Escrito Por

El blog de Escrito Por: guionista y, sin embargo, humano..

Archivar para el mes “junio, 2007”

Apaga y vámonos

Nuestro Augusto Líder se metió en el despacho de Dirección con Primer Ayudante y Segunda Ayudante. No era habitual que dejase su superdespacho en la productora para venir a plató. Tampoco que hablaran en voz baja. En mi privilegiado puesto como guionista de pasillo estaba acostumbrado a oír TODO lo que se decía tras esa puerta.
Un rato después Augusto Líder salía del despacho con paso apresurado, seguido de Primer Ayudante, quién antes de desaparecer, se volvió hacia mí y se rajó la garganta de lado a lado con su dedo índice. Primer Ayudante es un cachondo, pensé.

Me levanté de mi sitio, no sin antes cerrar la ventana pechosdefresa.com en la pantalla de mi ordenador. Al entrar en el despacho encontré a Segunda Ayudante con la mirada clavada en un punto entre el infinito y la nada.

-Primer Ayudante me ha hecho este gesto (…) Me van a despedir ¿o qué?

Me fijé en que las manos de Segunda Ayudante rasgaban una hoja con la orden de rodaje del día siguiente.

-Sí… La cadena ha cancelado la serie. Nos despiden a todos.

-¿Qué? ¿Por qué? Si no vamos tan mal de audiencia. Hemos subido un punto desde la semana pasada.

-Pues ya ves… Augusto Líder y Primer Ayudante se van a tomar una caña y cuando vuelvan lo dirán a todo el equipo.

-Pero… Esta semana sí se graba, ¿no?

-No. Hemos acabado. Te puedes ir a casa si quieres.

Segunda Ayudante cogió otra orden de rodaje y la hizo pedacitos.

Bajé a plató. Augusto Líder y Primer Ayudante aún no habían vuelto. Los Actores se reían entre toma y toma. El Script se quejaba del calor y la Auxiliar de Producción hablaba por un walkie con uno de los conductores.

Qué bien te queda esa camisa, me dijo una chica de vestuario.

Esto es Matrix, pensé. Una realidad virtual. Mañana desmontarán los decorados y todo el mundo empezará a buscar trabajo.

Me sentí culpable de estar alegre. Pero no podía evitarlo. Cualquier persona que haya trabajado alguna vez habrá sentido ganas de que su empresa se fuera a la quiebra. Pero nunca tienen que sentirse culpables porque el deseo rara vez se cumple. La diferencia es que en esta profesión sí ocurre.

A veces peta todo. Pero no siempre cuando uno quiere.

Os he dejado un vídeo de Studio 60, una serie ambientada en el plató de un programa de televisión y que, como no podía ser de otra manera, petó.

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Anatomía de Grey: ya he visto la tercera

Aquí vuestro amigo Escri se ha pulido la tercera temporada de Anatomía de Grey.

Es una serie que ayuda a liberar mi atrofiado lado femenino.

Sé que si me comportara como Derek con mi chavala, (bueno, en esta temporada, claro está) me querría mucho más.

Sé que las mujeres anhelan que los hombres hablen entre sí como lo hacen en Grey. Malas noticias, no somos gays y no decimos cosas tiernas en público. Muchas veces ni siquiera lo hacemos en privado.

Aviso de que pueden venir espoilers (no demasiado graves) de la tercera temporada en lo sucesivo.

Pero lo interesante de esta serie es que los personajes femeninos huyen de los tópicos. Burke le pide a Yang que se casen, y es él quien está emocionado por la ceremonia, quien quiere que sea grande, religiosa, solemne, perfecta. Cristina está horrorizada por el paripé, siente que ella no es ella pasando por el aro de los compromisos sociales.

En esta serie hay varios personajes femeninos que temen al compromiso, que se llevan mal con sus madres, que intentan preservar su independencia y su identidad por encima de todo.

Se nota mucho que es una serie escrita por mujeres. Y eso es muy bueno.

Y ahora lo malo.

