Escrito Por

El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

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Escrito Por ve Studio 60 por fin

No es un secreto que soy un gran fan de Aaron Sorkin.
Si Aaron fuera una tía, ya le habría propuesto matrimonio, porque para según qué cosas estoy chapado a la antigua. Y eso que de vez en cuando abusa de ciertas sustancias y que debe de tener un ego del tamaño de California.

Había leído muchas opiniones de “Studio 60 on the Sunset Strip”, la mayoría de ellas negativas, pero la he visto y aunque al principio no me convencía mucho, al final he de decir que la serie me ha conquistado. También tengo que admitir que me fascina el entorno en el que se desarrolla y que a los guionistas, por lo general, nos encanta ver series o pelis en las que aparecen guionistas.

Dicho esto, voy a analizar qué me gusta y qué no de Studio 60.

LO QUE NO ME GUSTA: Es una serie que a veces peca de discursiva. Y es fácil imaginar un subtítulo debajo de algunas escenas que rece: “Esto es lo que Aaron Sorkin piensa de la guerra de Irak”. “Esto es lo que Aaron Sorkin piensa de la censura.” “Esto es lo que Aaron Sorkin piensa de la Administración Bush.” Tampoco me gusta, pero porque no me gusta su cara, y me cae mal, Harriet Hayes (Sarah Paulson), la actriz cristiana. No me parece graciosa y no entiendo por qué Matt Albie (el guionista y produtor ejecutivo del show) está loco por ella.
También es cierto que los sketches que aparecen en la serie, sobre todo al principio, no tienen demasiada gracia.

COSAS QUE ME GUSTAN: Matt Albie y Danny Tripp. La fortaleza y el carácter de Jordan McDeere. Todos los actores menos la rubia. Los personajes. Los conflictos. Los diálogos. La emoción. La factura de la serie. La empatía que he sentido con los protagonistas. ALERTA SPOILERS: La sensación de realismo que me ha generado la adicción de Matt a las pastillas por un desamor. El idealismo de Danny Tripp en su preciosa relación con Jordan McDeere. La compleja naturaleza de Jack Rudolph. La forma en la que Sorkin encaja las tramas para que formen un todo. La forma de tratar las relaciones de poder. Y sobre todo, la sinceridad. Había leído que Studio 60 era un roman-à-clef, un ajuste de cuentas con el mundo del espectáculo. Me da igual si los personajes retratan a gente que él conoce. Para mí, Sorkin ha levantado un mundo interesantísimo y lleno de personajes fascinantes. Sorkin ha escrito dos series sobre la integridad. Una es el Ala Oeste. La otra és esta. Daniel Castro hace un brillantísimo análisis en este post, que os recomiendo, así como la opinión de Casciari.

Lógicamente también se habla de otras cosas. Del amor. De los sueños. De la derrota. Del éxito. Del aprendizaje. De la amistad. Del dolor. (Es un crack, joder, me da una envidia horrorosa.)

COSAS QUE ME GUSTAN AUNQUE SON CRITICABLES: Es cierto que todos los personajes dialogan igual. Igual en el sentido que todos parecen los primos aventajados de Albert Einstein. No hay nadie tonto en Studio 60. Pero, realista o no, coherente con los personajes o no, me pirra el peloteo dialéctico que hay en cada capítulo de la serie. También es verdad que, sobre todo al final, maneja conflictos que hubieran servido mejor a “El Ala Oeste de la Casablanca”, pero los hace funcionar maravillosamente bien. No sé si a Sorkin le dijeron cuando estaban escribiendo que sólo habría una temporada, pero el caso es que pone absolutamente toda la carne en el asador en el final de Studio 60.

“América, has decepcionado a Aaron Sorkin”, se decía con sorna cuando la serie se canceló. Quizá lo más importante sea que, al crear esta serie, Aaron no se ha decepcionado a sí mismo.

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El deseo de Año Nuevo

Hola amiguitos del cine.

