Escrito Por

El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

Archivar para el mes “abril, 2008”

La leyenda de la actriz sin nombre

“Érase una vez una actriz tan tonta que se lió con el guionista”.

Supongo que muchos de vosotros querréis saber quiénes son los nombres detrás de este bonito lugar común.

Pues bien. La actriz era ella y el guionista era yo.

Da igual como la conocí, o quizá no lo recuerdo. Igual estaba muy borracho, o igual recordarla me hace tanto daño que mi memoria ha borrado su huella, junto al de todas las perritas sin corazón que me he cruzado desde que tengo pelos.

El caso es que tengo mucho aplomo, me pesan mucho los huevos, y hoy es un día tan bueno como cualquier otro para desquitarme con ese súcubo del infierno que se metió en mi cama y que se hacía llamar Cerda, aunque para mí era Cerdita.

Parafraseando a Nabokov,

Cerdita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Cer-di-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Cer. Di. Ta.

Era Cerdi, sencillamente Cer, por la mañana, cuando estaba derecha, con su metro cuarenta y ocho de estatura, sobre un pie enfundado en un calcetín. Era Cerda cuando llevaba puestos los pantalones. Era Cerdi en la escuela. Era Doña Cerda cuando firmaba. Pero en mis brazos fue siempre Cerdita.

Y cuando no estaba en mis brazos, yo intentaba culturizarla. Le regalé “Sed de Mal” y al día siguiente me dijo que la devolviera, que tenía una cosa negra arriba y otra abajo, que aquello estaba mal.

Se quedó dormida viendo “La Infancia de Iván” y después, se la regaló a su sobrino de seis meses, puesto que se llamaba Iván. También me avergonzó viendo “Pulp Fiction”, al grito de “¿Pero este no estaba muerto?“, en una proyección con gente de una productora (no volvieron a llamarme jamás).

Hace mucho tiempo ya que no sé nada de Cerda. Un día me pareció verla en la teletienda, anunciando un aparato de esos que hace abdominales por ti. A veces cuando me siento vengativo, deseo que el cacharro te electrocute y te quedes en el sitio, pájara. No puedo entender cómo pude querer a una borriquita como tú, que no sabe ni la U.

Espero y deseo que te mantengas alejada de mi camino, porque si te vuelvo a ver, volveré a perder la dignidad, me tiraré a tus estúpidos pies y te daré la razón cuando me digas que hinchar un corto es soplarle en la carcasa.

Irracionalmente tuyo,

Escri.

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Basado en hechos reales

Tengo las tijeras de mi casa dislocadas de tanto recortar noticias de periódicos. Y dos carpetas reventonas con la celulosa gris asomando por los bordes.

Sí. Ha llegado la hora de salir del armario: soy coleccionista de recortes de prensa.

Tengo cientos de noticias, fotos y reportajes que no necesito para nada. Pedazos de papel inutilizados, robados de la rueda de reciclaje.

Es una costumbre que adquirí de chico, por pura imitación a mi padre. Él tiene el mismo problema que yo. Pero su caso es menos grave, porque se ha especializado en imágenes (fotos e ilustraciones). Yo, con esta manía de ser guionista, he ido guardando también titulares y noticias enteras por si acaso alguna vez me sacaban de una sequía de ideas. Que yo recuerde, nunca ha sido así.

Mi relación con las carpetas de recortes es ambigua: por un lado estoy orgulloso de ellas. Son obra mía, les he dedicado horas de mi vida y componen un reflejo más de mi personalidad. Pero por otro lado, me avergüenzan. No sé muy bien por qué. Son como esa chica rara a la que amas confortablemente en la intimidad pero que no te apetece presentar a los amigos (si eres un poco mezquino).

De vez en cuando hago una revisión exhaustiva de las carpetas y ejecuto una poda de todo aquello que ha dejado de impresionarme. Por ejemplo, si en el año 2000 quedabas noqueado cuando leías que los casquetes polares iban a derretirse, ahora no te produce más sorpresa que encontrarte con una pelusa en el ombligo. “Sí. El mundo se va a la mierda. ¿Y qué? Cuéntame algo que no sepa… ¡Hostia puta, qué pelusa más mona! ¡Si parece un copo de nieve!”

Así que todas esas noticias anticuadas se van al cubo de la basura, dejando espacio a otras nuevas más frescas. La única condición para entrar en mis carpetas es que sean noticias con material dramático.
Algo que en un futuro pueda guionizar y dar lugar a una estupenda película basada en hechos reales, como lo son Atrápame si puedes, Elephant, Sérpico, Mar adentro o Amantes.

Para que os hagáis una idea, estos son los últimas titulares que han entrado en mi carpeta:

1. “Una mujer pasa dos años encajada en el inodoro de su novio”. (La Vanguardia)

2. “Un anciano roba un banco en silla de ruedas”. (20 minutos)

3. “Alquilo habitación por sexo”. (El País)

4. “El cura volador: Un padre brasileño, que quería batir el récord de permanencia en el aire con globos de fiesta, se encuentra desaparecido desde el domingo en el litoral de Santa Catarina”. (Diario Público)

¿Se te ocurre alguna noticia más que pueda añadir a mi colección? ¿Qué películas basadas en hechos reales adoras?

Los (mejores) cortos del presente y del futuro más cercano

Sergio Barrejón me ha mandado unas fotos exclusivas que dan buena idea del proceso de escritura de su último corto.

Los padres de la historia son Nacho Vigalondo y él. Estas son las fotos, que no tienen precio. (Las fotos son de Nacho Méndez.)

Teniendo este material, no me resisto a hablar de “El Encargado”, proyecto ganador del último Cinema Jove, y de otros cortos que vienen. Yo ya lo he visto en plan pase privado y he de decir que va a traer cola, y probablemente numerosos premios. Todavía no hay trailer.

En cambio, si lo hay de este corto fantástico de Roberto Pérez Toledo, llamado “Nuestro propio cielo.”

Otro que se ha estrenado hace poco es “Made In Japan“, de Ciro Altabás. Ciro, eres un crack. Y tienes más kilómetros que los gorritos de Razinger.

Lo vemos mientras esperamos “Manual Práctico del Amigo Imaginario (Abreviado)”, (ver foto de arriba)

Otro corto que sigue pegando fuerte en los festivales es “Bichos Raros, de Estíbaliz Burgaleta y Alegría Collantes. I’m loving it.

Además, un pajarito me ha piado que están maquinando su próximo corto, que se titulará “Mañana sin falta”, y que explora esa realidad que tendrá lugar mañana, pero que por una razón o por otra nunca llegamos alcanzar. Produce Nico Matji.

Y de postre, os dejo con el trailer de “La Aventura de Rosa”, el debut en la dirección de mi amiga Ángela Armero, ganador del último premio de proyectos de Medina del Campo, que cuenta qué pasaría si en la vida pudiéramos tomar decisiones como en las novelas de “Elige tu Propia Aventura.”

¿Qué otros cortos del momento me estoy dejando en el tintero?

Guía para despistados: Mi post anterior iba de los mejores cortos del cine español.

Los mejores cortos del cine español

Allá donde hay una lista, hay una polémica. Allá donde hay una polémica, hay alguien que quiere matarte. Allá donde hay alguien que quiere matarte, hay algo divertido que contarle a tu biógrafo.

Y como le tengo al pobre cruzado de brazos, diciendo tío, Escri, vives menos aventuras que el Árbol Sabio en otoño, me decido a lanzar una lista completamente subjetiva de los mejores cortos que puedo recordar, teniendo en cuenta que ni los he visto todos ni mi criterio es mejor que el de nadie. Allá va.

1. “La Ruta Natural”, de Alex Pastor.

2. “Hongos”, de Ramón Salazar.

(La segunda parte está aquí.)

3. “7:35 de la Mañana”, de Nacho Vigalondo

4. “Ponys”, de David Planell.

5. “El Secdleto de la Tlompeta”, de Javier Fesser.

La segunda parte está aquí.

6. “Éramos pocos”, de Borja Cobeaga.

7. “Traumalogía”, de Daniel Sánchez Arévalo.

8. “Allanamiento de morada”, de Mateo Gil.

