Escrito Por

El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

Archivar para el mes “agosto, 2008”

Día del Blog

Hoy es domingo y tengo la cabeza más vacía que la botella de jarabe para la tos que me bebí anoche. He estado toda la mañana pensando en temas para sacar un post. Y nada, que no se me ocurría nada. Entonces me he puesto a dar vueltas por los blogs y he encontrado la solución a mi problema. ¡Resulta que hoy es el Día del Blog!
¿Que no sabíais que existía tal cosa? Yo tampoco, pero me ha venido de perlas (suponiendo que las perlas fueran una cosa genial) porque para celebrarlo lo que hay que hacer es fabricar una lista con los 5 blogs favoritos. ¿Una lista? ¡Cojonudo! Nada mejor que una lista para ventilarte un post en pocos minutos.

Para que la cosa sea un poco seria me he hecho el propósito de no mentar blogs de amigos. Esto me ofrece una coartada perfecta, porque así nadie se ofenderá por dejarle fuera de la lista. ¿A que soy un lumbrera?

La lista:

ORSAI: es, sin duda, mi blog preferido. El único cuyos post pueden suponer la diferencia entre tener un día normal (cuando no publica), un día de mierda (cuando creo que va a publicar y no publica) y un día sensacional (cuando al fin publica). Casi me da vergüenza ponerlo en la lista porque Hernán Casciari ya es de sobra conocido como para venir yo a descubrírselo a nadie: “Hola, os presento a un cantante muy bueno. Se llama Pavarotti”.

EL BLOG DE RAFAEL REIG: Rafael Reig es uno de mis escritores preferidos y el día que descubrí que tenía un blog fui inmensamente feliz. En él se puede encontrar un poco de todo, desde fotos de su hija hasta lecciones magistrales de cómo contar una historia (en su último post, sin ir más lejos):

“Una historia es como una catedral: no hay decoración. Lo que parecen adornos son (sobre todo) elementos sustentantes, aguantan paredes, contrapesan arcos, elevan bóvedas. Parece un dragón, pero es una gárgola, un arbotante, la base de una cúpula. No está ahí sólo porque sea hermoso o divertido: sujeta, equilibra pesos, desagua, sirve para algo.”

Además el tipo chorrea optimismo por los cuatro costados. Vamos, que da buen rollo leer el blog.

EL LECTOR MAL-HERIDO: el lector mal-herido es un hijo de la perrita que hace críticas literarias con mucha creatividad. Divierte y enfada a partes iguales. Bueno, la verdad es que a mí sólo me divierte. Por ejemplo:

“La primera novela es como el primer polvo: ¡un puto desastre! Muchos siguen follando mal toda la vida, y muchos toda la vida siguen novelando tan mal como al principio. ¿Por qué, Dios mío? ¿Por qué pasa que unos aprenden y otros no?, ¿cómo es eso de que la experiencia para unos es una escalera y para otros un único escalón muy bajito donde dan saltos todo el tiempo absurdamente?”

RECIÉN OÍDO: este lo acabo de descubrir. Lo tengo todavía a exámen pero en principio la cosa pinta bien porque es un blog muy azconiano. Cada post son fragmentos de conversaciones oídas en las calles de Madrid. Como esta:

“Un padre (30 y tantos) y un hijo (5 años) charlan y juegan en una urbanización de Getafe:”

Padre: Cuando tú eras pequeño, tampoco sabías hablar. ¿Qué pensabas cuando no podías hablar?

Niño: Que te quería mucho y no podía decírtelo.

Padre: ….

Niño: ¿Vamos a la piscina?

QUERIDO ANTONIO: este es el blog de Alberto González Vázquez, un ARTISTA que, según creo, se gana la vida como guionista. En este blog cuelga sus textos, cortos de animación y últimamente también sus cómics.
En fin, que reúne todo lo que me gusta. Pasa como con esta fotografía, que también tiene de todo lo que me gusta:

Bueno, a la foto quizás le falte algo para ser el centro neurálgico de mi placer. Nada que no se pueda arreglar con un poco de Photoshop…

¡Ya está! Mucho mejor, dónde va a parar.

Y ahora podéis vosotros poner vuestos cinco favoritos en comentarios. Intentaré visitarlos todos. Como decía Juno, ¡os lo juro por mi blog!

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Aaron Sorkin y Facebook

¿No os he dicho lo que opino de las redes sociales?

Me dan asco las redes sociales.

Al mismo tiempo, no puedo escaparme de ellas, porque me ponen en contacto con mis amig@s y con mis innumerables seguidoras (os quiero; lógicamente, a algunas más que a otras), me recuerdan cumpleaños, me dejan ver fotos de chicas guapas y de sus feos amigos (esto me llena de alegría y satisfacción.)

Pero me parece pernicioso poder examinar a los amigos de tus amigos, (o de tus enemigos, o de tus ex parejas…) y a los amigos de los amigos de los amigos. Me parece perverso valorar a alguien según su número de amigos y lo que éstos parezcan molar. Me parece que día a día, apuntándonos a las tonteces éstas, vamos lentamente acabando con nuestra privacidad, con nuestra vida interior, con nuestros secretos.