El otro día estaba hablando con una amiga que me gusta. Yo, que soy soltero reciente, (vamos que todavía se podría decir que esto de “duelo”) la llamé para felicitarle las fiestas y de paso, dejarle caer que quizá podríamos quedar a tomar alguna cosa. Cuando se lo dije estaba nervioso como un colegial. Pero creedme: lo de mi soltería ha sido toda una sorpresa. Me veía yo fuera del mercado, y de golpe, ¡plas! dentro otra vez. O como diría Michael Corleone o Silvio en Los Soprano:

“Just when I thought I was out, they pulled me back in.”

Bueno, no quiero hacer meandros. El caso es que mi amiga, que es extremadamente simpática, dijo que ojalá el año nos fuera bien a ambos, y que había que pedir deseos para que se cumplieran.

Total, que como deseos de año nuevo, yo quiero tomar un café con mi amiga, y como tengo más peticiones que lentejas, voy a desear zumbarme a una estrella de cine.

Si sólo pudiera elegir a una, mi deseo de Año Nuevo sería conquistar a Angelina Jolie. Original, ¿no?

¿Cuál es vuestro deseo de 2008? (Sexual o no.)

Clooney, What Else?

Así como el Nen (¿Qué pasa Neng?), Chiquito de la Calzada (¿Te das cuen?), Ricky Gervais en “Extras” (Are you having a laugh? Is she having a laugh?) tienen su catch phrase (muletilla, en traducción aproximada, George Clooney ha sido bendecida con la suya propia. Lo malo es que no la ha elegido él al azar, sino por la campaña de café Nespresso.

La expresión “What Else?” (algo así como ¿y qué más?) quedaría bastante cool en alguna de las pelis de la saga de Ocean’s Eleven, se ha visto popularizada gracias a los varios anuncios que Clooney ya ha hecho, reflejando su carácter seductor y a la vez autoparódico de su rollo guaperas enrollado.

La llegada del segundo anuncio ha llevado la popularidad del “What Else?” más allá, y según dicen en el La Times (no sé qué habrán fumado), la expresión “What Else?” se está haciendo más popular en Europa. Según la periodista Carolyn Pfaff, a los europeos les hace gracia porque no saben lo qué es ni como pronunciarlo y les parece “mono.”

Lo que confirma que los americanos creen que, en general, los europeos somos como los Picapiedra, o que sólo tenemos medio cerebro, cosas del Antiguo Mundo.

En cualquier caso, los estadounidenses creen que el segundo anuncio ya no tiene gracia, que George aparece mucho mayor (ahí les tengo que dar la razón) y que está jugando con su imagen.

Ahí va George, haciendo anuncios de Martini y Café, mientras los compagina con películas con mensaje político. Yo le respeto haga lo que haga, porque me parece que es uno de los grandes y que tiene una imagen tan buena que podría anunciar corega ultra si le diera la gana.

Academia de Cine (no paran de hacer amigos)

El otro día ya les hablé un poco de Napoleón Dynamite, ese mirlo de película que no deberían dejar de ver.

En una escena Napoleón le pregunta a Pedro cual va a ser su estrategia para conseguir que una chica que nunca le ha dirigido la palabra, sea su acompañante en el baile del instituto. Pedro se encoje de hombros y contesta, sin darle demasiada importancia:

“Le haré un pastel o algo”

Y aquí tienen a Napoleón y a Pedro, agazapados cual salamandras, esperando el momento idóneo para entregar un pastel a la chica. No será fácil: ella juega en una liga muy distinta. La liga de los guapos del instituto. Y ellos… sólo hay que verles. Dan pena, risa, ternura y muchas otras cosas que nada tienen que ver con el atractivo sexual. Pero ¿qué les importa? Eso no les va a detener. Seguirán invitando a chicas al baile hasta que una les diga que sí (una que se peina raro).

