Escrito Por

El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

Archivar para el mes “enero, 2008”

El abrigo de chinchilla (el de American Gangster, no el mío)

Tu vida puede cambiar drásticamente por la causa más absurda.

Por ejemplo: olvidarse el abono transporte en el bolsillo de tu abrigo de chinchilla. Eso, para empezar, te obliga a comprar un billete sencillo el día siguiente cuando vas a trabajar. Como ya casi no quedan taquilleros de metro – menos aún en esas estaciones nuevas tan minimalistas, que por no tener no tienen ni separación entre el andén y las vía del tren – te ves forzado a usar las máquinas expendedoras de billetes. Y entonces descubres que dichas máquinas son muy exigentes. Sólo aceptan el importe exacto: 1 euro y cinco céntimos. Ni más, ni menos. Desgraciadamente tu capital monetario consiste en una moneda de 1 euro y otra de diez céntimos. Miras a tu alrededor y no hay nadie a quien pedir que te cambie la moneda de 10 c. Así que introduces tu tarjeta de crédito por una ranura de la máquina (no por una ranura cualquiera, por una que te pone ojitos) y esperas que ésta te expenda un billete. Tras unos ruiditos de tripas mecánicas, el billete sale, pero tu tarjeta de crédito no. ¡Catapún! Se queda dentro de la máquina. Como el perro Pancho que va a comprar el billete de lotería y decide no volver.
Tu vida acaba de cambiar perceptiblemente. Ya nada es como debía ser. Tendrás que llamar al banco para cancelar la tarjeta y tomar una decisión urgente: volver a casa para coger la libreta de ahorros y hacerte con algo de dinero en el banco (con lo cual seguro que llegas tarde al trabajo). O colarte en el tren, arriesgándote a que te pillen y te multen (e igualmente llegarás tarde a trabajar).

Apenas has desayunado, tienes algo de resaca, y te cuesta concentrarte en una decisión tan poco atractiva. ¡Cuán lejos estás de las decisiones que tomaste anoche! Que si gin tonic o pacharán. Hablar con la rubia o con la morena. Parar el taxi levantando la mano izquierda o la derecha. Vagas unos segundos por el andén, pensando qué acto de tu vida ha sido más estúpido: emborracharte (no, ese no puede ser), salir anoche con el abrigo de chinchilla, o no ponértelo esta mañana… Tan ensimismado estás que no ves que el tren se aproxima por la vía, y tú tienes medio cuerpo en ella. ¡Catapún! Ahora sí que ha cambiado tu vida. Y todo por un abrigo de chinchilla.

Como le pasa a Frank Lucas (Denzel Washington) en American Gangster. Que uno de los giros de guión más importantes venga originado por un abrigo de chinchilla es algo que me dieron ganas de levantarme de la butaca y aplaudir.

Estoy pisando las vías del SPOILER al afirmar que el destino del personaje cambia cuando decide ponerse ese abrigo. Y no es por casualidad. El guionista Steven Zaillian lo preparó amorosamente. Lo sembró.

Primero, te presentó un Frank Lucas serio, discreto, que reprende a su hermano por llevar una vestimenta descaradamente gangsteril. Es más inteligente pasar inadvertido, es el mensaje que le intenta transmitir.
Después, vemos a un Frank Lucas tierno, cuya novia no para de recibir regalos caros. Ésta en agradecimiento decide tener un detalle con él. Le regala un ostentoso abrigo de piel de chinchilla, con sombrero a juego. Por la cara que pone Denzel Washington y por lo que sabemos de su personaje, tenemos la certeza de que el abrigo le gusta menos que una mierda envuelta en seda. Pero también comprendemos que es un hombre enamorado, que no quiere hacerle un feo a su novia y que piensa ¡qué demonios! Un día es un día.

Así que se pone el abrigo y acude a un evento público con él. El abrigo de pieles es tan espectacular que Frank Lucas llama la atención de los detectives Richie Roberts (Russell Crowe) y Trupo (Josh Brolin). Y a partir de entonces las cosas cambiarán mucho para él. Esto es lo que Syd Field llamaría un punto de inflexión.

Lo que me gusta es que Zaillian y Ridley Scott podrían haberse conformado con la casualidad: el personaje que viste un abrigo de pieles el mismo día que va a encontrarse con los detectives.

Pero al contarnos lo excepcionalmente extraordinario que es que Frank Lucas se ponga un abrigo así, han hecho que nos involucremos un poquito más con el personaje y también le han sumado a la historia un punto de fresca ironía.

Al parecer, el guión de American Gangster está basado en un artículo que el periodista Mark Jacobson escribió sobre la vida de Frank Lucas.

No os puedo explicar la mezcla de perplejidad y emoción que he sentido al comprobar que en dicho artículo, hay una fotografía antigua del auténtico Frank Lucas vistiendo exactamente el mismo abrigo y el mismo sombrero que aparece en la película:

Si queréis leer el artículo (en inglés) pinchad aquí.

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Mi misterio del Interior


Coño, qué risa.

Hoy, siguiendo con las novedades en mi vida, que si me compro una moto, que si me enrollo con actrices fogosas y sin cerebro, voy a cambiar de estilo y voy a hablar de teatro.

Sin embargo, y para que no parezca que hago lo que me sale del insglú (ver vídeo) lo haré por una buena razón.

A través del talento de la compañía Ron Lalá y de su espectáculo “Mi misterio del Interior”, que se puede ver hasta el 18 de Febrero en el Teatro Alfil, vamos a analizar algunos mecanismos de comedia que son cojonudos. O más bien uno, pero muy potente.

Veamos este vídeo, “Tangos del Polo Norte”, aunque es más bien un flamenco. Parece que el que lo graba tiene párkinson, pero es mas bien que piensa lo que yo: Coño, qué risa.

Extractos de la letra por si no los pilláis en el vídeo.

¡Ole Laponia Entera!
¡Vivan los copos del nieve!

Orillita del camino, orillita del camino,
Yo vi pasar un trineo, tirado por un pingüino.
Ay, lerele lerelela.
Arsa.
Pisas con tantos salero
Pisas con tanto salero
Que se derrite la nieve
A cuarenta bajo cero
Lerelele Lerelela

A la vera del insglú
A la verita del insglú
Hay una fuente de hielo
que es más caliente que tú

No sé que tienes en los ojos,
Gitana, ni es que me importe,
Pero cuando tú me miras,
se derrite el Polo Norte.

Con tus manoplas de seda
y tu abrigo de lunares
Que tú eres la reina prima
De todos los esquimales…

Pues sí, este recurso que me hizo reírme hasta casi descoyuntarme, es la yuxtaposición de elementos aparentemente antagónicos que no suelen verse juntos. Las letras del flamenco y Laponia. La gitana y los pingüinos.
Los talentosos chicos de Ron Lalá lo ejecutan una y otra vez, desmontando tópicos culturales y del capitalismo, de la sociedad, con un humor surrealista emparentado con Zucker-Abrahams-Zucker, Faemino y Cansado y Martes y Trece.

En fin, que si os gusta reíros, y a mi es lo que más me gusta en este planeta, no os lo perdáis.

Agárrate fuerte

Ha llegado el momento de acometer un cambio importante en mi vida.

Quiero molar más, así que he pensado en comprarme una moto. Vale que como muchos guionistas no sé conducir, pero ¿y qué? sería de necios quedarse en el detalle.

He pensado que una buena moto puede mejorar mi vida en varios sentidos.

Siempre puedo llevar a una chica guapa detrás, (bueno, si va detrás, que más me da que sea guapa o fea), como en “Vacaciones en Roma” y pedirle que me agarre fuerte, que le voy a llevar a ver unas cosas que va a alucinar.

Por supuesto, también lo hago porque quiero sentirme libre, ¡LIBRE! y porque nací para ser salvaje, sobre todo los domingos, que no tengo que ir a la oficina. Sí, me cago en la leche, nací para ser guay, como los mendas de “Easy Rider.”

Puedo convertirme en un intelectual tremendo, como Nanni Moreti en “Caro Diario”, y deslizarme sobre el asfalto, mientras suena “I’m your man” de Leonard Cohen y se me ocurren unas reflexiones brillantísimas en italiano sin subtítulos.

Pero ahora seré sincero. Si me compro una moto es porque como dicen en “La Ley de La Calle”, “El chico de la moto es el rey”.



