Escrito Por

El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

Archivar para el mes “enero, 2009”

Revolutionary Road: ¿qué hemos hecho con nuestras vidas?

Acabo de ver Revolutionary Road y tengo que decir que la película de Sam Mendes me ha tenido un buen rato colgado de un gancho como un trozo de carne herido sin ninguna voluntad.
Ni la crítica ni los Oscar se han tomado demasiado en serio esta película. Yo sí. Y eso es quizás porque no siento un apego reverencial por la novela en que se basa (es lógico, no la he leído) y también porque me importa un rebuzno que otros trabajos de su director estén sobrevalorados o no.

Por lo que a mí respecta, esta película podría estar dirigida por la niña de Rajoy, basada en un libreto del alcalde de su pueblo… La he mirado con ojos desnudos. O mejor dicho: la he sentido.

Va de una pareja en plena crisis de los 30, haciéndose las grandes preguntas:

“¿qué hemos hecho con nuestras vidas?”

“¿por qué las cosas no son cómo soñábamos a los 20?”

“¿tengo tiempo (y cojones) para recular?”

Supongo que no debe ser fácil venderle esto como argumento a los ejecutivos de los estudios. Me imagino la conversación.

– Mi guión va de una pareja que discute.

– Ajá, pero es una comedia romántica, ¿no?

– No.

– ¿Una comedia caústica?

– En absoluto. Esto es puro drama.

– Pero… además de discutir, ¿qué más pasa?

– Nada, sólo discuten.

Debe ser misión imposible, a no ser que tengas una novela de un gran escritor norteamericano como aval.

Se ha etiquetado a esta película como otro lamento más sobre el desencanto del sueño americano. Pero ¿no es simplista decir esto? ¿No es reducirla demasiado a su contexto? ¿Acaso no conocéis parejas en vuestro entorno que se encuentran metidos en un embolao similar?

Quizás hay alguna cosa un poco forzada en la historia, como la presencia del loco con mente preclara, o la inexplicable coincidencia de eyaculadores precoces que van a parar entre las piernas de April (supongo que es una metáfora un poco tosca de su insatisfacción vital).

Pero aprecio ver a dos personajes muy reales, diciéndose cosas muy realistas, sin que haya uno bueno y otro malo. Y me gusta la importancia concedida al impacto que producen los vaivenes de la pareja protagonista en las parejas aledañas, como si todo formara parte de un juego de equilibrios muy frágiles.

Además Kate Winslet y Leo di Caprio están que se salen.

Anuncios

Vamos a vender la de Frost y Nixon a estos paletos…

El título es una provocación, sí, pero es que me sigue flipando esta historia de buscar títulos impactantes para vender una película.

Vamos a ver, es una película de un político y una entrevista. Sí, es así. Por mucho que quieras, no vas a conseguir que vayan al cine personas que no tengan ganas de ver eso: una peli sobre un suceso histórico. Sobre personajes del siglo XX que marcaron una época. Sobre Nixon.

Entonces, ¿por qué a la película llamada en origen: “Frost/Nixon“, que no tiene traducción, decides ponerle el titulito de “El Desafío: Frost contra Nixon”? Seguro que más de uno esperaba hostias como panes y se ha encontrado con dos señores hablando y hablando, sin cámaras lentas de puñetazos que hacen saltar gotitas de sudor a contraluz ni nada.

Pero bueno, si con esas consiguen que la gente vaya a ver esta peliculita, pues enhorabuena. Eso sí, lo merece, porque es una película estupenda: entretener de tal manera a un españolito con una historia sobre una entrevista acerca de un suceso tan importante en la política americana, pero tan lejano a la nuestra (en tiempo y espacio), tiene mérito. Y Ron Howard lo hace fenomenalmente. El cine sobre acontecimientos políticos es una asignatura pendiente en España (Sí, “Resultado Final” de Bardem no vale) pero en Estados Unidos tienen una amplia y solvente tradición, sobretodo relatando vidas de ex-presidentes, que incluye títulos como la citada “Nixon”, “JFK”, “Trece Días”, “Primary Colors”, “W.”, “El Joven Lincoln”, “Warm Springs”, “John Adams” o “Air Force One”. Vale, lo siento, no podía evitarlo.