Todos tenemos nuestro propio sentido del ridículo y lo deseable es que ese sentido sea un traje hecho a la medida de nuestras posibilidades. Porque, seamos sinceros: si Napoleón y Pedro tuviesen un sentido del ridículo muy elevado, sufrirían muchísimo. Serían un par de desgraciados con la autoestima por los suelos. Lo que les hace grandes es que son como son, sin complejos. El instinto de supervivencia ha vencido al sentido del ridículo, en este caso.

El otro día Enrique Urbizu demostró que la Academia de Cine Español tiene un sentido del ridículo demasiado grande, o un instinto de supervivencia demasiado pequeño.

Esto es lo que dijo el vicepresidente primero, para justificar que este año no se dé el Goya a la mejor película europea:

“Nadie venía a recoger el premio y eso daba la medida de lo que interesa”.

También demostró que un ente, una academia, una organización, o lo que demonios sea la AACCE, puede tener sentimientos tan apasionados y primarios como los de un ser humano de carne y hueso. Un ser humano no muy refinado. Un adolescente, quizá. Un Napoleón, pero más tonto:

“Nosotros no damos la espalda al cine europeo, decir eso es pura demagogia, es el cine europeo quien ha dado la espalda a la Academia”

Para mi gusto, se quedó corto. Les falta contundencia a esas palabras. Yo habría dicho: “Cine Europeo, ¡te jodes!” O algo así.

Los distribuidores y exhibidores de cine europeo están muy disgustados y han dicho una cosa que me ha inquietado mucho:

“Si quieren tener en el patio de butacas a los grandes cineastas europeos que los inviten, que para eso son sus premios”.

O sea, ¿que no les invitaban? Se me queda la boca más abierta que a Pedro (el moreno de la foto). ¿Cómo puede ser?

Hasta un inadaptado como Napoleón sabe que tiene que ir a recoger a la chica, si quiere que ella le acompañe al baile.

Por el amor de Dios y de la Unión Europea, ¿qué menos que enviarles un billete de avión a los cineastas europeos? ¿Qué menos que hacerles un pastel, o – si no hay tiempo – ir al colmadito de la esquina y comprarles una leche de coco, que está muy rica.

Cualquier cosa, pero que nos vean las intenciones. Que sepan que les queremos (sólo así seremos correspondidos).

Productores díscolos

Los guionistas llevan semanas demostrando que sus cerebros sirven tanto como para la creación como para la reivindicación de formas más o menos talentosas. Mientras, algunos productores miran como el agujero del bolsillo de sus pantalones de Armani se va haciendo más y más grande, y otros, como estos de AMPTP, ponen una web para demostrar que ellos también son la mar de creativos, y que sentido del humor no les falta.

Esto está extraído de la web con fecha de 10 de Diciembre:

“Nos sentimos desoladísimos al informaros de que, a pesar de nuestros grandes esfuerzos, entre los que se cuentan mandarles una cesta de magdalenas, hacerles un CD de varios, y estar frente a su ventana haciendo sonar canciones de Peter Gabriel, las conversaciones con el WGA (el sindicato de guionistas) se han roto. Francamente, no entendemos como ha podido suceder. Hemos hablado de ello de vuelta a casa, después de haber entrado en la sala de negociaciones, lanzado contra la mesa nuestra lista de exigencias y después habernos largado dando un portazo de la habitación, y ninguno podemos entender qué ha pasado.”

(…)

Mientras los miembros de la WGA pueden organizar maratones, conciertos y exorcismos, mantenerse unidos y ganar el apoyo del público, y joder el precio de nuestras acciones, interrumpir media docena de pelis y hacer que le devolvamos dinero a los anunciantes, nosotros, la verdad, nos cuestionamos su habilidad para lograr llevar las cosas a cabo.

Está clarisimo que los organazis del WGA están determinados a imponer sus ideologías, sus agendas políticas, preferencias sexuales, costumbres tribales bárbaras, opciones estilísticas sobre cómo vestir a sus perros, creencias religiosas y rituales de sangre por encima de los guionistas curritos y otras personas que dependen de nuestra industria para trabajar.