Ahora tenemos a nuestro servicio tantas formas de relacionarnos con la gente que paradójicamente nos comunicamos menos, o de forma bastante más vulgar, intrascendente y sobre todo, a distancia. Antes, cuando sólo podías hablar con alguien en el teléfono de su casa, te esforzabas por llamar a esa persona. Ahora tenemos mil medios y mil excusas para no ver a las personas, podemos incluso tener una adicción a una persona construida en sms, mensajería instantánea o siguiendo sus pasos en redes sociales, convirtiendo cada click aleatorio, fruto del aburrimiento o incluso del aburrimiento de otra persona en motivo de reflexión. (Eso ya me parece el coñazo supremo.)

Ahora resulta que una de las mentes más brillantes de nuestra era, Aaron Sorkin, va a hacer una peli sobre el nacimiento de Facebook y sus fundadores. Podéis leerlo aquí. De momento el tío se ha abierto una cuenta, y dice:

“He visto que hay mucha gente por ahí utilizando mi nombre en perfiles de Facebook, lo cual me halaga más que me asusta, pero el que escribe aquí soy yo. No sé cómo puedo demostrároslo, pero sentíos libres de ponerme a prueba”.

Ojalá hable de los misterios de la identidad, como tan bien hacen Millás y Paul Auster.

“Me imaginé que un buen primer paso en mi preparación sería descubrir lo que es Facebook, así que abrí esta página. (En realidad lo hizo mi investigador, Ian Reichbach, porque mi abuela tiene más soltura en Internet que yo, y eso que lleva muerta 33 años)”.

Apúntate un habilidoso, Aaron. En fin, yo espero mucho de él, porque me parece una de las pocas personas en el planeta de las que merece la pena hacer proselitismo.

Con Aaron siempre es “Yes, you can”.

¿Qué opináis de las redes sociales?

Este guión es una maravilla

En realidad es una PUTA maravilla. Pero no quería ser soez ya desde el título. Es más elegante esperar a la primea línea.

La película a la que me refiero es Enamorarse, dirigida en 1984 por Ulu Grosbard. El guión es de Michael Cristofer, guionista a su vez de otra película de los 80 que me encanta, Las brujas de Eastwick, en la que, por si no os acordáis, Jack Nicholson hacía cama redonda con Cher, Susan Sarandon y Michelle Pfeiffer. ¡Qué alucine!
Falling in love (Enamorarse) está en un registro muy distinto. Es la simple historia de dos personas que se enamoran, pero no es una comedia romántica. Ni tampoco es un drama. Es otra cosa… ¡es la vida, joder!

Recuerdo cuando vi esta película siendo chinorri. Me espantó. Ahí estaban Meryl Streep y Robert de Niro, dos adultos aburridos, no demasiado guapos y bajo mi punto de vista sin ningún interés. No hacían el papel de arqueólogos, ni policías, ni científicos, ni siquiera eran psicópatas… Constituían tan sólo ganado de ciudad, más grises que el hormigón, tan normales como mis padres. No entendía donde estaba la gracia de ver una película sobre mis viejos ligando. Mis viejos, o los viejos de cualquier otro. Porque en esta película los personajes están casados. No entre ellos, e aquí el quid the question.

El argumento es simple: dos personas que coinciden diariamente en el transporte público intercambian por accidente un regalo de navidad para sus respectivas parejas. Esto les ofrece una excusa para hablar en siguientes ocasiones.
En un principio, ninguno de los dos quiere ir más allá (no pueden, como ya he dicho, están casados). Tan sólo charlan para hacer más ameno el sopor del viaje. Como mucho, se endulzan la mañana con un ligero y soterradísimo coqueteo.
Entonces a él se le ocurre la idea de quedar para hacer el viaje juntos el próximo día. Y a ella le pitan las alarmas. Al principio no sabe si aceptar pero luego hace lo que gracias a dios, hacemos todos los seres humanos: engañarse a sí misma.
Se dice “venga, va, ¿qué puede pasar? Si sólo charlamos en el metro. No creo que a mi maridito le importe”.

Y esa es la primera resistencia vencida de todas las que después van a caer. Porque esta película va de eso: del paso a paso.
No recuerdo una película en la que se retrate con mayor verosimilitud y detalle el proceso en el que dos personas normales y maduras pasan de sentir cierto interés la una por la otra a dejarse llevar por el amor más arrebatado. Por eso el título, “Enamorarse”, es tan acertado.
Es casi como un tratado científico. Si alguien quiere aprender a ligar de forma realista que vea esta película. Eso no quita que esté llena de emoción. Ahora que soy mayor y tengo la certeza de que no encontraré el amor en las minas del Rey Salomón, se me pone la carne de gallina viendo a estos dos seres tan grises como yo echándose miraditas en el metro.

Estamos hablando de una película en la que el punto de inflexión más importante es un beso.

Un beso, nada más que eso. Y sin embargo, sus giros me han puesto más tenso que los de cualquier thriller o película de terror. Cada vez que pensaba que no iban a encontrarse, cada vez que parecía que Streep iba a seguir haciéndose la estrecha… ¡Dios! Me he mordido hasta la goma de los calzoncillos.

Así de inteligente es el guión. Y por supuesto, los actores son dos pura sangre.
De hecho, si me ha ocurrido volver a ver esta película es gracias al post de la Dra. Amor en el que habla de lo buena actriz que es Meryl Streep.
Gracias, Amor.

Y a los demás, ya sabéis: en R de Recomendada.

Guionismo Aplicado (II)

Podría escribir los versos más tristes esta noche, pero no lo haré porque no soy un llorón de mierda.

Al revés, me miro al espejo y veo un ejemplar extremadamente bien proporcionado de hombre blanco, guionista, heterosexual, sensible, educado, buen amante y que tiene cierta facilidad para recordar los cumpleaños.

Ha pasado más de una semana desde que le dije a la chica aquella que para mí no era neutra. Desde luego no es neutra, aunque sí es invisible, porque no se ha manifestado, del mismo modo que tampoco lo han hecho las restantes mujeres a las que les di mi teléfono el fin de semana pasado.

Miento.

Una chica, extremadamente pesada, inoportuna y poco agraciada me ha puesto un sms. No creáis que yo ligué con ella porque sólo quería meterla en caliente. Resulta que había ido a mi colegio y que a tenor de eso tuvimos una de las conversaciones más aburridas que yo he tenido en toda mi existencia. Al ser una amiga común de un amigo, no pude negarme a darle mi número. Podría haberle dado uno falso, pero soy tan sincero que antes de eso prefiero decir:

-No, no te doy mi número. No te lo tomes a mal, soy un testigo protegido.

Fue una tortura. Fue algo parecido a esto. Bueno, era ella no era afroamericana, pero si insistente. (Lo ví primero en el Club de Ángela.)

El caso es que aún no la he contestado. No siento ninguna hostilidad hacia ella, nada más que una indiferencia abrumadora, pero como dice Proust, las muestras de interés de otras personas no hacen sino acrecentar la desdicha de aquel que es ignorado por la persona que ama. (Bueno, quien dice amor dice lujuria, interés, atracción pasajera…etc.) Por lo tanto he recibido su sms como algo extremadamente enojoso.

-Hola Escri, ¿qué tal estás? ¿Sigues con tus guiones? He pensado que quizá el viernes por la noche podríamos tomar algo tranquilamente tú y yo. Dime algo, guapo. Bss xxx.

Y yo, que no soy un llorón de mierda pero me cuesta tragarme mis expectativas, estoy tan triste con el género femenino que mi primera intención sería contestarle esto a la chica:

-Ja, ja. No.

Esto sería inmensamente cruel. Otra opción sería:

-Estoy de viaje este fin de semana. Y además tengo mucho trabajo. Y mi abuela es alérgica al cloro. Besos.

O bien:

-Soy célibe, querida, y tu encanto personal supone una tremenda amenaza para mi castidad
. (Este sería contraproducente por lo irresistible, ¿verdad?)

Otra opción seria decir la verdad. A pesar de que todos reclamamos sinceridad, a pocos gusta.

-Mira, tú no me gustas, así que me parece que no sería una buena idea. Lo siento. Pd. Si recordaba tu cara del cole es porque tus amigas eran muy guapas.

Y por una mezcla de resentimiento, cobardía y pereza he optado por el silencio, el mismo silencio que me da la chica que me gusta. Es fascinante como en el silencio las cosas se van colocando subrepticiamente y la lógica acaba por aplastar el romanticismo trasnochado, ese que nos empuja siempre hacia la posibilidad o la persona menos pertinente.

Así que, como en un guión cuyo autor huye de los diálogos explicativos, coloco mis sentimientos en el silencio. La margino de mi mente consciente pero sueño con ella. La detesto cordialmente, pero una parte de mi desea entenderla algún día. Es mi Gilberta. Todo hombre tiene o ha tenido una en su vida. Gilberta se caracteriza por ser incomprensible, inconstante y veleidosa. En palabras del gran Proust:

“Además, inútil sería hablar a Gilberta, porque no me entendería. Nos imaginamos, siempre que estamos hablando, que escuchamos con los oídos, con el alma. Pero mis palabras llegarían a Gilberta desviadas como si hubiesen tenido que atravesar antes la móvil cortina de una catarata, imposibles de reconocer, sonando a ridículo y sin significar nada.”

Una parte de mí desea que mi Gilberta cambie. Pero quizá cuando lo haga, si es que lo hace algún día, pierda todo su interés.

Y también, como dice Proust, sé que llegará un futuro en el que todo esto me parecerá absurdo y me reiré de ello.

“Encarnizábame sin cesar en un largo y cruel suicidio de esa parte de mi yo que amaba a Gilberta, y eso con clarividencia de lo que estaba haciendo en el presente y de lo que resultaría de ello en el futuro. No sólo sabía que al cabo de algún tiempo ya no querría a Gilberta, sino también que ella habría de lamentarlo y que las tentativas que entonces hiciese para verme serían tan vanas como las de hoy; y serían vanas no por el mismo motivo de hoy, es decir, quererla demasiado, sino porque ya estaría enamorado de otra mujer y me pasaría las horas deseándola, esperándola, sin atreverme a distraer la más mínima parcela de ellas para Gilberta, que ya no era nada. (…) Indudablemente en ese momento la idea de que yo algún día sentiría por otra lo mismo que por Gilberta érame odiosa, porque me robaba, además de a Gilberta, mi amor y mi pena.”