Frank Langella está brillante, clavando a un Nixon mucho más impactante que el de un sobreactuado Anthony Hopkins en el biopic de Oliver Stone, para mi gusto. Pero el resto del reparto acompaña a la altura, incluido un Kevin Bacon recuperado para el cine de altura. Y el guión (de Peter Morgan) es estupendo, construido en un lento proceso de “huída hacia adelante” para desembocar en una última media hora demoledora y firme. Está basado en una obra de teatro del mismo nombre y que fue interpretada por los mismos actores, algo que, evidentemente, les vino genial para al inmersión con el personaje y la trama, pero que no se resiente en absoluto en cuanto a “teatralidad” tanto en la interpretación como en la trama, escenarios, ritmo, etc…

Además, es una historia cuyo desenlace se conoce, pero claro, para disfrutarlo desde el punto de partida del españolito medio (repito) que, seguramente, no sabe qué ocurrió con esa entrevista exáctamente, es un regalo más.

Eso sí, no lleguemos al punto de desconocimiento de unos señores, el día del preestreno gratuito por el que conseguí colarme (promociones de cajas de ahorros y eso), que bajaban las escaleras conversando así:

– Pues a mi me ha gustado.
– ¿Te ha gustado? ¿De verdad?
– Que sí.
– ¡A ver, ¿de qué trataba?!
– Pues… es sobre un momento histórico… que…

Y ahí los perdí.
Lástima.
Por la conversación, también.

“3D Sex and Zen” o la tercera dimensión del porno

El otro día os confesé mi hastío del porno. El porno me aburre. Desde hace algún tiempo lo encuentro soso y nada estimulante. Es como si de repente a un yonki dejara de colocarle la heroína. Le echo la culpa en parte a Internet, porque sí, y porque cagarse en las nuevas tecnologías es un argumento que nunca pasa de moda.

Pero hete aquí una noticia que puede hacerme cambiar de opinión: van a estrenar la primera película porno en 3D.

¡Vivan las nuevas tecnologías!

La verdad es que pensándolo bien… ¿no han tardado demasiado? Porque esta tecnología nueva, lo que se dice nueva, no es. Hace ya mucho tiempo que me puse las gafotas de colores para ver mi primera película en 3D. Recuerdo perfectamente aquel patio de butacas de inclinación vertiginosa, plagada de niños que extendían las manitas al cielo, intentando coger las animaciones que salían de la pantalla. Qué tierno, ¿verdad?

Muchos de esos niños serán hoy adultos. Tienen edad suficiente para calzarse las gafotas y extender sus manitas hacia los genitales que salgan de la pantalla.

La película en cuestión se llamará “3D Sex and Zen” , de nacionalidad hongkonesa, y las pistas sobre su estreno son contradictorias: algunos medios dicen que se estrenará en Abril, y otros que el estreno será en China la próxima Navidad.

Como no podía ser de otra manera estamos una vez más ante un remake. En 1991 ya se rodó una película llamada Sex and Zen (de gran éxito, al parecer) que era una adaptación de una novela erótica china del siglo XVII llamada “La alfombrilla de los gozos y los rezos”.

Yo, por mi parte, seguro que iré a verla porque tengo ganas de participar en esa alucinación colectiva que consistirá en creer que cosas superdivertidas están pasando a pocos centímetros de ti.

¿Cómo ser guionista profesional?

En todo momento de la vida de un guionista, hay una frase que marca el antes y el después en tu sueño de “escribir”.

Normalmente, es una frase que señala, claramente, que has pasado la frontera del amateurismo para meterte en la profesional. Y dirán “¿Cual, cual, maldito bastardo?”. Sí, siempre les imagino nerviosísimos y alterados, qué le voy a hacer… Pero en fin, me arriesgaré y les diré: Esperen, que voy a soltar una chapa antes.

Mucha gente hace una misma pregunta a los guionistas bloggeros (o los que ven sueltos por ahí, intentando que alguna mujer les haga caso si son tíos o intentando que sus compañeros de trabajo le hagan caso PERO LABORALMENTE, si son mujeres), de manera insistente: “¿Qué debo hacer para ser guionista, maldita escoria?” (Hay que ver como sois…). Aunque la pregunta tenga una misma concepción formal, puede tener 2 significados:

a) ¿Cómo podría llegar a ganarme la vida escribiendo?
b) ¿Cómo podría hacer llegar mis ideas a gente que las convierta en cine/TV?”