(…)

Exigimos, por tanto, a los organizadores de la huelga que abandonen la persecución quijotesca de sus radicales demandas. No dejaremos que luchéis contra los molinos. (Hemos colocado todos los molinos que hay en los estudios bajo fuertes medidas de seguridad.) El asunto es que vamos a ganar esta movida. Tenemos suficiente material para aguantar la huelga, y tenemos guiones listos para rodar. (…) Además, en cuanto a la tele, tenemos suficientes reality shows para ahogar a un caballo. Literalmente, uno de los programas es “¿Puedes ahogar a este caballo?”, y para el otoño, estamos desarrollando “¿Puedes ahogar a este caballo (con las estrellas)?”

Estamos deseosos de hablar con la WGA. Una vez que hayan desechado la mayoría de sus exigencias y accedido a nuestros deseos, estaremos encantados de tener un franco y cordial intercambio de ideas con ellos.”

Mientras, bromas aparte, Jay Leno, Jimmy Kimmel y Conan O’Brien, a pesar de su apoyo a los escritores, volverán a hacer sus shows el 2 de Enero, eso sí, sin guión. ¿Cómo serán estos programas sin guionistas detrás? Estoy deseando verlo… ¿Será como este episodio de 24?

ACTORIL

¿Director/Productor/Ejecutivo televisivo? ¿Harto de la molesta presencia de los actores?
¿En corrillos, en manadas, a la salida de su despacho, mendigando en los pasillos de la cadena? ¿Quizá fumando compulsivamente en su cóctel de empresa de no fumadores? ¿O a lo mejor, hablando de chorradas en un tono de voz tan agudo que se le ha quebrado toda la cristalería fina del Hotel en el que ha congregado a todos sus empleados? Sí, amigo director, productor, ejecutivo televisivo, usted ha tenido suficiente ya de los actores, de sus preocupaciones estúpidas, de sus quejas incomprensibles, de su guerra de egos de Monopoly, de sus pedos lamentables y sus reivindicaciones salariales. Ya está hasta aquí. No sabe cómo deshacerse de ellos, puesto que donde hay un actor, hay mil. Nacen, crecen, se reproducen, y ahora por fin con Actoril, mueren y desaparecen. Bueno, ni mueren ni desaparecen, porque tienen que trabajar para usted, pero al menos se dispersan y se tranquilizan.

¿En qué consiste este actoricida infablible ACTORIL?

Simplemente envíe a dos guionistas con su mejor sonrisa de pazguatillos hacia un núcleo duro de actores y tras un breve intercambio de lugares comunes y de sonrisas falsas (las de los actores), los cómicos mágicamente se dividen en pelotones de dos o uno, bajan la voz y dejan de molestar y avergonzarle delante de sus productores/productores asociados/inversores privados/demás gente cuya opinión valora.

No sufra a los actores. Simplemente explotéles y deje que Actoril se ocupe del resto.

Yo quiero ser Jamonero

El otro día estaba tirado delante de la tele, que es mi postura B. Mi postura A es estar derrengado delante del ordenador. Pues bien, como digo, estaba en mi postura B, pensando que soy un pobre guionista solitario y ermitaño, y que jamás conseguiré que una mujer se fije en mí, y mucho menos dos pibones a la vez, que es mi sueño dorado. Sí, lo admito: quiero que dos bellezones suspiren por mis atenciones y que se peleen en el barro por una simple mirada mía (imagínense la pelea por “lo otro”.)

En estas profundas disquisiciones me hallaba cuando ví la promo de la nueva temporada de los Serrano, que vuelve el miércoles que viene a Telecinco. Me parece una serie bastante digna y desde luego la respeto -porque sé que la fama, y sobre todo, la permanencia en antena cuestan-, que tiene grandes actores, buenos momentos de comedia y otros bastante entrañables.

Aclarado esto, digo lo que me pareció simplemente extraordinario y me llenó de ilusión. En la promo, Resines, un hostelero jamonero no especialmente agraciado (hombre, no es tampoco para que le tiren piedras, pero guapo guapo no es) recibe dos ofertas de dos mujeres. Dos hembras bellísimas le piden que haga un viaje a solas con ellas. Una es Natalia Verbeke, y la otra es Jaydy Mitchell, recientemente proclamada reina del cava en Sant Sadurní de Noia (ver vídeo.)

