Escrito Por

El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

Otro post autobiográfico (que parece un cuento de terror)

Hace poco intenté ver El quimérico inquilino, de Roman Polanski. Digo intenté porque no lo conseguí: me quedé dormido en el camino. Quedarse dormido viendo una película no es un acto de desprecio hacia la obra, como muchos creen. Quedarse dormido es una reacción natural a estados físicos de cansancio, sueño o borrachera.

Yo me he quedado dormido viendo cosas que me gustaban muchísimo. Una vez incluso me quedé dormido viendo a la chica de mis sueños. Desperté y ya se había marchado. Eso sí, me había dejado un regalito en el baño. Lo interpreté como una señal de desprecio y por ello, no la volví a llamar nunca. Ahora que soy mayor comprendo mi error: ella no pretendía lanzarme ningún mensaje a través de mi wc. Aquello no significaba nada en absoluto. Tan sólo era el resultado de una acción fisiológica, como lo de quedarse dormido viendo películas.

El quimérico inquilino me produjo una sensación desasosegante (no incompatible con el sueño) desde el minuto 1, cuando aparecen esas cortinas viejas en los créditos iniciales… Ved aquí las cortinas y decidme que no os dan yu-yu:

El quimérico inquilino parece la Cara B de La semilla del diablo. Aparentemente hablan de lo mismo: el infierno está en los otros. Especialmente si son tus vecinos. Y en ambas historias los protagonistas acaban descubriendo que el infierno también está en ellos mismos.

Concretamente, El quimérico inquilino trata de un chico que tiene dificultades para encontrar piso. Y cuando por fin encuentra uno, empieza a notar que pasan cosas raras a su alrededor.

Me estoy acordando mucho de Roman Polanski ahora que por fin he conseguido cambiarme de piso. He encontrado una casa más grande, más limpia, más agradable y bastante más cara que la que tenía. Todo bien. Pero ahora… estoy empezando a conocer a mis nuevos vecinos. No se parecen en nada a los anteriores. En mi antiguo barrio tenía la sensación de yo formaba parte de una minoría: una minoría de españoles, entre una mayoría de inmigrantes. En el barrio nuevo sucede al revés. Apenas he visto caras de otros países. Los primeros días no lo noté. Despues, iba una tarde caminando por la calle y empecé a tener esa misma sensación desasosegante de las cortinas. “Algo va mal”, pensé. Miré a mi alrededor, buscando algo, sin saber el qué. Y entonces caí: ¿dónde están los inmigrantes? ¿qué han hecho con ellos? ¿cómo es posible que en este barrio, más o menos en el centro de Madrid, vivan ajenos a la evolución demográfica?

Puse rumbo a casa con la mosca detrás de la oreja y cuando entré en el portal se me ocurrió ponerme a leer los nombres de mis vecinos en los buzones: ¡¡ni uno sólo parece extranjero!!

Otro hecho que estoy intentando constatar es la edad de mis vecinos. Al parecer, son todos ancianos.

Ayer, la señora que vive en el apartamento contiguo llamó a mi puerta. Su forma de pulsar el timbre -cinco veces seguidas- me puso en estado de alerta. Pensé que estaría furiosa, quizá le habrían molestado mis ruidos… Pero no. Tan sólo quería conocerme, aprovechando no sé qué excusa del correo. Después de unas cuantas frases intrascendentes me soltó algo que sonó como un reproche.

Antes he llamado pero no me has abierto la puerta, me dijo.

No. Es que he salido un rato a la calle. (Y era verdad).

La mujer me miró de arriba a abajo, juzgando la veracidad de mis palabras. Después de un silencio incómodo, me espetó un “Ya” que en realidad significaba un “mientes”. Y volvió al parloteo absurdo. Estoy convencido de que si pulsó el timbre de mi puerta con esa furia es porque se sentía irritada, pensando que yo no la había querido recibir antes. Y no se creyó lo de que había salido a la calle. Pero, ¿por qué no? ¿Es que piensa que está al tanto de todos mis movimientos?

Desde aquello, sospecho que esta vecina me vigila. Y quizá todos los demás.

Tengo miedo, pero voy a ser fuerte, porque me ha costado tanto encontrar casa que sólo la muerte o la Lotería Nacional del Estado conseguirán sacarme de aquí.

Seguiré informando, pero si dejo de postear repentinamente tomaros un gin-tonic a la salud de mi alma.

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7 pensamientos en “Otro post autobiográfico (que parece un cuento de terror)

  1. Pero q pasa, escrito, vives en el barrio Salamanca? A ver si vas a ser el primer guionista de la historia q se forra trabajando?

  2. Escrito por en dijo:

    Caliente, templado. Menos en lo de forrado, que en eso vas frío, frío.

  3. Mr. Pepe en dijo:

    ¡Ja, ja! Ten cuidado si te quiere dar un brebaje de hierbas y te da un colgajo maloliente, Escri.

  4. Yo tenia un vecino que ponia el dedo sobre el timbre y no aflojaba hasta que le abria, también me controlaba casi siempre estaba en la puerta cuando yo volvia a mi casa y si era algo mas tarde de lo que él consideraba normal, se miraba el reloj y después a mi con gesto desagradable.
    Hablo de él en pasado porque ya no está y a veces hasta le echo de menos

  5. mineral girl en dijo:

    Un consejo, Escri: cásate, ten un par de retoños y ponte a trabajar en la Admon Pública, y dejarán de molestarte.
    Aunque claro… igual no quieres.

  6. Estíbaliz en dijo:

    Si empiezas a comer carne cruda o descubres que el fondo del armario de tu casa conecta con la casa del vecino, ¡huye! A no ser, claro está, que te apetezca tener un hijo del diablo, que todo puede ser.

  7. Sublime la música. Siempre se aprende algo en tu blog. Zanks.

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