Llegados a este punto, cuando no hay esperanza, cuando el sentimiento hacia alguien no sirve para alegrarle a uno la vida, sino para evidenciar una estúpida debilidad, el único camino sensato es utilizar una máquina como la de “Olvídate de mí” para borrar a esta persona de nuestra mente.

Ahora tengo dos preguntas.

1. ¿Alguien me proporciona un plan B por si no consigo la máquina? (Con la de Men In Black también me apañaría.)

2. ¿Cuántas magdalenas hay que comer para ser cómo él?

Actor y héroe (II): George Clooney

Pennabilli (Italia) 12 a. m.

El mismo Ejecutivo que promocinó la última película de Johnny Depp y el Representante de George Clooney charlaban en mitad de la calle. A pocos metros había aparcado un coche con las lunas tintadas.

– Ya he encargado un nuevo Lancia al concesionario. Lo van a enviar al taller con esta nota que he escrito.

El Representante cogió la nota y la leyó:

“ESPERO QUE ME PERDONES. LO SIENTO. George Clooney”

– ¿Qué te parece? No me digas que no es para derretirse.
– Sí, pero ¿no crees que esto puede ser contraproducente?
– ¿Contraproducente? ¿Cómo?
– Hombre, pues que si le gente se entera de que George Clooney va por ahí regalando coches a mujeres desconocidas, puede pensar: “qué hijo de puta, eso es que le sobra el dinero”.
– La gente ya sabe que le sobra la pasta. Es un actor de Hollywood.
– Ya, pero es que así se hace más evidente. Es como fardar de ello, ¿no? Los niños se mueren de hambre en África y George va por ahí regalando coches. Es un poco… contradictorio.

El Ejecutivo miró al Representante como se suele mirar a los insectos y a los seres de inteligencia inferior en general. Finalmente decidió hablarle, aunque estaba seguro de que era como hablar con un televisor o con una sandía.

– Verás, los niños hambrientos de África no son el público objetivo de George Clooney. Su público son mujeres occidentales y ellas sólo se van a fijar en el detalle romántico. Cuando lean la noticia, todas soñarán con chocar su coche con el de George Clooney. Ya sabes como son las mujeres.

El Representante se quedó pensativo. Lo cierto es que a sus 29 años aún era virgen y se moría de ganas por saber cómo eran en realidad las mujeres. Intuía que la pregunta iba a sonar estúpida pero no pudo contenerse:

– ¿Cómo son las mujeres?
– Más tontas que las gallinas. Venga, ponte la peluca que ya te están esperando en el taller.

El Representante se puso una peluca morena que combinaba a la perfección con la falda ajustada de cuero y los tacones de aguja.

– Una última cosa.
– A ver.
– ¿No sería mejor que contratáramos a una gallina… digo, a una mujer de verdad para hacer esto?

El Ejecutivo miró las piernas del Representante. No se había depilado pero lo cierto es que había un no sé qué sexy en todo el conjunto.

– No, esto que vamos a hacer es un asunto delicado y no podemos arriesgarnos. Ya sabes lo que pasa cuando una mujer conoce a George: todas están programadas para tirárselo. Y él está programado para tirárselas a todas.

El Representante reconoció que tenía razón. Luego fue corriendo graciosamente hasta el coche con las lunas tintadas. George Clooney dormía a pierna suelta en la parte de atrás.
¡VAGINA!, gritó. E inmediatamente George abrió los ojos.

– What else?
– George, tenemos que hacer una cosa…

George miró a su Representante. Bostezó, se llevó la mano a la bragueta y empezó a bajarse la cremallera.

– No, no, no. George, soy yo, tu representante – dijo, y se quitó la peluca para que le reconociera.
– Oh. ¿Y qué haces vestido de mujer? ¿Vamos a una fiesta?
– No. Mira, tienes que conducir unos metros el coche y dar un golpecito a la parte de atrás de ese Lancia.
– ¿Quién va en el Lancia?
– Yo me voy a subir ahora mismo.
– ¿Por qué quieres que choque contigo?
– Es para promocionar la película.
– Ah. Y después, ¿puedo echar otra cabezadita?
– Por supuesto.

Muchos ya conocéis el resto de la historia, y los que no, la podéis leer aquí.

Why so Serious?

Estoy extasiado.

Acabo de ver “El Caballero Oscuro”, aunque mi deje snob y repelente me hace llamarla “The Dark Knight”, que suena mucho mejor.

La he visto en una sala llena de espectadores vibrando, sintiendo, disfrutando. Hacía bastantes meses que no veía una peli con tanta gente, y por un momento, después de tanta mediocridad en Hollywood, ha sido un poco como redescubrir el cine como experiencia compartida.