Y el objeto de la pasión de estas dos mujeres de 30 años, a cada cual más guapa, una morena y otra rubia, las dos dignas de calendario de Ryanair, es ni más ni menos que un hostelero jamonero de 50 años.

¿No nos estamos pasando un poco con lo de la verosimilitud?

Que una piba así se interese por él, pase, pero dos a la vez ya me parece de traca.

A lo mejor lo que tengo que hacer para cumplir mis sueños es pasarme al sector servicios e ir repartiendo lonchitas de jamón gratis.

Por cierto que he descubierto un malvado blog, “Es Resines”, que, según dice, homenajea a quienes, como Resines, sólo saben hacer de sí mismos.

El miedo y las salas de guionistas

Antes que nada, el Speechless de hoy, protagonizada por una de las parejas más guays de Hollywood: Felicity Huffman y William H. Macy.

¿A que son para comérselos?

O como diría Tracy Jordan, uno de los protagonistas de la serie que estoy devorando: “me entran ganas de llevármelos detrás de un colegio y dejarlos embarazados”.

La serie de la que hablo no es otra que 30 Rock, protagonizada, guionizada e interpretada por mi adorada Tina Fey. Ya os comenté en otro post lo mucho que me motiva esta chica por dentro y por fuera.

Tina se zumba uno de los tópicos más odiados por mis compañeras guionistas: que las mujeres no son graciosas. (Sí. aunque parezca mentira en la profesión hay gente que piensa así).

En 30 Rock, Tina interpreta a la jefa de guionistas de un programa televisivo de scketches tipo… no sé, Homo Zapping.
Ahí tenéis otro motivo por el que me gusta esta serie: uno de los decorados es la sala donde los guionistas trabajan y -aunque esto es comedia desaforada- me siento muy identificado en algunos momentos. Porque salvando las distancias culturales y de ficción el ambientillo de aquella sala está muy conseguido. Podría parecerse a cualquier sala de guionistas de aquí: el aburrimiento pegajoso y prolongado, los sofocos de diversión que estallan cuando alguien tiene una idea brillante que nos salva el culo a todos, y el miedo.

¿El miedo?

Sí, el miedo. Miedo a que no se te ocurra nada potable ni a ti ni a tus compañeros (pero sobre todo a ti). Miedo a las audiencias. Miedo a no estar a la altura y ser despedido.

O miedo a que el lugar en el que trabajas se convierta en un terruño sin otra ley que la del cacique de turno, como les ha pasado a los guionistas del programa infantil Leonart.

Ante unas condiciones más que vejatorias ellos se han cansado de que los malos utilicen el miedo como control remoto para manipularles. Le han dado al botón de off antes a tiempo de no apuñalarse entre ellos, y lo han hecho de una forma insólita y valiente: despidiéndose en bloque.

Lo explican detalladamente en una carta que han enviado a algunos blogs de referencia para la profesión: Pianista en un burdel y Guionista Hastiado . Esta estrategia ha sido bastante efectiva, pues hoy se ha publicado la noticia en El País.

Escrito por les desea mucha suerte a estos compañeros. Se la merecen. Seguiremos informando del caso.

Speechless


“Speechless”
(Sin habla)
es una campaña que apoya la huelga de los guionistas. La nómina de talentos detrás de esta iniciativa es simplemente apabullante:

Sean Penn, Holly Hunter, Laura Linney, Jay Leno, Harvey Keitel, Kate Beckinsale, Tina Fey, Tim Robbins, Gary Marshall, David Schwimmer, Patricia Clarkson, James Franco, Julia Louis-Dreyfuss, Martin Sheen, Josh Brolin, Susan Sarandon, Andre 3000, Chazz Palminteri, Jason Bateman, Patricia Arquette, Jenna Elfman, Eva Longoria, Justine Bateman, Joshua Jackson, Rosanna Arquette, Rebecca Romjin, Minnie Driver, Nicollette Sheridan, Robert Patrick, Matthew Perry, Woody Allen, Maggie Gyllenhaal, Jane Fonda, Marisa Tomei, Ethan Hawke, Jason Alexander, Charlize Theron y Philip Seymour Hoffman, entre otros.

