Escrito Por

El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

Archivar para el mes “septiembre, 2007”

Héroes de acción Borrachos

Según la web sensacionalista TMZ, Kiefer Sutherland, más conocido por haber salvado al mundo siete veces en menos de una década en su rol de Jack Bauer en la serie 24, podría ir a la cárcel.

¿Por qué? ¿Quizá porque los muchachos de División le han hecho la envolvente una vez más? ¿Quizá porque se ha infiltrado en Al-Qaida y le han tomado por un compañero de Mus de Alí el Químico? ¿Quizá se ha enrollado con la primera dama en una cama cubierta por documentos confidenciales y ultrasecretos?

No, amigos. Jack podría ir a la cárcel por borrachuzo. Le pillaron mamado perdido al salir de una fiesta privada de la Fox; y lo peor es que, al ser reincidente, le podrían caer varios días de cautiverio.

Alguien debería hablar con el juez y recordarle que Bauer salvó al mundo de este peligrosísimo árbol navideño.

A la hora de escribir un guión, nada mejor que dotar a vuestro heroe de acción de unas gotas de vulnerabilidad… o de lo que sea con tal de contenga priva de la buena.

¿Cuál es vuestro super héroe de acción borracho favorito?

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Del Orfanato a los Oscar

A veces las cosas sí son lo que parecen.

Parecía que El Orfanato iba a ser la película seleccionada por los académicos españoles para ir a los Oscar y al final ha sido así. Ahora les toca decidir a los americanos si merece estar entre las cinco candidatas en el apartado de habla no inglesa.

Mi enhorabuena a J.A. Bayona. Imagino que debe ser un subidón hacer tu primera película e irte directamente al Kodak Theatre. Aunque también puedo imaginarme a Martínez-Lázaro con el culillo apretao por recibir un reconocimiento así, después de tantos años de trabajo. Lástima, otra vez será.

Los americanos van a alucinar un poco cuando vean a Belén Rueda otra vez por allí (ya la tuvieron con Mar Adentro). Van a pensar que en España tenemos una actriz por cada tonalidad de pelo: la morena (Penélope Cruz) y la rubia (Belén Rueda). ¿Pa qué queremos más?


(Lo siento Belén, no he podido resistirme a poner una foto tuya de cuando eras una chica con diadema. You are so cute!)

Aquí os enlazo una entrevista con el guionista de El Orfanato, Sergio G. Sánchez, cuyo titular es “Hace 5 años no sabía qué iba a ser de mí”. Seguro que a muchos esta frase os sienta como un bálsamo (a mí sí).

Y aquí os enlazo un texto de Guillermo del Toro (co-productor de la peli), explicando la fascinación que sintió cuando leyó el guión de Sergio G. Sánchez.

El 22 de Enero la Academia de Hollywood leerá la lista de todos sus candidatos a los Oscar. Les deseo suerte.

Jódete, Otto

A veces admirar a alguien puede ser un problema. Sobre todo si tienes la ocasión de trabajar con ese alguien y te sientes maltratado. Que te maltrate /desprecie/ ignore un ser humano talentoso siempre le sienta muy mal a la vanidad.

Pero incluso ante la gente que admiramos hay que saber mantenerse erguido, aunque nos vaya la vida en ello.

Voy a contaros una maravillosa anécdota protagonizada por Otto Preminger y un pobre guionista llamado Lyonel Chetwind. La voy a resumir de un imprescindible libro, “Doing it for the Money (The Agony and Ecstasy of Writing and Surviving in Hollywood”, del que ya os he hablado en alguna otra ocasión.

Lyonel es un guionista desesperado por conseguir un trabajo que ha llegado al despacho del gran Otto Preminger por haber adquirido los derechos de una novela que el cineasta quería adaptar. Es por ello que él debe al menos intentar llevarle a Otto una versión del guión con la que el tipo se avenga a trabajar. Aterrado ante la reputación de devoraguionistas de Preminger, Chetwind le pregunta a William Goldman cómo comportarse ante Otto. “Prótege la parte de tí que escribe”, le aconseja Goldman.

En ese día que Lyonel está sentado ante Otto, le ha llevado una escena de cuatro páginas que ha estado reescribiendo toda la noche, consciente de que en esas hojas está su futuro.

Y ante él está Otto Preminger, leyendo sus páginas en su despacho alicatado de mármol con vistas a la Quinta Avenida. Y a partir de aquí os lo traduzco.

“Había que pagar el alquiler. Estábamos arruinados. Por favor, ama estas páginas. Por favor. Necesito este trabajo. Gloria no tiene empleo, no podemos dar de comer a los niños si no te gustan…

Pero él sonreía ante lo que leía. Me miró sonriente. Mi corazón se alivió. A la segunda página reaccionó con otra sonrisa. Otra en la página tres. ¡Iba a sobrevivir!

Hasta la página cuatro. Su cara se contrajo en una expresión de furia hitleriana, se formaron escupitajos en las comisuras de su boca, las venas se hicieron visibles en su característica cabeza calva, sus ojos se salieron de las órbitas. Hizo una bola con las páginas y me las tiró. Yo me escondí, deseando que recuperase la compostura.

Y lo hizo. Me dedicó la fría sonrisa de un aristócrata prusiano.

“Plumilla, -susurró en su suave acento germánico- La vida es curiosa, ¿sabes? Por ejemplo, toda mi vida he pensado que en este país las leyes son demasiado generosas con las armas de fuego; cualquiera en América puede poseer un instrumento mortal.”

Yo no sabía de qué estaba hablando, pero no me gustaba.

Otto continuó. “Verás, Plumilla, en este país, yo podría tener ahí…” (señaló una cajonera bajo su escritorio) un arma. Una pistola“.

No. No podría. Ni siquiera este ogro. Pero abrió el cajón superior. Creo que oí cómo se movía algo pesado.

“Y, con lo provocado que me siento por tu fracaso, y con un acceso de justa rabia debida a tu demostrada inutilidad, metería mi mano en este cajón para coger el arma de fuego…”

Que Dios me salvara, puso su mano en el cajón. Esta vez realmente oí algo pesado chocar contra la madera. Mis manos sudaban, quería volar pero me sentía paralizado. Todo sucedía muy rápido y a la vez cámara lenta.

“Y yo cogería el arma, que sin duda sería una estupenda Luger alemana, que nunca se encasquilla.”

El hijode… estaba a punto de asesinarme.

“Y yo cogería en mis manos el arma…”

Le ví coger algo oscuro y pesado del cajón. Finalmente había perdido el control, y yo iba a convertirme en un titular. Ni siquiera conseguiría unos créditos decentes, siendo Otto el asesino. Mientras levantaba el objeto, yo hice lo que me enseñaron en el ejército: me tiré al suelo, cruzando mis brazos sobre el pecho, y rodé hasta quedar a cubierto bajo una silla.

Un momento de silencio. Y después un extraño zumbido. Me asomé por encima de la silla.

El objeto era una máquina de afeitar sin cables. Otto se estaba afeitando la cabeza.

“He decidido que vivas lo suficiente para que puedas intentarlo una vez más. Vuelve a tu oficina.”

Me levanté, dispuesto a seguir sus órdenes.

Entonces lo recordé: “Protege la parte de tí que escribe.”

“Jódete, Otto”
, le sonreí afectuosamente, “Lo dejo”.

El aire matutino de la Quinta Avenida nunca tuvo mejor olor.

Disturbia: entretenimiento teen

Me hago mayor. Me doy cuenta de ello cuando veo películas como “Disturbia”, dirigida por J.D. Caruso, una especie de remake adolescente y bastante tontorrón de “La Ventana Indiscreta”.

El guión dedica una buena media hora a presentar a Kale, un chico algo problemático pero de buen fondo que debe someterse a tres meses de arresto domiciliario; así es cómo llega a conocer los hábitos de cada vecino de su comunidad residencial y a sospechar de que su vecino Turner (un esacalofriante David Morse) es un asesino en serie.

Tiene momentos buenos, pero me noto mayor cuando le dedican más tiempo a organizar su parafernalia tecnológica (la pasta que les habrá soltado Apple por tanto marear con el Ipod, el Ibook y el I…Diot) y a resolver sus amoríos adolescentes que a la trama de suspense, si es que ***spoiler*** puede haber algún suspense cuando el asesino sólo puede ser una persona.

En definitiva, entretenimiento muy adolescente, de encefalograma con pocas variaciones, cero sorpresas y momentos divertidos también muy teen. Lo único que merece la pena salvar de un guión tan poco profundo y una peli tan de fórmula es Shia LaBeouf, que será indiscutiblemente una de las estrellas del futuro.

Salir pitando

Cuando vi Salir Pitando (de Álvaro Fernández Armero) me acordé de lo que le dijo Azcona a David Trueba:

“Yo no creo que en España exista el humor negro. No creo que Quevedo sea humor negro. Lo que sí que veo es un humor desgarrado. Para mí las raíces del humor español están en un sitio que nadie se atreve a decir: en la tragicomedia, que es un género totalmente desprestigiado. Por lo que sea, yo veo que aquí el género de la tragicomedia se presta más a hablar de las cosas que nos interesan que otros géneros más finos como la ironía o el sarcasmo… La tragedia cómica, o la tragedia grotesca es lo que hizo el respetadísimo Valle Inclán cuando inventa el esperpento”.

Humor desgarrado. Ésa es la fuente de la que emanan las carcajadas en esta película. Humor que nace de la contemplación del dolor en un hombre incapaz de asimilar los cambios de su vida.

Lo que más me gustó es la preparación. Me refiero al cuidado que se pone en contarnos bien a los personajes, sin prisa en atropellarnos con chistes injustificados para conquistarnos desde el primer momento.

Primero: los personajes. Segundo: las risas.

Todo el mundo sabe que lo más importante en una pizza es que la base (la masa) sea buena. Aquí pasa igual: una situación bien preparada, con unos personajes que ya son como de nuestra familia… Y con ese terreno tan bien allanado la historia va como un tiro, in crescendo, sin bajones de interés y con un apoteósico final. ¿Qué más se puede pedir?

Pues se le puede pedir un trabajo actoral solvente.

¿Lo tiene?

Lo tieeene. Habemus un Guillermo Toledo sufridor, con cara de haber perdido un avión y camisa metida por dentro del pantalón, que es infinitamente más gracioso que el Guillermo Toledo de los ricitos: el tipo guay, golfillo y amiguete que conocimos en Siete Vidas.

La estrenan HOY. Si quieren pasar un rato estupendo riéndose con fundamento salgan pitando a verla.

El Buen Pastor

Yo creo que si hay alguien tiene el talento interpretativo de Robert De Niro debería haber alguna instancia divina que le prohibiera ser, además, un solventísimo director de cine. Esto lo he descubierto en mi video club, que es donde siempre busco las pelis prometedoras que me pierdo cuando están en cartelera.

Pues Dios no existe, o si existe, reparte el talento a boleo; a algunos les da muchísimo, y a otros, nada.

“El Buen Pastor” es la segunda peli dirigida por De Niro, catorce años después de su emocionante debut con la sencilla y tierna “Una Historia del Bronx”.

La peli es un minucioso viaje al corazón de Edward Wilson, uno de los miembros fundadores de la CIA, un espía replicante y metódico, siniestro y sin demasiado corazón a que pesar de todo logra despertar empatía en el espectador.

Es el guión es obra de uno de los mejores guionistas que en el mundo han sido y serán, Eric Roth. Para muestra un botón: la primera vez que vemos a Wilson (Matt Damon lo borda) está metiendo un barquito dentro de una botella.

Si, lo habéis entendido bien. No es un tío que sea más listo que los demás porque sabe cómo entran los barcos en las botellas, sino que es un tío que encima LO HACE.

Si os gustan las pelis de intriga política, si os encandiló JFK, si las instituciones americanas os despiertan desconfianza a la par que morbo, esta es vuestra película. No os la perdáis. ¡Alquiladla, que es más rápido que bajarosla! ¡Y se ve mejor!

Colgado en el pasado

Ustedes me perdonen, pero voy a hacer un flashback.

Imaginen un primer plano de mi rostro, con la mirada clavada en un punto y una cortinilla acuosa dando paso a mis recuerdos:

De vez en cuando me acuerdo de los tiempos en los que trabajé como dialoguista en una serie de televisión llamada X.