Por fin, superproducción y talento se dan la mano. Y todo gracias a Christopher Nolan y a parte de su familia.

No somos dignos.

Y ahora, avisando de los posibles spoilers, os voy a explicar por qué me parece que es una peli imprescindible, y por qué me ha gustado tanto.

El Joker, interpretado por Heath Ledger

El cine tiene la capacidad de traer de vuelta a los muertos. Siendo la desaparición de Ledger tan reciente, verle encarnar de forma tan sublime al Joker provoca tanta fascinación como desasosiego. El Joker de esta entrega de Batman es mucho más que un icono estético y payasesco. Es un psicópata, un villano mucho más visceral, un resentido brillante, un amante de la violencia del caos, casi un poeta de la marginación. Uno de los momentos más interesantes es cuando el discurso del Joker hace que Batman entienda que los dos no son tan diferentes. Y que a su manera, los dos son idealistas y por tanto, no son corruptibles, aunque cada uno esté situado en lados opuestos de la moral.

El guión, claro

Lo firman Christopher Nolan y su hermano Jonathan, aunque también tuvo algo que ver (aparte de los personajes y argumentos del creador del cómic Bob Kane) David S. Goyer, guionista de “Blade”, “Dark City” y “Batman Begins”.

(Marchando una de spoilers)

En esta nueva entrega, Batman, el policía Gordon y el fiscal Harvey Dent (interpretado a la perfección por Aaron Eckhart) luchan contra la espiral de caos desatada por las organizaciones mafiosas y el Joker. No es el típico guión completamente plano y tontazo de otras superproducciones con superhéroe. El guión de “The Dark Knight” hace que pelis decentes como Spiderman parezcan una memez, en tanto en cuanto les faltan la penetración psicológica y la solidez argumental de la primera. Lo sensacional de esta historia es que, aparte de contar con unos personajes bastante buenos, es que la historia se articula gracias a varias historias dentro de la línea principal. Los que la han visto saben de qué hablo. Del desarrollo del atraco inicial, de la moneda de Harvey Dent, la elección de los dos ferries… todas son pequeñas historias con principio, medio y final que construyen un todo prodigioso. Además la peli está salpicada de sorpresas, y esa es otra cosa que añoraba en el cine de superhéroes: Nolan le ha devuelto al género la capacidad de sorprender.

Contando en imágenes (siguen los espoilers)

Harvey Dent conquistó a Rachel Dawes (Maggie Gyllenhaal, no sé si la más fea de las guapas o la más guapa de las feas, hay planos en los que me recuerda a Roberto Dueñas) gracias a una moneda con dos caras idénticas.

Con esa moneda parece dejar al azar cuestiones cuando en realidad, y como él mismo alardea, crea su propia suerte. La última vez que ve a su novia, le da la moneda. Tras sufrir un ataque, Dent despierta en un hospital, después de recibir una visita de Batman, quien no ha podido salvar a su amada. Al ver como el reverso de la moneda está quemado, Dent entiende que el amor de su vida ha muerto.
Eso es contar en imágenes. Eso es tener un guión. El símbolo, el principio de la historia de amor (que además está fuera de la historia) es también el objeto que marca el desgraciado final.

El mensaje (Más spoilers…)

Tras la muerte de Rachel Dawes y el proceso de envilecimiento de la gran esperanza blanca de la ciudad, Harvey Dent, Batman decide asumir la autoría de los crimenes de éste después de su muerte, para que el símbolo de la honestidad y de la lucha contra el crimen siga inspirando a la gente. La peli sugiere que la mentira puede servir para perpetuar y mantener vivos los ideales, y que muchas veces la gente, todos nosotros, se merece tener algo en que creer, aunque sea incierto, o aunque haya habido que reescribir la realidad para que arranque sentimientos elevados en los corazones machacados y faltos de esperanza. En sus propias palabras:

Batman: Sometimes, truth isn’t good enough, sometimes people deserve more. Sometimes people deserve to have their faith rewarded.
A veces, la verdad no es suficiente. A veces la gente se merece más. A veces la gente se merece que recompensen su fe. (¿Veis cómo suena mucho mejor en inglés?)

Esta apología de la mentira con la finalidad de mantener viva la esperanza de la gente es, probablemente, una reflexión sobre los mecanismos del poder y la manipulación de masas, pero resulta francamente emocionante, y qué coño, yo me adhiero. Así es como se perpetuan las leyendas: los ideales deben ser perfectos, aunque las personas que los encarnan y promueven no lo sean.
En resumen:

Cuando me enteré de que esta peli está en el puesto número tres del ránking total de mejores pelis de la historia del cine de imdb, flipé. Y sigo alucinando, pero entiendo esta reacción porque me parece un peliculón, y creo que deberiais ir al cine y disfrutar con “The Dark Knight”.

Hacedlo cuanto antes.

Ya estáis tardando demasiado.

El suspense: así me lo aprendí yo

Rebuscando entre viejos papeles he encontrado una nota que le escribió una profesora a mi madre, hace veintitantos años. Dice así:

Escrito por está aprendiendo y progresando mucho pero, como siempre, no se refleja en sus notas debido a su lentitud y despiste. Sólo algunas veces termina sus tareas y creo que sería conveniente ir exigiéndole un poco más”.

Señorita Inmaculada… si yo le contara. Me maravilla tanto que usted me calara con aquel ojo clínico como que yo tuviera tan definida mi personalidad a los siete años. Y confieso que la he menospreciado todo este tiempo: recordando las toñas que me metía en la cabeza (con el puño cerrado) y las tortas que me estampaba en la cara (con la mano abierta), así como aquella vez que encerró a un niño discapacitado en el armario de clase (en esa época decíamos “niño subnormal”).

Con usted aprendí el concepto del SUSPENSE que tan útil me ha sido en mi vida profesional…

Me refiero a aquella vez que obligó a una niña llamada Vanesa a quitarse sus gafitas de color rosa para que ella y todos los niños adivináramos sin lugar a dudas que le iba a meter una buena hostia. Tan grande iba a ser que las gafas corrían el riesgo de salir volando y por ese motivo le pedía que se las quitara. ¿Por qué si no? La pobre niña ya lloraba cuando dejó las gafas sobre su mesa. Usted levantó teatralmente la mano y la mantuvo arriba unos segundos, como una espada de Damocles esperando a caer sobre su cara. Toda la clase contemplaba la escena, expectante y aterrorizada. Y entonces… retiró la mano. ¿Lo recuerda? Fue magistral.
Siempre me he preguntado en qué momento decidió no dar el tortazo. ¿Fue cuando vio caer las primeras lágrimas? Nooo. Usted y yo sabemos que no fue por pena.

Dígame, señorita Inmaculada, ¿cuando comprendió exactamente que era más efectivo el terror imaginado que el propio golpe en sí?

Me gusta pensar que usted lo tenía todo planeado, como un Hitchcock de primaria, que nosotros los niños éramos su público y que escogió castigar a Vanesa por el juego que le iban a dar sus gafas.

Pero cambiemos de tema, señorita Inmaculada: quiero que sepa que yo P.A.

Progreso Adecuadamente. Ahora ya termino todas mis tareas, aunque lo mío me cuesta. Ahora, por ejemplo, tendría que estar escribiendo un guión de 45 páginas. Y aquí me tiene, haciendo eso que los guionistas pedantes llamamos procrastinar. Lo que quiere decir que hace un rato le he sacado brillo a todos los azulejos de la cocina y después me he puesto a ordenar viejos papeles. Así he encontrado su nota y he podido seguir procrastinando, escribiendo este post sobre usted: cualquier cosa con tal de no ponerme a hacer la tarea.
Como llevo tantos años procrastinando (nótese que a los siete años ya lo hacía) he tenido mucho tiempo para reflexionar sobre ello: hay dos motivos para la procrastinación. Por un lado está la legendaria atracción humana por el precipicio. El tiempo va agotándose y cada vez es menos probable que terminemos el trabajo, con todas las consecuencias desastrosas y excitantes que eso conlleva: el despido o el porrazo de la señorita Inmaculada.
El otro motivo es menos complejo. Se trata del miedo. Miedo a hacer mal la tarea. Quien no hace nada no se equivoca. Por eso retrasamos el momento de hacer. Mientras no escribimos, somos unos guionistas cojonudos. Cuando empezamos a escribir, empezamos a descartar posibilidades y por lo tanto, a cagarla.

El miedo y la atracción por el precipicio se retroalimentan, pero con el tiempo se aprende a encontrar la justa medida de los dos. Es por esto que no debe preocuparse por mí. He desarrollado un sexto sentido que me dice exactamente cuando debo dejar de procrastinar y empezar a hacer la tarea.

Este sexto sentido lleva ya un rato pitándome el oído.
Así que me despido de usted, señorita Inmaculada. Quizás hasta dentro de otros veintitantos años. Gracias por sus enseñanzas.

No sé qué estarán haciendo el resto de los niños que acudían a aquella clase en aquel pueblo, pero sería grato descubrir que nos hemos convertido en una promoción de guionistas: la Inmaculada promoción.

Guionismo Aplicado (I)

Gracias por los numerosos comentarios de apoyo recibidos. Este fin de semana, he intentado darme un baño, pero la playa me quedaba demasiado lejos. También, y como me decía Gangsta guionista, he intentado echar un buen polvo, y eso tampoco me ha resultado sencillo.

Resulta muy complicado ligar siendo guionista, porque a la primera de cambio las damas le reprochan a uno que no sea más ingenioso o que no tenga más desenvoltura con las palabras. Normalmente soy de palabra fácil, pero hay dos tareas que sacan a cabezazos el tímido que llevo dentro.

La primera es intentar acercarme a una chica, y la segunda, alejarla de mí.
No tiene por qué ocurrirle todo a la misma, o quizá sí, pero lo paso muy mal a la hora de explicar lo que siento, de verme expuesto y desnudo, de que cualquiera pueda coger esos sentimientos y pasarme por encima. Del mismo modo, me cuesta horrores decirle a una chica simpática y cariñosa que no me ha hecho ninguna putada que no siento lo mismo por ella.