Lo novedoso del asunto es que toda esta suma de artistas entregan su tiempo y su talento para hacer spots en blanco y negro, destinados principalmente a su exhibición en Internet como medio para extender sus protestas y hacer llegar sus argumentos al gran público.

A mí, este spot de Speechless de Woody Allen me encanta. Y me hace preguntarme si, por ejemplo, los guionistas españoles hacemos huelga, podemos conseguir que se callen, por ejemplo, yo que sé, Avelino y Pepa, pero vamos, todo en aras de la solidaridad.

Dos aburrimientos y una diversión

Últimamente me aburro mucho en el cine. Suele suceder en el último tercio de la película. Los agravantes son:

a) intuir con total nitidez como va a terminar la historia que me están contando.
b) escasa o nula empatía por los personajes protagonistas y por la historia.
c) metraje excesivamente largo.
Empiezo a mirar el reloj y me entran unas ganas locas de salir al exterior para encenderme un cigarrillo… Y eso que no fumo.

Primero me pasó con Arma fatal. Otra vez disentimos mi admirado Sergi Sánchez y yo. Quería verla por el mismo motivo –supongo- que él: me encanta Zombies Party (¡ay! aquella escena desternillante en la que se defienden de una zombie arrojándole discos de vinilo) y pensé que ésta podría ofrecerme dosis similares de diversión. Y la cosa no empezó mal. Pero si el humor de aquella otra película era único y sorprendente, en ésta progresivamente se me iba haciendo más y más rutinario. La trama policial es sencillamente absurda, vaga, digna del Robobo de la jojoya. Y soy consciente de que en este tipo de comedias el gag prima sobre la trama, pero las cosas tienen un límite.
Habría que exigir a los guiones un mínimo de calidad certificado por la Unión Europea, como a los juguetes chinos.


(Arma fatal… ¿o son Los hombres de Paco?)

Después fui a ver Juntos, nada más con mi madre y con mi tía. Las dos habían leído la novela en la que está basada, y sospecho que gran parte de las espectadoras que allí estaban también. Una historia de amor entre Audrey Tautou y un macizorro francés, aunque por las hechuras de la Tautou aquello más que amor parecía pederastia. Cuando veo a esta actriz en escenas de cama me siento sucio y pienso que me van a detener al salir del cine, pero bueno, como miraba a mi alrededor y sólo veía cabellos abullonados y fijados con laca (excepto los de mi madre y mi tía que son muy estilosas) me dije “o el target de criminalidad ha cambiado mucho o es que esto no es delito”. Así que me relajé y me dormí. Tuve una pesadilla que transcurría en el año 2037.

Me veía a mí mismo sentado en el cine. Echaban una comedia romántica interpretada por una Autrey Tautou obesa de 57 años.

Me desperté con una sensación incómoda: seguro que en 1977 alguien se quedó dormido viendo una comedia romántica y soñó que treinta años después seguiría viendo el mismo tipo de cine. ¿Seré yo un mero figurante en un sueño ajeno con copyright de 1977?

Pero como el destino siempre, SIEMPRE, me da dos de cal y una de arena, he podido disfrutar también de una película diferente, original, desconcertante, divertida, tierna… ¡un mirlo de película!
Se llama Napoleón Dynamite y podría ser la típica comedia de instituto norteamericano con animadoras y rankings de popularidad. Es todo eso, menos por lo de “típica”.

Ni los títulos de crédito tienen desperdicio:

Ni tampoco las camisetas que visten sus protagonistas. Hay una página web donde se pueden comprar.

Eso sí, esta maravilla es del año 2004 y no se puede ver en cines.

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