Escrito Por

El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

Joyas del pasado (1): “El salario del miedo”

Hoy traigo una nueva sección a Escrito por. Se llama Joyas del pasado. Debéis saber que en mi casa soy famoso por invertame rituales que sólo duran un día. Por ejemplo, “a partir de ahora los jueves, paella”. Y según lo voy diciendo me voy olvidando, de modo que el jueves siguiente ni paella ni flores. Así con todo. Aquí ya lo he hecho unas cuantas veces. He inaugurado secciones que sólo han durado un post y lo extraño es que vosotros, queridos míos, siempre tan atentos a las fallas de mi imperfecta escritura nunca os habéis quejado ni hecho el más mínimo comentario.


¿Será que os importan una mierda mis secciones?

Nooo. Eso no puede ser.

Pero a lo que íbamos, el otro día me dio por “revisitar” (me encanta esta palabra, es tan cursi) un gran clásico del cine del que seguro habéis oído hablar, aunque solo sea porque tu profe de Ciencias de la Información la mencionó un día de pasada en clase, y tú la pusiste en la lista de “pelis por ver”, aunque luego nunca-nada-nadie. Estoy hablando de Las diabólicas, una película francesa de 1955 dirigida por el otro mago del suspense, Henri-Georges Clouzot.

La leyenda (o más bien el fantasioso de Truffaut) dice que Hitchcock quiso adaptar una novela fantástico-policiaca titulada “La que no existía”, de Pierre Boileau y Thomas Narcejac, pero Clouzot se le adelantó e hizo con ella Las Diabólicas, sobre dos mujeres, esposa y amante, que se confabulan para matar a un hombre.

“Siempre que vuelves a casa me pillas en la bañera, con las manos en la masa.”

De esta película sólo recordaba la famosa escena de la bañera. La he vuelto a ver y… en tres palabras: OS LA RECOMIENDO.

A Hitchcock también le gustó lo que Clouzot había hecho con la novela que él mismo quiso adaptar. La pareja de escritores formada por Boileau y Narcejac estuvo al quite y escribió otra novela pensada para encandilar a Hitchcock y venderle los derechos. ¿Sabéis cual es?

Pero volvamos a Clouzot. Después de revisitar Las Diabólicas me entraron ganas de más y pillé lo que tenía más a mano del mismo director.

El salario del miedo es otra adaptación. Esta vez de una novela de Georges Arnaud. Transcurre en un pueblo indeterminado de América Latina, donde los inmigrantes, exiliados y aventureros han recalado para subsistir miserablemente. No hay trabajo. No hay ocupación. Y no hay forma de salir sin un buen fajo de billetes. Lo único que pueden hacer es matar el tiempo en el café Corsario.

Molestando a su dueño o intimando con su camarera, una Vera Clouzot guapísima y tontísima (vaya papeles le daba a su esposa el señor Clouzot). Yves Montand es el protagonista. Ahí donde le veis, con su camiseta escotada y su pañuelito al cuello, es un tipo duro dispuesto a todo con tal de reunir el dinero necesario para coger el primer avión lejos de allí.

Y cuando digo que es un “tipo duro” no me refiero al tipo de tipo duro que es Humphrey Bogart o John Wayne. No. Éste es un auténtico cabrón con pintas, capaz de tirar de un vehículo en marcha a su novia, pero capaz también de ser misericorde con un compañero herido.

Un personaje interesante, en definitiva.

Como iba diciendo, a Yves Montand y a sus colegas, tan deseosos todos de salir de allí, les surge la posibilidad de conseguir un trabajo con un salario jugoso. Jugoso según se mire, porque se trata ni más ni menos que de transportar dos camiones cargados de nitroglicerina por una carretera que no conoce los planes de desarrollo gubernamentales. Una locura. Un jugárselo a todo o nada. Es como llevar una bomba metida en el culo, dice uno de los personajes.

La compañía petrolífera que les contrata sabe que muy probablemente mueran en el intento, por eso se asegura encargando dos camiones en vez de uno. Una misión suicida que retrotrae a películas como Doce del patíbulo o La gran evasión.

Quizás el prólogo en el café Corsario es un poco largo, pero desde el momento en el que los cuatro protagonistas se suben a los camiones ya estás atrapado como espectador.

Más allá de la peripecia del viaje es una historia sobre las relaciones de poder. A varios niveles: de un lado está el poder que ejerce la compañía petrolífera sobre los habitantes de la región. Del otro lado, el respeto que se tienen entre sí los camioneros, muy condicionado por los reflejos de cada cual al afrontar las dificultades que van surgiendo durante el trayecto.

El salario del miedo se llevó la Palma de Oro en Cannes y el Oso de Oro en Berlín.

¿Qué más puedo decir? ¡Vedla! Es cojonuda.

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8 pensamientos en “Joyas del pasado (1): “El salario del miedo”

  1. Josefa Pinto Buenache en dijo:

    No podría estar más de acuerdo, Escrito. Punto por punto, además. Quizás hubiera estado bien hacer mención del gran Charles Vanel (que también sale en “Las diabólicas”), pero eso quizá ya hubiera sido exigirle a usted demasiado, ¿no?

  2. ¡¡¡Peliculón de la de Dios!!!

  3. Chiquitor en dijo:

    Quién es ese der pañuelo ar cuellor, ¿el abuelo de Loquillo?

  4. Doctor Frusna en dijo:

    Obra maestra total y absoluta…y tremenda basurilla de remake que se largo el Friedkin.

    P.D.: Si Hitchcock hubiera dirigido “Las Diabólicas”, fijo que el final se lo hubiera desvelado al espectador a la mitad de la película.

    Saludos.

  5. Al Swearengen en dijo:

    Esa peli es la hostia.

    Cuanto tendrian que aprender algunos.

    Saludos

  6. Charles BoyerO en dijo:

    Gran película en la que, estoy de acuerdo contigo Sergei, sólo le hubiera faltado aligerar un poco la primera parte. Lo malo es que su mujer habría salido poco y quizá se lo hubiera hecho pagar después en la cama.

  7. Spunkmayer en dijo:

    Pues llamadme sacrílego, pero el argumento de esta peli es buen material para un remake chulo, dirigido por Martin Campbell o Michal Mann si se baja de la parra, y un buen Thomas Jane a la cabeza. ¿Qué no?

    La escena en la que le tienen que dar la vuelta al camión sobre un saliente de madera es TRE-MEN-DA.

  8. Robustiano desde Alcubilla en dijo:

    Esta pilicula es LA HOSTIA. Aquí en el pueblo pasó algo similar hace muuuuuchos años pero era con unas tinajas de vino que hubo que trasportar desde la era en un carro con mulas hasta la casa el tejero y el Francisco y el Anselmo casi acaban a trompás. El Montán está un rato bien, anque una miaja guarro, aunque luego se lavó y se afaitó pa rodar con la Marylin El Multimillonario.

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