9. “El Columpio”, de Alvaro Fernández Armero.

10. “Lo que tú quieras oír”, de Guillermo Zapata.

11. “Diez minutos”, de Alberto Ruiz Rojo. (El vídeo es un trailer.)

12. “El sueño del caracol”, de Iván Sainz Pardo.

13. “Ruleta”, de Roberto Santiago. (Por desgracia, sólo es la ficha.)

14. “Contracuerpo”, de Eduardo Chapero Jackson. (Es un trailer.)

15. “Cirugía”, de Alberto González.

Próximamente, un post sobre los cortos que vienen.

Y ahora, a lo importante. ¿Quién quiere matarme?

¿Cuál añadiríais o quitariáis de la lista?

Cashback: un secuestro aburrido

Hay películas con las que te sientes secuestrado. Para mí esa sensación aparece cuando he perdido el hilo de la trama. Me encuentro en mitad del metraje y no sé adonde voy. Estoy a la absoluta merced del director. El tercer acto puede acabar en un circo de elefantes o en un portal de la calle Montera. Lo mismo da una cosa que la otra, porque nadie pilota el avión.

Sentirse secuestrado puede ser muy bueno o muy malo.

Todo depende de quién sea tu secuestrador: ¿es Natalie Portman o es Coto Matamoros? Díficil saberlo con el pasamontañas…

Al principio Cashback prometía mucho. Empezando por el cartel.

De lo más intrigante. ¿Qué hace esa preciosa chica desnuda en un supermercado? ¿Es quizás una historia sobre invasores de ultracuerpos que ignoran cómo pasar inadvertidos entre la población humana?

Contemplar ese cartel era como pegar la nariz al escaparate de una pastelería. Un mundo de posibilidades abierto.

Su estética me recordaba a las fotografías del grupo artístico AES+F: fotografías que contienen la promesa de una gran historia. El instante más intenso de la vida capturado. Como ésta…

Sin embargo, esas historias nunca son desveladas. Todo es muy bonito, muy sensual, pero también un poco frustrante para un tipejo como yo, adicto a la ficción.

Ocurre algo parecido con Cashback. ¿Qué hay detrás de ese cartel y de unas cuantas escenas visualmente sugerentes? Poco, o nada: unos tejemanejes sentimentales muy simplones, unos lugares comunes altamente irritantes y una pretendida disertación sobre la belleza del cuerpo femenino que no trasciende los cánones del Playboy.

Pero su tema principal es el paso del tiempo. ¿Qué hacer cuando cada instante es doloroso o aburrido y queremos que pase rápido? Para mí esta reflexión es lo único interesante de Cashback, más aún teniendo en cuenta que en muchos momentos durante el visionado de la película he sido consciente del paso del tiempo y he tenido ganas de que mi secuestro terminara pronto.
Sospecho que esa no era la intención del director, Sean Ellis, pero me gusta pensar que sí, porque en ese caso podríamos encontrarnos ante el zigoto de un nuevo genio, uno de esos que cuando crecen te inoculan el síndrome de Estocolmo.

Guionistas Explotados

Os adjunto el último comunicado de Alma y Tace. Perdonadme los que no seáis de la profesión, pero bueno, viendo la clase de problemas que tenemos puede que no suscitemos tanto interés en bodas, bautizos y comuniones. Somos, la mayoría de las veces, unos mataos de la peor especie.

Queridos compañeros y compañeras,

Tras la primera entrega de las firmas recogidas por ALMA y TACE para reforzar las reivindicaciones de los trabajadores del audiovisual, fuimos relativamente optimistas. Si FAPAE escuchaba seriamente nuestras reivindicaciones, podrían crearse las bases de una relación laboral justa en el cine y el resto de la producción audiovisual.

Lamentablemente, esta primera impresión no se ha confirmado en hechos y los productores sólo están dispuestos a tocar pequeños matices del actual convenio que consideramos prácticamente insignificantes.

Es decir, estamos en el mismo punto de siempre en la historia de los que luchan por conseguir condiciones dignas de trabajo: NADIE NOS VA A REGALAR NADA.

Por ello apelamos a tu compromiso como firmante de nuestras reivindicaciones, para que te puedas implicar lo más activamente posible. Las oficinas, los teléfonos y los correos de TACE y ALMA están abiertos a tu participación.

Por el momento, te pedimos que participes en la difusión de la campaña zona de producción audiovisual = zona de explotación laboral difundiendo el archivo adjunto.

También te pedimos que contestes a la siguiente pregunta:

¿Crees que debemos pensar ya en paros y movilizaciones para que se escuche nuestra voz?

Pincha en el siguiente link para contestar: http://www.tace.es/encuesta.php

Si tienes algún problema, no dudes en comunicarte con TACE.

Bueno, y ahora va lo que opino yo. En este país muchas veces se tiende a pensar que quien sabe hablar ya sabe actuar, y que quien sabe redactar sabe escribir guiones. De modo que en el evento de una huelga de guionistas, estoy bastante seguro de que se convertiría en el agosto de los advenedizos. Hay muy pocas personas realmente imprescindibles en el mundo del guión de televisión y ellas, claro está, no necesitan reivinidicar nada.

No es que me parezca mala idea, pero sí creo que evidenciaría nuestra desunión (puede que las cosas estén cambiando, pero estos procesos toman su tiempo) las diferencias entre unos y otros y que, como ya he dicho, le daríamos entrada a un montón de gente que, puede que no tengan experiencia, pero estarán deseosos de hacerse fuertes y que tolerarían cualquier sobreexplotación en su paso al mundo del guión -que es precisamente lo que nosotros queremos erradicar.

Eso sí, podríamos sentarnos a ver el resultado de esas series hechas por gente que no es profesional, y disfrutar del experimento guionístico. ¿Bajarían las audiencias? ¿Subirían? ¿Pegarían un nuevo pelotazo todas y cada una de las series sin profesionales en ellas? ¿Vendría David Chase en una aeronave especial y nos llevaría al planeta HBO? (Jo, eso me encantaría.)

Como le gusta decir a mi colega Ciro, y sin ofender a los aspirantes a guionista (yo mismo lo fui durante varios años, y creo que tienen todo el derecho a aprender y a superar a sus maestros) si dejas a un par de monos sentados tecleando en una Olivetti, antes o después escribirán Hamlet. Lo de que los monos sean dos me imagino que es para ahorrar algo de tiempo, y para que puedan hablar el uno con el otro mientras esperan que llegue la inspiración.

¿Qué opináis vosotros, seáis guionistas o no?

Al margen de la huelga, ¿Qué otras medidas podríamos adoptar para mejorar nuestras condiciones laborales?

Cylon

Los cylons son los malos de la serie que me estoy tragando ahora, Battlestar Galáctica. Son unas máquinas creadas por el hombre que han evolucionado por sí solas y que tienen la intención de aniquilar a la raza humana.

Los cylons, sin embargo, son tan humanos como los humanos de verdad.

Tienen sentimientos e incluso creen en Dios. Utilizan su fe religiosa para justificar el genocidio que acaban de cometer, como haría cualquier humano: “lo que os hemos hecho es un castigo de Dios, porque os habéis portado muy mal”.

Me convencen los cylons cuando esgrimen sus teorías pseudoevolutivas-religiosas: “Dios nos ha creado como paso siguiente al ser humano”.

Claro, ¿y por qué no? ¿No somos nosotros el paso siguiente al homo-erectus? Pues aquí vienen los homo-cylons.

Pero los cylons me convencen también por otros motivos. Cuando empezaron a revolverse no eran más que un puñado de tuercas y estructuras de metal. Los humanos los habían utilizado como obreros esclavos y no se habían molestado en fabricarles un físico aparente. A su lado, C-3PO parecía una supermodelo.

Tras una primera guerra, los humanos y los cylons se fumaron la pipa de la paz. Los cylons se largaron a otro planeta y pasaron 40 años sin entrar en contacto con los humanos.
Tras ese período de paz los cylons han vuelto para aplastarnos, pero lo hacen sutilmente mejorados. Como muchas de esas actrices que tanto le gustan a Louella, han cogido una botella de whisky y un bisturí y se han reinventado a sí mismos.

Y lo han hecho tan bien que los humanos no somos capaces de diferenciar a un cylon de una tía buena. Mirad, si no:


¿A que son majas mis amigas cylonas?

Bien, pues estas mujeronas de armas tomar son sólo dos modelos de los 12 que hay. Es decir, que hay otros 10 modelos de cylons dando guerra por ahí. Y de cada modelo, existe una generosa cantidad de unidades.
¿Os imagináis una sociedad en la que sólo puedes ver 12 tipos de caras diferentes? (Yo sí: está en Hollywood).

A poco que te esfuerces, siendo un poco ambivalente, podrías acumular experiencias sexuales con toda la morfología de la especie. Y aún te sobraría tiempo para empezar la colección de cromos de Harry Potter.

Es muy difícil matar a los cylons porque cuando el cuerpo muere, la mente (o el disco duro) es descargado en otro cuerpo, sin que se pierdan los recuerdos y sabiduría anteriores.

Pero no penséis que todo el monte es orégano. Hay cylons que han tenido menos suerte en el reparto de cuerpos. A algunos les ha tocado éste:

Como apunta un amigo mío, tampoco es tan malo que te toque ser el cylon feo, porque al haber más como tú, puedes hacer un sindicato para presionar y conseguir mejoras.

Yo no me lo pienso: que me acylonen ya. Y vosotros qué? ¿Os gustaría ser un cylon?

Grandes Consejos Cinematográficos (I)

Hoy me he sentado sobre una roca, he estado reflexionando con el mentón en el puño y me he dado cuenta de que todo lo que necesitas saber para lidiar con el mundo está en alguna u otra película. Por tanto, todo lo que necesitas para encarar un problema… es recordar.

Con esto pretendo inaugurar una nueva sección del blog, en la que os invito a participar. Nuestra misión, si decidimos aceptarla, es glosar y valorar los consejos que se dan en las películas. Venga, empiezo yo. El primer consejo que recuerdo es:

Nunca dejes que los extraños sepan lo que piensas.

A ver, ¿de qué película es esto? (Es para ver si estáis atentos.)

¿Cómo se aplica este consejo?

Vale para todo. Para los pulsos psicológicos con la chati que va de dura. Para los rivales con los que juegas al ajedrez o al póker. Para regatear en el zoco. Para no ser el primero en decir “Te quiero.” Para parecerte más a Clint Eastwood.

La verdad es que un consejo de puta madre. Y eso que no he hablado de lo mejor aún.

Lo mejor es que cuando alguien intente darte gato por liebre, pensará que tú no te has dado cuenta.

¿Hay algo más placentero que anticiparse a las putaditas ajenas?

Madre, soy cristiano DVDsexual

Ya lo sé, ya lo sé: en el último post me quejaba de que no encuentro tiempo para escribir las grandes obras de mi vida, pero hoy me he dado cuenta de que en toda vida bohemia debe haber un combate entre una vida personal desenfrenada y apasionante y una producción literaria chispeante.

Ahora mismo no tengo ninguna de las dos cosas. El mes pasado prometía en ambos aspectos, pero ahora mis esperanzas se han consumido y la abulia me corroe.

Y esta rutina grisácea me hace pensar que quizá ese equilibrio esté interrelacionado.

Una vida personal frenética conduce a experiencias delirantes, y las experiencias delirantes suelen ser combustible de buenas historias.

En cambio, si en el día a día no te pasa nada, pues te lo tienes que inventar. Y siempre queda más pobre, ¿o no?

Y eso nos lleva a uno de los grandes dilemas de los escritores.

¿Se debe escribir sobre lo que se conoce?

Si yo tuviera que escribir sobre lo acontecido hoy, hablaría de un escritor con jaqueca que se ha pasado el día comiendo pizza, drogándose y viendo capítulos de Battlestar Galactica. Es esa clase de día en que la locura está tan cerca que puedes tocarla con la yema de los dedos. Si ves más de cuatro horas de lo que sea, estás más inclinado a tener una relación erótica con las teclas del mando de tu DVD que con una mujer. Además, en los encuentros sexuales fortuitos, ya se sabe que las circunstancias lo son casi todo.

Lo hablaba el otro día con mi amigo Levothroid: cada día me resulta más duro ser heterosexual. Ser DVDsexual es mucho más prometedor, y ofrece muchas menos decepciones.

En cualquier caso, las madres siempre están al quite de nuestras angustias interiores. Que Dios las bendiga.

El tiempo que me han robado

El otro día entré en una comisaría a poner una denuncia.

– ¡Oiga, señor policía, me han robado!
– ¿Atraco o hurto?
– Buena pregunta… mmm. No lo sé.
– ¿Le amenazaron con un arma?
– Pues sí. Metafóricamente hablando. Pero sí.
– Oiga. Hable más claro. Y con palabras de menos de séis sílabas.
– Perdone, agente. Es que estoy muy nervioso.
– Vamos a ver, ¿qué es lo que le han sustraído?
El tiempo. Me han quitado todo mi tiempo. Es una confabulación: entre mis jefes, mi casero, mi dentista, los bancos y el Mercadona que hay debajo de mi casa… Todos están en el ajo.
– ¿Es una broma?
– ¡De ninguna manera! Paso todo mi tiempo trabajando. Tengo pruebas. Me he grabado con una web cam… Y conste que a mí me gusta trabajar. El problema es que son todos trabajos de encargo, de los que pagan las facturas. No me queda tiempo para escribir mis grandes obras, ésas que haría gratis, las que soñaba con escribir cuando era adolescente.
– Ya. ¿Le importaría marcharse, loco de mier**?
– Pe… pero, agente, me hago viejo y tengo pánico a morirme sin escribirlas. Antes de que sea demasiado tarde, quiero poner una denuncia a mis jefes, a mi casero, a los bancos, a…
– ¡¡Fuera!!
– Yo no me voy sin poner la denuncia.

Aquella noche la pasé en el calabozo. Con Moisés, un atracador de viejas a tiempo parcial.

No he podido evitar escucharte antes – me dijo – y lo siento, pero me parece que exageras mucho. No me creo que tu trabajo no te deje tiempo libre… Por ejemplo, estás aquí ahora ¿no? En este rato podrías estar escribiendo tus chorradas.

Moisés – le contesté – tu sabrás mucho de bastones y de abonos transporte para la 3º edad, pero se nota que en esto de escribir eres neófito.

De repente, empezó a sangrarme la nariz. A Moisés se le amorataron los nudillos.

Perdóname, Moisés – rectifiqué – ha sido un error despreciar tu opinión tan a la ligera. Pero quiero que entiendas que escribir es un proceso que me exije mucho esfuerzo mental. Otro, a lo mejor no necesita esforzarse tanto, pero yo sí. Y tengo una cantidad de horas limitadas para dedicarme a ese esfuerzo… Si sobrepaso ese tiempo, todo lo que escribo me sale dadaísta, como este relato. Para tirar a la basura, abanicarse o, como mucho, colgarlo en un blog.

No digas sandeces – me interrumpió – hay gente que trabaja y escribe unos blogs estupendos. Auténticas perlas literarias. Si tú eres incapaz, te jodes. Además, a mí todo esto del tiempo me suena a excusa. Si quisieras, sacarías el tiempo para escribir esas grandes obras. Lo que pasa es que eres un vago, o te da miedo defraudarte a ti mismo. Así que no escribes con la excusa de que no tienes tiempo.

A esas alturas yo ya lloraba como una niña, y no sólo porque me doliera la nariz. El discurso de Moisés era más certero que sus puños. Me avergüenza reconocer que seguí protestando, entre hipos y mocos sanguinolentos:

“Pero, si dedico todo mi tiempo libre también a escribir, ¿cuándo voy a ver a mis amigos? ¿cómo voy a relacionarme con chicas? ¿Es que tengo que morir solo?”

Moisés me miró con la misma cara de pena que mi profesor de matemáticas cuando me sacaba a la pizarra.

“Ah, amigo. ¿Es que no lo comprendes?… La soledad es el regalo. El resto es una prueba de aguante”.

Perdonad este arranque literario. Os dejo con la última escena de Factotum, película que habéis podido disfrutar estos días en TCM:

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