El significado b) es tan bonito que dan ganas de llorar (de pena, como cuando ves a un chaval en una peli de Vietnam que en la primera media hora dice: “me he alistado, ¡vamos a reventar a esos amarillos!”), pero lamentablemente, lo más común es que el individuo se refiera a la intención a), concretamente con 3 variantes:

a-1) ¿Cómo podría llegar a cobrar un sueldo por cosas que me gusta hacer (y que puedo hacerla delante de mis padres sin avergonzarme)?
a-2) ¿Cómo puedo ganar dinero inventándome cosas? Es que otra cosa no me sale muy guay.
a-3) ¿Cómo puedo vivir del cuento como tú, maldito juntaletras con gafitas?

La a-3 (a parte de ser una autopista muy concurrida en verano) es, sorprendentemente, una elección muy utilizada por gente que se acerca a hablar o preguntar en muchos foros, pensando que oye, “para la mierda de tele y de cine que se hace en este país, tampoco debe ser muy difícil”. Algunos hasta te lo dicen así. Jeje, campeón…

Suele ser gente que te mira con cara de: “a quién conocerás tú para estar ahí…”. Esto pasa: hay gente que no puede creer que, simplemente por lo que escribes, puedas estar currando. No pasa nada. Supongo que si no trabajáis en el medio, conoceréis también a gente así en vuestro curro, ¿verdad?. Se personifican en listillos que se apuntan a cursos o conferencias según los profes o ponentes, para “hacer contactos”, pero sin tener nada que ofrecer más allá de promesas de “saber hacer” y cuya única película escrita es la de su propia vida. Es gente que se siente que ha nacido para ser algo sin haber intentado nunca demostrárselo. Algo así como cuando Paquirrín entrenaba en el Real Madrid en alevines…

Lo malo es que, como decía el otro día tomando un té (sí, hablo solo y bebo té) el Pianista, el mejor contacto que puedes hacer en esta carrera es el de tus dedos con las teclas del ordenador. Esa es la respuesta y créanme, la única válida: aporrear teclados y escribir cosas decentes, buenas, divertidas, originales o geniales, como puedan. Luego ya vendrá el oficio (o no, que de todo hay y muchos se lo pueden permitir).

Nunca he conocido a un coordinador de guión, productor ejecutivo, jefe, etc… que pida pruebas de guión para una serie sin intención de escoger las que más le gustan. Y fuera gustos, esto suele incluir las mejores (o mejor dicho, las más acertadas) en ese registro, en esa idea. Lo digo por experiencia. El cine ya es otro cantar… ahí hay que lidiar con factores tan marcianos que no existe una norma. Ahí es una guerra de francotiradores, amigos.

Pero en fin, yo venía a hablarles de otra frase, otra sentencia que suelen oír los guionistas en su vida y que va a marcar más que ninguna otra esa frontera que, al traspasarla, pondrá el sello de “guionista profesional” en tu currículum.

La frase, inevitablemente oída en una comida familiar del tipo que ilustra este post, es:

“Oye, me ha pasado una cosa… que te va a valer para un guión, ya verás”.

Y entonces la tienes que oír por cojones, porque te la quieren contar. Inevitablemente, tras la frase, el 98% de lo que te cuentan algo del tipo: “he ido al mercado, he comprado naranjas… ¡y me las he dejado en el autobús!”. Algo en lo que, quizá Medem pueda descubrir una película porque se cierre un círculo o algo así, pero que normalmente no te quita mucho tiempo en la cabeza. Suelen ser historias que, como más curradas, podrían dar para un corto amateur con colegas de la uni…

Pero eso no es lo que importa. Lo que importa es si te paras a darle una vuelta, si te parece guay que tu tío político intente involucrarse en el maravilloso séptimo arte… o te jode. Si te jode que te vengan con esas batallas, amigo… es que ya estás ahí.

The Wrestler: yo botox, ¿y qué?

Es imposible no mirar a Mickey Rourke y preguntarse ¿que le ha pasado en la cara al chico de la moto? ¿Ha comido del mismo plato que Viktor Yushchenko, presidente de Ucrania?

La gente culpa a las operaciones de estética. Tendrán razón, pero me cansa esa argumentación, porque muchas veces está llena de autocomplacencia marrullera y moralista. Es como si dijeran: “ah, ¿tú querías estar guapo por medios pocos naturales? Pues te jodes, y te quedas peor”.
Que se lo pregunten a la Kidman: es imposible leer en la prensa una frase sobre ella en la que no aparezca la palabra botox.

Y me acuerdo del positivismo de Annibal del Equipo A, sacándose el puro de la boca para exclamar “¡me encanta que los planes salgan bien!”. Por contra, la frase de esta gente sería “¡me encanta que las operaciones salgan mal!”.

Por eso prefiero pensar que Mickey Rourke ha sido envenenado. Por veneno real o por veneno de lenguas ponzoñosas, que fingen no comprender que una persona que vive de su cuerpo intente mantenerse joven por todos los medios.

De eso trata The Wrestler (El luchador): de dos criaturas que necesitan mantenerse jóvenes para vivir, pero con una diferencia: no son estrellas de cine multimillonarias. Son una stripper (Marisa Tomei, compitiendo con Penélope por el Oscar) y un luchador de wrestling al final de su carrera (Rourke, también nominado).

Quizás el mayor mérito de esta película es la empatía. La ternura que despiertan todos y cada uno de los movimientos de Randy the Ram: cómo se tiñe el pelo delante del espejo, cómo elige una sudadera para su hija, cómo mira a la stripper de sus sueños…

Porque vaya mirada tiene Rourke, señores. Debajo de esa máscara hay dos pozos de insondable tristeza. Por eso quiero que gane el Oscar.

Y por premiar de alguna forma a una película que, si no tiene nada original, al menos tiene un estupendo diálogo final (sobre el que ya me había advertido el amigo que me la pasó). Toda la película conduce hacia ese diálogo de la última escena, cuando Randy está a punto de lanzarse al ring y Cassidy trata de impedirlo:

– ¿Por qué peleas? Te vas a hacer daño.

– Es ahí fuera donde me hacen daño.

Quien no haya sentido alguna vez lo mismo que salte fuera del ring.

A tope de candidatos a premios de la Academia: Goyas, Oscars y Sundancitos…

Se acaban de conocer las candidaturas a los premios de la Academia en USA (Que da los premios Oscar) y ya van locas las quinielas.

Me imagino que muchas de esas porras en el curro serán de gente que las únicas películas que ve son copias baratas de P2P y de pronto tiene la necesidad de que se haga justicia con tal o cual actor, película o canción. Otra cosa es la categoría del “sonido” y “montaje de sonido” porque la mayoría de esta gente ha visto los Screeners (esas grabaciones mal hechas poniendo una cámara delante de la pantalla del cine) y en fin, no sabe si las palomitas y los sorbos de coca-cola estaban incluídos y no puede valorar igual…

Aquí en España, además, tenemos también las candidaturas de nuestra propia Academia (que da los Premios Goya) así que las quinielas y las porras van que vuelan, con el aliciente además de no saber muy bien por qué creemos que va a ganar tal o cual… porque no hemos visto la mayoría de películas seleccionadas. Ni en los premios de aquí ni en los de allá. Eso sí, ellos tienen la disculpa de que aún no se han estrenado.

Pero bueno, los nombres de los responsables nos suenan y al final todos tenemos nuestras filias y fobias (además de los típicos: “ganará esta porque es de alguien que sufre” y demás tópicos festivaleros). Hasta un grande de la crítica como Carlos Boyero también tiene sus truquitos para adivinar quien puede ser un buen candidato…

En fin, Carlitos… Espero que ningún gay tarado de vida nada cotidiana (vamos, lo normal ¿no?) lea esto y se cruce en tu camino a los altares del Pumarismo. Un despiste, quiero creer… qué crack! (Gracias por el chivatazo, Nacho y Sergio).

Sobre las candidaturas de los Goya ya dije cositas y aún más sobre la selección de cortometrajes. Pero sobre los Oscars tengo poco que decir por ahora. Primero porque están por llegar muchas de las candidatas y segundo porque la mayoría de seleccionados se veían venir hace tiempo (Lo de Pe y Ledger, sobretodo). Sólo me duele el no ver a Wall-e ni El Caballero Oscuro en la terna de mejor película (y mejor guión la segunda), pero bueno, se podía preveer. Además, el resto pintan muy muy bien. Había grandes competidores este año, al parecer, no como en otros premios locales que yo me se…

Pero mientras empezamos a componer las porras de lo que puede pasar, en Sundance ocurren realidades: el corto del colega Chema García (que os presenté hace unos días), “El Ataque de los Robots de Nebulosa-5” y que estaba seleccionado en el Festival, ha sido premiado con una Mención de Honor del jurado. ¡Toma ya!

¡Enhorabuena Chema y que siga la fiesta de premiacos! Aún quedan un par de pases en Sundance y no puedo poneros el corto, pero me comenta que hay una copia lista para ser subida inmediatamente en calidad alta… ya la pasaré.

Hagan quinielas, señores y señoras y hablen, hablen aunque sea por una vez del cine español y del extranjero si hace falta hasta con la señora del quiosco.

En Terapia: reto de guionista

El Dr. Paul Weston coloca por tercera vez los cojines del sofá y mira su reloj con impaciencia. Escrito entra en la consulta por la puerta del jardín.

– Hola, Dr., disculpe mi retraso. Es que esto está a un huevo de distancia del centro, está mal comunicado y no tengo coche, ¿sabe? Soy guionista.

El Dr. sonríe levemente y hace un gesto señalando el sofá. Los dos toman asiento.

– ¿Qué ha querido decir, que no tiene coche porque es guionista?

– Sí, eso mismo.

El Dr. mira a Escrito fijamente durante un rato.

– ¿No hay guionistas que conduzcan?

Escrito piensa un segundo y tuerce el gesto.

– Coches de choque en las fiestas del pueblo, quizá.

– Perdóneme. No le conozco de nada y quizás me falle la intuición, pero ¿no le parece que se pone límites a sí mismo por el hecho de ser guionista?

– Mmmm… No.

– ¿Acaso si tuviera coche sería un mal guionista? ¿Es que tiene miedo a no estar a la altura en su profesión?

– La verdad es que tengo miedo a conducir. Y al dentista. Siempre que voy lloro un poco en la sala de espera.

– ¿Ha venido por eso?

– No, he venido para felicitarles.

– ¿Felicitarnos?

– Sí, a los de la serie. Es cojonuda… Quería escribir una carta pero me he dicho “¡qué coño! Voy a pasarme por allí y se lo digo directamente”.

– La verdad es que no le entiendo. ¿De qué serie habla?

– Oh… No puede salirse de su personaje, ¿verdad?

– No soy ningún personaje. Soy Paul Weston y ésta es mi consulta. Usted ha venido aquí por algún motivo y estoy intentando averiguar cual.

– El nombre Gabriel Byrne no le dice nada, ¿verdad?



El Dr Weston se encoge de hombros.

– Curioso que me lo pregunte. Casualmente es el único hombre sobre la faz de la tierra con el que accedería a tener relaciones sexuales. Pero no le conozco personalmente.

– Ya. No se preocupe. Yo también soy un personaje. Un personaje de un blog.

El Dr. Weston guarda silencio y mira de reojo el reloj de pared.

– Explíqueme eso de la serie. ¿De qué va?

– Pues, usted es el protagonista. Su personaje es un psicólogo muy bueno…

(le interrumpe)… es que soy un psicólogo muy bueno.

– Ya. Pues en la serie trata a varios pacientes. Los lunes trata a Laura, una loca que moja bragas con usted. Los martes trata a un militar con delirios de grandeza. Los miércoles a una colegiala suicida. Los jueves viene esa pareja insoportable que no para de pelearse… Y los viernes es usted el que va a una psicoanalista.

– Así que tengo toda la semana ocupada.

– Sí. Es una serie diaria. Eso es lo que más me asombra, que una serie diaria sea tan buena. ¡Y con apenas escenarios! No hay flashbacks fuera de la consulta ni nada de eso. Cada capítulo es como una pequeña obra de teatro en la que usted y su paciente pegan la hebra sin parar.

El Dr. Weston sonríe.

– Suena un poco aburrido.

– ¡No lo es! Porque los guiones son sublimes. Escribir un capítulo de In treatment es todo un reto para cualquier guionista. No todos podrían… Yo, no.

– Mmm… De nuevo parece dudar de su capacidad como guionista.

– Yo no dudo: SÉ que no soy capaz… Por ejemplo, ¿ve lo que acaba de hacer?

– ¿El qué?

– Esto es un diálogo en forma de espiral, como los de la serie. Hemos vuelto sobre el tema de mi incapacidad como guionista, pero avanzando un pasito más, siempre avanzando un pasito más.

– No, no creo que hayamos avanzado. Sigo sin saber por qué está usted aquí.

– Pues por admiración, por envidia… Por cierto, ¿está Rodrigo García? A él también quiero felicitarle.

– ¿Quién es Rodrigo García?

– Es director, productor, guionista…

– ¿Lo hace todo él?

– Bueno, no creo que lo haga él solo, pero mucho sí hace, eso seguro. Además, es hijo de García Márquez, el muy cabrón.

– ¿Qué tal se lleva con su padre?

– ¿Mi padre? ¿De verdad le interesa? Verá, pues mi viejo es una persona peculiar…

El Dr. Weston se pone de pie.

– Cuéntemelo otro día. Ha pasado su hora. ¿A qué nombre pongo la factura?

El truco del manco

Con el excéntrico afán de menguar mi vergüenza por no tener opinión sobre casi ninguna de las películas nominadas a los premios Goya, este fin de semana he ido a ver El truco del manco, película candidata en tres categorías: mejor dirección novel, mejor actor revelación y mejor canción original, que no es otra sino ésta:

Todo el que haya oído hablar de la película sabe que su protagonista es Langui, el cantante del grupo hip hop La Excepción que interpreta a un personaje muy parecido a él: Cuajo, un chaval de La mina (ciudad dormitorio de Barcelona) que se propone montar un estudio de grabación con su colega Adolfo “El Negro” a pesar de no tener medios para hacerlo.

El truco del manco está dirigida por Santiago Zannou, un director habitual de videoclips que ya estuvo nominado a los premios Goya en el año 2004 por su corto “Cara sucia” (para el que lo quiera ver, seguro que nuestro documentalista Grom tiene a bien ponernos vínculo en comentarios).

Zannou compite en la candidatura a dirección novel nada más y nada menos que con Vigalondo, así que lo tiene difícil, en mi opinión. Y lo siento mucho, porque El truco del manco se merece todo mi respeto. Pero lo cierto es que Los cronocrímenes se merece mi admiración.

El truco del manco no ofrece nada nuevo ni en el fondo ni en la forma. Sin embargo, a mí me ha ofrecido algo muy nuevo para ser una película de este tipo: que no he sentido vergüenza ajena viéndola. En ningún momento me ha parecido que estaba en una excursión cinematográfica a los barrios bajos del salvaje extraradio. Y esto es gracias al buen gusto de Zannou y de su coguionista Ivan Morales (al que conocía en su faceta como actor, pero no como guionista) que han sabido llenar la historia de autenticidad, sin pasarse ni quedarse cortos.

Pienso que si los personajes de la película existieran y fueran al cine a ver lo que el director ha contado de sus vidas, se sentirían satisfechos. No se verían extrañamente reducidos, ni sacados de contexto.

Por ello, discrepo absolutamente de la crítica que Jordi Costa ha hecho en El País. Dice que la mirada de Zannou es sensacionalista y que los diálogos suenan postizos. Opino justo lo contrario.

Ignoro los motivos por los que a Jordi Costa le suenan postizos los diálogos, así que no puedo rebatirlos. Lo que sí sé es que un diálogo falso suena como una nota desafinada. Y mi oído de dialoguista me dice que aquí no hay desafines. Quizás lo que pasa es que se estaba tocando una canción que el señor Costa no conoce.

El Milenarismo va a llegar…

Como si de San Juan hablando sobre un nuevo Apocalipsis se tratara, ayer escuché a un productor ejecutivo una serie de teorías nostradámicas (me encanta inventarme palabros) sobre el futuro del audiovisual. Ya nada será igual. Nada será “tal y como lo conocemos”. El modelo actual… ha muerto.

Ahora que os he acojonado (o descojonado) aclararé lo que venía a decir mi colega: el modelo tradicional de productora tenía los días contados. Ya nadie va a poder vivir exclusivamente de series o programas millonarios para generalistas. Y no le falta razón: las generalistas son cada vez menos generalistas y las audiencias se reparten poco a poco en nichos y sectores de cadenas antes conocidas como “otras” en las estadísticas.

Y encima, la crisis. Que no es que afecte a las productoras directamente (afectan más a sus empleados, porque las televisiones cada vez piden más por menos precio y al final de lo que se acaba quitando es de personal y sueldo) pero sí a las empresas anunciantes, que pagan publicidad en bloques interminables que, la verdad, casi todos nos saltamos. Hay menos dinero para publicidad (al tener ellos menos ventas) y se mira mucho más la calidad del impacto publicitario (acertar con el canal y el “target” al que se le manda) que la cantidad. Se que se os ha quedado cara de vecino de Punset cuando le preguntan “¿qué tal, Edu?” en el ascensor y él les explica qué tal, pero vamos… creo que se entiende.

Entonces ¿cuál es la solución? Ni idea. Pero él venía a ver como futuro una empresa global de “contenidos audiovisuales”. ¿Para televisión generalista? Por supuesto. Pero igualmente para TDT, canales minoritarios, páginas web, virales de Internet, campañas de apoyo a programas de TV, contenidos de fidelización para el prime time de una cadena, contenidos de la web de un canal, series on-line (ya hay unos cuantos valientes con mucho éxito en su propuesta)…

En el fondo tiene razón. Cuando comencé en esta tontería de escribir historias, mi objetivo era vivir por el cine, para acabar comiendo con la televisión, que también es muy divertido. Pero de un tiempo a esta parte, las ofertas laborales que he recibido (o he visto rondar por ahí) van desde las tradicionales “guionista para serie/programa” a “alguien que escriba para tal página web”, “guionistas para campañas virales sobre series de X cadena”, “guionistas para un proyecto de micro espacios de ficción en canales alternativos”, “guionista para un videojuego on-line para empleados de una empresa”. No, aún no he encontrado, como sabéis, que busquen “guionistas para una película porno” pero vete a saber con la TDT lo que puede pasar…

Ya hay productoras que se están dedicando a proporcionar (y ofertar) todo eso y están facturando en sectores que quizá, para los pescadores de peces gordos que solemos ver en prime time, no son suficientemente golosos, pero que en una mediana-pequeña empresa de emprendedores con ideas y ganas, son todo un lujo de posibilidades, creatividad y satisfacción. Evidentemente, hay niveles (no es lo mismo dotar de contenidos la web de FotoManolo S.A. que la de la NBC) pero en muchos de los casos, nada que no se pueda solucionar alquilando material y juntando a un pequeño equipo de gente con ganas de trabajar. (Sí, ya, guionistas con ganas de trabajar, me estoy poniendo utópico, pero joder, dejadme en paz, que estoy lanzado en plan Pope!)

La clave de este futuro, como no, está en nuestra mano: las ideas. Si hay una definición para el propósito de estas empresas (y la que proponía mi amigo) es la de “dotar de contenidos”. Y esos contenidos están en nuestras cabezas.

Confieso que yo soy un poco cobarde a veces (y joven) y aún no me he liado la manta a la cabeza, surcando los mares del autoempleo, pero en estos momentos, en el 2009, se empiezan a abrir las puertas de la producción minoritaria de par en par.

¿Sabremos aprovecharlas?

Quiniela de cortos candidatos a los Goya

Hoy vengo con unos deberes hechos que nadie me ha pedido. Aún así espero despertar un mínimo interés por algo que me parece muy importante: la cantera de nuevos realizadores del cine español. He visto los cortos candidatos a los premios Goya de este año y he hecho mis apuestas. Os invito a que hagáis lo mismo (siento no haber podido encontrar vídeos de todos). Los cortos pueden gustar más o menos, las historias pueden estar mejor o peor contadas, pero en todos ellos hay talento y ganas de hacerlo bien.

CORTOS CANDIDATOS A LA CATEGORÍA DE FICCIÓN:

El encargado, corto del que ya os hable aquí hace meses e incluso os anuncié que iba a traer cola. Está dirigido por Sergio Barrejón y co-ideado con Nacho Vigalondo, quien ha hablado en su blog sobre el corto aquí y aquí.

El argumento, en sus propias palabras, es “una historia acerca de un niño y una pizarra. Un pequeño western de EGB”.

The One in Charge (El Encargado) from Sergio Barrejón on Vimeo.

Final: unos padres debaten sobre si deben desconectar a su hijo en coma irreversible de la máquina que le mantiene con vida. Como me he propuesto hacer una quiniela y eso significa mojarse, diré que éste es el corto que menos me gusta de todos los nominados. Quizás por las maneras medenianas o porque más allá de la situación tan dramática que plantea (con voz en off cursi incluida) no hay ningún giro ni ninguna reflexión que me sorprenda más que el hecho de que Imanol Arias tenga barba. Sin embargo, sé que este tipo de historia tiene su público y el corto ha ganado varios premios. Podéis leer aquí una entrevista a su director.

Machu Picchu: otro corto que tira por la vía sensible. Machu Picchu es como si cogieran a dos personajes de la serie Aída – Mauricio y el maltratado camarero que trabaja en su bar – e hicieran una fábula social sobre el racismo. Demasiado largo para mi gusto, demasiado obvio y bienintencionado pero, ¡qué leches! Está bien hecho. Aquí entrevistan a su director, Hatem Khraiche.

Miente: sobre la trata de blancas. De nuevo un tema social. Escrito y dirigido por Isabel de Ocampo. Éste me ha gustado más, por su manejo del suspense y, para qué negarlo, por los atributos físicos de la actriz. Este es el trailer:

Porque hay cosas que nunca se olvidan: de Lucas M. Figueroa es el corto con más medios de todos y eso se nota. También destaca por su humor negro y su cuidada fotografía. Está ambientado en el Nápoles de los años 50. Tiene una página web donde se puede leer el guión. Y aquí el corto completo (cortesía de Grom)

CORTOS CANDIDATOS A LA CATEGORÍA DE DOCUMENTAL:

Harraga: Harraga un apelativo para los inmigrantes ilegales. Este documental muestra a un puñado de niños que viven en las calles de Marruecos (alguno hay que desde los 4 años) y que no tienen nada que perder cuando intentan cruzar las fronteras hasta nuestro país. Desolador.

Héroes. No hacen falta alas para volar: documental en torno a la personalidad de Pascal Kleiman, un dj francés que nació sin brazos y que ha sabido llevar una vida “normal” gracias a la seductora naturalidad con la que lo lleva. Aquí se puede ver el corto completo (agradecérselo, de nuevo, a Grom). Y éste es el trailer:

La clase: no confundir con “La clase” que ganó la palma de Oro en Cannes. Este corto es una píldora sobre el proceso de montaje de una obra de teatro con niños de unos diez años. De este trabajo me ha llamado la atención, aparte de que es el único con el que no han entrado ganas de llorar y fustigarme por ser un ciudadano bien alimentado del primer mundo con todas mis extremidades bien desarrolladas, la elección que ha hecho el director de no mostrar apenas el mundo adulto, salvo cuando llega el momento de la representación y los orgullosos padres ven a sus hijos en el escenario. El resto del tiempo sólo oímos la voz en off del profesor dirigiendo, reprendiendo o felicitando a los críos, pero nunca le vemos en plano, un poco a la manera de los dibujos Tom y Jerry en los que – si no recuerdo mal – la presencia humana siempre estaba en off.
Podéis verlo al completo aquí.

Soy Meera Melik: otro documental conmovedor sobre la cotidianidad de una niña que vive un barrio paupérrimo de la India, a la que lo que más le gusta en el mundo es ir a la escuela. El corto:

Soy Meera Malik from marcos borregón on Vimeo.

No sé si es casualidad pero da la sensación de que si en la categoría de ficción abundan los temas sociales la categoría documental tiene como único tema la infancia. Incluso el documental “Héroes”, que trata sobre un adulto, está plagado de imágenes en Super 8 del Pascal Kleiman niño. No digo que este exceso de coherencia a la hora de seleccionar los cortos sea malo, pero intuyo que no habrá convencido a algunos.

Me he quedado sin ver los cortos de animación. Lo siento, pero no van a estar dentro de esta quiniela. Quizás hable de ellos más adelante, cuando haya tenido oportunidad de verlos.

Y ahora sí: creo que el corto ganador en la categoría de ficción va a ser Porque hay cosas que nunca se olvidan, de Lucas Figueroa, por su calidad técnica y porque es un respiro humorístico entre tanto drama. No digo que sea el mejor (para mi gusto le sobra el prólogo y el epílogo) pero es mi apuesta.

En la categoría documental pienso que Harraga tiene muchas posibilidades, aunque si ganase cualquier otro no me parecería mal.

¿Cuál es vuestra quiniela?

Navegador de artículos

A %d blogueros les gusta esto: