que la misión sigue vigente. Shears volverá al campo de prisioneros sí o sí.


– 4ª y última vuelta a la tortilla: Shears al fin asume su situación, deja de resistirse, se echa el último trago de whisky y dice:

“Ya que me han atrapado prefiero ofrecerme voluntario”

¡Será jeta!

Fijáos que todos estos vaivenes ocurren en una sola escena, una escena que en escaleta podría aparecer como de las más planas y aburridas de escribir: “Warden comunica a Shears su nueva misión”.

Y podría haberse quedado ahí. Al fin y al cabo los personajes son militares. Acatan órdenes y punto. Sería creíble para el espectador que Shears volviera al campo de prisioneros, protestando un poquito, sí, pero cumpliendo con su deber como un héroe.

Pero no. Los guionistas -o el escritor de la novela- le han buscado las vueltas a la escena, que alcanza su objetivo pero que también logra ser una bella pieza en sí misma.

Pierre Boulle, ¿cómo se te quedó el cuerpo después de escribir El puente sobre el río Kwai y ésta otra novela? ¡La leche que te han dao!

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Un pensamiento en “El puente sobre el río Kwai: tomando notas.

  1. Me encanta que se hable de David Lean, pero me ha emocionado mucho este pequeño detalle de guionista que sólo los profesionales saben detectar. Además de hacérnoslo ver a los demás. ¿Es un tópico decir que ya no se hacen películas así?. O, ¿no será mas acertado pensar que el nivel de atención al detalle se ha perdido?

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