¿Y quién no querría ser Rey?

¿Cuál es vuestro motero cinematográfico favorito?

Mal karma en Hollywood

Estamos acostumbrados a que nos lleguen noticias de resaca chunga desde Hollywood: que si Lindsay se ha puesto de piercing un abrebotellas, que si Paris se ha bebido la piscina de su mansión… ¡Na! Estulticias, lo de cualquier adolescente de treinta años.

Sin embargo, últimamente la cosa se está poniendo un pelín más siniestra. Vamos, que lo que antes era un capítulo de Sensación de vivir, ahora parece uno de The Shield (serie que me inyecto en vena con avaricia y placer).

La última y más impactante ha sido la noticia de la muerte por sobredosis de Heath Ledger, protagonista de Brokeback Mountain.

Y hace apenas unos días también falleció por el mismo motivo Brad Renfro, otro joven actor.

Estas pérdidas han sido muy dramáticas. Precisamente hoy mi compañero de blog Estado crítico les dedica una bella elegía.

Pero yo confieso que lo que de verdad ha llegado a acongojarme ha sido lo que le ha pasado a Roger Avary.

INCISO PARA LA PRESENTACIÓN DEL PERSONAJE:

Como sabréis, Roger Avary era amiguete de Quentin Tarantino desde los tiempos en los que éste trabajaba en el ya famoso videoclub (famoso gracias a los periodistas, a los que debe parecerles la hostia eso de trabajar en un videoclub, ¡guau! Un videoclub).
Quentin y Roger escribieron el guión de Pulp Fiction.
Y según cuenta Peter Biskind en su libro Sexo, mentiras y Hollywood, poco después Avary recibió una llamada del abogado de Tarantino ofreciéndole un trato por sacar su nombre de los títulos de crédito.

Sin poder creérselo, Avary llamó a Tarantino, quien le confirmó lo dicho por su abogado:

“Sí, necesito que los títulos digan ‘escrita y dirigida por Quentin Tarantino’. Te puedo dar crédito por la historia y un porcentaje de las ganancias”.

Al parecer, Avary se tragó su orgullo y aceptó el trato, no sin cierto dolor.

“Nuestra amistad se acabó, pero con el dinero ganado pude comprarme una casa. No me puedo quejar”.

Esta historia es triste, la mires por donde la mires: es triste que a los guionistas les pasen estas cosas (porque pasan, ya lo creo que pasan, y no sólo en Hollywood), es triste saber que un tío talentoso como Quentin Tarantino puede llegar a ser así de cainita y es triste que se rompa una amistad.

A pesar de todo, Roger Avary no me daba ninguna pena. Después de aquel incidente dirigió una película, y escribió y produjo otras tantas (la última, Beowulf).

No me daba ninguna pena, hasta hace unos días.

LO QUE ACONTECIÓ HACE UNOS DÍAS:

Roger Avary tuvo un accidente de tráfico cuando conducía por una carretera de Los Ángeles. Él salió prácticamente ileso, pero su mujer tuvo que ser ingresada en el hospital con heridas graves. Un amigo que les acompañaba, murió. Y al dar positivo en la prueba de alcoholemia, Roger fue detenido por homicidio involuntario.

Esta foto es de la ficha policial. ¿Qué os dice este rostro? A mí me dice que vendería su alma por tener una máquina del tiempo. En vez de eso, pagó la fianza que le impuso el juez. Mal rollo.

Bardem, Pe, niños míos, andáos con ojo por esas tierras. No bebáis, no os droguéis y llevad siempre la ropa interior limpia por si acaso.

¿Qué pasó en la tienda del egipcio?

Hoy os propongo un ejercicio narrativo para que demostréis vuestras dotes deductivas y de storytelling, todo en uno.

Hoy regresé a mi casa después de una encendida velada de pasión con una joven actriz (si, ya sé que odio a los actores, pero lo hago gremial -que- no- individualmente) y había un montón de vecinos asomados a ventanas y balcones en toda la calle. Yo, como trabajador del entretenimiento, siento una gran envidia por todo aquello que hace a la gente mirar lo que ocurre, sea en una tele o en la calle.