Recuerdo que no tenía muy buena relación con mi jefa, una señora argentina de avanzada edad de la que había mucho que aprender y más que detestar. Recuerdo que esta señora se parecía mucho a la recientemente fallecida Jane Wyman. Era como Ángela Channing pero en guionista. O sea: Ángela Channing con pantalones vaqueros y jersey.
Recuerdo que también se parecía un huevo a María Teresa Fernández de la Vega.

Como ya he dicho, esta señora y yo disentíamos en casi todo. Era una mujer tan estricta que exigía mantener la oficina a una temperatura concreta. Manipular el termostato sin su consentimiento era pecado mortal. Acercarse a un metro del termostato te convertía en culpable de conspiración. Te miraba como diciendo: “Chu-Lin te espera a la salida”.

Así era ella. Y sus convicciones sobre como debe ser un guión eran igual de flexibles que el turrón garrapiñado.

En una ocasión nos encontrábamos metidos en un callejón sin salida con la escaleta.

(Inciso para profanos: la escaleta es un resumen previo al guión de lo que va a suceder en cada escena)

Bien, pues teníamos a un personaje en una escena, tal y como estaba yo hace unos minutos, con la mirada clavada en un punto y dispuesto a sufrir un flashback. Las escenas siguientes eran el flashback propiamente dicho: los hechos que el personaje recuerda. Y con el final del flashback empezaba nuestro problema. Lo habitual es volver al personaje saliendo de su ensoñación, para que quede bien clarito que lo que acabamos de ver ha sido un recuerdo y no tiene nada que ver con el presente de ese personaje.
Pero en este caso, no nos venía nada bien meter la escena habitual de vuelta al presente. Meter esa escena nos descuajeringaba el raccord de la escaleta.
Llevábamos media hora todos a una pensando qué hacer para poder meter la consabida escena hasta que yo (un poco al tun tun, lo reconozco) propuse:

-¿Y si no la metemos?

La Channing me miró como a un fenómeno paranormal:

-¿Cómo no vamos a meterla?

-¡No la necesitamos! Por el contexto se entiende que es un recuerdo. No hace falta volver al personaje.

La Channing soltó una carcajada.

-Sí, claro: y dejamos al personaje colgado en el pasado. JA, JA, JA. Todo el capítulo recordando. JA, JA, JA.

Todos los guionistas que estaban allí rieron con ella, un poco por hacerle la pelota y un poco acojonados porque era la primera vez que la oían reír.

Aunque yo también me reí, recuerdo que pensé: “Tú sí que estás colgada en el pasado”.

Y es que sólo hay que ver series como Lost para darse cuenta de que el espectador actual no necesita que le expliques ciertas cosas.

Y si se las explicas él si que va a tener flashbacks: se va a acordar de que mañana tiene que ir al dentista, de que se ha olvidado de comprar mantequilla, de que tiene que felicitar a su hermana por su cumpleaños… cualquier cosa antes que prestarle atención a una aburrida serie.

Y ahora no les voy a ordenar que imaginen un primer plano de mi rostro despertando del recuerdo. Les dejo así, colgados en el pasado, porque soy un experimental, no lo puedo evitar.

Las reglas del showbusiness (I)

Ya lo dijo Woody Allen. “El mundo del espectáculo no es perro come perro, sino perro no contesta las llamadas telefónicas del otro perro“.

Ya sé que soy un humilde guionista, pero de tanto en tanto me pongo los hábitos de productor y descubro algunas verdades fundamentales, como esa.

Por circunstancias estoy persiguiendo a algunos actores y a los que les facilitan las coartadas cuando ellos quieren salir de la ciudad: sus representantes. Se trata de gente muy creativa.

“Bueno, yo le he pasado tu guión, pero tengo que recordárselo, a ver qué opina.”

Seis meses después.

“Bueno, yo le he pasado tu guión, pero tengo que recordárselo, a ver qué opina.”

Y a esto le sigue el clásico “Ya te llamaré”, si cabe más aterrador que “Tenemos que hablar.”

Cuando uno busca trabajo de guionista, sobre todo si hace pruebas a granel, es frecuente que los emails no lleguen, los sms se pierdan entre un repetidor y otro, y en fin, que uno se vuelva invisible.

¿Por qué?

No es nada personal, pero siempre es un palo decirle a alguien que no quieres trabajar con él.

Un buen ejemplo de esto es aquella productora que despedía a sus empleados por el discreto método de no volver a llamarlos para trabajar, como aquella novia de Erasmus que dejó de escribirme en vez de enseñarme la puerta.

Y es que no queremos caerle mal a nadie. Todos queremos que nos adoren.

Los Oscar. La preselección.

Y le perdonamos la vida a…

“13 rosas”

“El orfanato”

“Luz de Domingo”

Esta preselección de películas para enviar a los Oscar me da buen rollo.

Me da buen rollo porque al no haberse estrenado aún ninguna de ellas nos vemos forzados a concederles el beneficio de la duda. Por lo que a mí respecta, son tres hipotéticos peliculones.

Lo que hemos visto en cartelera este año es bastante deslucido. Que esta selección salga a la luz da tanto subidón como encontrar el último rollo de papel cuando ya se tienen los pantalones bajados.
No digo que sea una buena selección. Repito: no he visto las películas. Pero como dice el refrán:

“PASO DE LO MALO CONOCIDO Y VENGA LO BUENO POR CONOCER”.

Ah. ¿Que no es así el refrán? Pues debería.

Me imagino a la presidenta de la Academia (que por cierto: ES GUIONISTA) sentada en su despacho pensando: “Ay, dios mío, que ya me está llamando la secretaria de los Oscar y no tenemos los deberes hechos. ¿Qué coño presentamos?”.

Menos mal que teníamos estas tres películas metidas en el congelador y podemos dar algo de comer a las visitas.

Felicito a todos los implicados en estas tres películas. Y como no tengo vergüenza de barrer para casa todo el rato, felicito especialmente a sus (co)guionistas: Horacio Valcárcel (Luz de Domingo), Ignacio Martínez de Pisón (13 rosas) y Sergio Sánchez (El Orfanato)

El 27 de Septiembre sabremos por cual de ellas se deciden los Académicos. Señores, hagan sus apuestas.

Y como despedida, lanzo tres preguntas al aire:

¿Qué les da Garci a los miembros de la academia? ¿Éxtasis? ¿LSD?

La ocasión la pintan gorda

Hollywood es un lugar donde hasta los hombrecitos verdes de los semáforos albergan sueños de grandeza. Todo el mundo tiene un guión, todo el mundo tiene un show reel, y todo el mundo quiere pisar con zapatos charolados el Hall of Fame.

Este es el caso de un guionista que harto de golpearse una y otra vez con el muro del fracaso ha decidido encontrar sus propias oportunidades, o ese mito tan americano de construir su propia suerte.

¿Cómo?

Kevin Michael
se ha plantado en las aceras de Beverly Hills en un traje de lucha libre azul, llevando una barba falsa, gafas y un casco con botellas de agua, sosteniendo un cartel anunciando la dieta “Hoboken”, aferrándose a la idea de que esta campaña de márketing, medio-patética medio-viral logre atraer la atención de “Los Que Deciden”.

A este punto han llegado él y su coguionista Laurie Anne Marie para promocionar su comedia romántica “The Hoboken Beach Diet”, después de intentar acceder al mercado de todas las formas habituales. Su guión trata de un cínico con sobrepeso que encuentra el éxito y el amor creando una dieta absurda, con el trasfondo de la sociedad estadounidense, mediatizada por el consumo, la obsesión por los alimentos light y la fiebre por la salud.

De esta guisa se ha plantado delante de la oficina de Judd Apatow (“Virgen a los 40”) y delante de Spago, uno de los restaurantes más caros de los Ángeles (y que Patrick Bateman hizo célebre en “American Psycho”). Unos policías se acercaron a detenerle por “conducta lasciva” pero al final decidieron no hacerlo.

Os he puesto el vídeo de Youtube, y si pinchais aquí, viajaréis a su página web.

Esto me recuerda a esa frase de la repelente Ally McBeal, cuando decía que en la vida sólo te arrepientes de las cosas que no has hecho, reflexión que me animó a hacer algo estúpido con una dama una vez. El tiempo dirá si el payaseo intensivo de Kevin Michaels le llevará al éxito o a una madurez vergonzante y/o una vejez avergonzada.

La noticia completa, aquí.

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