Escrito Por

El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

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Adiós al ciclo de pelis: Dinero caído del cielo

No me lo puedo creer. ¡Qué rápido ha pasado agosto!

Hemos llegamos a la última película del Especial Programado por y ni siquiera he tenido tiempo de actualizar mis tarjetas de visita. Había pensado en un diseño más o menos así:

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ESCRITO POR

Programador de 10 películas en TCM.
Agitador cultural.
Persona bastante capaz (y guionista).

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¿Qué os parece? Estaba pensando añadir entre mis méritos “Agente de prensa en España de Johnny Depp”… pero no quiero parecer petulante.

Quizás haya lectores muy hippys que han desconectado del blog durante las vacaciones y no tienen ni idea de lo que estoy hablando. Os hago un trailer para poneros al día: TCM ha tenido el detalle de dejarme elegir 10 películas de su programación durante el mes de Agosto. Esto como os podéis imaginar me ha hecho sentir muy bien conmigo mismo, sin perder un ápice de humildad, me lo he tomado más o menos así:

(¡Mira mamá! ¡Estoy en la cima del mundo!)

Hice una lista que he ido comentando aquí: Cuenta conmigo, Alicia ya no vive aquí, El baile de los vampiros, Las aventuras de Robin y Marian, El sentido de la vida, Excalibur, Grupo Salvaje, Cotton Club, Amarcord

Y por último la película que hoy nos ocupa: Dinero caído del cielo un musical de 1981 en el que Herbert Ross quiso homenajear el musical clásico, basándose en una serie de la BBC con el mismo título.

Yo no he decidido el orden de emisión, pero tiene su gracia que la de despedida sea la película más oscura y triste de toda la lista. No os dejéis engañar por el hecho de que sea una comedia musical ni que Steve Martin la protagonice. Pennies from heaven tiene más cosas en común con El extranjero de Camus que con La pequeña tienda de los horrores, por citar otra comedia musical de los 80 con Steve Martin en el reparto.

Esta es la historia de un vendedor ambulante de partituras en los años de la Gran Depresión, que está perpetuamente insatisfecho con su vida y con su mujer. Y que durante uno de sus viajes cree enamorarse de una tímida maestra de escuela, a la que promete amor eterno. Tras un polvo, desaparece como el ídem absorbido por la aspiradora de su esposa. La maestra por supuesto se queda embarazada y ante la perspectiva de ser una madre soltera se ve abocada a la prostitución… Una fiesta, vaya.

Si en esta película hubiera buenos y malos (que no los hay) el malo malísimo al que le brillaría el ojo de pura maldad y egoísmo no sería un personaje concreto, sino el alma humana.

Menos mal que están los estupendos números musicales para quitarle hierro al asunto, como éste en el que Christopher Walken, en el papel de chulo, le canta a la inocente maestra “Let’s Misbehave” (“vamos a ser malos, yeah”).

Dinero caído del cielo es una de esas películas raras que se disfrutan en la intimidad y que luego os servirá para haceros los interesantes en las fiestas. La emiten mañana (domingo 30 de agosto) a las 12 de la noche, después de Amarcord. No os la perdáis.

Bueno, pues ya está. Ya se acabó el ciclo de pelis Escrito por. Qué bonito fue mientras duró. Snif. Snif. Creo que la siguiente en tomarme el relevo será la Doctora Amor. Tengo curiosidad por ver qué películas ha elegido pero creo que todavía habrá que esperar un poco.

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Concluyendo el ciclo de pelis: Amarcord

¡Aaaah! Me acuerdo de cuando era un enano y creía tocar el cielo con la mano. Hacía camisetas con bolsas Matutano y echaba gapos a la moto del tío Emiliano. A veces llegaba a casa y mi padre ponía el vinilo con la banda sonora de aquella película italiana…

Podría seguir hasta mañana, recitando recuerdos de infancia. Es lo que hicieron Federico Fellini y Tonino Guerra en esta maravillosa película, penúltima del ciclo de pelis de Escrito por.

Amarcord es probablemente la película más sentimental que haya visto en mi vida. No hay que dejarse engañar por su apariencia gamberra, ni por su máscara esperpéntica, ni por su burla al fascismo de la época.

De hecho para mí esto no es una película. En un censo.

Los personajes son todos los habitantes de la ciudad de Borgo, trasunta de Rímini, donde Fellini creció. Tonino Guerra también era de por allí, así que ya os podéis imaginar a los dos contándose batallitas el uno al otro mientras escribían el guión. Tantas veces que la he visto… es curioso que hasta hace poco no he sabido lo que significa su título: a m’arcòrd quiere decir literalmente “yo me acuerdo”. Ellos se acuerdan y nosotros nos quedamos con la boca abierta.

Qué es fantasía y qué es realidad me gustaría saberlo, pero ante la duda elijo creer que de verdad existió una estanquera de pechos enormes y ansias amamantorias y que un hombre se subió a un árbol para gritar “¡quiero una mujer!”… así como el resto de situaciones que precisamente por tremendas parece que llevaran el sello de autenticidad de la UE.

La infancia es un privilegio de la vejez, dice Benedetti.

Lo que para mí quiere decir que no hay infancia mejor que la recordada tras años y años de manipulación a cargo de la memoria. Y si la que manipula es una inventiva tan brillante y onírica como la de Fellini, entonces puede salir una obra de arte como ésta.

¡Quién tuviera una infancia tan bien inventada como la de Fellini!

Os dejo con este mini reportaje que ha hecho TCM sobre Amarcord. No me extraña que no sea yo el único por aquí que la considera una película imprescidible:

Podéis ver Amarcord el domingo 30 a las 22:00.

Jason Biggs y el pánico a una muerte ridícula (again)

De nuevo tengo que hablaros de dos conceptos que nada tienen que ver con el guión, pero que son viejos conocidos de este blog. Estos conceptos son ECM y PMR.

¿Mandeeee?

ECM: Experiencia Cercana a la Muerte.

PMR: Pánico a una Muerte Ridícula.

Si ambas situaciones se conjugan y le ocurren a un actor… qué queréis que os diga: en este blog nos DES-HUE-VA-MOS. Sin maldad, pero el hecho es que nos desenroscamos los pendientes reales, los dejamos a salvo encima de la mesa y ¡hala! A revolcarnos en el suelo como hienas lisérgicas.
Así hicimos cuando le ocurrió a Adrien Brody en la India. Iba de pie con la Pataki en la parte trasera de una ranchera y no vio venir un cable que quedaba a la altura de su cuello (Elsa ni se despeinó). A punto de espicharla (ECM), pero siendo muy consciente del ridículo, Adrian hizo unas declaraciones que pretendían arrojar poesía a tan bizarro momento (PMR). Y cuando escribo “arrojar” pienso en lo que hacen los gorilas con sus propias heces, que como estrategia de marketing me parece mucho más simpática que la de hacerte pasar por poeta de la mus.

El Brody me parece un memo, sí, pero empatizo mucho con su pánico a una muerte rídicula. Es lo que explica esta canción de DEF CON DOS:

“Electrocutarse al cambiar una bombilla.
Suicidarse sin mirar la Primitiva.
Ahogarse en la piscina de un barco.
Desnucarse en la bañera fornicando.
Castigo divino a la zoofilia.
Pasión que aplasta una roca asesina.
Todos se ríen porque adivinan
qué hacía el difunto con una gallina.
Onanismo casero desbocado
en la cocina del lord diputado.
Bolsa de plástico en la cabeza
y en el muslo las ligas de la asistenta.
Carne festiva en la casa de fieras.
Nubes negras que anuncian tormenta.
Miras al cielo muy estirado
y te cae a ti el único rayo.
Pánico.
Pánico a una muerte ridícula”.

Hay formas de morir que deberían recurrirse ante el tribunal supremo.

“Con la venia, señoría: no es justo que David Carradine se vaya así de este mundo, ni que publiquen la imagen de su lomo y los cuartos traseros colgando cual vacuno en la habitación de un hotel”. ¡Ojo! Esto no lo comento pa las risas, porque aunque nos enfrentemos a una situación PMR (ridículo y posterior intento de jugar al despiste por parte de la familia), la experiencia de Carradine no fue cercana a la muerte, sino que fue la MUERTE MISMA… No me deshuevo, no.

No me deshuevo de momento, porque ahora le ha tocado a Jason Biggs y de nuevo tenemos la ecuación ECM + PMR. ¡Con él sí que nos podemos reír a gusto!

Por si el nombre no os suena de nada os recordaré que era el crío que horadaba tartas de manzana (American Pie). Y también el guionista precoz de Todo lo demás.

Y lo más curioso del asunto es que ha ocurrido aquí al lado, en el Imperio Británico español (y no me refiero a Mallorca sino a Gibraltar).

Al parecer, Jason estaba haciendo senderismo en el estrecho cuando un mono saltó de un árbol y se le encaramó a los papos... Esto es lo que cuenta la noticia:

“Jason estaba con sus compañeros de viaje, quienes consiguieron apartar a la bestia de su cara y, afortunadamente, no llegó a ser herido de gravedad por ésta, sólo se encuentra muy conmocionado”.

Ya lo habéis leído: Jason fue atacado por una bestia en Gibraltar. Afortunadamente estaba por ahí su coleguita de American Pie, el actor Eddie Kaye Thomas, que fue quien le espantó el bicharraco para que se descolgara de su cara, como se ha apresurado a declarar el representante del “héroe” (estos repres, nunca pierden ocasión de dejar a sus nenes por las nubes): “El mono trató de atacar a Jason para robarle comida de su bolsa pero Eddie consiguió quitárselo de encima y salvar el día”.

Puede que salvara el día, pero las vacaciones ya se quedaron un poco arruinaditas. Jason ha decidido volverse a casa antes de lo previsto para recuperarse del susto, y sospecho que más dolido en su orgullo que en su gepeto… Jason, no te enfurruñes. Mira a la cámara y sonríe, que hoy eres tú pero mañana le tocará el turno a otro (Adrien Brody, seguramente).

El dia que te da por trascender

Hay un peligro terrible para cualquier trabajo creativo (y yo creo que para cualquiera, en general) que es el de la necesidad imperiosa de trascender, que en algún momento, aparece frente a ti con cara de cabroncilla y te hace la preguntita:

– ¿Y tú que has hecho?
– ¿Qué? Pues yo que sé. Currar. He hecho este programa, esta serie, la comunión de mi sobrino, que la grabé…
– Sí. Ya. Pero ¿Qué has hecho? Así, de importante. ¿Alguna reseña en algún periódico, algo?
– Me lié con…
– Profesionalmente, gañán.
– Ah. Bueno, eso… nop.
– ¿No? ¿Nada? Mira que hay periódicos. ¿Y un gratuito?
– No.
– Vaya.

Y te chafas. Y dices: “igual soy un mediocre”. Y te da el día tonto. El de trascender. El de que hay que hacer algo notorio, que si no “¿para qué te metes?”.

Y oigan, señores. No. Esto no funciona así. Aquí venimos a currar, no a por el oropel y la fama. Que en fin, lo del oropel y la fama en la profesión de guionista ya te digo yo que poco, pero hay gente que aun lo flipa. Y sí, otros que lo consiguen, pero son 1 o 2 por cada montón de cientos de gentes que se dedican a esto día a día en este país.

Últimamente he tenido cierto contacto con el mundillo universitario (contactos de los que puedo hablar en este blog, claro, de los otros paso de hablar, que no estoy seguro de si iban a la universidad aun) y efectivamente, todo sigue igual: Todos quieren ser Kubrick (si van de artistas) o Spielberg (si van de taquillistas). Bueno, igual ahora quieren ser más Tarantino o quizá la fama de “talentos” se pasó del cine a la televisión, por las series de la HBO.

Todos, de entrada, quieren hacer LA OBRA. Y si puede ser YA, en la universidad, mejor (de todo esto habla MUY BIEN -mejor que yo, claro- el amigo Vigalondo aquí, en su blog). Pero claro, en la universidad… nadie hace LA OBRA. Hacemos truños catedralicios de los que, si tenemos auto-crítica, aprenderemos. Y eso en el mejor de los casos.

A un colega que trabaja en este gremio, hay algo que le gusta hacer cuando alguien le pregunta lo típico de “¿y cómo se llega a trabajar de guionista?” o “¿Y qué tengo que hacer para…?”. Porque la mayoría de estas frases se dicen, no pensando “¿Qué puedo hacer para contar historias?” si no “¿qué puedo hacer para entrar en esa serie tan molona/famosa?” y demás…

Porque mucha gente no quiere escribir. Quiere molar. O estar “ahí”. No acaba de saberse muy bien que es “ahí” (y menos en España) pero suponemos que es en la tele, en el canal que se ponga en casa.

Así que el colega este suele sacar algo así como un currículum de cosas que ha hecho. Más que nada, las que le han alimentado cada año. Las que pagan las facturas. Las que son su TRABAJO. Y le reta: “Busca ahí algo que hayas visto”.

La respuesta suele ser: “Ehm… esto me suena”, señalando la tontería más gorda que ha hecho en la larga lista. Eso como mucho. Y entonces mi colega lo explica claramente: “Pues yo llevo 10 años ganándome la vida de guionista”.

Y es que al final este oficio es eso: escribir. Contar historias. En el anonimato, o no. Hacer zapatos. Que queden bien, que sean cómodos y que ayuden a andar. Y si son bonitos, será precioso. Y si se ponen de moda, genial. Pero si no, seguiremos haciéndolos y podremos vivir de esto sin necesidad ni obligación de ser un Aaron Sorkin cada puto día de nuestra vida. Porque una cosa es el trabajo bien hecho y otra, la fama y el éxito a nivel externo.

Y como veis, estas cosas no sólo suceden a nivel universitario. Llega un momento en la carrera (llegan varios, pero vaya) en el que te da el día flojo y piensas: “¿Y yo, qué he hecho? ¿a donde voy?”.

En ese momento, lo mejor que puedes hacer es tener un colega que te de una colleja y te diga: ¡Venga, a escribir!

Y a dejarse de tonterías.

Ciclo de Pelis: 7. Grupo Salvaje

– ¿Y mañana que echan en la tele, tío Escri?
– ¡Pues mi ciclo, alegres chavalines, el Ciclo Programado por Escrito Por, en TCM!
– ¡Hala! ¿Y que películas pones?
– Las que enriquecen cuerpo y alma, las que me han forjado, de las que aprenderéis todo en la vida. A ver, que lo mire… pues Cotton Club de la que hablé hace unos días y… Grupo Salvaje.
– ¡Bieeeeen! ¿Podemos verlas?
– Eeehm… no. Pero os las grabo y si eso, otro día…

Porque sí, niños, “Grupo Salvaje” (1969), de Sam Peckinpah, no es una película recomendada para niños. Es una película recomendada para adultos hechos y derechos que trata sobre adultos hechos y derechos en un entorno de violencia donde impera la ley del más fuerte. ¿Y dónde no?

Grupo Salvaje está considerada como la “obra maestra” de Peckinpah. Podría serlo, es su mejor Western (o post-western) desde luego, pero confieso que para mi este título lo gana “La Cruz de Hierro“, ambientada en la 2ª Guerra Mundial, en el lado alemán. Una maravilla. Pero ojo, que está “ahí ahí” con la que hoy nos ocupa. Al fin y al cabo las 2 tratan del mismo tema:

LA LEALTAD.

El ir hasta el final por tus colegas, que se parten el lomo y se dejan la vida (literal) a tu lado, seas majo, bueno o un hijo de puta. Hasta el final de la aventura. Hasta el final de la vida.

Y como no, la violencia, que les acompaña. Esa violencia que vemos en los primeros minutos de la cinta, con los niños disfrutando mientras torturan a un escorpión moribundo. Los niños: el nuevo mundo, igual de cruel, que disfruta destrozando ese bicho letal que ya está muriendo.

La violencia es la marca de la casa de Peckinpah en sus películas (y su “martirio” en la decadencia, cuando sólo le querían en las películas para que hiciera sus famosos ralentizados y balazos sangrantes) y podemos decir que él la inventó tal y como la vemos hoy en el cine moderno, para deleite de seguidores como Tarantino. Se nota que vio esta película más de una vez el amigo Quentin antes de hacer Reservoir Dogs.

Sí, es un argumento quizá “machista” (por el ir de machitos y porque en el fondo, la película lo es, dado que se sitúa en una época y entorno que lo era, a rabiar) pero directo y que en el western funciona. En la guerra (en el ejemplo de La Cruz de Hierro) también. Y de que manera.

El argumento de la película podría bien intercambiarse con “Dos Hombres y un Destino (De hecho esa peli habla de las andanzas de Butch Cassidy y Sundance Kid, cuya banda se hacía llamar “The Wild Bunch”, aunque en la película de Peckinpah no aparecen ni Sundance ni Butch) pero con la diferencia de que en la de Peckinpah la sangre y la violencia dominan el metraje y en la de Roy Hill lo hace el buenrollismo fugitivo. Son 2 maneras distintas de tratar la extinción de una especie: el asaltador de bancos y trenes. El forajido. El pistolero. El hombre de leyenda del salvaje oeste, que ya estaba muriendo.

Trata de un grupo de hombres que sobrevivieron demasiado, que ahora están en un mundo que no es el suyo. Un mundo en el que el ferrocarril conecta los lugares remotos transportando ejércitos, armas y pasajeros y en el que los caballos se sustituirán por automóviles, como vemos en la película. Un mundo que cambia y para el que no todos están preparados y deben dejar sitio. Esto es algo habitual en el western crepuscular y que podemos ver (a parte de en las demás películas de Peckinpah) en muchas otras películas de la época, como en la también polvorienta “Hasta que llegó su hora“, de Sergio Leone (Once Upon a time in the West), otra maravilla recomendabilísima.

En la historia que nos cuenta el tío Sam, esta pandilla (“The Wild Bunch“, la pandilla salvaje, es el título original) descubre demasiado tarde su posición anacrónica, cuando empiezan a caer como moscas. Pero eso no les detiene, más que nada porque no pueden detenerse ya, ni mucho menos dar marcha atrás: irán hasta el final. Irán hasta donde sea por un compañero caído en desgracia cuando se saben en el ocaso. Irán a buscar su sitio: el infierno. Pero no irán solos.

Voy a sacarme un poco de testosterona para cuando me haga falta, que me acaba de subir escribiendo todo esto. Y mañana me sacaré más, cuando revisione este peliculón del maestro Sam.

Así que ya sabéis: el domingo 23 de Agosto, Western, Musical, Pistolas y bajos mundos en TCM en el Ciclo de servidor.

A las 22:00 horas – Grupo Salvaje.
A las 00:45 horas – Cotton Club.

Que las disfruten.

Noticias de guión: Dalí y Harpo Marx escribieron juntos

Hoy inauguramos una nueva sección de este blog: noticias de guión a vuela pluma.

También podría llamarse: “no tengo mucho tiempo para contarlo pero míra, míra qué interesante”.

Y es que he leído hoy una noticia que me ha llamado la atención: Harpo Marx y Salvador Dalí escribieron un guión juntos. Nunca llegó a rodarse, pero de haberse rodado la película se llamaría Jirafas en ensalada de lomos de caballo.

Repito: “Jirafas en ensalada de lomos de caballo”

Cuesta asimilarlo, lo sé. Por eso lo repito. Con ese título ya se adivinaba que iba a ser un gran hit.

Era, como imagináis una historia que combinaba la locura de Dalí con la de Harpo. Algo así como un Alien vs Predator del surrealismo. Yo creo que se juntaron a ver cual de los dos tenía la chaladura más larga.

Al parecer la cosa empezó porque Dalí, que admiraba mucho a Harpo desde que vio El conflicto de los Marx, fue diciendo por ahí que quería aprovechar su próximo viaje a EEUU para retratar al cómico. Éste cuando se enteró le envió un telegrama:

“Querido Salvador Dalí: he recibido un telegrama de Jo Forrestal diciendo que usted está interesado en mí como víctima. Emocionado ante la idea. El rodaje actual acabará de aquí a seis semanas. Si viene al Oeste, estaré encantado de ser embadurnado por usted. Tengo una contrapropuesta: ¿posaría para mí mientras yo poso para usted? Feliz año nuevo de un gran admirador de la Persistencia de la memoria“.

Dalí no se lo piensa dos veces y se va para el Oeste. Y para empezar con buen pie le regala a Harpo un arpa cubierta de cucharitas, con las cuerdas de alambres de espino. Siguiendo con la broma, Harpo se fotografía junto al instrumento con los dedos vendados, como si se hubiera hecho daño intentando tocarlo:

Después se ponen a escribir lo de la jirafa y la ensalada mientras Harpo rueda Un día en las carreras.

¿Y de qué iba esa historia?

Era un triángulo amoroso entre Jimmy, su novia Linda y La mujer Surrealista. Si os apetece saber más sobre el guión visitad esta página de aquí.

Harpo intentó vender el guión a la Metro pero -¡oh, sorpresa!- ésta lo rechazó. Lo único que queda de esta historia son las muchas notas que Dalí y Harpo tomaron durante su colaboración. Textos y dibujos que pueden verse parte en el Centre Georges Pompidou de París y parte en la colección de la Fundación Gala-Dalí.

Este dibujo (por el que ha saltado la noticia) forma parte de ese legado. Se titula “El piano surrealista“:

Ciclo de pelis: Cotton Club (y la música entró en mi vida)

Mientras dure este refrescante agosto yo seguiré con mi ciclo de pelis.

Hoy voy a hablaros de un musical dirigido por Francis Ford Coppola. Cotton Club fue una superproducción ruinosa que dejó con mal sabor de boca a sus inversores (los propietarios de dos casinos en Las Vegas) y también al propio Coppola, que en más de una ocasión ha manifestado el poco cariño que le tiene a este hijo hecho por encargo.

Y ya que estamos, no creo que su guionista quedara especialmente encantado tampoco. No me refiero al resultado final, sino al proceso, que debió ser tan agradecido como alicatar un baño con pegamento de barra.

En un principio fue Mario Puzo el que se encargó de la historia pero le reemplazó otro guionista/escritor, William Kennedy, que si la wikipedia no miente tuvo que rumiar entre 30 y 40 borradores antes de dar en el clavo.

Cotton Club es una película coral. Sus personajes son los artistas y los clientes del mítico local de Harlem, al final de los años 20 y comienzo de los 30. Los personajes históricos (gangsters y estrellas de cine) interactúan con los netamente ficticios en un puñado de tramas que resultan bastante esquemáticas… Sí. Hay que decirlo cuanto antes:

En esta película no hay una gran historia.

Vale. ¿Y qué?

Igual que hay historias que son bigger than life, hay películas que son más grandes que el cine mismo. Y para mí ésta es una de esas películas.

Recuerdo el descubrimiento que supuso para mí la primera vez que la vi: “o sea, que existe otra música distinta a la que suena en la radio”.

Y me fascinó que existiera. ¡No todo es Mecano y Hombres G! Hay gente que toca canciones con los zapatos:

Gregory Hines y John Barry me contaron ese secreto. Me pusieron en alerta sobre una música y unas coreografías que me hipnotizaron desde los títulos de crédito:

Ésta es una película que visualmente no te deja en paz. Imposible abstraerse de los ambientes que retrata, del ritmo de su montaje.

Aquí está el maestro Coppola haciendo de las suyas:

Francis: Mira, pequeño Escri, hacer el amor es como jugar a las sombras chinescas. ¿Ves que bonito?

Pequeño Escri: ¿En serio? Pensaba que era más como jugar a “churro va”.

Más allá de la música, la fotografía, la ambientación (y una Diane Lane que cruje) Cotton Club es una película en la que me gustaría vivir.

¿Recordáis esa sensación? Cuando no sabíamos analizar el cine. Simplemente queríamos ser el cine. Las películas molaban y punto. Indiana Jones y tú érais hermanos gemelos separados al nacer. ¡Eso es para mí el auténtico cine 3-D!
Yo de mayor, entre otras cosas, iba a tocar la corneta y tener una novia flapper. La vida iba a ser tan superficial como yo mismo. Las cosas graves sucederían con el único objeto de no aburrirme y únicamente tendrían lugar en montaje paralelo con un número de claqué…

Y si no me creéis mirad esta secuencia de muerte y baile. Como ya he dicho antes, Coppola haciendo de las suyas:

(El vídeo está en alemán y al principio sale un muñeco parecido a Mr. Potato. Lo siento, pero no he encontrado otro).

¡Grande Gregory Hines!

Cotton Club se emite en TCM la madrugada del domingo 24 de agosto a las 00:25, justo después de Grupo Salvaje (otra película del ciclo sobre la que os hablaré esta semana)

Ciclo de Pelis: 6. Excalibur

Y para completar este momento british del domingo 16 en el Ciclo “Programado por Escrito Por” (ya sabéis, en el canal TCM) además de “El Sentido de la vida” que ya os comenté ayer, en el programa doble emitimos… ¡Excalibur, de John Boorman!

Si la semana pasada seleccionaba “Las Aventuras de Robin y Marian” (de hecho, Nicol Williamson actúa en ambas, como Little John y como Merlín) para hablar de una leyenda medieval británica contada con un toque de realismo histórico, ahora el motivo que me hace elegir esta cinta es todo el contrario: fantasía y épica de un medievo imaginario, de leyenda.

Excalibur es un desfase ochentero de la leyenda artúrica: es la apuesta por dejarse de cuentos y ya que vamos a contar una historia con magos, espadas mágicas y héroes y traidores bigger than life, la vamos a contar a lo guay:

Armas y Armaduras brillantes y maravillosas que todos querríamos ponernos un día para fliparlo…

Magos y brujas (o brujos y magas) capaces de ver más allá de lo que los simples mortales alcanzamos a ver…

Romances de leyenda y traición…

Peleas a espadazo limpio por el honor y la verdad…

Y cargas de caballería al ritmo imponente de esa banda sonora constante que es el “O Fortuna” de Carmina Burana:

Una película épica y poética (dentro de la estética del acero) en la que se marca el nacimiento de una época de fantasía y su ocaso en la oscuridad más profunda del invierno de la vida: ese que llega al no poder alcanzar el objetivo del Grial, esa quimera. Y que termina definitivamente, tras un canto de cisne, en un Ragnarok (no es de extrañar la constante presencia de música de Wagner tomada de la tetralogía de “El Anillo de los Nibelungos”) de estos “semidioses”, desapareciendo mar adentro para volver, quizá, en otro momento en el que la Britannia les necesite.

Excalibur es la leyenda artúrica tal cual, sin tapujos. Nada de adaptaciones “pseudo históricas” como “El Rey Arturo” para hacer un pastiche. Aquí el rigor histórico nos lo pasamos por el forro (de hecho, nos basamos en la historia de Sir Thomas Malory, ya de por si fantasiosa) de las corazas y nos dedicamos a darle caña a la hojalata brillando con neones de los ochenta.

Y eso mola. Mola mucho.

Quizá demasiado deudora de su época, la película sigue dejando perplejo a todo aquel que se plante ante ella como lo hice en su momento yo por primera vez: como un niño. Y provoca, tras su visionado en mentes impresionables como la mía, una extraña intención de hablar con majestuosidad, andar como si se blandiera una espada o se llevara en el cinto o cantar la obra de Carl Orff, la de Wagner o la partitura creada por Trevor Jones en cada momento “épico” de nuestra vida, como bajar la basura.

En el reparto encontramos, a parte de los protagonistas (Nigel Terry como Arturo, Cherie Lunghi como Ginebra, Nicol Williamson como Merlín y Nicholas Clay como Lancelot) las apariciones de los que después serían famosísimos actores: Gabriel Byrne (como Uther Pendragon), Liam Nesson (Sir Gawain) y Patrick Stewart (Leondegrance). Y por supuesto, la actuación de la futura Reina en “The Queen”, Helen Mirren como la pérfida Morgana.

Del director, John Boorman y del guionista (que adaptó el relato de Malory) Rospo Pallenberg también es una película trepidante injustamente olvidada: La Selva Esmeralda. Pero eso ya es otra historia…

Ahora toca contar esta: la batalla épica del bien contra el mal. Del nacimiento, vida y decrepitud de un reino fantástico que se gobernó bajo una espada mágica: Excalibur.

“Ahora, una vez más, debo cabalgar con mis caballeros para defender lo que fue, y el sueño de lo que puede ser.”

Para cabalgar con Excalibur, ya sabéis, el domingo 16 a las 23:45, en TCM. En el ciclo “Programado por Escrito Por” (justo después de “El Sentido de la vida”, de los Monty Python)

Ciclo de Pelis: 5. El Sentido de la Vida

Esta semana, en el ya afamado ciclo de pelis de servidor en TCM… ¡el toque british!

Lo primero: aclarar. Sí, amigos recién llegados de las vacaciones “hasta el 15 de agosto, luego vuelvo pero está bien porque la ciudad está vacía y se va muy bien a todos los sitios“, aquí el Escri tiene un ciclo que le han encomendado en TCM, el canal que soporta sus tonterías en forma de blog. Y el ciclo es de películas que me encantan y se emiten por ese canal (¿Cual, Escri, dínoslo, que vamos a contratarlo si hace falta?), TCM, todos los domingos de agosto a partir de las 22h. 2 películas cada domingo. ¡No dejéis de ver el Ciclo “Programado por Escrito Por”!

Y tras la publicidad, prosigo: esta semana, el toque british. Y qué mejor para empezar ese toque (que ya quedó inaugurado un poquito -por tema- en Robin y Marian, la semana pasada) que una comedia de los Monty Python: “El Sentido de la Vida“.

¿Y cual es el sentido de la vida? Pues tendréis que esperar al final para saberlo, si no la habéis visto. Pero tampoco os esperéis una respuesta más allá de la que ya os da la propia vida: no hay más sentido de la vida que disfrutarla con sus miserias. Y eso es lo que intentan mostrarnos los colegas de los Python, unos maestros en esa capacidad sanísima de reírse hasta de sus muertos, un caso que ejemplificaron con uno de ellos mismos: Graham Chapman (el Brian de “La Vida de Brian”), miembro que murió y al que su amigo John Cleese dedicó un profundo elogio:

En “el Sentido de la Vida”, los Python se mofan de absolutamente todo lo que nos preocupa: la vida, la muerte, la religión, la familia, las clases sociales, la guerra, la educación, el sexo, nuestro lugar en el universo… y lo hacen dejando una sensación de sentencia, de “¿y ahora, qué más se puede decir?” que desarma a los que intentamos de vez en cuando escribir algo original en un guión. Tanto como lo hace el pensar que estos señores, que lo han conseguido todo (creativamente) en el mundo de la comedia, empezaron en su Flying Circus en 1969. Acojonante, ¿verdad?

Y terminaron con esta película, en 1983. Tras este filme, como ocurre en casi todos los grupos que marcan época en su campo, se disolvieron. La principal causa de esta idea de ruptura no fue Yoko Ono (se cree que no, vaya) si no el propio John Cleese, al que esta película al parecer no le gustaba en absoluto y no le hacía mucha gracia. De hecho, en varias entrevistas ha despotricado sobre la calidad del filme y sobre el “sentido de rodar El Sentido de la Vida”. Personalmente, creo que Cleese se pasó un poquito de quisquilloso y auto-exigente (no obstante, muchos de los grandes sketches del grupo son los que él escribía con Chapman y se nota en su trabajo que la concentración por la comedia es total y no deja nada al azar al escribir y al actuar: un maestro!) porque esta película es para mi, la segunda en un podio imaginario de películas de los Python (la primera sería “La Vida de Brian” y la tercera, “Los Caballeros de la Mesa Cuadrada”, vaya titulito le pusieron aquí a “The Holy Grial”) a muy poca distancia de la primera. De hecho, ganó el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes de ese año. Y siendo una comedia y tan gamberra, eso es algo a resaltar.

El sketch del señor Creosote, la máquina que hace Ping!, la clase de educación sexual, el tigre que se comió una pierna, los peces saludándose, el donante de órganos, el cielo con espectáculo de revista, la pareja de protestantes hablando de lo que “sí” pueden hacer con un condón y por supuesto, el padre católico que explica a su (numerosa) prole por qué no puede dejar de tener hijos, como buen católico que es, en la genial canción de “every sperm is sacred” (todo esperma es sagrado):

¿Hacen falta más razones para recomendarla?

Pues las hay: el inicio. No, no hablo de los peces (morning!) si no del corto previo que incluye la película y que está dirigido por Terry Gilliam. Una maravilla de piratería financiera crepuscular absolutamente delirante. Una genialidad para la que Terry Gilliam pidió total control y que, según decían sus compañeros jocosamente, gastó más dinero que lo que costaba el resto de la película en si. Según cuentan el resto de los componentes del grupo, cada vez su parte de estudio para la película era más pequeña y la de Gilliam para el corto crecía y crecía (de hecho, hasta interrumpe la película en un momento dado, algo muy habitual en los sketches de los Python -y en concreto de Gilliam).

Estas 2 joyas, en un pack de irreverencia que sigue vigente y que, de estrenarse hoy en día, podría volver a ser un absoluto notición y haría saltar a más de un imbécil de su silla para gritar “me ofendió!”.

Así que ya saben. El domingo 16 de agosto, en TCM, a las 22h: El Sentido de la Vida.

¡Porque me sale de….!
En fin, de ahí.

Un guión de 3 horas, porque Él lo vale

Vivimos tiempos extraños.

Morgan Freeman juega a las casitas con su nieta. Sylvester Stallone será homenajeado en el Festival de Venecia…

¿Qué más puede pasar?

Ah, sí! Una película sobre Facebook. Ya lo comenté aquí hace tiempo. La peli se llamará The Social Network y es la adaptación de un libro cuyo título es “The Accidental Billonaires: The Founding of Facebook, a Tale of Sex, Money, Genius and Betrayal”. O sea:

“Multimillonarios accidentales: la fundación de Facebook, un cuento de sexo, dinero, genio y traición”.

Vamos, que nos van a contar las putadillas que se hicieron el grupo de pijos de Harvard que creó el invento. Esta cosa no me interesaría nada si no supiera que el guión lo ha escrito Aaron Sorkin, un tipo al que he loado tanto en este blog que ya me da vergüenza.

¿Y quién es Aaron Sorkin? Uno de los gerifaltes que han surgido en la última década a raíz del boom de las series. Como J.J. Abrams, Alan Ball o Ricky Gervais. Gente que ha conseguido popularizar algo así como el “sello del guionista” en televisión.
Para resumir diré que Aaron Sorkin es el responsable de El Ala Oeste de la Casa Blanca y de la genial Studio 60.

Como decía, el guión de The Social Network ya está casi terminado y, al parecer, David Fincher lo va a dirigir. ¿Eso es bueno? ¿Es malo? Mí no sabe, todavía no le he perdonado lo de Benjamin Button, aunque sé que no estoy siendo justo.

El caso es que los de la productora dicen que el guión de Sorkin es “buenísimo, pero demasiado largo, da para un film de casi tres horas de duración”.

No me extraña nada. Escuchando los diálogos de Sorkin siempre tengo la sensación de que necesita más tiempo para decir todo lo que quiere decir, y que por eso son tan densitos. En eso consiste su “sello de guionista” del que hablaba antes.

De todas formas, en este momento lo de la duración de 3 horas no es más que una anécdota. Siendo un borrador puede durar 3 horas o 30, lo que importa es la versión definitiva (aunque ya me gustaría ver la cara de un productor si me presentase yo en su despacho con un guión de 30 horas).

Os dejo con un vídeo en el que Sorkin comenta la experiencia de trabajar con Scott Rudin, el productor de la película.

“Es lo más rápido que he aceptado un guión en toda mi carrera. Estoy muy cerca de terminar el primer borrador. En parte ha sido una lucha, en otra ha ido realmente rápido, pero en líneas generales me lo he pasado bastante bien escribiéndolo”.

Parece que todo ha ido fenomenal y que se quieren. ¡Ja! fíate tú de estos vídeos de making of, son más falsos que el flequillo del Dioni.

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