Sólo les ha faltado quemar por bruja a Meredith. O atarle a un poste eléctrico para que la caguen las palomas. Quizá hubiera sido divertido que la piquen los pollos o que le conecten electricidad en los pezones.

Los chicos de Shonda han puesto toda la carne en el asador y algo se les ha quemado. Se han vuelto avariciosos, se han decantado por el lado culebronero y frívolo, donde tan a gusto se manejan.

Ha sido una temporada muy entretenida, pero han perdido en solemnidad y hondura y se han lanzado a la piscina del melodrama. Todos los capítulos acaban

a) alguien cercano muere
b) algún protagonista está a punto de palmar de forma extrañísima
c) alguien le pide alguien casarse con el primer alguien
d) alguien quiere romper el matrimonio recién estrenado de alguien

A Ángela Channing le encantaría. Y bueno, lo peor de todo me ha parecido la inclusión a capón de “Private Practice”, el spin off del personaje de Addison Montgomery. Durante dos capítulos crossover meten a la bella y simpar Addison (qué ojazos tiene, virgen santa) en una clínica californiana y se mete de matute una trama del episodio allí.

Y yo digo: No me gusta nada “Private Practice”, me parece un rollo, me dan igual los compañeros de Addison, la clínica es una cutrez, y desde luego si queriáis que me gustara colándomelo a final de temporada en medio de personajes que SÍ me interesan y tramas que SÍ me interesan lo lleváis clarinete.

En definitiva, Grey es una gran serie imperfecta y culebronera. Pero llena de ternura, grandes personajes y mucho humor. Larga vida a Grey. Os dejo un regalo para todos los fans: el blog de los escritores de la serie, Grey’s Matter, donde los guionistas analizan sus intenciones en cada episodio y lógicamente el resultado de cada capítulo. Gracias a Pablo por el soplo.

Pollo robot

De vez en cuando alguien te da un soplo:

Escrito por, tienes que ver esto. Te va a gustar.

Y así es como empieza. Ayer no sabías ni que existía y hoy eres el presidente del club de fans. A partir de ahora tienes una misión: contagiar tu filia a toda la gente que conoces. Y te lo tomas como algo personal. “Si no te gusta esta serie es que me rechazas”.

¿Os acordáis del hombre lobo de Buffy cazavampiros.? Pues él y otro chaval son los creadores de Robot Chicken, una serie estadounidense que acaba de llegar a la televisión española dentro de Adult Swim, (TNT, en Digital+), y que se inscribe en la fórmula humor negro + animación, tan presente en nuestras vidas desde que Burt Simpson levantara su amarilla cabecita (aunque las perrerías que el Correcaminos le hace al Coyote… eso sí que es humor del lado oscuro). Robot Chicken utiliza la técnica de stop motion -la misma que en Wallace y Gromit– para parodiar a mitos y personajes de la cultura televisiva de su generación: Supermario Bros, el Inspector Gadget, Star Wars, el show de Oprah…

En este vídeo Alien y Predator tienen una cita.

En éste otro aprendemos a fabricar mayonesa de unicornio.
Aviso:…mmm…no, paso de avisarles.

Incluso se han vengado de los guionistas de Buffy.

Pero lo que me ha llegado al alma es la cruel melancolía que rezuma este sketch. Si elegir el punto de vista es de las decisiones más importantes a la hora de contar una historia, observen cual magistral es la decisión aquí tomada.

Sean generosos. Hablen de Robot Chicken a diez amigos. Si no lo hacen se sentirán como una jirafa en arenas movedizas.

Los chuloputas también tienen sueños

“Hustle and Flow” es una peli no muy conocida pero llena de lecciones morales muy valiosas para la vida. Terrence Howard lo borda haciendo JayD, un chuloputas de Memphis en plena crisis existencial. (Los chuloputas también tienen ese tipo de crisis.)

Quizá recordéis algo porque en los Óscars de hace dos años la liaron en el escenario cantando “It’s Hard out there for a Pimp”, traducción libre, “Está jodido ser un chuloputas.”

