Escrito Por

El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

Archivar para el mes “agosto, 2010”

Dar cera, pulirse pelis…

Como sabréis (es inevitable), estos días se estrena el remake de Karate Kid. Sí, no contentos con esa versión que protagonizó Hilary Swank (aún con Pat Morita haciendo de mentor… mira la Swank, en una tiene a Morita de mentor, en otra a Eastwood, que tía!) ahora la franquicia vuelve pero con Jackie Chan de viejo profe y el hijo de Will Smith (Willikito?) de alumno.

Pasamos de un japonés enseñando a un italoamericano a un chino enseñando a un afroamericano pero supongo que la postura de la grulla seguirá por ahí.

¿Valdrá la pena el remake?
No lo sé.
No soy muy de remakes.

Pero si me preguntáis de verdad cual es el “remake” que me mola de Karate Kid, os diré uno. Con trampa.

No es de Karate Kid, es de Ralph Macchio. Y no es un “remake”, es un documental… falso… sobre la actual vida de el prota que daba cera, pulía cera.

¿Qué ha sido de ese ídolo adolescente?

Tras ayudar merecidamente a Marisa Tomey a ganar su primer Oscar por “Mi primo Vinny”, ¿cómo es que se perdió su pista?.

Los chicos de Funny or Die (Recordemos, Will Ferrell, Adam McKay, Chris Henchy y Judd Apatow) tienen la respuesta.

Anuncios

Los muertos vivientes, de cómic a serie

No es que el mundo esté necesitado de más ficciones sobre zombis, pero me parece una buena noticia la adaptación a serie del cómic The walking dead, por varios motivos:

1- Se parte de un buen material: los guiones de Robert Kirkman hacen de este cómic algo maduro y complejo, o sea, justo lo contrario a lo que abunda en productos de este género. Llegado a un punto dejé de leerlo, sí, pero fue porque tenía pesadillas y dormía mal por las noches.

2- Robert Kirkman está en el equipo creativo de la serie. Y eso, en principio, parece buena cosa. Cierto es que estamos hablando de medios distintos y que el guionista que funciona en cómic no tiene por qué funcionar en televisión, pero Kirkman se merece, como poco, ser acogido con los brazos abiertos.

3- AMC es la encargada de llevarlo a cabo. O sea, que va a tener los mismos papás que Mad Men y Breaking Bad. ¿No es eso ya suficiente garantía? Pues si os parece que no es suficiente garantía, id al punto número 4.

4- Frank Darabont dirigirá muchos de sus capítulos. Vale, Frank Darabont no es un nombre como para tatuarselo en el homoplato. No es Scorsese. Pero es el director de Cadena perpetua, de La milla verde y de La niebla. Un respetito, ¿no?

5- Y por último, la prueba definitiva de que van bien encaminados. El trailer:

Visto lo visto parece que van a ir muy pegaditos al cómic. En cualquier caso, buenas pintas se gasta, ¿verdad?

La serie se estrena a finales de Octubre en EEUU y a principios de Noviembre en el resto de Europa.

Mis problemas con los libros

Paseaba con mi amiga por su barrio. Cuando llegamos a la altura de El Corte Inglés mi amiga empieza a despedirse de mí.

– Bueno, yo me subo a mi casa, que creo que tengo a Suegro y Maromo esperándome.

– Ah, vale. Pues me voy a meter ahí a mirar los libros – digo, señalando el Corte Inglés.

– Guay saberlo, porque si no están Suegro ni Maromo a lo mejor me bajo contigo.

– No creo que me encuentres. Ya me habré ido.

– ¿Por qué? ¿Tienes prisa?

– No, pero no puedo estar mucho tiempo en la librería del Corte Inglés. Quince minutos, a lo sumo.

– ¿Por qué?

En este punto de la conversación miro a mi amiga, que está francamente intrigada, y decido que sí, que hay suficiente confianza entre nosotros como para hablar de mi problema. Además, ella ya tiene maromo y suegro, así que ¿qué más me da?

– No sé si es por el ambientador que usan, por el aire acondicionado o por qué, pero el caso es que siempre que estoy allí me entran ganas de trallar- digo

– ¿De vomitar?

– De cagar.

Mi amiga se echa a reír.

– A veces pienso que es un deseo inconsciente y animal de marcar el territorio. O puede que en mi interior guarde sentimientos antisociales y destructivos. ¿Has visto que los orangutanes arrojan su mierda a los turistas en el zoo?

– Jajaja, sí, bueno, Escri, yo creo que los tiros pueden ir por otro lado.

– Ah, ¿sí? Cuenta, cuenta – ahora el que está intrigado soy yo. Le acabo de contar una cosa super bizarra a mi amiga, como de peli de Haneke, pero ella no parece nada soprendida.

– Creo que a alguien como tú que le gusta tanto leer, estar entre libros te hace sentir bien. Te da paz, te relaja. Resumiendo: que se te dilata el culete.

Vale. Empiezo a arrepentirme de habérselo contado.

– ¿Tú crees?

– Sí. Yo tuve una mala época en la que lo pasé fatal. Lo único que me relajaba y me hacía no perder la cabeza era hablar con mi viejo por teléfono… Lo malo es que siempre tenía que colgarle para ir corriendo al baño. Y era por eso, ¿sabes?

– Ya. Yo lo único que sé es que me parece una putada, porque a mí me gustaría quedarme un rato largo mirando los libros y me tengo que largar a plantar un pino.

Lo que no le digo a mi amiga es que acabo de recordar que el otro día, en la biblioteca, me pasó lo mismo. O sea, que su teoría empieza a parecer sensata.

Pero al menos es seguro que mi amiga tiene razón en una cosa. Me gustan mucho los libros. Como objeto en sí. Me gustan tanto que tengo que controlarme para no gastarme todas las perras en ellos. Si no estoy alerta me pongo a comprar libros al por mayor, “éste para cuando termine el que estoy leyendo”, “éste para después”… ¡Como si tuviera tiempo de leerlos todos! Para contrarestar mi compulsión este año he empezado a frecuentar una biblioteca cercana a mi casa (ahora que conocéis mi problemilla ya os imaginaréis que NUNCA es demasiado cercana).

La biblioteca pública me gusta pero he de señalar una diferencia fundamental con las tiendas. En un contexto comercial los libros están colocados para seducirte. En una biblioteca no. Allí la prioridad es que los libros puedan ser localizados sin mucha dificultad. Esto que parece un poco obvio es algo de lo que me percaté cuando cambié una cosa por la otra. Y eché de menos que los libros me guiñasen el ojo y me susurraran “chato, ¿me llevas a tu casa por 30 euros?”.

Quizás soy un frívolo, pero me es más fácil encontrar un libro que me apetezca leer en una tienda que en una biblioteca.

¿No os pasa a vosotros que cuando vais a una biblioteca no sabéis qué coger, pero en cambio en una librería os lo llevarías todo? A mí sí. Por eso he desarrollado un sistema que, bueno, en fin, no es que sea ilegal pero estoy seguro de que si me pillaran los dependientes del Corte Inglés no pondrían buena cara.

Me deslizo entre las repisas con el móvil en la mano, como distraído. Cojo libros, los hojeo, los vuelvo a colocar en el estante… Y cuando uno me seduce de verdad ¡zaca! Le hago una foto para quedarme con el título y pillarlo después en la biblioteca.

Aquella tarde me dio tiempo a encontrar tres antes de tener que irme corriendo a presentarle mis respetos al Sr. Roca.


Curso de filosofía en seis horas y cuarto, de Witold Gombrowicz.


Maggie, una chica de la calle, de Stephen Crane.


El mundo según Garp, de John Irving.

Mañana mismo me paso por la biblioteca a por ellos.

¿Qué se han fumado estos del anti-tabaco?

Leo en las noticias que “Hollywood sigue fumando“. No, Hollywood no es un señor, es una industria y lo que vienen a decir es que en las películas sigue apareciendo demasiado el tabaco. Y que eso, es malo, nenes. Malo. ¡Caca!

Así que unos tipos que deben ser muuuuuy buenos, se han quejado, por nosotros. Por hacernos un favor.

Que dicen que salen muchos cigarrillos y que eso da mal ejemplo a los niños… y las mujeres jóvenes. Así que, en un alarde de tontolculismo, se les ha ocurrido una cosa. Mirad:

“Los especialistas han pedido a la industria de Hollywood que considere la idea de incluir advertencias sobre si el largometraje muestra a personas fumando en las clasificaciones de las películas e, incluso, que sopesen la posibilidad de emitir anuncios publicitarios sobre los peligros del tabaco antes de la proyección de los filmes.”

Brillante. Señalar que, cuidado, en las películas sale gente fumando.

Yo indicaría más cosas y os animo a que os unáis a la lista de recomendaciones para avisos y calificaciones que harán de nuestra sociedad algo mejor, sano y guapo.

Así que propongo que:

– Si sale una persona mintiendo, se avise a la gente de que eso es malo. Con una señal sonora en el momento adecuado o con una señora, apareciendo en una esquina de la pantalla, moviendo el dedo y diciendo “no, no, no, eso caca!”.

– Si un coche sobrepasa la velocidad permitida en el trazado en el que se encuentra, un guardia civil deberá aparecer en otra esquina mesándose el bigote y retando con la mirada al espectador, como queriendo decir…

– Se colocará un anuncio de “matar puede matar” antes de cada película en la que vaya a morir alguien, para que el espectador sepa que eso es malo. Habrá fotos. Serán feas.

– Si alguien roba algo o comete un crimen en el transcurso del largometraje (Dios no lo quiera!), un código numérico nos indicará los años de condena por el delito o la multa correspondiente, resaltándolo con colores brillantes. Al final, se irá bajo el sonido de un martillo de juez.

– Si alguien habla mal, por favorecer el correcto uso del lenguaje, se subtitulará con letras brillantes, limpias, pulidas y que den esplendor el texto de manera correcta.

– Los personajes que aparezcan en pantalla deberán tener siempre encima de sus cabezas un circulito. Ese circulito deberá advertir al espectador indefenso sobre si la conducta que está ejecutando el personaje es buena, mala o regulera pero con justificación. Para la primera, color verde, para la segunda, rojo. Para la regulera, naranja chillón.

Venga, añadid más… que seguro que los papanatas de Hollywood lo agradecen.

Habrase visto…

El tabaco mata. Pero la gilipollez me parece más peligrosa, porque intenta matar las ideas.

Guionista Pro

Mirad a este simpático alopécico. Sonríe y mira al suelo, con cara de estar pasando una poca de vergüenza, aguantando el tipo hasta que acabe el fatal momento de hablar en público. “Intenta parecer natural”, me imagino que se dice a sí mismo, “ya queda menos”.

Miradle y respetádle. Es un uber-guionista, pero también es un uber-matemático. Un tipo venido de otra galaxia (la galaxia Futurama) para anunciarnos que los chicos de Ciencias finalmente patearán el culo a los de Letras.

Según leo en esta web, Ken Keeler, que así se llama el uber-cabronazo, ha sido capaz de inventarse un teorema matemático tan sólo por darle credibilidad a una trama de un capítulo de Futurama que estaba escribiendo.

¡Esto sí que me da envidia!

Esto sí, y no ésas millones de cosas que de vez en cuando me achacáis en comentarios. ¿Y qué si Amenabar tiene un Goya? ¡Esto mola mucho más!

El Kevin Smith que se avecina: “Cop Out”

Si hace un año ya “avisaba” sobre la franca decadencia (que dos palabras tan bien hiladas: Franco y Decadencia) de Kevin Smith… hoy vuelvo aquí para confirmarlo: este hombre ya ha dimitido.

He podido ver, gracias a los retrasos que hay entre estrenos en USA y España (y gracias a colegas que compran cosas allá), la película que aquí se va a estrenar el 3 de septiembre (creo): “Vaya par de polis” que añade “vaya par de pipas”. Cá-ga-te. Allí se llamó “Cop Out“.

Pues bien, la película es… terrorífica. Cierto es que Kevin Smith no escribe el guión… pero visto su chunguez del año pasado, os aseguro que daría igual. Se ha buscado a 2 hermanos (Robb y Mark Cullen) que pueden sustituirle fácilmente en el guión ramplón, de chiste fácil, de referencias freaks de vez en cuando por si cuelan pero sin alma y de estructura ya 10.000 veces vista en mil películas iguales de los 80 sobre colegas policías.

La estructura mental de la película es simple: Coge “48 Horas” y dale una vuelta imbécil y sin alma. Y ya tienes la película.

Eso sí, Bruce Willis no es Nick Nolte. Y, por mucho que adore su personaje en 30 Rock, Tracy Morgan no es Eddie Murphy.

De hecho, en esta película, parece que hayan juntado al Bruce Willis tópico con el personaje de 30 Rock que se ha pasado a ser poli. Tópico tras tópico. Cliché tras cliché.

Con la pega, además, de que, siendo una “buddie movie”, peliculón de colegas, entre los 2 actores hay menos química que en una visita mía a la pasarela Cibeles. Lamentable.

Kevin Smith, tío… ¿qué te pasa? Está fatal dirigida (por ti), fatal editada (por ti, que eres el montador) con unos fallos de raccord acojonantes, una fotografía pobre y de encuadres torpes (hecha por tu colaborador habitual de todas tus pelis)… ¿por qué haces esto?

En fin, un año más, una película más, Kevin Smith sigue confirmando que todo lo que se pudo rascar de él, dio para 3 películas y algunos sketches. Una pena.

Y por cierto, esto ya es una queja personal. Kevin… si en tu película, para hacerla guay, quieres que los “malotes” sean hispanos (en concreto mejicanos) y entre ellos hablen español… JODER, QUE LO SEPAN HABLAR.

Da mucha penita ver a un tipo con cara de latino pronunciando lamentablemente palabros en supuesto español (no saben pronunciar ni una J ni una R)… que además no guardan ninguna corrección gramatical, usan expresiones absurdas o formas erróneas de una traducción patética de algún miembro del equipo.

Tío, que es fácil. No creo que te cueste encontrar a alguien en L.A. o en Jersey, latino, que por 3 duros lea 10 frases y diga: “mira, esto no tiene sentido, no puedes decir “esoh pincheh wey son loco” o “Ehtá hugando con huego tlayéndoloh en tu mielda” leído encima como un robot con dificultades y pretender colar algo. Tío, que en tu propio país tienes un público potencial alto de hispano, pero mira también por el resto… un cubano y un mejicano no son lo mismo! Y yo leyendo inglés por primera vez en mi vida, no voy a colar como un Irlandés de pueblo. Pero si encima, las frases que les dais traducidas son una basura… pues me dirás.

Ay Kevin… tío… háztelo mirar, en serio. Tú antes molabas.

Problemas con Toy Story 3

Las consultas de los médicos en agosto son paisajes postnucleares. No hay vida en ellas. Después de un rato en la sala de espera uno empieza a sentirse como el último superviviente. Todos los demás enfermos han muerto. Sólo quedo yo. Aunque la realidad es bien distinta: todos los enfermos se han ido de vacaciones. Sólo quedo yo (en Madrid). Estoy aquí por una dolencia que me da vergüenza confesar a mi médico y a cada rato miro la puerta de salida. El único motivo por el que me he decidido a venir es que sabía que la consulta estaría vacía y bajo esa circunstancia quizás el doctor no me haga sentir que le estoy robando su tiempo con mi problemilla.

– ¿Qué tienes? – me pregunta, con el boli en la mano, dispuesto a salvarme la vida.

– Bueno, la verdad es que estoy bastante bien. Es sólo una cosita que me he notado y que me tiene un poco preocupado.

El Doctor frunce el ceño. Seguro que la frase que acabo de pronunciar ha precedido a multitud de diagnósticos letales: una “cosita”, un bultito, una gotita de sangre en la orina…

– ¿Qué es?

Yo me aclaro la garganta y se lo digo. Vamos allá. Acabemos cuanto antes.

– No veo bien las películas en 3D.

Se le cae el boli de la mano.

– ¿¡Cómo!?

– Sí, ya sé que es una tontería pero es que he oído por ahí que hay gente que tiene problemas de visión y que no puede ver el 3d, y quería saber si yo soy uno de ellos. Más que nada para no seguir gastándome 10 eurazos en cada entrada.

– A ver, un momento – me interrumpe – exactamente, ¿qué problema tienes con el 3d?

– Pues la mayor parte del tiempo lo veo bien. El otro día, por ejemplo, con Toy Story 3

– ¿Qué tal es? -vuelve a interrumpirme.

– Muy bien. Genial.

– Ajá. Siga.

– Pues eso: que estoy disfrutando de la peli y de repente es como si perdiera la cobertura del 3d. Empiezo a ver halos y tengo que revolverme en el asiento hasta que consigo volver a pillarle el punto. No sé si me explico.

– Perfectamente.

– Es muy molesto. Además salgo del cine con la frente sobrecargada.

– ¿La frente?

– Sí, no es un dolor de cabeza pero casi. Después de dos cervezas se me pasa. En realidad lo que me fastidia es lo de los halos. Me desconcentra. Además en este caso no pagué 10 euros, sino 12, porque fui a un cine especializado con una pantalla de siete pisos de altura.

El doctor tiene los codos apoyados en su mesa y la barbilla encajada en sus manos. Me mira fijamente. Serio. Profesional. Me percato de que hay un hoyuelo en su moflete derecho. ¿Qué es eso? ¿Una malformación? ¿O se está mordiendo el carrillo para aguantarse la risa? A pesar del hoyuelo el médico parece totalmente implicado con mi problema.

– ¿Sabe qué le digo? Que a mí me pasa lo mismo.

– ¿En serio? ¿Y sabe qué puede ser?

Se recuesta en su asiento y me mira de una forma que parece que me calibrara. Como si estuviera a punto de soltar una verdad inasumible para la mayoría de la población y se preguntara si yo iba a ser capaz de soportarla.

– Puede ser que usted y yo percibamos la realidad forma distinta al resto de los mortales -dice-… O puede ser que nos estén vendiendo mierda a precio de oro.

Yo asiento. Y durante unos segundos nos quedamos en silencio.

La historia de las cosas

Comprarme el I-Phone 4 o no comprármelo. He aquí la cuestión. Estos cacharritos nunca me han interesado mucho. No soy un aficionado a los gadgets y preferiría tatuarme en la cara “yo no mojo” que dormir a la interperie una noche entera para ser de los primeros en comprar el último aparatito que saca Steve Jobs. La gente que hace eso me parece directamente… bueno, ya os lo podéis imaginar.

Por cierto, me inquietan las campañas de marketing de Apple. Esa puesta en escena tan repetitiva con tan solo cinco elementos en juego: escenario oscuro, Steve Jobs, jersey negro, pantalón vaquero porcima del ombligo y el i-loquesea. No puede ser más barata y sin embargo, siempre consigue salir en las noticias, como si estuviera ocurriendo algo importante, como si Steve Jobs sujetase entre sus manos la primera biblia escrita por un ordenador, la primera máquina del tiempo, la primera compresa autolavable. ¡Por Dios! ¡Si es sólo un teléfono! Aún así, ya os digo, la gente hace cola durante horas para ser los primeros en comprarlo. No lo entiendo.

Pero aquí estoy, planteándome lo del I-Phone 4 porque he leído por ahí que tiene una cámara de vídeo cojonuda. Hace tiempo que quiero disponer de una cámara para, yo qué sé, grabar vídeos chorras y colgarlos por aquí o enseñárselos a mis amigos. Nada serio ni profesional. El caso es que he visto que las cámaras cuestan una pastón y en cierto modo me parece que si voy a soltar un pastón, qué menos que el jodío aparato me sirva para más de una cosa: cámara de vídeo, cámara de fotos, teléfono… ¿Por qué no? Nuestros padres se compraban la navaja multiusos. Nosotros el i-phone. No tengo claro qué generación sale ganando.