Son dos cosas muy masculinas. No saber expresar lo que uno lleva dentro, e intentar quedar bien a toda costa. Y aunque dialogo con soltura escenas de amor con bastante frecuencia, luego soy así:

YO-Pues verás, es que tú para mí no eres una persona neutra….

ELLA-¿Qué?

YO-Bueno, pues que he venido a verte, he venido a verte, y…

ELLA-Bueno, ¿qué?

YO-Pues eso, qué que te parece que haya venido a verte.

ELLA-Menos mal que eres guionista.

(Este comentario es especialmente doloroso. Vuelvo a la escena.)

YO-Lo que intento decirte es que… Oh, mira, ¿qué es eso? ¿Un cometa? ¿Una lluvia de estrellas?

ELLA-Escrito, estás muy nervioso. ¿Te pongo nervioso?

Mientras las piernas me tiemblan le digo que no.

ELLA-Escrito, ¿estás agobiado?

YO-Que no joder, que no es eso. ¿Sabes lo que te digo? Me encuentro un poco mal, es muy tarde y yo no suelo hacer estas cosas…

ELLA-¿Qué no sueles hacer?

YO-Oh, Dios. Me encanta ese coche que acaba de pasar.

ELLA-Escrito, ¿por qué todo tiene que ser tan raro entre nosotros dos? ¿No te parece todo rarísimo?

YO-Voy a parar ese taxi que viene por ahí. Hablamos, ¿vale?

Le doy un beso en la mejilla y me voy. Pero ella y yo nos seguimos mirando porque el taxi se ha parado en un semáforo. Esto en una peli no pasaría. Ella me mira cabreada un par de segundos y luego se aleja. El coche arranca, y prometo que voy a dedicarme al celibato, y que así todo será más placentero, menos frustrante, más puro. Otro día os contaré cómo soy cuando tengo que darle calabazas a alguien, que a veces también me pasa.

Pero bueno, gracias a vosotros y a que en el fondo estos rollos absurdos que me traigo con varias tías hacen que me sienta vivo, estoy muy animado y con muchas ganas de seguir guerreando en todos los frentes. (Por no hablar de que animan mi inspiración, aumentan mis recursos de escritor, y propulsan mi naturaleza exhibicionista.)

Voy a ser como Rafa Nadal, en vez de pelear por cada bola, voy a darlo todo por cada línea de diálogo, voy a ir a tope, siempre a tope, como Vicentín.

Mientras tanto, les diré algo a todas las chicas que me gustan: que soy fácil, como esta acojonante canción de Faith No More, es una versión de los Commodores de Lionel Richie.
Haceos un favor y escuchadla. Para los que no tienen don de lenguas, os la traduzco. Enjoy.

Sé que suena gracioso pero no puedo soportar el dolor
Muchacha, voy a dejarte mañana
Me parece chica que he hecho todo lo que podía
Lo has visto, he suplicado, robado y tomado prestado

Por eso soy fácil
Fácil como un domingo por la mañana
Por eso soy fácil
Fácil como un domingo por la mañana
Quiero estar colocado
Tan colocado
Quiero ser libre para saber que las cosas que hago están bien
Quiero ser libre
Sólo yo
Oh baby
Por eso soy fácil
Fácil como un domingo por la mañana
Por eso soy fácil
Fácil como un domingo por la mañana

Vincent Gallo: si quieres, puedes

¿Te excita esta mirada de loco?

¿Tus muslos hacen fru-fru cuando piensas en todas las nueces que podrías cascar con esa nariz?

¿Te gustaría acostarte con el actor de la última película de Coppola?

Pues estás de suerte, nena. Te lo llevarás a tu casa una tarde o todo el fin de semana. Tan sólo has de cumplir 3 requisitos:

1- Ser mujer.

2- Estar buena (pide foto, así que no vale engañar).

3- Pagar 50.000 $ (tarde) o 100.000 $ (fin de semana) más gastos de transporte.

Me lo sopló mi colega Galahan y yo no me lo podía creer. Pero he investigado y he visto que es verdad: Vincent Gallo ofrece sus servicios como escort (ahora lo llaman así) en su página web personal.

En sus propias palabras:

“Yo, Vicente Gallinejas, estrella de clásicos como Buffalo 66 o The Brown Bunny he decidido ponerme a disposición de todas las mujeres. Todas las mujeres que lo puedan pagar, claro”.*



¡Pero alto ahí, locas! Antes de que empecéis a haceros fotos en bikini poniendo posturistas, leed este otro estracto del anuncio:

“Se recomienda a la clientes potenciales que ensayen la controvertida escena de The Brown Bunny para asegurarse de que pueden acomodarse a mí”.*

(Inciso: Se refiere a una escena de la última película que dirigió, en la que su ex novia Chloë Sevigny le hace una mama… digo, sexo rico y nutritivo).

“Las clientes que tengan dudas quizás quieran ponerse a prueba con un “protésico” de tamaño extraordinario antes de la cita. Les sorprenderá lo manejable que es y lo bien que sienta”.*

Ahora que ya sabéis un poco más, si os queréis lanzar a la Vincent Gallo Experience tenéis el resto de la información AQUÍ.

Y atención: Vincent Gallo también vende su semen a las mujeres que quieran quedarse embarazadas de él.

Por un millón de dólares nada más. Eso si es mediante fecundación in vitro porque si es por método natural, la futura madre tendrá que pagar un suplemento de medio millón. Vincent, que tiene fama de ser un poco nazi, se reserva el derecho de rechazar clientes con la piel demasiado oscura.

Todo esto me da que pensar. Se me ha ocurrido que quizá algunos de vosotros, queridos lectores, quieran comprar el jugo de Escrito por. ¿Y por qué no? Soy casi tan feo como Vincent Gallo. Y muchísimo más salado. No se me cae el pelo, conservo todos los dientes y la última vez que me puse enfermo fui al pediatra acompañado de mi mamá.
En fin, no quiero fijar un precio, lo considero discriminatorio y de mal gusto, pero estoy abierto a ofertas.

Mientras lo meditais podéis ver el trailer de The Brown Bunny (pero ¡oh, mierda!… sin mamada):

*Traducciones a cargo de Escrito por.

¡Comienza el espectáculo!

Acabo de ver un documental nostálgico con la exhibición de monstruos de feria. Sí, ya sé que esto suena igual de bien que “nostálgico con el canibalismo y la coprofagia”.

Ah, que bellas tardes de juventud, cuando vimos una mujer barbuda y nos comimos a mi abuela untada en heces.

Sin embargo, con Sideshow: alive on the Inside (aquí traducido como “¡Comienza el espectáculo!”) todo cobra un nuevo sentido. No hay lugar para lo políticamente correcto cuando la primera persona implicada te dice:

“Aquello me gustaba y me trataban bien.” (Chica-simio dixit)
“Compramos una casa sin necesidad de hipoteca”. (Hermanos siameses dixit)
“Encontré al amor de mi vida”. (Half-girl dixit)

Jeanie Tomaini es Half-girl, la medio-chica, una mujer que nació sin piernas. Cuando empezó a exhibirse en ferias no era más que una niña. Como muchos otros, no pudo elegir. Sin embargo, en cuanto alcanzó la edad adulta decidió independizarse del control materno y tomar las riendas de su carrera. Se casó con el gigante Al Tomaini y se exhibieron juntos bajo el reclamo de ser el matrimonio más extraño del mundo.

Tiempo después se retiraron del espectáculo y fundaron The Giant’s Camp, un lugar en el que recalaban otros artistas como ellos para descansar y alejarse de las miradas de “los normales”.

No es que el documental quiera dar a entender que la vida de estos feriantes era un apoteosis de felicidad. Lo que sí deja claro es que algunos de ellos lo consideraban una forma digna de vivir.

Porque la dignidad es una cosa muy pero que muy relativa, como el atractivo físico de Adrien Brody.

Esto quiero decir que el documental también se toma en serio la otra postura, la de los ofendidos. Explica que el principio del fin de los “monstruos de feria” llegó en los años 60, cuando una chica discapacitada presenció un show en el que se exhibía a un hombre con una discapacidad muy parecida a la suya. Se sintió profundamente herida y lo denunció.

Es absolutamente comprensible su indignación. Pero también lo es la frustración de los que tuvieron que dejar de actuar y cambiar sus vidas a causa de su protesta. Al mismo tiempo, cierta película de Tod Browning era reestrenada y apreciada como no lo fue en 1932.

Rarezas de la doble moral, que necesita revestir con la palabra ARTE aquellas cosas que le avergüenza disfrutar.

Quizás hay quien piense que esas cosas ya no suceden, que hemos evolucionado moralmente y que del mismo modo que ya no hay esclavitud (¡ja!) tampoco necesitamos esos espectáculos morbosos.

¡Y un huevo!

Este documental es del año 96 y ya entonces apuntaba que este tipo de curiosidad humana es como la energía: se transforma, pero nunca desaparece. De modo que las personas que antes se exhibían en barracas ahora son invitadas al programa de Jerry Springer o al de Oprah Winfrey.

¿Y hoy qué tenemos?

Hoy tenemos este reality de la BBC en el que un grupo de chicas con distintas discapacidades concursan por ganarse el título de top model.

Y me parece bien. Bien por ellas, que les debe hacer una ilusión de la leche. Pero me molesta que nos lo quieran vender como algo que contribuye a la normalización. Me suena igual de pillado por los pelos que cuando decían al principio de los tiempos que Gran Hermano era un experimento sociológico. Una vez más, la doble moral: las palabras grandilocuentes como hojas de parra, tapando las vergüenzas de Adán y Eva.

Pues vale. Entre el morbo abierto de antes y la hipócrita filantropía de hoy, yo prefiero quedarme con algo así como una especie de término medio. Lo dicen en una frase del documental:

“Al público le gusta ver a personas que superan circunstancias muy adversas y que utilizan a su favor un negocio que puede ser muy duro”.

Me parece una reflexión mucho más positiva que todo lo demás y creo que hay algo de verdad en ella.

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