Escrito Por

El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

Archivar para el mes “marzo, 2008”

Obsesión, de Brian de Palma


Todo lo que no es copia es tradición, dicen
. En el caso de Brian de Palma, todo o casi todo es copia, pero lo hace con mucha gracia y como se deben hacer estas cosas, sin intentar engañar a nadie. La misma franqueza a la hora de reconocer las fuentes también la tiene Quentin Tarantino.

“Obsession”, fatalmente titulada en castellano “Fascinación”, es un revisitación de lo más kitsch de “Vértigo”, aunque con escenas calcadas de “Rebeca”, e incluso cuenta con una apasionada partitura del mítico Bernard Herrmann, (la última que compuso el pobretico antes de morir). Y con todo lo naif e inverosímil que es, he de admitir que me gustó, que me interesó y que hasta me hizo pensar y todo.

El prota es un hombre de negocios que pierde a su familia en un extraño accidente. Quince años después, en un viaje a Florencia, conoce a una mujer que es la viva imagen de su esposa.

El guión es de Paul Schrader, aunque nadie lo diría. Por supuesto, hay que recordar que de lo que escribe un guionista a lo que llega a la pantalla hay mucho trecho.

El prota (el inefable Cliff Robertson) se encuentra a la sosias de su esposa (Geneviève Bujold) restaurando un fresco en una iglesia de Florencia. Debajo de la pintura dañada, los restauradores han encontrado un fresco anterior. Y la joven Sandra plantea el dilema. “¿Qué es mejor? ¿Destruir la obra más reciente para recuperar una obra de arte anterior, o restaurar la imagen más reciente y olvidarse de lo que hay debajo?”
El prota le dice que hay que restaurar la obra reciente, puesto que hay que proteger la belleza siempre.

Esta conversación encierra el que para mí es el sentido de la película, y uno de los misterios del amor. El hecho de que cada amor trae consigo fantasmas del pasado, y que resulta muy difícil aislar o entender qué nos gusta en las personas que nos gustan, qué clase de asociaciones se ejecutan en la cabeza de los seres humanos a la hora de escoger a alguien por encima de otras personas.

En el caso de Michael Courtland, ama a Sandra porque es igual que su difunta esposa. Pero… ¿No es un misterio y un susto encontrar en cada obra de arte restos de pinturas que creíamos ocultas y olvidadas? Esa es la pregunta que plantea “Obsession”, y yo tampoco tengo la respuesta, pero me encanta dejarme llevar por Brian y su inexistente sentido al ridículo y sus maravillosos planos y movimientos de cámara.

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Las 7 palabras del apocalipsis

Shit, piss, fuck, cunt, cocksucker, motherfucker, and tits.

Son las 7 palabras proscritas en los medios de comunicación norteamericanos. Al principio de los tiempos, no decirlas era una cuestión de prudencia y cortesía. Simplemente, nadie se atrevía. Por lo que pudiera pasar.
En 1972 George Carlin escribió un monólogo titulado “Seven words you can never say on Tv“, haciendo constar este hecho y recitando sin tapujos las siete palabras, por lo que fue arrestado en una de sus actuaciones. Pero George Carlin no se lo tomó muy en serio (es un cómico) y el año siguiente grabó un monólogo parecido.

Aquí lo podéis leer.

Esta vez el speech fue retransmitido en una emisora de radio y la Federal Communications Commission (FCC) llevó a juicio a esta emisora. El caso recorrió varias instancias hasta llegar al máximo tribunal, que decidió prohibir esas siete palabras en las emisiones en diferido.
Afortunadamente estas medidas no han afectado nunca a la televisión por cable: imaginad a Tony Soprano diciendo “diantres”, “pubis”, “canalla”… ¡Pues no falta tanto para eso! La FCC va comiendo terreno lentamente a las cadenas. Ahora piden que esas mismas palabras sean proscritas de los programas en directo.

Por este motivo George Carlin podría caernos mal. Es como el graciosete de la clase que con su última broma ha provocado que nos quiten a todos la hora del recreo.

Pero no. No somos tan simples como para creer que la culpa es de quien explora los límites. La culpa es de quien los acorta estúpidamente. De esas siete palabras sólo dos pueden considerarse insultos. El resto hacen referencia a funciones fisiológicas y partes del cuerpo.

Quiero solidarizarme con las cadenas de televisión norteamericanas, pero como es fin de semana y no tengo mucho fuelle voy a tirar de lo que tengo más a mano: un engendro musical que, por más que lo intento, no consigo eludir de ninguna de las maneras.

VERSIÓN ESCRITO POR DEL CHIQUI-CHIQUI:

“Y el chiqui-shit se baila así:

1! El motherfucker!

2! El suck my cock!

3! Piss in my tits!

4! Let’s go to fuck!

Perrea, perrea!”

Me sabe mal la tropelía que acabo de cometer… Para compensar os dejo con algo bueno de verdad: un monólogo en el que George Carlin explica por qué él encuentra más práctico rezarle a Joe Pesci que a dios.

Viéndo a Carlin uno piensa que hay dos tipos de cómicos: los que se conforman con hacer gracia y los que quieren expresar sus opiniones siendo graciosos.

¿Cuál es vuestro tipo?

Tristes y repelentes niños Vicentes

No me extraña que se vaya. 81 años de genio son muchos años. Es abusar. Nos hemos pasado. Le queríamos para nosotros todo el rato.

Cuando se metían con el cine español, nos encogíamos de hombros y decíamos: “Rafael Azcona”.

Cuando nos preguntaban qué a quién nos queríamos parecer… “Rafael Azcona”.

Cuando había que defender la tradición cinematográfica de nuestro humor… “Rafael Azcona”.

Era ridículo que presumiéramos de él, cuando el mérito era sólo suyo. Al final, en vez de parecernos a él nos parecemos a su Repelente Niño Vicente.
Vete. Pero que te quede una cosa clara: por mucho que digas, no te vamos a olvidar.

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PALABRAS DE AZCONA

…extraídas del documental “Rafael Azcona: Oficio de guionista”.

“Me siento responsable de mi aportación al cine, pero sin exagerar, porque cuando oigo hablar tan serio de los guiones me da la risa… Son unos miserables estos que hacen esos libros didácticos para escribir guiones. Son complicadísimos y muy trascendentes. Da la impresión de que quieren que se te quiten las ganas de hacer un guión”.

“Lo que aprendí en el cine se puede contar con pocas palabras. Yo creo que este oficio no se enseña… La experiencia solo me ha servido para acordarme de que algo que me está pasando ya me había sucedido antes. Para nada más”.

David Trueba: ¿Qué tiene que tener una historia para que aceptes escribirla?

“En la medida de lo posible me dedico a hacer un cine que viene de la vida. Luego hay otro cine que es el cine que viene del cine. Ése a mí no me interesa nada”.

“Cuando un director me llama lo primero que le digo es que yo no soy una persona fina, ni elegante. Que soy más bien de trazo grueso. Y que a mí lo que me gusta es la confusión de géneros. Porque el cine viene de la vida y en la vida no hay separación de géneros. Una vez dichas mis limitaciones, si a él le parece que le voy a servir, acepto el trabajo”.

“Con los directores hablo mucho antes de escribir el guión. Me reúno a hablar una o dos horas diarias. Más no, porque entonces te aburres y no sirve de nada lo que dices… Hablamos de todo lo que no sea la película: de que tienes un cuñao que va a venir, de lo que dice el periódico… Si tú haces eso durante dos o tres meses, al final tienes un argumento. Te sale. Y entonces yo voy a casa y lo escribo físicamente”.

“Yo no me imagino lo que pasa. Yo lo veo en el ordenador. Se me ocurre a la hora de hacer el guión, sobre la pantalla, no antes. A veces, por las noches, me digo voy a pensar esto, a ver cómo se puede hacer. ¡Nunca se me ocurre nada! Me quedo dormido. En cambio, sobre la pantalla, veo los nombres y sé lo que tiene que pasar. Está allí puesto. Sólo hay que descubrirlo”.

“Tengo muy pocas reglas. Una de ellas es que a secuencia escrita y mirando cara a cara al director, te preguntas ¿le pasa algo a la historia si quito esta escena? Y si no le pasa nada, lo mejor es tirarla. Es como ver la radiografía de un esqueleto con un hueso que sobra… Lo mejor es quitarlo”.

D.T: A la hora de escribir el diálogo, supongo que es importante tener el oído bien desarrollado.

“Sí, sí, pero ahora ya no lo tengo. Porque la sociedad ha cambiado… Cuando yo era joven me gustaba oír cómo hablaban los viejos. Y ahora que soy mayor me hubiera gustado frecuentar a los jóvenes. Pero los jóvenes no me dan cancha. Si les pregunto algo se evaden de la respuesta, y cuando intento escuchar lo que dicen, no les entiendo”.

D.T: ¿Tomas notas algunas veces?

“No. Estaré equivocado, pero yo creo que las cosas importantes nunca se te olvidan… Me pasó una cosa muy graciosa con un aspirante a guionista en un avión. Era islandés y el que hacía de intérprete me dijo que quería que le diera algún consejo. Pues el primero, le dije, es que cuando te entrevistes con un director nunca tomes notas… Y entonces el islandés sacó una libreta y apuntó no tomar notas”.

D.T: ¿Y has sabido alguna vez que es eso que llaman humor negro?

“Yo supongo que es una cosa inglesa. Los franceses en seguida se apuntan, porque es algo muy Intelectual… Pero yo no creo que en España exista el humor negro. No creo que Quevedo sea humor negro. Lo que sí que veo es un humor desgarrado. Para mí las fuentes del humor español están en un sitio que nadie se atreve a decir: en la tragicomedia, que es un género totalmente desprestigiado. Por lo que sea, yo veo que aquí el género de la tragicomedia se presta más a hablar de las cosas que nos interesan que otros géneros más finos como la ironía o el sarcasmo… La tragedia cómica, o la tragedia grotesca es lo que hizo el respetadísimo Valle Inclán cuando inventa el esperpento. Es lo mismo que el sainete, pero claro: la palabra sainete está mal vista. La crítica la ha desprestigiado”.

“La clave en esas historias es que te rías cuando las estás viendo y que después te avergüences de haberte reído.

En mí no ha habido nunca la pretensión de hacer reír. Lo que pasa es que a mí esta observación de la vida a veces me ha producido risa”.

D.T: Tú, Rafael ¿has sido feliz en el oficio de guionista?

“Tengo que confesar que no lo he pasado demasiado mal. Porque si lo paso mal, yo me largo. Yo no tengo alma de viajero pero el cine me ha traído y me ha llevado, me ha enseñado cosas, he conocido a gente. En ningún otro medio me podían haber tratado mejor. De verdad”.

La Pasión de Mel Gibson (2)

Hoy sigo hablando de La Pasión de Mel Gibson, que no es precisamente un Jack Daniels on the rocks, sino la pasión de nuestro Señor, o del señor de algunos.

¿Por qué estás tan cansino, Escri? ¿Te ha cogido un arrebato místico del que no puedes salir? ¿Estás escondido con tu portátil bajo el paso de la Macarena?

Pues no. Después de recordar cuánto me gustaba la peli, la volví a ver y hoy puedo fundamentar mejor mi análisis.

POR QUÉ ME GUSTA LA PASIÓN DE MEL GIBSON por E.P.

Sobre todo, porque alimenta la sensación de que haber estudiado latín sirve de algo. Y es que sí, me encanta oír hablar en latín, dialogado, como si tal cosa. Es la primera vez en mi vida que oigo diálogos en latín, que son mucho más vivos y hermosos que las parrafadas de mi profesor de Instituto, Mariano, (a quien recuerdo con auténtica adoración) que los leía con voz jupiterina pero desde luego no eran los labios de Poncio Pilatos, anunciando al Ecce homo. Y hablando con su churri Claudia de la veritas, “Quid est veritas?”, y la verdad es que en estos tiempos tan despeinados me gusta saber que la veritas está en algún sitio. Y no sólo la veritas. Cuando a Jesús de Nazaret le pegan, llega Abenader y dice alzando la mano “Satis!”, que no sé si es “Suficiente” o “Dale la vuelta” porque luego le siguen cayendo latigazos al pobre carpintero.

También, Abenader intenta poner en fuga a los romanos más malnacidos al elegantísimo grito de “Ite!!” que a todas luces es mucho mejor que “¡¡Que te pires!!” Lo del hebreo y el arameo ya me da más igual. Pero como personaje de letras purísimas me pongo cachondo con las declinaciones y cuando me parece que entiendo algo (los subtítulos ayudan, claro.)

Por otro lado, me encanta la simplicidad de la propuesta. Y me encanta la historia de Jesús, claro. Su magnanimidad cuando le dice a Pedro: “Antes del canto del gallo, me negarás tres veces.” Y aún así le da pan y vino. Eso es un buen rollo de tío y lo demás son tonterías. También me fascina el beso de Judas, y cómo este se ahorca (¿supongo que esto no se puede considerar espoiler, no?).
Y sin embargo, cuando más consigue Gibson es cuando sitúa la cámara ante María (Maia Morgenstern), la mirada de una madre que ha de soportar la agonía de su hijo. Esa para mí es la brillantez de la simplicidad. Contar una historia en un gesto, en un sentimiento intensísimo, sin palabras.

Por último, James Caviezel, con su nariz postiza, sus ojos amarronados (¿o será marronicios?) digitalmente, me subyuga con su interpretación de Jesús de Nazaret.

No hay nada vulgar en esta película. Todo es útil, todo es magro, a veces doloroso, pero es un film lleno de Veritas.

La Pasión de Mel Gibson

Mi educación laica no me permite nombrar a este domingo como es debido. ¿Es hoy domingo santo o no es nada de nada? El pasado era del domingo de Ramos, y lo del Jueves y el Viernes Santo parece que es cosa clara. Ahora bien, no me preguntéis por cuaresmas y cosas de ésas porque tendría que tirar de wikipedia y me hariáis pasar un mal rato.

El caso que este humilde cronista estuvo en la Madrugá sevillana, viviendo todo el fervor de aquellos lares, permaneciendo de pie varias horas (lo que es, sin lugar a dudas, el centro de la vida de cualquier turista que se precie) y descubriendo una ciudad absolutamente maravillosa: Sevilla. Estuve en la plaza de España, por donde la reina Amidala paseó en la tontada esta tan amena del Ataque de los Clones.

Este escenario tan majestuoso, la Virgen de la Esperanza de la Macarena y todo el olor a azahar e incienso en las calles me sumieron en un arrebato místico y me hicieron darme cuenta de que me encanta “La Pasión” de Mel Gibson, me parece una película muy buena y muy culturizante, y además me gusta su crudeza (al prota de la historia le crucifican, no hay mucho lugar para Doris Day limpiándole las heridas, ¿no?).

¿Qué opináis de esta película? ¿Cuál es vuestra peli religiosa predilecta?

Amor a la carta

Hola jóvenes. Quizá sea una irreverencia ponerse romántico en Semana Santa, pero no lo puedo evitar.

Bueno, he dicho romántico, no erótico. Así que al final supongo que todo es amor. Amor al otro. Amor a Jesús que está teniendo unos días difíciles. Amor a las damas. O amor, ojalá, sólo a una. Que todavía no conocemos.

Yo, puestos a enamorarme de alguien que no conozco, querría vivir un romance con la chica de Ipanema. Alguien que merece esta canción merece un rato de pensamientos con los ojos cerrados.

Si tuviera que imaginarlo, sería algo así:

EXT. PLAYA DE IPANEMA. CHIRINGUITO. ATARDECER

Escrito Por está en un chiringuito de la playa. Lee “Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus” con aire reconcentrado. Fuma un purito estrecho cuya ceniza cae en la solapa de su chaqueta de lino. En el cielo, un helado Haagen Dazs (como el teatro) de Strawberry Cheesecake se está derritiendo sobre el mar. Un camarero le trae una Caipirinha.

CAMARERO
De parte de la señorita de la mesa.

Escrito levanta la vista de su sesuda lectura para ver a una mujer joven y hermosa, que le sonríe. Lleva un ligero vestido de algodón que deja sus hombros al aire, y en su piel se intuye el perfume a sal, a brisa marina y a un montón de promesas.

Escrito coge su libro y se acerca a la bella señorita.

ESCRITO POR
Estás muy bien parida, guapa.

IPANEMA
¿Qué?

ESCRITO POR
Que como diría Salinas, el tiempo, después de dártelo, no lo quiero para nada.

Ipanema hace un majestuoso gesto con la mano, invitándole a que se siente. Escrito por tira el libro a la arena y toma asiento, perdiéndose en los ojos de la chica sin ninguna precaución.

La cámara panea hacia atrás y hacia arriba
, por encima del chiringuito, por encima de la playa de Ipanema, de la línea de costa… y de los sueños de los hombres y las mujeres que no saben soñar.

¿Cuál sería un encuentro romántico que os gustaría escribir y/o vivir?

Sweeney Todd y el eterno retorno

Esta noche he visto “Sweeney Todd.” Soy bastante fans de Tim Burton, aunque vaya por delante que “Sleepy Hollow” me parece un poco moñas. Una de sus pelis está unida a algunos de los mejores momentos de mi infancia: claro, estoy hablando de “Bitelchús”, una peli que cuando yo la ví siendo un pequeñín más o menos adorable no se parecía a nada de lo que yo hubiera visto anteriormente.

Dios, qué genialidad de secuencia. Irrepetible.

Eso es lo que diferencia a los grandes directores de los que hacen lo que pueden: que cuando nos ofrecen una peli, sólo se parecen a sí mismos. Por supuesto, “Sweeney Todd” no es una obra especialmente carismática de Burton, ni sorprende mucho, ni es inolvidable, ni siquiera es emocionante. Sin embargo, es un Burton digno, vistoso y entretenido, y eso no es moco de pavo. Johnny Depp (lo digo desde mi rabiosa heterosexualidad) sigue conservando intacto ese poder de fascinación y se convierte en el alma de esta película, magníficamente hecha pero algo mecánica.

A mi personalmente me encantan los bueños diseños de producción, los paneos, los planos aéreos y las cosas bien rodadas. A pesar de que la música es fenomenal (nos han fastidiado) yo he echado de menos algo de alma en esta película, una emoción real, más allá de los espectaculares degollamientos y los repugnantes pasteles de la no menos repugnante Helena Bonham-Carter (será el tipo de Tim, pero no el mío.) SPOILER LEVE: por cierto que la tía arde exactamente igual que en el Frankenstein de Branagh. Eso me hace pensar,

¿Estamos los seres humanos condenados a repetir los mismos errores una y otra vez?

Josh Brolin, el último Goonie

Con toda la euforia desatada en torno al Oscar de Bardem y a su peinado, poco se ha hablado de su compañero de protagonismo en No country for Old Men, el actor Josh Brolin.

¿Quién es Josh Brolin?

Josh Brolin es el bigotudo mastodonte que apenas habla en toda la película y cuando lo hace es para decirle a su mujer “sigue largando por esa boca y te llevo ahí dentro para follarte”.

Josh Brolin es el repeinado poli corrupto de American Gangster.

Josh Brolin es el cornudo Dr. William Block de Planet Terror.

Pero (oh, sorpresa) Josh Brolin es también Brand Walsh, el hermano mayor del hobbit en los Goonies. Sí, el del pañuelo en la frente.

Según IMDB ésta es la primera película que hizo, a los 17 años, y a partir de ahí comenzó una larga y discreta carrera hasta el campanazo de este último año. Las décadas anteriores han sido de los otros goonies. Los 80 y 90 han sido de Bocazas. Los 90 y primeros dosmiles del asmático Mikey (hobbit) Walsh. Y ahora parece que ha llegado el turno del goonie menos carismático de todos.
Pues sí, Josh Brolin ha crecido. Tiene hijos con suficiente edad como para protagonizar Los Goonies 2 y ahora es un actorazo que con una presencia física más que resultona. Al igual que Bardem, puede convencernos de que es una mala bestia sin sentimientos, pero también puede transmitir esa clase de indefensión y refinada tristeza de los brutos.
Otra cosa que tiene en común con Bardem es lo de ser hijo de…. Su padre es James Brolin, el Peter McDermott de la serie Hotel. Su madrastra es Barbra Streisand y su mujer Diane Lane, ni más ni menos.
No nos vamos a librar de él tan fácilmente pues sus próximos proyectos son tan interesantes como los últimos. Saldrá en Milk, la próxima película de Gus van Sant e interpretará al mismísimo George H. W. Bush en Bush, de Oliver Stone. Además, acaba de dirigir un corto.

¿Quién iba a decir que el mejor actor de los muelles de Goon sería el soso Brand, el que perdía el culo por la animadora?

¿Y qué habrá sido de Gordi y de Data?

¡Increíble! Chloë Sevigny viste peor que yo

Conste que este post lo hago por obligación. Me fuerza mi amiga Maite a hablaros de un asunto que la tiene muy excitada (más que el protagonista de Vantage Point y, por supuesto, más que yo). Se trata de la colección de ropa que ha sacado la actriz Chloë Sevigny. Yo ya se lo he dicho:

– Maite, que yo escribo sobre cine, que a los lectores de este blog no les interesa la moda.

Pero ella erre que erre:

– Que esta moda sí les va a interesar. Hazme caso, Escri. O mejor: hazlo por los lectores.

Ahí me ha tocado la fibra sensible. Es que yo por los lectores hago lo que sea. Por los lectores soy capaz de dejar que el viejo de Una historia verdadera me afeite el pubis con su segadora (si hace falta, pero si es sólo por gusto, no).

A mí esta Chloë nunca me ha enloquecido. Si tuviera que describirla como personaje en un guión lo haría así: “Una chica con cara de pánfila…”.
Pero tengo que admitir que cuando he visto las fotos de su colección Opening Ceremony me he quedado francamente impresionado y ha subido muchos puntos en mi escala de interés. Chloë Sevigny y sus trapitos estimulan mi imaginación.

Porque a ver, ¿qué pensaríais si quedáis para cenar con una chica y aparece vestida así?

a) Estaba duchándose cuando se ha dado cuenta de que su casa ardía en llamas. Ha salido por patas y se ha vestido con lo único que ha podido robar de los tendederos de sus vecinos. Aún así ha decidido no suspender la cita porque le gusto un huevo. Los zapatos se los ha quitado a un niño con pies planos que se ha encontrado de camino al restaurante y el moño es para distraer la mirada del conjunto.

b) No le gusto, pero es demasiado tímida para decírmelo. Confía en que mi sentido de la estética la libere.

c) Está drogada. Muy drogada.

¿Y vosotras, chicas, cuánto dinero os tendrían que pagar por presentaros en vuestro puesto de trabajo con este modelito?

a) Ni por todo el oro del mundo.

b) Con 6000 euros voy que chuto.

c) Lo haría gratis. Después de que me fume esta bolsa llena de marihuana.

Cabe suponer que Chloë Sevigny es a la moda lo que el Chiky Chiky a la música.

Ahora que lo pienso, Chloë Sevigny no desentonaría en Eurovisión como bailarina del Chiky Chiky. Pero no. No hay ni rastro de parodia. Chloë no se está descojonando de las actrices que se meten a diseñadoras (las Cruz, Jennifer López, Sarah Jessica Parker, Madonna…). Esto va totalmente en serio. Y yo tengo una pregunta…

Chloë, ¿estás soltera? Soy mucho más guapo que tu ex Vincent Gallo y visto casi tan mal como tú. Haríamos buena pareja paseando juntos por la calle Serrano de Madrid, asustando a las viejas.

Más modelitos aquí.

Pozos de Ambición, por ejemplo

Que alguien me explique quién ha estado jugando al teléfono escacharrado con los títulos de las pinículas.

Paul Thomas Anderson dijo un lunes a las siete de la mañana (Paul Thomas es muy de madrugar también), “esta peli se llamará “There will be blood”, y a todo el mundo le parecerá un título sensacional y razonablemente fantástico. (La novela de Upton Sinclair se llama Oil!)

En algún lugar del camino, ignoro si alguien en la distribuidora ha dicho, pues que te follen, Paul Thomas, que ibas muy bien con “Sydney”, “Boogie Nights” y “Magnolia”, pero con “Punch Drunk Love” me defraudaste sobremanera. Por lo tanto, hace tiempo que te la tengo guardada, y entonces voy a coger tu título y me lo voy a pasar por el Arco del Triunfo. Yo te rebautizo, película, “Pozos de Ambición”, porque se me pone a mi en la punta del cartel.

Ya puestos a vacilar con los títulos, ¿por qué no rebautizar la cinta con un título totalmente aleatorio?

Por ejemplo: “Silla, mesa, candelabro y desconcierto”, la última peli de P.T. Anderson.

O bien: “Chubasco, cardamomo, cerezas glaseadas y otras cosas de meter”, film en el que sobresale el talento interpretativo de Daniel Day Lewis.

Y ya a lo loco, “Dante no es únicamente severo 2, la venganza del título loco”, la última obra del director californiano. (Para los listillos: Efectivamente, “Dante no es únicamente severo” es una peli de la escuela de Barcelona. En su momento creo que el título era igual de carismático que ahora.)

Eso me hace recordar que en México, según tengo entendido, “Pulp Fiction” se estrenó con el nombre de “Tiempos violentos”, que también es una cafrada importante.

Nosotros, que sólo somos unos pobres espectadores, no podemos hacer lo que se nos ponga en las narices con los títulos, pero eso sí, a posteriori podemos divertirnos renombrando grandes clásicos del cine.

Empiezo yo, va.

“Ciudadano Kane”.

Yo la llamaría: “El quería su trineo pero el mundo le hizo duro”, el debut del genial Orson Welles.

¿Qué más?

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