Bueno, pues trasteando hoy en youtube no sé cómo hoy he llegado a un documental titulado “La historia de las cosas” (o podríamos decir también la historia de un sistema en crisis). La historia de las cosas muestra a una tipa -Annie Leonard- que es licenciada en Planificicación urbana y regional (¿a qué equivaldrá eso? ¿a Ciencias Medioambientales?) y que mediante unas infografías tanto o más baratas que las campañas de Apple nos muestra de forma hiperclara como funciona el mundo.
Así. Tal cual. Os aseguro que no estoy exagerando. Me he quedado de piedra cuando lo he visto. The story of stuff dura 20 minutos y no dice cosas que no supiera ya, aunque quizás sí las tenía un poco olvidadas, y el oírlas de repente todas juntas… no sé, como que ha sido un ¡zas! en toda mi boca en estos días en los que mi mayor preocupación es comprarme un i-phone o no comprármelo. Ésta es la primera parte del documental:

Hay también una “Historia de los cosméticos” o una “Historia de las botellas de agua”, y habrá más docus en camino seguramente. ¿Pero quién está detrás de estos vídeos? Aparte de la propia Annie Leonard, claro.

La respuesta es Free Range Studios, una empresa de publicidad. Ellos se presentan a sí mismos de la siguiente manera:

“Mientras que las agencias creativas tradicionales trabajan para vender productors, nosotros trabajamos para vender ideas revolucionarias y productos que contribuyan a un mundo más justo y sostenible…”

Hoy en día suena a cosa de hippies ingenuos y excéntricos eso de intentar cambiar el mundo a través del arte. Sin embargo, hay un hecho que les carga de razón: sus campañas molan.

Suyo este viral de hace pocos años que quizás recordéis. Se trata de una parodia de Matrix mediante la cual nos explican que la idea de una granja que tenemos en la cabeza no se corresponde en nada con la realidad:

Chatroulette no sólo vale para ver penes

Os acordáis que hace un tiempo os hablé de Chatroulette? Sí… de cómo me metí a cotillear y no conocí más que penes. En fin, ya sabéis, aquí lo cuento.

Pues bien, hoy he descubierto que en Chatroulette no sólo se ve eso.

También se ven nuevas estrategias de promoción de películas, geniales. Virales que muestran que hay gente por ahí muy despierta, que sabe dónde poder encontrar un pequeño hueco para hacer llegar su película.

Imaginaos… estáis en casa, conectáis Chatroulette y de pronto, una chica muy maja, parece que os hace caso:

Juju…

Ya veremos si le sirve o no a “The Last Exorcism“.

La interpretación de las películas, según David Lynch

Acerca de Origen (en esa entrada hay muchos comentarios sobre la película, teorías, etc…), se ha suscitado un debate interesante, a parte del habitual “me gusta”, “no me gusta”, “obra maestra”, “mierda pinchá en un palo”. El de “¿se entiende?”.

Aquí hay muchas posturas. Hay gente a la que le gusta “investigar” una película. Otros, que se la den más o menos mascada. Los hay que no quieren todo evidente, pero tampoco esperan que se lo pongas extremadamente difícil. Y los hay que les entusiasma salir de la sala sin entender nada y enarbolando sus propias teorías.

También está la gente que no entiende nada pero dice entender, por el “que dirán” o porque está de moda decir que te encanta tal película o tal director.

Esto último es algo que le pasa tanto a varios fans de David Lynch como a los amigos de esos fans, que creen que no han entendido nada sus colegas pero van de flipados. Como Lynch.

Pues bien, yo soy de la creencia de que una película no es todo un viaje explicado con guía. A veces, una película es un laberinto, un crucigrama, un pasatiempo a resolver. Otras, es una experiencia, sin intención lógica dentro de los parámetros de la historia habitual. Otra, es una historia llana y simple, pero con pretensiones. Y otra, un “loquesea” que ha fallado y deja cabos sueltos por incompetencia.

Las últimas, son fácilmente detectables y normalmente, nos podemos poner todos de acuerdo en poco tiempo. Las otras ya… dependen de la conexión con el espectador.

Origen me parece un laberinto (valga el meta-chiste al referirme así a Origen). Uno de los que, poco a poco, vas descubriendo puertas que te llevan a nuevas salas y que ofrecen otros puntos de vista… pero no a todo el mundo le gustan los laberintos. O no TODOS los laberintos. Los hay de la lógica, de la trama, de la razón, de los sentimientos… depende de la película.

Pero algo queda claro: TODOS los datos de ese laberinto, deben estar en la película. Jamás debe hacer falta algo de fuera. Si no, es una estafa. Si no, es una película fallida.

Porque, queramos o no, hablamos de “obras”. Y esas obras, tienen un autor (como figura metafórica, puesto que siempre son varios). Y ese autor ha decidido que ESO sea así. Por algo. Al menos, los buenos.

Así que me gustó mucho leerme hace poco un librito pequeño, sencillo y curioso, escrito por el propio David Lynch, que tanto tiene que sufrir a los “interpretes” y gurús de la crítica cinematográfica. Que ha escuchado las taradeces más grandes sobre su obra. Él escribió: “Atrapa el pez dorado. (Meditación, conciencia y creatividad)”, que aquí publica “Reservoir Books. Mondadori”. Y es una lectura curiosa y recomendable.

Vale, el 80% del libro se lo pasa vendiéndonos la moto de la “Meditación trascendental”, que es lo que él practica y que le hace ser… ojito:

– Feliz.
– Mejor artista.

Sí. David Lynch es feliz. Me alegra oírlo, porque mucha gente cree que sólo un atormentado puede escribir o realizar esas historias o lecturas profundas del alma y el horror humano. Lynch es un tipo majo y feliz, alegre.

Y ojo… no se droga. Lo único que ha probado ha sido algún porrete en su juventud y ya. El resto, viene de tener ideas, propuestas, trabajo…

Que esa es otra: “no lo entiendo, ergo este tío es un colgao”.

Pero en fin, Lynch, muy por encima de todo esto, habla en su libro con humildad, sencillez y como si fuera un pequeño monje budista de pelo loco que te cuenta sus experiencias de la vida, a ver si te apuntas a su club de meditación trascendental por una de estas.

Yo de eso, paso. Pero de otras cosas que leo, no. Y como son al respecto de este mundo de la interpretación, rompecabezas y demás, aquí os dejo un fragmento. Muy interesante:

“Una película debe valerse por si misma. Es absurdo que un cineasta necesite explicar con palabras lo que significa una película. El mundo de la película es un mundo creado en el que, a veces, la gente desea entrar. Para la gente, ese mundo es real. Y si descubren ciertos detalles sobre cómo se hizo o acerca de los significados de esto o aquello, la próxima vez que vean la película, todos esos conocimientos participarán de la experiencia. Y entonces la película cambiará. Considero importante y muy valioso conservar ese mundo y no decir ciertas cosas que podrían destruir la experiencia.

No se necesita nada que no esté en la obra. Se han escrito montones de libros estupendos cuyos autores murieron hace mucho y no puedes desenterrarlos. Pero tienes el libro, y un libro puede hacerte soñar y pensar.

A veces la gente se queja de que les cuesta entender una película, pero yo creo que entienden mucho más de lo que creen. Porque todos hemos sido bendecidos con la intuición: todos tenemos el don de intuir cosas.

Habrá quien diga que no entiende la música; pero la mayoría de las personas experimentan la música de manera emocional y estarían de acuerdo en que la música es una abstracción. No necesitas expresar la música en palabras: la escuchas.

El cine se parece mucho a la música. Puede ser muy abstracto pero la gente ansía darle un sentido intelectual, traducirlo a palabras. Y cuando no pueden hacerlo, se sienten frustrados. Pero si lo dejan expresarse, pueden encontrar una explicación interior. Si comentan la película con los amigos enseguida ven cosas: qué es esto, qué no es lo otro. Y tal vez coincidan o discrepen con sus amigos, pero ¿cómo pueden discrepar o coincidir si no saben nada? Lo interesante, pues, es que ya saben más de lo que creen. Y al expresar en voz alta lo que saben, lo ven más claro. Y cuando ven algo, pueden intentar aclararlo un poco más y, de nuevo, contrastarlo con un amigo. Y tal vez lleguen a alguna conclusión. Que sería válida.”

Por cierto. El viernes 3 de septiembre y el lunes 20, en TCM, tenéis este docu de la serie “Los 10 magníficos” sobre Lynch. Muy muy completito e interesante!

Navegador de artículos

A %d blogueros les gusta esto: