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El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

Los Hermanos Marx y la clave del Cine: La genialidad, el talento y el oficio.

No es nada sorprendente decir que unos de los cómicos que más admiro de una manera absoluta son los fabulosos Hermanos Marx. Tanto que me acabo de tragar un libro verdaderamente mal escrito y peor traducido: “Monkey Business“, de Simon Louvish; buscando un poco más de material que leer sobre estos amos del humor.

Me gustaría recomendar el libro, pero realmente es una tesis venida a más. Un conjunto de datos y fechas, deslavazado y con muy poca consistencia, que se antoja innecesario tras leer “Groucho y Yo“, “Harpo Habla” y otras obras (“Hola, Adios”, “Memorias de un amante sarnoso”, “Camas”, etc…). Pero bueno, me lo leí, porque al final, un Marxófilo de pro, comete este tipo de locuras, por admiración.

Los admiro por lo que han dado al mundo, por supuesto, pero aún más por haber conseguido trabajar durante tantos años juntos (casi 40) y encima, siendo familia directa. Increíble. Y eso que eran especialitos, especialitos:

Chico, el mayor (Leo, en realidad, se le apodó chico porque siempre iba buscando a chicas -aunque no está todo el mundo de acuerdo con esta versión-) era un jugador y mujeriego empedernido, que consiguió arruinarse innumerables veces por cantidades asombrosas. Convirtió su vida y la de los que le rodeaban (mujer e hija) en un infierno, mientras deleitaba a los demás con sus juegos de palabras y su especial toque al piano. Para pagarle sus múltiples deudas, los Hermanos Marx aceptaron más de una vez volver a los escenarios y platós.

Harpo (Arthur en realidad. El apodo viene, evidentemente, de su amor por tocar el Arpa, que le enseñó su tía), el segundo. Obviamente, no era mudo (aún hay páginas por ahí que lo tratan como tal) y contrariamente a lo que parece su “alter ego”, no era un tarado si no que se codeaba con lo más de lo más de la intelectualidad. Pero LO MÁS, eh. Era todo un amante de la erudición y fue el que tuvo una vida más normal y apacible, una vez aparcó la peluca y la bocina.

Groucho (Julius Henry, se le apodó así por el verbo “To Grouch” que viene a significar algo así como protestar, en plan cascarrabias). Un genio absoluto, tan brillante como inseguro en la intimidad (y más al arruinarse completamente en el crack del 29), lo que le hizo convertirse en un verdadero azote psicológico constante a todo lo que le rodeaba (sobretodo, sus mujeres, que acababan una tras otra alcoholizadas y horrorizadas). El más brillante de los hermanos, sin duda: un mito ya en vida.

Gummo (Milton, le llamaban así por sus habituales zapatos de suela de goma), el hermano de menos talento (al parecer) y el primero en caer del quinteto. Años después aprovechó para quejarse de lo duro que era apellidarse Marx y que, evidentemente nadie le recordara. Actuó en la época de Broadway pero no en las películas. Luego se dedicó a la representación de actores y otros negocios…

Zeppo (Herbert, llamado así quizá por el Zeppelin que se inauguró al nacer él, quizá por un artista de nombre parecido -Zippo-, no está claro) era un actor decente al que no le quedaba sitio -ni personaje arquetípico- en el grupo, por lo que tuvo que asumir el papel del galán. Una pena que le relegó a un segundo puesto y de ahí al pseudo-olvido. Y eso que en muchas representaciones teatrales sustituía a Groucho con notable talento… Acabó de empresario e inventor industrial, con bastante éxito, por cierto.

Sin duda, los genios de los hijos de Minie Marx eran indiscutibles y ya desde pequeñitos, los habían mostrado al mundo en todo tipo de representaciones (cantando, tocando y actuando en todo tipo de tugurios), pero hoy vamos a romper una lanza en favor de un concepto más allá del talento y el genio: el oficio.

Si los Marx se convirtieron en lo que se convirtieron fue gracias a ellos, por supuesto (años y años de autoproducción teatral viajando por los USA lo confirman), pero también al oficio de un buen montón de profesionales que consiguieron mostrar al mundo el talento de estos chavales (no tan chavales cuando llegaron al cine, donde ya eran unos cuarentones).

Porque sí, los Marx eran unos cracks a la hora de aportar giros, gags y brillantes sentencias a sus escenas, pero el material primario, obviamente, provenía de unos señores grises con una máquina de escribir. Grandes talentos (George S. Kauffman, Morrie Ryskind, Arthur Sheekman, S.J. Perelman, Bert Kalmar, Harry Ruby y muchos otros) a los que a veces se sumaban free-lancers del gag cómico y expertos como Buster Keaton, para dar apoyo en los sketches pantomímicos -me lo he inventado!- de Harpo, como pasó en Una Noche en la Ópera.

Gente que trabajaba bajo presiones de unos productores marcianos (en “Groucho y Yo“, Groucho habla de ellos con gran amor, llamándoles siempre Delaney, para guardar su verdadera identidad) que les obligaban a veces a entregar 2 hojas al día, en pleno proceso de escritura funcionarial. ¿Se imaginan escribir algo entregando al jefe 2 hojas al día, con algún gag, sea el que sea, jugándose cada día el trabajo? Pues así fueron creadas muchas de estas maravillas.

A parte de los guionistas, estaba el trabajo de los directores (Sam Wood, Norman McLeod, Leo McCarey…), verdaderas víctimas de estos tarambanas Marx que desaparecían de los rodajes sin venir a cuento bien por haberse ido a la otra punta de la ciudad a jugar a los dados (Chico), bien persiguiendo a alguna rubia (Harpo) o bien porque se había ido a casa a dormir (Groucho) o a jugar a Golf. Pobre gente, dentro del engranaje de la producción en cadena de los estudios, que se las veían y deseaban para darle sentido a un popurrí de locuras improvisadas en su mayoría, delante de cámaras torpes (acababa de llegar el sonido) a las que se les escapaban los actores caóticos.

Y luego, los productores, que intentaban hacer de un material genial, loco y a veces surrealista, un producto vendible y que pudiese atraer al público mayoritario en los cines. El que más claro lo tuvo fue Irving G. Thalberg, un genio (y tirano) de la producción que convirtió, con sólo 35 años, a la Metro Goldwyn Mayer en una locomotora. Su táctica con los Marx de añadir a la comedia loca una historia de amor, para captar al público femenino (que sabía que era el que elegía la película en el cine) fue un éxito sin precedentes. El hacer giras previas al rodaje con el libreto de la película, para probar cada gag con público real, la duración de las risas (que se cronometraban) para no superponer chistes y ponderar la calidad de cada sketche también fueron una gran idea. Y así nacieron “Una Noche en la Ópera” y “Una día en las Carreras“, dos de las películas más recordadas y redondas (sacrificando así frescura irreverente e incorrección político-social, pero bueno) de la filmografía marxista.

Y es que si los Marx eran talento y genio, su oficio y el talento y oficio de los que les rodearon, consiguieron crear un mito que va más allá de las figuras de Chico, Harpo y Groucho.

Porque por mucho que creamos en los “artistas” y nos dejemos llevar todos por el tentador camino de la “autoría”, el cine (y en extensión, todo el mundo audiovisual) es un trabajo colectivo

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12 pensamientos en “Los Hermanos Marx y la clave del Cine: La genialidad, el talento y el oficio.

  1. ¡Hala!… Usted no habrá encontrado interesante el libro, pero el post que le ha salido a partir de él sí que lo es. Enhorabuena.

  2. Tengo que confesar y confieso que los momentos musicales de las películas de los hermanos Marx siempre me han parecido un torro de cuidado. Desde entonces cada vez que veo un arpa me hecho a temblar.

  3. Ruth, si es en una película de los Marx, será un harpa con H, ¿no…? ¡Harpía, más que harpía!

  4. Escrito Por en dijo:

    Levothroid, es tal la majedad que desprende, que no puedo dejar de decirlo. Gracias por estar ahí!

    Ruth, a Leo McCarey le parecía igual y por eso se los ventiló en “Sopa de Ganso”, la única película donde les dirigió. Y la verdad, a mi gusto, mejora! Los números de Chico me hacen gracia, porque tienen un elemento cómico, pero los de Harpo no, son Arpa pura y en fin… cortan el ritmo a saco. Y claro, no iban a hacerle el feo a uno.

    Graciosa, su nick es muy acertado!! jur!!

  5. ¡Eso ya lo sabía yo, listo!

  6. mineral girl en dijo:

    Muy buen post, querido Escrito. Se nota el amor por los Marx …y por las tesis.

  7. Ming, del planeta Mongo en dijo:

    A mi me gustan más las primeras de los Marx, que eran más desparramadas y absurdas, puro vodevil!

    Aun así he de decir que se ha dejado usted a la sexta hermana Marx, la señora Margaret Dumont, esa gran mujer!

  8. Gran post. Hoy me acuesto sabiendo unas cuántas cosas más. Es cierto que la Dumont era todo un prodigio también.

  9. Gansta Guionista en dijo:

    Una noche en Broadway, los Marx estaban desparramando en escena y Kauffman charlaba con un amigo entre bastidores. De pronto Kauffman se paró a escuchar y dijo: “me ha parecido oir una de mis frases” Así eran. Improvisaban noche tras noche hasta que quedaba poco del original… Yo me hubiera dado con un canto en los dientes por escribir media frase para ellos aunque no sobreviviese a dos representaciones… Me alegra coincidir en gustos contigo. Yo también engullo cualquier cosa que se escribe de los Marx. Su obra y su vida siguen siendo inspiradores y ayuda a sobrellevar la mediocridad cotidiana.
    En el próximo contrato empezaré a arrancar clausulas como un sicópata eufórico para flipe del productor… “la parte contratante de la primera parte…”

  10. Al Swearengen en dijo:

    Post muy molón.

    Pocas cosas me hen hecho disfrutar más que los Marx. Punto.

  11. Y tambien dos huevos duros

  12. En lugar de 2 ponga 3

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