Miré a lo que mis vecinos miraban y ví que había algo ocurriendo en el interior de “La Catacumba de Ramsés”, una tienda de artículos exóticos de origen egipcio. Agentes de la policía y del Samur aguardaban en la puerta, y en el interior, tras una puerta de cristal, un hombre, el dueño, estaba sentado en una silla, agarrándose un brazo, negando con la cabeza, como diciendo “Que no pienso abrir, que no.”

Yo me quedé un buen rato. Y me dije “Ahora vendrán los bomberos”. Y vinieron los bomberos, en lo que es un gran ejemplo de anticipación por parte del espectador, en este caso, el menda. Unos quince bomberos estaban delante de la puerta del egipcio, con sus martillos, cascos y corpulencias, y aún así el hombre se negaba a abrir.

¿Qué estaba pasando allí?

Los bomberos destrozaron la puerta y entraron en la tienda. Al poco, un Samur y un policía sacaron al dueño de la tienda, que se agarraba un brazo, pero sin sangre en ningún sitio ni heridas aparentes. Después de tanto remolonear, el hombre se dejó llevar a la ambulancia sin oponer ninguna resistencia. La ambulancia se lo llevó, y detrás de ella se fueron polis y bomberos.

Os he dado todos los datos de los que, como espectador, dispongo. Y os pregunto, ¿Qué ha pasado en esa tienda?

Esta es mi teoría.

Sabiendo que iba a ser detenido, el dueño de la tienda intentó quitarse la vida de alguna forma harto estúpida, como atizarse con un camello de goma en la cabeza. Sin embargo, sólo consiguió dislocarse la muñeca intentando agredirse con dicha escultura. Sus gritos de dolor alarmaron a los vecinos, que llamaron al Samur, que se encontró con la policía, que a su vez requirió la presencia de los bomberos para sacar al dueño de la tienda y detenerle.

¿Cuál es la vuestra?

Por cierto que hoy tengo el placer y el honor de salir en Antiegos. El mítico Josmachine me ha hecho esta entrevista.

Bayona vs Amenábar

Me ha resultado muy entretenido comprobar el interés que suscita en vosotros, queridos lectores, el rechazo por parte de los Óscars a seleccionar “El Orfanato” en su terna de películas seleccionadas como mejor de habla de no inglesa. Y como soy un malévolo, voy a ir un poco más allá.

Yo personalmente creo que “El Orfanato” era muy nominable, pero que quizá no tenga mucho sentido para los americanos premiar como mejor película de habla extranjera una buena peli de género, un tipo de producto que mejor o peor, Hollywood fabrica incansablemente. Pensarán que luce más alguna historia épica situada en algún país lejano, con un idioma incomprensible, que a través de lo local llegue a lo universal, si es diseccionando algún tema social o humanitario, mejor que mejor.

Y personalmente también me atrevo a decir que “El Orfanato” quizá sea vista por los estadounidenses como una peli de Amenábar que Amenábar no ha dirigido. Dicho de otro modo, el cupo de realizador que “hace thrillers sobrenaturales y es español” ya está sobradamente cubierto por Amenábar.

Cuando dos realizadores se parecen tanto, ¿cómo se puede apreciar la personalidad del que llega después al éxito?

Dicho de otro modo, ¿qué aporta Bayona que no pudiera hacer Amenábar? Por edad no puede ser sucesor, sino su coetáneo. Los dos están condenados a coexistir, y como la cosa siga así, a ser confundidos hasta que uno de los dos se diferencie drásticamente del otro.

¿Quién os gusta más?

¿Amenábar o Bayona?

Yo me quedo con Alex de la Iglesia, a quien encuentro mucho más autóctono y encantador. Dicho queda.

Le vendí mi alma a Glenn Close

El otro día ví los dos primeros episodios de “Damages”, una serie de FX protagonizada por Glenn Close y Rose Byrne.

Es un thriller legal que se desarrolla en el mundo de los litigios de altos vuelos.

Espera… ¿Es sólo un thriller? ¿O también es un culebrón? ¿O quizá es un fábula terrorífica?

También se podría decir que es una revisitación del Mito de Fausto, en clave femenina. El diablo es femenino (Glenn Close) y la desgraciada que vende su alma, también (Rose Byrne.)

¿Por qué esta elección?

Porque hoy en día las mujeres, me parece a mí, sobre todo para acceder a según qué puestos, parece que tienen que ser muy ambiciosas si encima aspiran a tener una vida personal. “¿No pretenderás ser jefa de un bufete de abogados y encima ser feliz?” Así que no es casual, y (spoiler) en los primeros episodios vemos que la infeliz Ellen paga su ambición… carísima.

El personaje de la villana protagonista, Patty Hewes, y la interpretación que Close hace de ella, son absolutamente perfectas. Es un gran ejemplo de la unión del talento de la escritura y del acting.

“Damages” está repleta de giros y golpes de efecto, y de saltos en el tiempo, y Patty es la personificación del diablo en la tierra. Algunos giros son previsibles, y otros son magníficos, pero en cualquier caso es una serie de terror, con toques de thriller y culebrón. Y esta combinación de elementos es tan seductora como irse de cañas con Mefistófeles.

¿Está el futuro en la mezcla de géneros para la creación de series más y más sofisticadas? ¿Vosotros qué opináis?

El Orfanato: no ha podido ser

Como dice Gallardón, no ha podido ser. El Orfanato no está entre las nueve películas preseleccionadas por la Academia de Hollywood para ser la mejor película extranjera en los Oscar.

Las nueve que sí están preseleccionadas son:

The counterfeiters (Austria)

The year my parents went on vacation (Brasil)

Days of Darkness (Canadá)

Beaufort (Israel)

La sconosciuta (Italia)

Mongol (Kazajistán)

Katyn (Polonia)

12 (Rusia)

The Trap (Serbia)

(aquí, trailers de todas ellas)

Venga, me ofrezco el primero para salir del armario: ¡no he visto ninguna! Hay todo un mundo ahí afuera que no conocemos. Escrito por se siente pequeño e ignorante.

Puestos a especular, se me ocurren estos motivos para pasar de El Orfanato:

1. Que las otras nueve películas sean mejores.

2. Que hayan querido dejar “virgencita” la historia (y que Oscar se aguante las ganas hasta que estrenen su propia versión).

3. Que se hayan guiado por alguna directriz relacionada con la política y con la imagen más que con la calidad, algo tipo “vamos a seleccionar películas verdaderamente extranjeras, que no se parezcan a las nuestras”.

Quizás cuando salga la lista definitiva con cinco películas, las cosas queden más claritas.

En cualquier caso, no sé si tenemos derecho a ofendernos porque hay continentes enteros que ni siquiera aparecen en la lista.

Espero vuestras opiniones al respecto.

*Actualización: tal y como me indica uno de los comentaristas (gracias, Fatman) los norteamericanos ya tienen su propia opinión sobre la lista. ¿Cuál será?

**Actualización 2.0: Tilular visto en http://www.abcguionistas.com: Sergio Sánchez (guionista de El Orfanato) atribuye a la edad del jurado de los Oscars la marginación de El orfanato.

Match Point y las reglas del juego

El otro día revisité “Match Point”.

Por mucho que sea una hermana menor de “Delitos y Faltas”, es una gran película y me parece una historia construida de forma harto audaz. (Me gusta eso de “harto audaz”, me voy a hacer una camiseta.)

(Aviso de posibilidad de spoiler sobre la peli y leves chubascos en las próximas horas.)

Lo más interesante de “Match Point” es que es un guión brillantísimo y sin embargo, se pasa una de las reglas comúnmente aceptadas sobre la escritura de guiones por la funda de la raqueta.

¿Sabéis ya cuál es esa regla? ¿Sí?

La regla es que un azar no puede solucionar positivamente el destino del protagonista, y que cuanto más tarde se produzca este azar, peor para la credibilidad de la historia.

(Ya, ya sé que no está formulado como para ponerlo en un tapete de ganchillo, pero si supiera escribir libros de teoría no tendría tiempo de escribir este blog.)

Y ahora vamos al final de “Match Point”, que habla sobre la influencia de la suerte en la vida.. En la resolución, (ojo spoiler) el protagonista se ve arrinconado. Varios indicios, y sobre todo un móvil potentísimo, indican que pudo haber matado a Nola Rice, a quien efectivamente asesinó (junto a su vecina) haciéndolo parecer un robo. El prota arroja al río Támesis las joyas de la vecina, pero al igual que una bola que puede pasar al campo del contrario o botar trágicamente en el propio, cae en el borde, en la acera.

Justo cuando la poli está a punto de echarle el guante, detienen a un yonki ladrón, que lleva consigo el anillo de la vecina, con su nombre grabado.

Y por un azar que acontece al final de la peli,
el asesino accede a la vida que siempre soñó, después de matar a la mujer que una vez le volvió loco, y que además estaba embarazada de su hijo.

La suerte triunfa.

El mal prevalece.

Y Woody Allen es un puto genio.

Conclusión: Las reglas están para saltárselas. Cuando sabes jugar, claro.

Irina Palm

Ayer quedé con un amigo para ir al cine. Queríamos ver This is England, una peli de macarras, que es un género que adoramos. No nos podíamos creer la cantidad de gente que esperaba frente a la taquilla para ver esa misma película. Para los que dicen que el cine está crisis: que se pasen por la calle Martín de los Heros de Madrid un domingo por la tarde. Verán a la mediana edad en acción, clavándose los codos unos a otros, peleando por ver una película de macarras en versión original subtitulada.
A los dos minutos de guardar cola la sala ya estaba completa. Entonces mi amigo decidió que veríamos Irina Palm, cosa que me extrañó pero a la que no puse ninguna objeción. Mientras esperábamos oímos la conversación de unas señoras que estaban en nuestra misma situación.

– Irina Palm… ¿de qué va? Si es una película de niños que pasan hambre o calamidades no quiero verla – decía una de ellas.

Mi amigo, que es muy amable y siempre ha tenido vocación de servicio público, tuvo que intervenir.

– No se preocupe, señora. Ésta va de pajotes

Efectivamente, Irina Palm es una película que describe un hábito sexual novedoso para mí. No me refiero a los pajotes, si no al de meter la colita por un agujero de la pared para que una persona desconocida que está al otro lado pueda toquetearla.

Llamádme loco, pero me parece una buena metáfora de la relación que se establece entre los creadores y su público.

“Yo he creado este salchichón, oiga, no sé quién lo va a degustar. Pero espero que me reporte múltiples beneficios y que, a quien se lo coma, le guste”.

Este ejemplo vale para un carnicero, pero lo que un creador pone en juego no es un trozo de carne sin vida, sino algo tan querido y delicado como lo que meten los clientes de Irina por el agujero. Y en vez de caricias, te puedes llevar un mordisco.

(¿A que es chula la metáfora? Espero que no me cierren el blog por guarrete)

La protagonista, Maggie (sorprendente Marianne Faithfull), es una señora de clase media que ha llevado una vida de lo más convencional. El problema económico generado por la enfermedad de su nieto, hacen que Maggie se convierta en Irina Palm, la mejor “azafata de agujeros” (¡toma eufemismo!) de los bajos fondos londinenses.

Confieso que mi favorable opinión sobre la película está muy contaminada por las circunstancias tan tiernas en las que la vi: rodeado de señoras como Maggie, que reían con disfrute y no sin cierto nerviosismo, las escenas en las que ella aprende el oficio. Al fin y al cabo, ¿qué no harían ellas por sus hijos y por sus nietos? Toda esa parte está muy bien contada, y resulta creíble. El espectador se va convenciendo, al mismo tiempo que Maggie, de que el trabajo no está tan mal y de que la dignidad es casi como un objeto decorativo que cada cual pone donde quiere.
Todo lo demás, se me hace previsible. Parece como si se hubiesen gastado todo la pasión en desarrolar la premisa -el ama de casa que entra a trabajar en un local de alterne- y que las tramas secundarias con el hijo y las amigas estén ahí un poco por obligación, por seguir las pautas de ese tipo de películas en las que alguien hace algo fuera de lo común y es rechazado por su reaccionario entorno (mensaje a lo Billy Elliot, ya sabéis). Nada nuevo bajo el sol.

Dicho de otro modo: no será mi película para todo un año, pero pienso que merece la pena. Como pensaría Irina Palm al ver por primera vez lo que salía del agujero: Why not?

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