Y encima la canción ésta ganó un Óscar. Nada de Céline Dion, ni de Banderas cantando “Rema, rema” como en otras ediciones. “Está jodido ser un chuloputas”.

Por si fuera poco, también ganó el premio del Público en el Festival de Sundance en 2005, amén de muchos premios más.

¿Por qué?

¿Realmente es tan fantástica la historia de rap y redención de un chuloputas medio filósofo medio fumado de Memphis?

No.

Pero el tagline es 100% Hollywood. “Everybody gotta have a dream”. Da igual que seas un chuloputas, que trapichees con droga y que seas un chungo callejero (Hustle es trapicheo, vivir en la calle malamente), que si viene el Flow (la habilidad de rapear con fluidez y gracia) tu redención será completa y a todo el mundo le parecerá una película magnífica.

Es la clásica peli americana de “salir del barrio a través del talento”, como otra producción de MTV igualmente rollete, “Coach Carter”. Mi opinión es que las dos son bastante convencionales en el fondo y que a los americanos les metes un cóctel con las palabras “redención” y “sueño” y ya se les pone dura.

De todas formas me encantó la elementalidad del mensaje en un entorno tan sórdido; después de todo, los proxenetas también tienen su corazoncito. Quien lo iba a decir.

Yo sugiero que hagan la peli de un carterista que se mete a Operación Triunfo.

¿Y vosotros?

Estoy bueno

Sí, estoy bueno. ¿Qué pasa?
Y como la suerte de la fea la guapa la desea yo llevo una racha muy mala. Una primavera negra de noticias espeluznantes. En apenas un mes he asistido a:

(redoble de tambor)

1- La muerte del Fary.
2- La jubilación de Paul Newman.
3- La prejubilación de Kevin Spacey.

El caso de Paul es comprensible. El hombre habrá pensado:

Para qué seguir trabajando. Me estoy perdiendo un montón de cosas. Y si no las hago ahora que estoy en la flor de la vida, no podré hacerlas nunca.

Lo de Kevin Spacey (34 años menor que Newman) también lo entiendo. Pero menos. Aunque no es del todo cierto que vaya a jubilarse. Dice que su carrera de actor ha terminado, pero que él va a seguir con su trabajo como director artístico del teatro Old Vic de Londres, que parece que le llena más.

“Después de diez años haciendo películas y llegando a ser mejor de lo que jamás habría imaginado, me tuve que preguntar: ¿qué se supone que debo hacer con todo este éxito que he tenido? ¿Voy a seguir haciendo película tras película, preocupado por si estoy bien, estoy mal, estoy bueno o no? Entonces me di cuenta de que eso no me importaba nada”.

Es la explicación que ha dado en un programa de televisión. Y a mí esto me suena a cabreo postraumático tras reunirse con algún ejecutivo de Hollywood. Ya me lo estoy imaginando:

-Kevin, estás estupendo, aunque no te vendrían mal unos retoquitos para hacer este papel.

-¡He dicho que no! Soy un actor serio. La crítica me adula. El público me ama. No necesito operarme.

-Sssshhhh. Voy a darte un masaje capilar… Echa la cabeza para atrás. Cierra los ojos. Piensa en las vacaciones…

-¡Ay! ¡¿Qué has hecho?! ¿Por qué coño me has clavado esa aguja?

-Sólo es un poco de botox… Relájate o tendrás cara de enfado los próximos dos años.

Paul Newman nunca tuvo que preocuparse de estar bueno porque…

…siempre estuvo bueno.
Speacy es atractivo pero no está bueno. Esto no me lo discutáis. Que no me vengan con relativismos baratos: se han repartido títulos oficiales de estar bueno y yo tengo el mío, pero Kevin NO lo tiene. Así que tampoco debería preocuparse mucho por ello.

¿De verdad a Spacey le importa tanto salir guapo en las películas? ¿O es que ha perdido la vocación? Mejor aún: ¿No es su declaración en realidad una crítica velada a la superficialidad de la industria americana, como si dijera “me aburren vuestras películas”, “sois más falsos que las tetas de Dolly Parton” ?

¿Qué pensáis vosotros?

Por supuesto hay excépticos que no se lo creen, que dicen que Spacey volverá a las andadas like a Rolling Stone.
Yo espero que no. Aunque me encantan sus actuaciones en las películas prefiero verle gritar en la vida real: ¡meteros por el cu** vuestro éxito de mier**!
Y que sea verdad.

El día sin cine

La semana va de polémicas. Parece que últimamente, todos los implicados en esto que a duras penas se puede llamar “negocio del cine” están tristes: los actores, los exhibidores, y los guionistas, bueno, nosotros siempre estamos tristes. Es lo que pasa por ganar poco dinero, conocer a pocas mujeres que quieran sexo con nosotros y ver el mundo a través de una ventana, por lo general, sucia.

Este día sin cine, el lunes pasado, tuvo un apabullante seguimiento del 93%. Un total de 3774 salas dijeron: hoy no hay cine. Siendo picaruelos, la verdad es que basta con ir al cine cualquier lunes para ver que realmente no es el negocio del siglo. Los lunes en el cine son el paraíso de los guionistas depresivos, los copiadores profesionales, los jubilados con poca orientación y esa rara avis conocida como “cinéfilos compulsivos.”

A los señores exhibidores les cabrea sobre todo la exigencia de la nueva Ley en torno a la cuota de pantalla: los cines deberán poner una peli comunitaria por cada tres extracomunitarias, con la novedad de que no será por días sino por sesiones.

Para los exhibidores, la cuota es, simple y llanamente, “inconstitucional, injusta, inútil e inédita en ningún otro país de nuestro entorno”, y responde a las “presiones” de los productores.

Yo, como he dicho muchas veces, creo que el cine es cultura y la cultura hay que protegerla. Pero entiendo a esta gente.

Es como si a un frutero le dices, mira, por cada tres plátanos de Canarias que vendas, coloca también un higo chumbo.
O un higo chungo.

A veces los higos chumbos son una delicia. Otras veces son simplemente higos chungos.

Lo auténticamente chungo (o chumbo) no es que el gobierno presione para fomentar nuestro cine (es dudoso pero yo como interesado y beneficiario lo veo imprescindible) sino que nuestra fruta no la quieran ni regalada.

Homenaje guionístico al Fary

Estoy triste. Ya sabéis por qué.

El Fary es un personaje tan increíble que difícilmente podría salir de la mente de ningún guionista. Sólo es posible el proceso inverso: coger al Fary y escribir un guión a partir de él. La escena que sigue a continuación es un homenaje cariñoso y cursi a alguien que ha marcado mi infancia.
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1. CIELO. SALA DE CASTING. INT- DÍA.
Jose Luis Cantero, alias FARY, está de pie ante una cámara de vídeo realizando un casting para entrar en el cielo. SAN PEDRO y DIOS componen el jurado.

SAN PEDRO
Háblanos un poco de ti.

FARY
Me llamo Jose Luis. Siempre que voy en autobús les cedo mi asiento a las viejas…

SAN PEDRO
(impaciente) No necesitamos buenas personas. Ya tenemos muchas. En cambio nos faltan traductores. ¿Hablas inglés?

FARY
No, pero fui protagonista de una serie de televisión, Menudo es mi padre…

DIOS
Ah, sí. Hacías de taxista, ¿verdad? Buena interpretación.

FARY
Es que fui taxista de verdad.

SAN PEDRO
¿Taxista? Pues te has equivocao de casting, chaval, aquí no entran los taxistas. Baja a recepción y pregunta por Belcebú.

FARY
Bueno, también soy cantante y compositor.

SAN PEDRO
¡Coño! Cantante. Haberlo dicho antes. Cántanos algo, hombre.

FARY
¿Ahora? Me da corte…

SAN PEDRO
¡El siguienteee!

FARY mira nervioso hacia la puerta por la que está a punto de entrar el siguiente candidato.

FARY
¡Un momento!… Que sí, que os canto una canción.

DIOS
Es que no nos gustan los tímidos, Jose Luis. Si quieres formar parte de nuestro equipo tienes que divertirnos, que luego son muchas horas juntos.

FARY asiente. Respira hondo, coge el micrófono que SAN PEDRO le tiende y se arranca a cantar.

Durante la actuación DIOS y SAN PEDRO mueven sus cabezas al compás de la música. FARY termina la canción y espera el veredicto, mordiéndose las uñas.

SAN PEDRO
Nos ha encantao, oyes. ¿La letra es tuya?

FARY
Sí. Pero ojo, que la tengo registrada.

DIOS
Pues todo lo que compongas a partir de ahora pasa a ser propiedad nuestra. ¿Supone algún problema?

FARY
(ilusionado) Entonces… ¿estoy dentro?

SAN PEDRO
Entra por ésa puerta y sírvete lo que quieras. Menos las aceitunas negras. Ésas son mías.

FARY
Gracias. ¡Sois grandes!

FARY corre eufórico hacia la puerta que SAN PEDRO le ha señalado.

SAN PEDRO
Con gente así da gusto.

DIOS
Ay torito guapo… Es pegadiza, ¿que no?

SAN PEDRO y DIOS tararean la canción.

¿Actores autores?

Los actores están tristes. ¿Qué le pasa a los actores? Los suspiros se escapan de sus bocas de fresa.

Y todo por culpa de la ministra y de su Nueva Ley de Cine. Dicen que esta ley les ignora, y exigen ser reconocidos como autores de la película.

A ver. Autores de la película.

Autores de la película.

Autores.

De la película.

Antes de revelar mi opinión sobre su queja, que me parece muy razonable, os diré unas cuantas cositas sobre los actores.

Primero diré que gremialmente me caen mal. Y que de uno en uno, me suelen caer bien. Cuando hay un tropel de actores, huyo. También diré que los que son malos me provocan indiferencia, y los que son buenos, una profunda admiración. Que me parece que la suya es una profesión muy dura, donde es casi imposible mantener la autoestima a flote, sin pensar que uno está tocado de la varita mágica de Dios, o que se es la peor escoria sobre la Tierra. Que es muy difícil vivir de actuar, que es muy difícil poner la cara, el cuerpo, la voz, que es muy difícil soportar filias y fobias sólo por el mero hecho de ser lo que se ve. La materia prima.

Me parece que la profesión de actor es muy puta, y eso que la mía es un auténtico zorrón también.

Por eso me parece lógico que quieran arañar un porcentaje de derechos de autor. Pero…

La historia manda.
La música o el reparto pueden embellecer o empeorar la calidad artística de una peli, pero no nos engañemos. Un actor no es el autor de la peli. Bastante tiranía tenemos ya con los directores autores para encima darle alas a esta nueva demanda. Es cierto que hay actores que construyen la épica de las películas, como Robert Deniro o Al Pacino, Javier Bardem o Meryl Streep. Son profesionales llenos de talento y en ocasiones, de genialidad. Pero si también les consideramos autores, pues que vengan los directores de fotografía, los directores de arte, los sonidistas, los montadores y etc.

Las pelis son un trabajo en equipo. Pero los escritores piensan la película. E insisto: me solidarizo con la profesión de interpretar. Según esta noticia, sólo uno de cada tres vive de su trabajo.

Mientras tanto, sólo el 20% de los guionistas vive de su trabajo. Uno de cada cinco. Aunque escribir siempre será mucho más tranquilizador e íntimo que actuar.

No quiero decir que los guionistas, habitualmente unos muertos de hambre, seamos mejores que los actores, casi siempre unos muertos de hambre y medio chalados. Ambas profesiones están muy necesitadas de apoyo, moral y sobre todo económico.

Con todo este largo abanico de consideraciones lo que quiero decir es simplemente lo siguiente:

Me parece estupendo los actores que pidan derechos de autor, pero…

¿Me los van a quitar a mí, que soy quien escribe las palabras que salen de su boca y que ya me las veo canutas turutas para vivir de esto?

Pregunto.

¿Qué opináis? ¿Son los actores autores?

En el vídeo, Kevin Spacey imita a actores célebres, como Jack Lemmon, Christopher Walken, James Stewart, Marlon Brando o Clint Eastwood. No os lo perdáis.

Revisitando a los clásicos: Stephen King

En cuanto a libros hay dos tipos de Clásicos:

1-los clásicos oficiales: son aquellos libros que han marcado la historia de la Literatura. El Quijote, el Ulises, la Ilíada… textos impecables cuyos títulos nos empiezan a sonar ya en el instituto y cuya lectura posponemos durante el resto de nuestras vidas. Hay gente estulta que se siente superior cuando lee uno, como si se la midiese con el lomo de los libros.

2-el otro tipo son los clásicos auténticos: aquellos libros que han marcado nuestra historia personal, o simplemente aquellos a los que tenemos especial cariño. Aquí el listado es más largo e imprevisible, pues cada lector tiene los suyos.

En ocasiones las dos gamas de clásicos coinciden. Porque habrá muchos a los que el Ulises de Joyce les cambiara la vida, les hiciera experimentar esa sensación de “despertar” que se tiene cuando un libro te hace mirar el horizonte desde un nuevo punto de vista… Pero también estoy seguro de que el corazón de muchos lectores late por Stephen King. Si obviásemos todo lo escrito antes del siglo XX, King sería como el Steven Spielberg de la Literatura, pero el triple de prolífico. Por no hablar de que algunas de las mejores películas del mundo son adaptaciones de sus obras.


El Resplandor” (No por mucho acojonar amanece más temprano)

En mi lista personal de clásicos tengo una hamaca de honor para uno de los libros más raros de su bibliografía. Se trata de “Mientras escribo”, un texto sobre el oficio de escritor.

“¿Por que tantas ganas de escribir sobre el acto de escribir? ¿A santo de qué me creía capaz de decir algo interesante? (…) Lo diré de otra manera: no quería escribir algo, corto o largo, que me diera la sensación de ser un charlatán literario o un gilipollas trascendental. No, gracias; de esos libros (y escritores) hay ya bastantes en el mercado.”

Ya en el prólogo King deja clara su intención de ir grano, de comprometerse con todos aquellos que queremos aprender la praxis del oficio de escribir. Sin ser un manual de estilo, esgrime un montón de buenos consejos sobre el uso del lenguaje en la narración.

“Creo que de adverbios está empedrado el infierno, y estoy dispuesto a vocearlo desde los tejados. Dicho de otro modo: son como el diente de león. Uno en el césped tiene gracia, queda bonito, pero, como no lo arranques, al día siguiente encontrarás cinco, al otro cincuenta… y a partir de ahí, amigos míos, tendréis el césped completamente, avasalladoramente cubierto de diente de león.”

Son consejos muy básicos. Y los más fáciles de olvidar. Por eso me gusta releerlos.

Y también porque este libro es como un tragaluz por la que se cuelan halos de autobiografía. King no sólo cuenta como se hizo escritor, también narra episodios de su vida como el primer encuentro con su mujer, la muerte de su madre o el accidente que casi le mata.

Me llama poderosamente la atención (por utilizar una frase tópica de ésas que King desaconseja) lo que cuenta de su etapa yonki:

“Al final de mis aventuras bebía cada noche una caja de latas de medio litro, y tengo una novela, Cujo, que apenas recuerdo haber escrito. No lo digo con orgullo ni con vergüenza; sólo con la vaga sensación de haber perdido algo. Es un libro que me gusta, y ojalá guardara un recuerdo agradable de haber redactado las partes buenas.”

¿No es cabreante? Este tío es capaz de escribir novelas puesto hasta las cachas. No me extraña que tantos escritores le tengan manía.

Es como el típico niño odioso de patio del colegio que te dice “eso lo hago yo con la puntalcapullo”, cuando te ha visto meter la mejor canasta de tu vida.

Y lo peor es que tiene razón.

¿Cine Español Mediocre?

Según un análisis sociológico que ha realizado el Instituto de Pensamiento Estratégico de la Universidad Complutense de Madrid a partir de una encuesta de Sigma Dos realizada sobre una muestra de 1.500 personas, más de la mitad de los españoles califica de “mediocre o poco interesante” el cine español.

Extrapolando: si los españoles, según el último censo, somos 45 millones de personas, hay por lo menos unos veintitantos millones de personas que opinan que el cine español es una mierda, por hablar en cristiano. Por lo tanto, los veinte millones restantes, es de suponer que les guste o que al menos les provoque cierta indiferencia.

De todas formas, a mi todo esto de los sondeos y las extrapolaciones me parecen un poco aleatorios pero vamos a aceptar que estos millones de los que hablo son aproximados a la realidad.

Los veintitantos millones de personas que opinan que el cine español es una mierda es de suponer que fueron una vez o unas cuantas veces en algún momento y que ya no van.

Los otros veinte que tienen mejor opinión pongamos que van regularmente a ver cine español.

Pues no, señores. Las cifras no cuadran. ¿No habéis visto Numb3rs?

El año pasado acudieron al cine para ver pelis españolas 19 millones de personas.

En todo un año.

Cuando una peli española es un blockbuster, la ven como mucho unos tres o cuatro millones de personas. Es el caso de los Torrentes o de “Días de Fútbol.”

Así que hay un montón de gente que tiene una opinión formada y no pisa el cine ni aunque le inviten. Ni aunque le pongan una pistola en la cabeza.

Entonces, si estos espectadores no se pierden en el cine… ¿En qué momento se pierden?

Hay más pistas en el estudio, del que sus autores, profesores de la facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense, Timoteo Álvarez y Emilio García Fernández, afirman (con una acidez digna de mención) que recoge “los intereses de los no representados en el Proyecto de la Ley de Cine: las personas que van al cine”.

(Bueno, yo ya he dicho que estoy en desacuerdo; esta gente apenas pisa el cine.)

Según el estudio, a la hora de elegir qué película ir a ver a los cines, los españoles prefieren el cine procedente de EE UU, en detrimento del español, porque asisten a las salas “a divertirse”.

Rellenemos la línea de puntos. La gente no sólo opina que el cine español es mediocre, sino algo mucho peor: aburrido por oposición al americano, “divertido.”

La mediocridad, cuando hay éxito, no es un problema. Basta con ver la mayoría de las series españolas para comprobarlo. O con ver las secuelas de Torrente. Si eso no es mediocridad que venga Dios y lo vea. Porque me reafirmo, aquí al cine (y más con la piratería) no va ni Dios.

Sigamos excavando en el sondeo. La razón principal por la que el cine español no gusta es su temática, con un 43%, mientras que el 30% aduce otras razones.

Así que volvemos a enfrentarnos nuevamente al aburrimiento. El cine español llama a nuestra puerta y nos dice, “Oye, tengo una peli estupenda sobre la guerra civil/sobre cuando me enamoré de mi prima en el pueblo/sobre una crónica del desasosiego generacional/sobre mis paranoias mentales y traumas recónditos/no sé sobre qué va mi película”.

Y le cerramos la puerta en la cara.

Y es normal. Así que esta es mi conclusión. Muchos espectadores no se pierden en la sala, ni siquiera con el trailer: se pierden en la sinopsis, cuando el viernes por la tarde nos ponemos a hojear la cartelera y las españolas tienen argumentos que parece que sólo le interesan al director y a su parienta.

La gente quiere historias. Vaya novedad, ¿no? Así que en este año 2007, que está arrojando nefastos resultados de taquilla para el cine español, desde mi humilde agujero de náufrago pondría un mensaje en una botella para LGQD (la gente que decide), recordándoles el primer mandamiento de Billy Wilder: “No aburrirás.”

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